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¿Quién te dio el apartamento nuevo, Fidel o Jesucristo?

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En el día del Sagrado Corazón de Jesús.

En las dos primeras semanas de mayo de cada curso escolar, les presento a mis estudiantes de los grados altos la Declaración Universal de Derechos Humanos. Desde el 2013 también he podido incluir a los primeros grados, gracias a la adaptación para niños de Mari Paz Martínez Nieto que publicó en España la Asociación por la Paz Continental. Cada texto del libro está tan bellamente ilustrado que capta inmediatamente la atención del niño y facilita la comprensión de un tema tan difícil de enseñar.

...“Los treinta puntos de la Carta Magna de los Derechos Humanos son un instrumento perfecto para potenciar los valores de la amistad, la generosidad, la justicia y el respeto a la diferencia (…)”

Las sorpresas que me depara cada año escolar cuando trabajo este tema son impredecibles. Me sorprende que muchos no sepan todavía que en mi país los cubanos no podemos entrar y salir libremente, que los padres no tienen derecho a elegir la educación de sus hijos, que sólo se permite la educación pública.

Algunos de mis estudiantes de octavo grado no podían creer que en Cuba no hay acceso libre a internet, y no sé si he logrado explicarme bien cuando trato de responder a la pregunta más recurrente durante estos treinta años de exilio:

¿Cómo es posible que todo un pueblo se haya sometido y no hayan podido quitar del poder a los gobernantes que les han robado la vida a sus hijos?

El pueblo cubano está completamente desarmado. ¿Cómo explicar el efecto de 63 años de mordaza a unos estudiantes que han nacido en el mundo libre y no tienen idea qué es una dictadura ?

En una zona de casas muy pobres, les dieron apartamentos a todos los vecinos. El día de la entrega de la llave, formados en fila, cada vecino iba firmando. Un autobús los transportaría después hasta el edificio que les asignaron.

Una anciana muy mayor puso sobre el buró donde estaba el libro de firmas, lo que parecía un cuadro envuelto en una toalla muy usada. Cuando se disponía a firmar, la miliciana a cargo de las llaves le preguntó:

–¿Qué es eso, compañera?

–Un cuadro del Sagrado Corazón de Jesús que no quiero que se me rompa, mijita.

–¿Pero quién te dio el apartamento a ti, abuela, Fidel o Jesucristo? Para que te entregue la llave tienes que tirar eso ahora mismo en este latón de basura.

–Mira, mijita, no hay problemas. Yo me voy para mi casita otra vez.

Los que presenciaron la escena no pueden olvidar la ternura con la que aquella abuela recogió su Corazón de Jesús, reacomodó bien la toalla para que no se dañaran las esquinas del marco e intentó marcharse.

–Pero, abuela, tú estás loca, en el barrio no va a quedar nadie. No te puedes quedar sola allá –le gritaba, desesperado, uno de sus nietos “postizos”.

Todos hablaban a la vez, ella estaba en paz. No dijo una sola palabra. Miró durante unos segundos a los que por tantos años habían sido sus vecinos y todos los nuevos propietarios la vieron marchar con la espalda encorvada y como protegiendo el Corazón de Jesús contra el suyo.

Este fue el mejor ejemplo que encontré para explicarle a mis alumnos, en una clase de 45 minutos, como mi pueblo fue cediendo sus derechos, como lo compraron, como se vendió.

Maria Victoria Olavarrieta. Profesora de Español y Literatura.

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