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18/09/2019
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El comienzo del curso escolar en Cuba: demagogia del régimen

El régimen comunista cubano ha desplegado, como viene siendo habitual, un gran alarde de propaganda y demagogia con un acontecimiento sencillo y normal como es el comienzo de las clases escolares, después del largo verano de vacaciones.

Da la impresión, por la nota publicada en Granma sobre este tema, titulada “Protagonistas de la felicidad”, que en Cuba, el primer día de clases de cada curso escolar, se convierte en un hito histórico, en el que cabe hasta el ataque furibundo a Estados Unidos, y cito textualmente, “bajo las condiciones de asedio económico que vive el país, y en medio del recrudecimiento de la hostil política del Gobierno estadounidense hacia la Isla, las vivencias de este 2 de septiembre hablarán por sí solas de los esfuerzos que se realizan para el acceso de cubanas, y cubanos a este derecho conquistado soberanamente”.

Bien está lo que bien acaba. El acceso de los niños y jóvenes a la educación es uno de los derechos humanos más importantes, por cuanto la adquisición de conocimientos y de competencias para el desarrollo de la vida profesional es una de las actividades que los seres humanos no deben excluir de su vida.

Pero es que esto ocurre, en mayor o menor medida, en casi todos los países del mundo, incluso en algunos con desarrollo económico “y humano” inferior al que regalan a Cuba algunas estadísticas de Naciones Unidas, por lo que este día 2 de septiembre no tiene nada de excepcional. De hecho, a 90 millas al norte, en Miami, los escolares de EEUU empezaron más de una semana antes, y en España lo harán el 9 de septiembre, es decir, nada que merezca una referencia que no sea sencilla.

En Cuba, sin embargo, el régimen utiliza la educación como un baluarte de las llamadas “conquistas revolucionarias”. ¿Tiene ello sentido 60 años después?

Conviene prestar atención a una serie de aspectos que merecen ser destacados.

Primero, la educación en Cuba es toda pública y se provee en régimen de monopolio por el estado. Esta situación impide a los padres ejercer la libre elección del tipo de educación que quieren para sus hijos, lo que va en contra de los derechos humanos. El castrismo ha hecho que la educación privada esté proscrita, la religiosa, otro tanto. Ni siquiera permiten la inversión extranjera en este sector.

El modelo comunista y totalitario de la educación, instaurado a partir de 1959 es único, y si alguien no lo comparte, no le queda otro remedio que asumirlo de forma coercitiva. Desde el uniforme escolar, los libros, los materiales y lápices, hasta los métodos pedagógicos empleados, todo está controlado por el estado, que utiliza la educación como un instrumento de control de la población desde edades tempranas.

Segundo, la gratuidad es una absoluta falsedad. Por el contrario, la educación es muy costosa para los cubanos, que reciben del estado por sus empleos salarios miserables a cambio de que el estado detraiga directamente de sus ingresos un volumen importante de recursos para afrontar los servicios que dicen ser gratis, la sanidad o la educación. Lo que ocurre es que se pagan y bien pagados, con los salarios de los trabajadores y los beneficios de las empresas. Nada es gratis en ningún lugar, y en todo caso, la eficiencia de estos servicios deja mucho que desear, cuando la sanidad se encarama hasta el 17,1% del PIB y la educación hasta un 6%, superando la suma de ambos a sectores como la industria o la construcción en su aportación al PIB.

Tercero, cabría pensar en una educación distinta. Por supuesto que sí. Una educación basada en la pluralidad, de carácter mixto, y con el respeto a los principios de los padres y las familias, que no tienen por qué ser homogéneos en el marco de una sociedad. Una educación que despilfarre menos, que aporte mayor calidad, en la que se utilicen mecanismos para compensar el esfuerzo y la excelencia, y que el acceso a los estudios superiores no esté en función de la pertenencia a organizaciones políticas monopolistas. En definitiva, una educación en libertad, que combine el servicio público con un sistema privado en perfecto equilibrio.


