Menu
18/08/2022
A+ A A-

Democracia, Economía, Medio Ambiente y Justicia Social a la luz de la Doctrina Social de la Iglesia

-          El Centro como opción radical

Si algo muy importante nos ha mostrado este mundo de hoy, esta aldea global a la que pertenecemos, es que el ser humano es el mismo dondequiera que se encuentre, no se divide por su raza, religión, sexo, origen o cultura. Es el Ser Humano que quiere vivir en libertad, tolerancia y prosperidad en todas partes.

Don Camilo, Un Mundo Pequeño, de Giovanni Guareschi ha sido uno de los libros que más me ha impactado, tuve la dicha de leerlo muy joven, y lo he leído dos veces más; historietas cortas e hilarantes que al mismo tiempo emanan una verdad permanente, es un libro de los que no pasa de moda y que nos brinda importantes lecciones. Quiero presentarles un fragmento de una de ellas, como muestra de lo que quizás vivimos en el día a día, se denomina El Mitin, y describe a Pepón, el alcalde comunista del pueblo, y enemigo/amigo, encarnizado y fraterno a la vez, del cura Don Camilo, ante el anuncio de que un orador va a hablar en un mitin, en la plaza del pueblo por invitación del partido liberal.

Pepón preparó a su estado mayor, para dar una contundente respuesta a los provocadores liberales. Sus huestes esperaron a la delegación con el fin de darles un susto acompañado del acoso, empujones, puñetazos y expulsión.

Al ver que, en vez de una delegación, se bajó del tren un hombrecito flacucho con una pequeña maleta de fibra, se quedó estupefacto, éste se le acercó, y saludándole cortésmente, preguntó, si le pudieran indicar dónde estaba el comité del partido Liberal. Pepón se indignó… a su pregunta: ¿No tiene miedo de encontrarse aquí solo entre cincuenta comunistas?, el hombrecito respondió, “no porque estoy solo y ustedes son cincuenta” a lo que Pepón le dijo, “¿usted no piensa que yo solo y con una sola mano, soy capaz de hacerlo volar hasta aquel canal?”. “No, no lo pienso” –contestó el hombre con calma.

- Entonces usted es un loco, o un inconsciente, o uno que busca engatusar al pueblo. 

El hombre rió de nuevo.

- Mucho más simple, señor mío: soy un hombre de bien.

- ¡No mi querido señor! ¡Si Ud. fuera un hombre de bien no sería un enemigo del pueblo! ¡Un sirviente de la reacción! ¡Un instrumento del capitalismo!

- Yo no soy enemigo de nadie, ni sirviente de nadie. Soy uno que piensa de distinto modo que usted.

Y aquí es donde está la moraleja de esta historia, la facilidad con la que se cae en los extremos, aun en las democracias. Oponerse a todo extremismo, es lo que es realmente una opción radical, pues, ¡Qué fácil es caer en los extremos! Ser hoy día, un extremista, no tiene nada de extraño, es casi lo común, lo cotidiano.

Hoy día los populismos radicales han creado una polarización extrema, inclusive en las sociedades democráticas de occidente. El mejor antídoto contra ello nos lo da la enseñanza social de la Iglesia. Los laicos, que tenemos la gran responsabilidad de ponerla en práctica, debemos tomar sus enseñanzas y llevarlas a la práctica, regando en las sociedades en que nos han tocado vivir, el mensaje evangélico, que traducido en política no es más que el Pensamiento Social Cristiano, que se nutre del Humanismo Cristiano y de la Doctrina Social de la Iglesia.

La caída del bloque soviético terminó con el imperio totalitario comunista en Europa Oriental, y al mismo tiempo dio lugar a un crecimiento del número de las democracias, que había comenzado en Europa con el fin del franquismo en España y de la dictadura portuguesa en los setenta. Era como una “bola de nieve” democratizadora en todo el mundo, sin embargo, hoy ese movimiento no sólo se ha detenido, sino que vemos como una especie de retroceso mundial al respecto.

El movimiento democratizador generó un consenso generalizado de que el capitalismo, el desarrollo socioeconómico y la modernización traerían como resultado la democratización de las sociedades, y esa democratización convergería con los principios nacidos en occidente siglos atrás y que tienen como principios, la libertad, el estado de derecho y la separación de poderes. El desarrollo de algunos “Tigres Asiáticos” como Corea del Sur y Taiwán que habían pasado de dictaduras a democracias, eran una prueba fehaciente.

Hoy sin embargo están apareciendo otros modelos que desde el populismo y el autoritarismo están creando una nueva visión. Años atrás el campo socialista quiso modelar a una parte del mundo, pero sucumbió ante la ineficiencia de los burócratas de la economía estatista y centralizada, al mismo tiempo por la represión a la libertad individual, y el totalitarismo. Mi gran preocupación respecto a la democracia, en gran medida se está dando tanto en el modelo chino como en el ruso y en la pléyade de populismos aparecidos en Europa y América, y su toxicidad. La opinión generalizada a la que me adhería totalmente, de que el desarrollo económico y la economía de mercado traen ineludiblemente la democracia política, se está poniendo a prueba en China. Pero también el modelo ruso, basado en el autócrata nacionalista imperial.

