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Alex Saab: la caída de un testaferro

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La reciente extradición del connotado agente del régimen chavista amenaza con convertirse en un golpe mortal para Maduro

Una vez más se ha convertido en noticia el señor Álex Saab Morán. Nacido en 1971 en Barranquilla, Colombia, se hizo abogado, pero se consagró de modo preferencial a los negocios. Con el paso de los años renunció a la ciudadanía colombiana, adquirió la de Venezuela y también la de Antigua y Barbuda.

Tal vez gracias a su parentesco con Tarek William Saab, actual fiscal general del régimen de Maduro, don Álex corrió una suerte distinta a la de otros empresarios colombianos. Estos, cuando el régimen chavista logró lo que parecía imposible (hundir la industria petrolera venezolana), se vieron ante la perspectiva de no recibir el pago por sus suministros. En vista de ello, optaron por interrumpir sus vínculos comerciales con el arruinado país.

Con el jurista barranquillero sucedió lo contrario: cuando se encontraba al borde de la ruina en su ciudad natal, logró (con la probable ayuda de su primo Tarek) introducirse en los círculos privilegiados del caraqueño Palacio de Miraflores. Fue así como se convirtió en representante y portavoz (testaferro, lo llaman sus detractores) del régimen chavista en los negocios que este realizaba en medio mundo, a pesar de las sanciones impuestas por buen número de países prestigiosos.

Colegas consagrados al periodismo investigativo lograron esclarecer algunos de los negocios turbios en los que intervino el diligente Saab. Aunque este se querelló contra los informadores, en definitiva se pudo constatar que todo lo denunciado resultó ser rigurosamente cierto. No obstante, los colegas acusados tuvieron que optar por el exilio para eludir la feroz persecución chavista, de la cual se convirtieron en objeto predilecto.

El 15 de junio de 2020, durante la escala de un vuelo internacional que estaba realizando, el señor Saab Morán fue detenido en las islas de Cabo Verde. Esto se hizo a solicitud de las autoridades estadounidenses, las cuales lograron que la Interpol emitiera una alerta roja para su captura.

El arresto implicó un cambio radical en el estatus de don Álex: en apenas unas horas, el colombiano devenido venezolano dejó de disfrutar del discreto anonimato de un operador internacional de negocios oscuros (que es lo que conviene a alguien consagrado a esos turbios trajines) para convertirse en foco del interés de toda la prensa mundial.

Desde un inicio, el régimen de Caracas, consciente de los peligros que un Saab parlanchín podría representar para la falsa imagen de honestidad y pureza que desea proyectar a nivel tanto interno como planetario, se empleó a fondo en su defensa. Calificó de “arbitraria e ilegal” su detención, y alegó, cuando ya el negociante se encontraba tras las rejas, su supuesta condición de “agente diplomático”.

Hay que decir que las autoridades caboverdianas se demoraron todo lo que les dio la gana. El equipo de prominentes abogados del prisionero (en el que figura en lugar destacado el impresentable exjuez español Baltasar Garzón) formulaba una y otra vez pedidos y protestas que se repetían hasta el aburrimiento. La estancia del preso en el país insular africano se prolongaba, sin tener visos de cuándo podría acabar.

Por fin, este sábado se materializó la solicitud de extradición. La cadena chavista TeleSur, al dar la noticia, habló sólo del “secuestro” del barranquillero por parte de Estados Unidos. Con esto no sólo faltó a la verdad; también perpetró un delito de leso periodismo: quien no estuviera enterado de los antecedentes del caso, no podía saber que se trataba de la culminación de un trámite legal de más de un año de antigüedad.

Esa versión chavista y mentirosa de lo sucedido representa sólo un descaro más del abominable régimen de Caracas. Si afirman que el encierro de Saab bajo control norteamericano representa un “secuestro”, ¿entonces por qué no calificaron de modo análogo la privación de libertad que él sufrió durante un año y pico en poder de las autoridades caboverdianas!

Se trata —a no dudarlo— de otro intento más (y harto transparente, por cierto) de atribuir todas las calamidades que sufre la Patria del Libertador al “Gran Satán”. Esa mentirosa retórica del chavismo ha tenido trascendencia también en la política interna: so pretexto de la extradición, el régimen chavista ha anunciado la suspensión del diálogo que sostenía en Ciudad México con fuerzas de la oposición.

Hay que decir que los representantes de Nicolás Maduro en el recién mencionado proceso de negociación, pese al encierro que sufría el personaje, no vacilaron en anunciar la condición de “miembro de la delegación gobiernista” que —afirmaron— ostentaba Saab Morán. No hay que darle más vueltas al asunto: ses otra desvergüenza más de los chavistas.

El prestigioso diario español El País, en el titular de la información sobre el traslado de Cabo Verde a Estados Unidos del jurista-negociante, pone el dedo en la llaga: El chavismo afronta su golpe más duro en años tras la extradición de Saab. A lo que agrega en su bajante: “El Gobierno venezolano fracasa en su empeño de evitar la extradición del presunto testaferro de Maduro”.

Más allá de las poses histriónicas adoptadas para la galería por el gobierno de Caracas, a estas horas deben haber aumentado de modo notable las compras de antidiarreicos en las farmacias aledañas al Palacio de Miraflores. En apenas unas horas, se ha convertido en una apabullante realidad lo que, en medio de las dilaciones caboverdianas, parecía algo que no llegaría a materializarse nunca.

Ya se sabe que la justicia estadounidense goza de una notable flexibilidad en otorgar tratamientos preferenciales a acusados y testigos que hagan aportes valiosos al esclarecimiento de la verdad. ¡Y no digo yo si Álex Saab, participante directo en un montón de negocios turbios del chavismo, conoce secretos altamente comprometedores para el régimen despiadado que mantiene acogotado al noble pueblo de Venezuela!

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