Procediendo de este modo, la gestión del servicio no exigiría estos “esfuerzos titánicos” para “acondicionar los planteles”, sin necesidad de “dedicar esas largas jornadas” de las que habla Granma a plantear una actividad que, más bien o más mal, se viene haciendo todos los años.

El “logro revolucionario” de la educación cubana tiene muchos agujeros negros. Sobre todo, cuando se piensa en el sacrificio que supone formarse durante 10 u 11 años para acabar ocupando después puestos de trabajo mal pagados en el sector presupuestado, que no permiten desarrollar la vocación propia. Incluso, los que acceden a la universidad se encuentran en una situación peor, ya que no cumplen expectativas de mejora profesional como consecuencia de prolongar los estudios más años, salvo durante una eventual salida al exterior formando parte de alguna de las brigadas de profesionales organizadas por el régimen comunista. Este no es planteamiento alguno para el futuro.

Y lo que es peor, me temo que el principal problema del sistema está en la formación y cualificación de la población laboral, la que tiene que hacer efectivo el principio del aprendizaje a lo largo de la vida, para garantizar la competitividad de la economía y su futuro. Una formación que merece especial atención para afrontar los cambios tecnológicos que trae consigo la cuarta revolución industrial. Precisamente la formación que empieza el día después de abandonar las aulas. Se echa en falta la atención que el régimen dedica a este sistema de educación y formación, que arranca precisamente de unas buenas bases sólidas, adquiridas durante la escolaridad obligatoria, esa de la que tanto alardean.

Con la educación no cabe la demagogia ni la propaganda, sino una visión clara del presente y futuro de una nación, de sus hombres y mujeres que serán los escolares hoy, pero mañana, los profesionales que sostengan el capital productivo de la nación desde sus empleos o empresas. Mucho me temo que el régimen castrista siempre vuelve a las andadas en este tema haciendo alarde de algo de lo que no debería estar tan orgulloso. Lo mejor sería preguntar a la población qué opinan de este servicio, en un sencillo ejercicio de medición de calidad. Se encontrarían sorpresas, lo mismo que con la sanidad y otros tantos.

La ministra de educación ha dicho que nadie desde fuera del país puede criticar la gestión que ella realiza de su departamento con una visión totalitaria de la política que, lógicamente, no  puedo compartir. Una persona con estas ideas debería ser cesada inmediatamente por su presidente. Díaz-Canel no lo ha hecho, por lo que debe estar de acuerdo con estos mensajes de tradición fascista y reaccionaria.

Este artículo precisamente va dirigido a realizar una crítica objetiva del modelo, que no da para más. Posiblemente el agujero negro más complicado.

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La desigualdad de renta en los países avanzados, una amenaza

Una de las características del entorno de la cuarta revolución industrial es el empobrecimiento de las clases medias de los países más avanzados del mundo. Esa debilidad, tal y como ha sido expuesta recientemente en un informe de la OCDE, tiene mucho que ver con los cambios que se están produciendo como consecuencia del ritmo de avance de las nuevas tecnologías disruptivas. Pero lo peor aún está por llegar. Sin necesidad de crear alarma, es evidente que algo se tiene que hacer.

La OCDE sostiene que la clase media está menguando como consecuencia del estancamiento o declive de su nivel de vida. Al mismo tiempo, las rentas más altas prosiguen su marcha ascendente y se amplifican las desigualdades dentro de los países. Es decir, mientras que a nivel mundial se reducen las distancias entre los países más avanzados y los emergentes o en vías de desarrollo, las diferencias en términos de renta dentro de los primeros tienden a crecer.

