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26/02/2021
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Columnistas invitados/Guest columnists

El Soberano es el Ciudadano

Cuba vive en medio de una crisis. Es necesario tomar decisiones y diseñar políticas públicas sin dilación y sin exclusión. Todos queremos salir ya de la crisis-sobre-crisis que es la pandemia sobre un modelo que no funciona. ¿Quiénes deben tomar las decisiones? ¿Quiénes deben contribuir al diseño de los caminos que necesitamos? ¿Quiénes deciden cuáles, cuándo y cómo se escogen y recorren esos caminos?

Las respuestas pueden ser diferentes. Y, en coherencia con los hechos, podemos evaluar qué modelo antropológico nos ha servido para el desarrollo humano integral de los cubanos, en qué tipo de sociedad vivimos, en qué sistema político se desarrolla nuestra existencia, y con qué modelo económico queremos resolver nuestros problemas. Por los hechos también podemos saber cómo es nuestra vida cultural, religiosa, o cómo son las relaciones de Cuba con la comunidad internacional. Son los hechos y no las ideologías, las que nos permiten tener una idea objetiva de lo que está sucediendo en nuestro país. Si solo la ideología es la que prevalece y nos permite conocer la realidad, entonces somos idealistas. Si solo lo material prevalece, somos materialistas. Con hechos e ideas, lo más pegados a la realidad posible, entonces somos realistas.

Para evaluar los sistemas sociales existen instrumentos universalmente aceptados que permiten conocer las respuestas de fondo a cada una de estas preguntas. Son criterios de juicio mundialmente consensuados. Estas herramientas para evaluar los modelos antropológicos, sociales, económicos, políticos, religiosos, culturales e internacionales, no surgen del voluntarismo de una persona, o de un grupo, ni de una ideología, ni siquiera de un país o comunidad de naciones de una región del mundo. La conciencia mundial, el desarrollo cultural, el crecimiento cívico de la humanidad, han alcanzado un nivel de consenso indiscutible que se pueden resumir en el espíritu y la letra del documento cívico de mayor trascendencia y altura de miras que ha logrado el género humano: la Declaración Universal de los Derechos Humanos, aprobada por la ONU el 10 de diciembre de 1948, y los Pactos Internacionales que la aplican y complementan: el de Derechos civiles y políticos, el de Derechos económicos, sociales y culturales, y el de Derechos de los pueblos.

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El rol del derecho en los reclamos opositores cubanos

Cuando un segmento de la oposición al castrismo hace planteamientos que otros disidentes consideremos erróneos, ¿cuál es la postura correcta a asumir? ¿Señalar la deficiencia o guardar silencio? ¿Debatir —de manera respetuosa y civilizada, claro— los puntos en conflicto u optar por callarse para no ser acusado de hacerle “oposición a la Oposición”!

En el plano político, creo que ese es un buen tema a debatir por parte de los amigos lectores. En mi caso personal, que con 77 años a cuestas ya no tengo aspiraciones a desempeñarme en el escabroso terreno de la política, cuento con la posibilidad de eludir ese dilema y limitarme a mi labor como abogado independiente —agramontista, por más señas— que también soy.

Los criterios que puedo —y creo que debo— argumentar al respecto son los de carácter técnico-jurídico. Mi profesión (la misma que hace más de un cuarto de siglo la dictadura no me permite ejercer ante los tribunales cubanos) me abre un camino para someter, a la consideración de los hermanos a los que en un momento dado puedo considerar errados, argumentos que son difíciles de rebatir, puesto que se basan en el análisis de las normas del derecho.

Es lo que me sucedió hace lustros, con el llamado Proyecto Varela. A su redactor, el ingeniero Oswaldo Payá, y a sus promotores, me consideré en el deber de señalarles los errores jurídicos en los que estaban incurriendo; llamar su atención sobre circunstancias que me parecieron importantes y que pertenecían al terreno del derecho.

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El Castrismo cuenta cuentos.

Hay que reconocer que los que orquestan campañas a favor de la dictadura castrista son hábiles publicistas. Presentan los hechos y los ensamblan en un marco de medias verdades, grandes mentiras y tergiversaciones absurdas, en la que siempre su cliente es la víctima acosada por un cruel agresor.  