Siendo China un país que del totalitarismo comunista se reformó y hoy es una dictadura que pudiéramos definir como monopartidista-autoritaria-capitalista, menjunje denominado “socialismo con características chinas”, donde sus ciudadanos gozan del libre mercado, y han mejorado extraordinariamente su estándar de vida, la militancia en el partido no la define su categoría económica sino su lealtad al mismo y al gobierno, pueden viajar y hacer turismo por el mundo, disfrutan del Internet (aunque con limitaciones y controles crecientes), y existen hasta escuelas privadas, pero también un gran garrote con una gran represión para el que se atreva a disentir. Este nuevo sistema, que proviene del colectivismo marxista leninista, convertido en sistema de libre mercado dictatorial y autoritario, goza hoy de simpatía en muchas partes del mundo. Podríamos decir que China hoy es líder de un “nuevo” modelo de sociedad autoritaria. Aquí quería llegar.

Hoy en la geografía mundial vemos muchas dictaduras, y sobre todo algunos focos que pretenden erigirse como modelos, en América Latina, el Socialismo del Siglo XXI, en Rusia, Putin y su modelo de capitalismo autoritario imperial. En Venezuela, el modelo ha venido quitándose la careta a pasos de gigante, para convertirse en una dictadura plena, y proteger a una oligarquía política corrupta. En Rusia, igualmente, el modelo (que quiere presentarse como heredero de los sueños del pueblo ruso) está fundamentado también en la personalidad autocrática de Vladimir Putin. En mi modesta opinión, de hombre que cree profundamente en la Democracia Liberal, con su estado de derecho, división de poderes, y de libertad individual, aunque todos son un gran peligro, veo en el modelo chino, un mayor peligro, por su institucionalización, sin embargo, el modelo ruso, es del gusto de todos aquellos que como en Turquía, Filipinas, Hungría, etc., desde el mesianismo autocrático debilitan la democracia, hasta desmontar el estado de derecho, y por último ese populismo de nuevo cuño, casi siempre tóxico, que irrumpe en democracias estables, y no sabemos hasta dónde podrán llegar en su afán de desmantelarlas. Es por ello importante que el mundo tome conciencia de ello, porque se trata de rivales ideológicos serios. Al mismo tiempo, considero que para que Occidente con la Democracia Liberal como estandarte, pueda hacerse con el triunfo como al final de la guerra fría, es totalmente necesario, que tome la vanguardia en la lucha contra la corrupción, la desigualdad y la defensa ecológica de nuestro planeta.

Esta avalancha populista con su carácter autoritario y antidemocrático, vengan de la izquierda o de la derecha, escondiendo en su seno a neocomunistas y neofascistas, ya que “los extremos se tocan”, no puede desanimar a los amantes de la democracia, todo lo contrario, el grito de unidad tiene que ser más fuerte que nunca, en toda Europa, como centro de nuestra civilización occidental y desde Alaska a la Patagonia, en las Américas.

Con más ahínco que nunca es necesario luchar por los principios que sustentan la libertad, el estado de derecho, la inclusión y la igualdad de derechos para todos. Anhelo ver a una América Latina democrática y unida en un proyecto como el logrado por la Unión Europea; amo a unos Estados Unidos democráticos, e incluyentes, y tengo fe en que todos los países democráticos del mundo sean capaces de vencer a esta deriva populista, neocomunista, y neofascista, restaurando las profundas heridas que están apareciendo por doquier.

-          La Democracia Liberal

La Democracia es una forma de organización social que atribuye la titularidad del poder al conjunto de la sociedad. En sentido estricto, la democracia es una forma de organización del Estado en la cual las decisiones colectivas son adoptadas por el pueblo mediante mecanismos de participación directa o indirecta que confieren legitimidad a sus representantes. En sentido amplio, democracia es una forma de convivencia social en la que los miembros son libres e iguales y las relaciones sociales se establecen de acuerdo a mecanismos contractuales (1).

Existen muchas variantes en la aplicación de la democracia, se mezclan sus componentes, y podríamos decir que cada uno de los pueblos que la aplican lo hacen con características muy propias, aunque con bases que se apoyan en los mismos principios: modelos de Democracia Parlamentaria, Semi-parlamentaria y Presidencialista, en todos podemos afirmar que, la libertad, el pluripartidismo, el voto libre de los ciudadanos ejercido como derecho para elegir a sus gobernantes (2), y el respeto al derecho de propiedad son elementos comunes, que podríamos decir son la médula en la que se sustentan, y que han ido estableciendo el respeto a los derechos humanos de cada uno de los ciudadanos. Históricamente, el término más apropiado para este modelo es el de Democracia Liberal, y no hay otro que haya podido edificarse sobre principios tan sólidos en la práctica de la convivencia ciudadana.