A la hora de señalar culpables, la OCDE se refiere tanto a los coyunturales específicos de cada momento del tiempo, así como los estructurales dotados de una mayor permanencia y que acompañarán a los países durante décadas. Entre los primeros, se cita por ejemplo, el aumento del coste de la vida, superior al que experimentan los ingresos, lo que supone un empobrecimiento del poder adquisitivo, que afecta otros gastos necesarios, como la inversión en vivienda. Entre los segundos, el avance de la robotización y la inteligencia artificial hacen que, muchos trabajadores, sobre todo los menos cualificados, sientan especial preocupación por la pérdida de sus empleos. Y este proceso no ha hecho más que empezar.

Durante décadas, los gobiernos diseñaban sus políticas económicas para hacer crecer y consolidar sus clases medias. Detrás estaba la tesis de que un país es más próspero en la medida que cuente con una clase media más amplia y estable. Formar parte de la clase media también ha cambiado con el paso del tiempo, y así para varias generaciones pertenecen a la clase media significaba vivir en una vivienda cómoda con un estilo de vida agradable y un trabajo estable con posibilidades de desarrollo profesional.

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Perspectivas de la inversión extranjera en Cuba tras la Ley LIBERTAD

Por supuesto que es posible invertir en Cuba. Nadie dice lo contrario.

Sin embargo, durante más de 40 años no fue posible por mandato imperativo del régimen comunista. Pero como consecuencia del derrumbe del muro de Berlín y la pérdida de los subsidios soviéticos, a Fidel Castro no le quedó más remedio, en contra de sus deseos y preferencias, que abrir la economía cubana al capital extranjero.

Todavía se recuerda aquella rueda de prensa en La Habana, con motivo de la inauguración de uno de los primeros hoteles, en la que Fidel Castro justificó ante una periodista argentina, por qué a los cubanos no les autorizaba a entrar a los hoteles. Aquella triste etapa de las “jineteras”, la desesperación y el sálvese quién pueda quedó atrás gracias al petróleo de Venezuela, pero todavía andan por la isla circulando dos monedas, y ese es uno de los efectos más negativos de aquel período especial de triste recuerdo.

La historia de la política de atracción de la inversión extranjera en Cuba ha desembocado en una regulación reciente, la denominada Ley 118, que intenta dotar al sistema económico de la isla, que permanece estable en su definición de socialista, prohíbe el ejercicio de los derechos de propiedad y la libre empresa privada a los cubanos, de una serie garantías y facilidades para atraer al capital extranjero. Una mezcla explosiva que algunos han denominado capitalismo comunista.

No conviene olvidar que Cuba se encuentra en una zona, el Caribe, que es foco de atracción de grandes volúmenes de inversión extranjera, y que en el entorno de la globalización y la cuarta revolución industrial, adquiere numerosos atractivos para que el capital extranjero fluya de forma masiva hacia la zona. Participar en esos flujos crecientes de capital exige tomar una serie de decisiones para atraer los inversores de forma competitiva. Por desgracia, Cuba llega tarde, pero es que además, lo hace mal.

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Balance de la situación de la economía cubana

La ONEI acaba de publicar cuatro informes que ayudan a comprender el estado real de la economía castrista en 2018.

Turismo internacional, indicadores seleccionados 2018” permite obtener una idea de cómo se ha comportado el sector turístico. Los datos son realmente descorazonadores. El ministro debería presentar su dimisión o ser apartado.

Cito los datos textualmente. Llegada de visitantes, un aumento del 1,3%, quedando por debajo del objetivo de planificación central comunista, que era de 5 millones. Fuerte descenso de las pernoctaciones hoteleras de los extranjeros, un -4,7%. Descenso del -10% en la tasa de ocupación, desde el 42,5% al 38,5%. Descenso en los ingresos turísticos del -4,6%. Con signos negativos en las principales magnitudes, si 2018 fue un año malo, muy malo para este sector en la economía de la isla, 2019 será incluso peor. No hay motivo para formarse expectativas de mejora cuando el FMI acaba de anunciar que los principales mercados de viajeros, se encuentran en crisis.