El objetivo de estas personas o entidades, que no son precisamente los que suscriben las proclamas sino quienes la gestan y orquestan, no es erigirse en defensores de la dictadura ni de sus caudillos, sino en procurar demostrar que las medidas punitivas que rechazan en sus campañas solo afectan al ciudadano y no al régimen, y que responden a sentimientos de odio y frustraciones, nunca a la búsqueda de la justicia.  

Estos sujetos son diestros en presentar sus operaciones como un ejercicio de justicia y humanismo, nunca son actos de solidaridad política o ideológica, de esa manera logran que se sumen a la campaña personalidades internacionales que no tienen compromisos y que se caracterizan por sus gestos humanistas y solidarios, lo que le aporta a su gestión una mayor importancia, a la vez que facilita la manipulación constante a la que el régimen somete al desinformado ciudadano promedio de la isla.   

Es una estrategia muy útil porque aquellas personas que disienten de ciertas estrategias y propuestas, pero que se oponen al régimen tajantemente, pueden suscribir la querella como una expresión de imparcialidad, un gesto que a su juicio demostraría a los firmantes comprometidos con el régimen su sentido de justicia, una ilusión, una buena intención, que ayuda a asfaltar el camino del infierno, ya que después de más de 62 años de fracasos acumulados, empedrarlo no es suficiente. 

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EL ESCAMBRAY

Llegaron a haber miles de alzados a través del país luchando por seis años. La mayoría se concentró en las montañas del Escambray” (“Cuba Mito y Realidad. Testimonio de un Pueblo” Juan Clark, pag. 103)

 

                                                             CAPITULO I

                                              - SURGE DE LA DISIDENCIA -

                                                             1959 - 1960

     Desde el triunfo mismo de la Revolución, al producirse la huida de Fulgencio Batista en las primeras horas del 10 de enero de 1959, comenzó a manifestarse la disidencia contra Fidel Castro y su proyecto autoritario. El primer alto cargo en apartarse del recién instalado Gobierno Revolucionario fue el Primer Ministro designado José Miró Cardona, un antiguo profesor de Fidel Castro en la escuela de Derecho de la Universidad de La Habana. Miro Cardona, quien renunciaría al gobierno el 13 de febrero de 1959, justificó su dimisión aludiendo no poder ejercer su cargo “…cuando otro lo hace por mí desde detrás de un micrófono”. Aunque Miró Cardona seria designado embajador de Cuba en España y Washington, este tomaría la vía del exilio en el invierno de 1960, siendo seleccionado por la Agencia Central de Inteligencia CIA como presidente del Consejo Revolucionario Cubano, una suerte de junta de gobierno en el exilio que se trasladaría a Cuba una vez que la Brigada de Asalto 2506 consolidara su posición en suelo cubano durante la invasión de Playa Giron en abril de 1961. A Miró Cardona le seguiría en junio el jefe de la Fuerza Área Revolucionaria y piloto personal de Fidel, Pedro Luis Diaz Lanz y, un mes después, el propio presidente designado por Fidel Castro, Manuel Urrútia Lleó, quien se asilaría en la embajada de Venezuela en La Habana. El presidente Urrutia sería sustituido por Oswaldo Dorticos Torrado quien ejercería la presidencia hasta 1976 cuando fue sustituido por Fidel Castro al este asumir como jefe de estado y de gobierno, al amparo de la Constitución promulgada ese año. Oswaldo Dorticos moriría por propia mano en 1983.

     En octubre de ese año de 1959, se produciría la renuncia del primer cuadro de importancia dentro del Ejército Rebelde cuando el comandante Huber Matos, jefe de la guarnición de la provincia de Camagüey, renunciara a su cargo - junto con todos sus oficiales - en protesta por la infiltración comunista en el gobierno cubano promovida por Raúl Castro y el argentino Ernesto Guevara. El comandante Matos pasaría 20 años de su vida en presidio acusado de sedición. Coincidiendo con el arresto de Huber Matos, otro histórico de la Revolución, el comandante Camilo Cienfuegos Gorriaran, quien era blanco de los celos de Raúl y la desconfianza de Fidel Castro debido a su innegable popularidad con el pueblo cubano, moriría el 28 de octubre de 1959 en un supuesto accidente aéreo durante su regreso a La Habana después de arrestar al comandante Matos.

