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A propósito del XIII domingo del tiempo ordinario.

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                                   A propósito del XIII domingo del tiempo ordinario.

                                   Por el Padre Alberto Reyes Pías, Sacerdote cubano.

Evangelio: Lucas 9, 51-62.

En algún momento hemos hecho la distinción entre libertad y libre albedrío. El libre albedrío es lacapacidad de elegir lo que nos venga en gana, pero eso no es libertad. Libertad es la capacidad de elegir el bien mayor, lo cual nos salva de las esclavitudes que vienen de la naturaleza humana, y nos hace inmunes a las presiones negativas de cualquier ambiente.

Toda la vida y la predicación de Jesucristo están impregnadas de una llamada a la libertad. Jesús es el hombre que no se deja esclavizar por los odios y resentimientos nacionalistas de su pueblo, ni por lo que puedan pensar sobre él, ni por el rechazo y abandono de los suyos, ni siquiera por la maldad que sufre. Es el hombre que siempre, en todo momento, elige el bien, más allá de los precios que pueda tener esa elección. Y el Evangelio deja muy claro que su fuerza y determinación tienen su raíz en la sólida y cuidada relación con el Padre.

El Evangelio de hoy es una invitación a la libertad que nace del seguimiento de Cristo, y la libertad,entendida en clave cristiana, sólo puede darse desde la elección del bien.

No es ni será nunca un camino fácil. Nos cuesta “parar” la vida para “estar” con el Dios de la vida,nos importa la opinión de los demás aunque sea, a veces, abiertamente contraria a los valores del Evangelio; nos cuestan los caminos “estrechos” cuando el mal nos pone delante caminos mucho más rápidos y fáciles; tenemos, como todos los mortales, apegos a los que no queremos renunciar, seguridades que no queremos dejar, compensaciones que a la larga nos dañan la vida pero que a la corta nos hacen más llevadera la dura cotidianidad…

Y tampoco podemos olvidar que, a lo largo de nuestra historia, hemos tenido actitudes no evangélicas que, en su momento, nos protegieron, nos ayudaron a sobrevivir, nos “salvaron” de algún modo, y que ahora ya no necesitamos, es más, ahora son impedimentos para seguir creciendo, para abrirnos a una etapa diferente, pero nos da inseguridad “soltar” lo que nos impide elegir al Señor. Mentir, manipular, seducir, agredir, hacernos las víctimas… pudieron ser en el pasado los modos a través de los cuales sobrevivimos, pero en Cristo ya esto no es necesario.

Es verdad que no se puede esperar que el cambio de una vida se produzca de modo repentino. Se necesita tiempo para generar los cambios, pero estos cambios no se darán nunca si no ponemos los medios y si no renunciamos a pactar con el mal, porque una cosa es caer y levantarse, no logar elegir hoy el bien necesario, y otra cosa es abandonar la lucha y empezar a creerse todo aquello del “yo soy así”, “total, todo el mundo lo hace”, “Dios me entiende” … No hay nada peor para un esclavo que justificar su propia esclavitud.

Y no estamos hechos para la esclavitud. Estamos hechos para la libertad, aquella que sólo es posible cuando se insiste, una y otra vez, en la búsqueda del bien mayor.

Aplicación a nuestra vida.

1.- ¿Cuáles sientes que son tus dos principales obstáculos a la hora de actuar eligiendo el bien mayor?

2.- ¿Hay en tu historia actitudes no evangélicas que te ayudaron a “sobrevivir” en algún momento y que ahora mantienes porque te dan seguridad, aunque sabes que no son los modos que Cristo quiere?

3.- ¿Cuáles serían tus dos motivaciones principales para intentar vivir eligiendo el bien y buscar, desde allí, tu libertad?

Conclusión.

Esta semana, cada miembro de la familia se comprometerá a hacer algo que entienda que le hace la vida más fácil o más agradable a los demás de su familia.

Después, tomados de la mano, rezarán juntos un Padre Nuestro y un Ave María. Al finalizar, harán la señal de la cruz mientras uno, en nombre de todos, dice: “Que nos bendiga Dios Todopoderoso, Padre, Hijo, y Espíritu Santo”.

Amén.

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