Franceses, ingleses y españoles disminuyen el número de turistas por encima del -15%, y Canadá, el principal mercado de origen, un -2,2%. Estados Unidos, a pesar del embargo, crece un 3% y los cubanos de la diáspora, que aparecen identificados como un mercado de turistas, un 16%. Y eso que hemos tenido que estar escuchando todo tipo de ataques al embargo y no se sabe cuántas cosas más. A los Castro siempre le suelen salir así las cosas. Lo que se tiene que destacar aquí es que, con crisis en Europa, no parece que vayan a mejorar los resultados anteriores. Y por muchos rusos que vengan su peso en el total no consigue compensar las entradas de los mercados clásicos del turismo cubano.

En cuanto a la composición del turismo que llega a la isla, la práctica totalidad el 91% lo hace por ocio, recreo y vacaciones; mientras que otras fórmulas por las que apuesta la política del ministro Marrero, como el turismo de negocios o el de eventos apenas alcanza cifras marginales, entre ambos apenas un 0,36%. Los recursos de la política turística no están siendo bien ejecutados. La publicidad, por ejemplo, no consigue lo que pretende.

En cuanto a los ingresos turísticos, el descenso registrado del -4,6% con respecto a 2017 se nota en mayor medida en el transporte, -15,2% y el alojamiento, con -14,3%. Estos dos componentes suponen casi el 40% de los ingresos totales y en ellos, el sector privado tiene una participación destacada. A la gastronomía tampoco le salen los números, con un descenso del -6,8% en los ingresos, lo que igualmente habrá supuesto problemas para muchos paladares y pequeños negocios orientados a este sector. Recreación con un 34% de aumento y comercio minorista con un 10% experimentan datos positivos, pero representan entre los dos apenas el 14% del gasto turístico. Estos resultados en los que el gasto turístico cae casi un 5% con respecto al año anterior se ven agravados por la creciente debilidad del CUC, moneda en la que se realizan todas las transacciones cuando los turistas entran en el país, lo que puede afectar negativamente a la competitividad del sector. El punto de partida para 2019 no es favorable.

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China reforma la política de inversión extranjera

Los países tienen éxito porque lo buscan, lo trabajan y hacen lo necesario para lograrlo. La dinámica del progreso económico no es otra. Nada es gratis, ni llega del cielo. El futuro de las naciones no depende de consignas, ni de la aplicación dogmática de ideologías fracasadas. Lo que no funciona se debe dejar atrás, y enderezar el rumbo de la nave. La historia ofrece muchos ejemplos. Estamos ante uno.

La Asamblea Nacional Popular de China, por aplastante mayoría1, ha dado el visto bueno a una nueva ley de inversión extranjera, que supone, de facto, aceptar las posiciones planteadas por EEUU en el contencioso entre los dos países, y que abre un nuevo espacio para el desarrollo de las inversiones, el comercio y la tecnología entre las dos potencias. Aunque el proyecto original fue elaborado en 2015, los dirigentes comunistas chinos han acelerado la tramitación desde finales de 2018 debido teniendo en cuenta que esta nueva regulación puede satisfacer demandas presentadas por Estados Unidos en el marco de las negociaciones para resolver la disputa comercial entre ambos países.

El presidente de la Asamblea Li Zhanshu calificó la ley como fundamental para promover la apertura económica de alto nivel en esta nueva era y la determinación China por definir una nueva etapa en sus relaciones internacionales. También algunos observadores y analistas consideran que se trata de un paso importante para la consolidación del gigante asiático como gran potencia a lo largo de este siglo.

La Ley introduce, por primera vez, una serie de provisiones unificadas para garantizar la entrada, promoción, protección y gestión de la inversión extranjera, con el objetivo de mejorar la transparencia de la política de inversión extranjera y garantizar que las empresas nacionales y foráneas estén sujetas a una serie de reglas unificadas y que compitan en igualdad de condiciones.