              Foto: Comandante Camilo Cienfuegos, desaparecido en un misterioso y aun no  esclarecido accidente de aviación.

Ese presunto accidente, atribuible en primera instancia al mal tiempo en la ruta del vuelo, dejó muchas dudas pues no se recibió llamada alguna de auxilio del piloto, la visibilidad en la ruta Camagüey - La Habana estaba despejada y nunca se encontraron restos del Cessna 310C Siglas FAR-53, ni los cuerpos de Camilo Cienfuegos, su piloto Luciano Fariñas - quien tenía más de 2,000 horas de vuelo acumuladas - o del escolta Félix Rodríguez. Una de las versiones sobre la muerte de Camilo Cienfuegos que fue suministrada por el comandante del Segundo Frente Nacional del Escambray Lázaro Asencio precisa que el avión FAR-53 fue derribado por un caza Sea Fury de las Fuerza Aérea Revolucionaria por orden directa de Fidel Castro transmitida por el comandante Félix Torres, quien posteriormente seria uno de los verdugos de los alzados en el Escambray.       

     Comenzando el año 1960, se manifestaría abiertamente la oposición activa contra el gobierno revolucionario por parte de los estudiantes, los sectores políticos, campesinos y de los miembros del ejército rebelde. En el mes de febrero, en rechazo a la visita a Cuba del Vice Primer Ministro soviético Anastas Mikoyan, se produjo una importante manifestación de estudiantes universitarios en el Parque Central de La Habana.

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Los 43 años desperdiciados

Mañana se cumple el 43 aniversario del asesinato a perdigonazos de Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, ocurrido en enero de 1978, y que precipitó el derrocamiento de la dictadura de Somoza, pues a partir de entonces se gestó una amplia alianza de muchos sectores nacionales y países centroamericanos prestaron su territorio, para respaldar la lucha armada del Frente Sandinista.

Con motivo del aniversario, el poeta y literato Luis Rocha Urtecho publicó el día de hoy en Confidencial, que dirige su hijo Carlos Fernando Chamorro B, un conmovedor escrito en el cual interroga a Pedro Joaquín: “Me contestás que la herida que más te duele, más que la de los perdigonazos, es la de 43 años perdidos”.

Perdidos, no solamente en la política, por la actual dictadura de Ortega, y Pedro Joaquín dedicó toda su vida a combatir la de Somoza. También perdidos en lo económico y social.

En 1977, antes del derrocamiento de Somoza, nuestro ingreso por habitante representaba más del 60% de Costa Rica y Panamá, y ahora no llega al 20%, y eso explica que los nicaragüenses vayan a buscar empleo en esos países, en vez de tenerlo en Nicaragua. En dólares constantes del año 2010, el ingreso por habitante del año pasado, de 2020, ha retrocedido al de 1960. ¡6 décadas! ¡60 años de retroceso! Y los niveles de pobreza, según la última encuesta de FIDEG (Fundación Internacional para el Desafío Económico Global), llega al 44%, es decir, casi uno de cada dos nicaragüenses ¡es pobre!

¿Causa? En menos de 50 años hemos tenido dos guerras civiles, y en la de 1979 desapareció el Ejército de entonces, la Guardia Nacional, de Somoza, que era a su vez Policía. Con el triunfo revolucionario total, quisimos copiar a Cuba, y derivamos en otra guerra civil. “Nosotros, publicó el General Humberto Ortega en su reflexión de finales de 2019, los dirigentes de la revolución no fuimos capaces de sostener la gran alianza patriótica nacional que desde posiciones flexibles empujamos desde 1977 para vencer al somocismo”. 

El Ejército de hoy existe por diversos factores: primero, el acuerdo entre Estados Unidos y la Unión Soviética, cuando era inminente el fin de la Guerra Fría, y la tenaz oposición del Partido Demócrata a la política de Reagan-Bush; segundo, el compromiso centroamericano para democratizar sus países, institucionalizar a los ejércitos y desarmar a los grupos irregulares; tercero, el gobierno de  Violeta Chamorro impulsó la reconciliación nacional, institucionalización del Ejército y Policía, y democratización de Nicaragua.

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