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Las previsiones de la economía global en 2019: unos apuntes

Los comienzos de cada año son el momento propicio para explorar las perspectivas económicas. Para acometer este ejercicio, los economistas centran su atención en el crecimiento del PIB, que justo en el año que ha acabado 2018, se caracterizó, al menos durante la primera mitad, por mostrar un ritmo robusto y sincronizado entre los países del mundo.

Pero este escenario, sin duda favorable, empezó a cambiar, sobre todo a partir de los meses de verano, y el final del ejercicio trajo consigo unas perspectivas menos favorables, con la aparición de tendencias dispares entre las principales áreas geográficas del mundo. Estas tendencias se toman en consideración para formular las previsiones para 2019.

El crecimiento va a buen ritmo en EEUU. Esta es una buena noticia. Las estimaciones para 2019 se sitúan en el 2,6% un avance robusto del PIB, que se beneficia del aumento de la población laboral y de la productividad. También han actuado los estímulos fiscales, consistentes en rebajas de impuestos, así como el aumento de los gastos, que impulsaron el crecimiento del PIB hasta el 2,9% en 2018. Los analistas creen que el impacto de los estímulos se dejará sentir todavía durante 2019, pero irá disminuyendo conforme avance el ejercicio. La diferencia de tres décimas menos en la estimación del crecimiento del PIB viene a confirmar que la economía de EEUU continuará siendo de las más dinámicas del mundo.

Por el contrario, la Eurozona se aleja de estas cifras de crecimiento, como consecuencia de la creciente inestabilidad política. Un proceso que viene motivado por los efectos negativos del Brexit, unidos a las protestas sociales contra el presidente francés Macron, o el final del mandato de Merkel en Alemania, y el auge en todos los países de los populismos. Todo ello ha arrastrado a la baja las cifras de crecimiento económico desde el techo alcanzado en la segunda mitad de 2017. Por si la inestabilidad política no fuera suficiente, el panorama económico en la Eurozona se ve perjudicado además por las dificultades del crédito y el efecto negativo de las tensiones comerciales sobre la confianza empresarial.

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El éxito económico de las naciones en el siglo XXI

Una cuestión central que ha preocupado a los economistas a lo largo de la historia es el éxito económico de las naciones. Es decir, ¿por qué unos países crecen y se desarrollan mientras que otros languidecen y se atrasan? Un estudio reciente de McKinsey Global1, relativo al comportamiento de las economías emergentes ha destacado la relevancia que tienen las políticas públicas, la eficiencia del gobierno y el comportamiento de las empresas competitivas globales en la receta del éxito económico de las naciones. A ello me refiero en este post.

La importancia del crecimiento para contribuir a crear un clima favorable a la realización de los ahorros y las inversiones permitiendo a las empresas invertir, acumular capital, construir capacidad productiva y abrir el resto de la economía, se ha convertido en el eje principal de una visión compartida que está detrás del éxito económico de las naciones.

Lo más importante es que esta visión no ocurre de manera natural, automática, ni resulta fácil su aplicación, sino que depende de una agenda compartida de los responsables políticos con los dirigentes empresariales privados de los países, que establezca lo que se tiene que hacer, por ejemplo, estimular las exportaciones en un determinado sector de la economía, o situar los incentivos en el sitio correcto, promoviendo el impacto de la acción integrada de los distintos agentes para conseguir altos niveles de ahorro y de acumulación de capital en la economía.

¿Por dónde empezar? Parece evidente que lo primero es lograr elevadas tasas de ahorro y movilizar los recursos financieros de la gente hacia la inversión productiva. Para ello, se necesita aumentar el valor de los ahorros, de modo que si se ponen realmente a trabajar puedan producir un incremento significativo de la riqueza en el futuro. De igual modo, hay que garantizar la seguridad de los ahorros, para que puedan salir de debajo del colchón con tranquilidad y pasar a instituciones crediticias transparentes, competentes y seguras.

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