Considero entonces que debemos partir en nuestro análisis, aceptando a la Democracia como la única forma de convivencia aceptable, porque hasta que se demuestre lo contrario, el resto de los modelos conducen a la dictadura. En segundo lugar y también muy importante, el único sistema económico-social que ha convivido con la democracia ha sido el capitalismo, esto no quiere decir que el capitalismo sea democrático, sino, que la democracia ha podido ser erigida sólo dentro del capitalismo, pues el socialismo real degeneró en dictadura totalitaria. Por último, el fascismo clásico utilizó el capitalismo, pero con el control absoluto del estado dentro de una dictadura totalitaria. Sin embargo, como el capitalismo no concentra el poder en un solo dueño, sino que lo redistribuye en innumerables empresarios, empresas, asociaciones económicas, etc. se acomoda perfectamente a la democracia. En aquellos países, donde sólo una oligarquía tiene el poder económico, no sólo no son democracias, o democracias a medias, sino que no son verdaderamente capitalistas, son capitalistas a medias, porque el capitalismo necesita para desarrollarse plenamente, la competencia, la pequeña, la mediana, y la gran empresa, en fin, la distribución de la propiedad en muchas manos.

-          Centesimus Annus

En mayo de 1991, Su Santidad Juan Pablo II (San Juan Pablo II), hizo pública la ¨Centesimus Annus¨, magistral encíclica social que conmemoraba los cien años de la Rerum Novarum de León XIII, en un momento histórico sin paralelo, la caída del bloque soviético. A casi 31 años de la publicación de esta encíclica, sin embargo, seguimos atrapados en esa encrucijada histórica del socialismo real, que pensábamos había muerto. Hoy resuenan las campanas del Socialismo del Siglo XXI, que no es más que una variante salida de ultratumba y resucitada por Hugo Chávez en Venezuela, pero con la misma raíz totalitaria, que poco a poco ha llevado a la confrontación de hermanos contra hermanos en un pueblo tan valioso y digno como el venezolano. La historia, con diferentes matices se ha repetido en Nicaragua, Bolivia y Ecuador (país que en este momento ha logrado salir de este engendro), y cada vez que hay un proceso electoral en Latinoamérica, vuelve el peligro de retomar un camino fracasado que ya se creía superado. A ello contribuyen la pobreza y las desigualdades, pero también una especie de “mal congénito” histórico, que padece Latinoamérica, de mesianismo y autoritarismo, en el que viramos la cara al fracaso estrepitoso de la mal llamada “Revolución Cubana”, que en sus últimos estertores, comienza a modificar su política económica, aunque de manera muy limitada, no con el fin de cambiar definitivamente la precaria situación del pueblo sino con el de tratar de “salvar” a la clase político-burocrática que ha desgobernado a Cuba por más de sesenta años.

En “Centesimus Annus” San Juan Pablo II actualiza todos aquellos valores que había encarado la Rerum Novarum acerca de la problemática social de su momento histórico, con una lucidez extraordinaria. León XIII afirmaba: «Para solucionar este mal (la injusta distribución de las riquezas junto con la miseria de los proletarios) los socialistas instigan a los pobres al odio contra los ricos y tratan de acabar con la propiedad privada estimando mejor que, en su lugar, todos los bienes sean comunes...; pero esta teoría es tan inadecuada para resolver la cuestión, que incluso llega a perjudicar a las propias clases obreras; y es además sumamente injusta, pues ejerce violencia contra los legítimos poseedores, altera la misión del Estado y perturba fundamentalmente todo el orden social». ¿Profecía? Pareciera que esta conclusión se hubiese escrito al finalizar la 2da Guerra Mundial, cuando su puesta en práctica por el bloque soviético, China, Corea del Norte y Cuba, sólo traería miseria a sus pueblos, perjudicando a quienes decía, vivirían en la justicia.

Aunque no corresponde a la Iglesia tomar partido por sistemas o programas económico-sociales concretos, la doctrina social de la Iglesia, inspirada en los valores evangélicos, y con la experiencia del desarrollo histórico de la humanidad, a través del bien común, de la dignidad humana, de la subsidiaridad y de la solidaridad, nos propone trabajar por sociedades plenamente humanas, en que la democracia se encauce a través del desarrollo de una poderosa sociedad civil y de una economía orientada hacia la justicia y la libertad.

San Juan Pablo II vivió primero el fascismo y posteriormente, el comunismo, en carne propia, y fue por ello testigo ejemplar de los males que engendran estos dos sistemas. Con carisma inigualable dio testimonio de Jesucristo y nos inspira para que nosotros podamos ser sus testigos también.

En el número 13 de CA nos dice: “… hay que añadir aquí que el error fundamental del socialismo es de carácter antropológico. Efectivamente, considera a todo hombre como un simple elemento y una molécula del organismo social, de manera que el bien del individuo se subordina al funcionamiento del mecanismo económico-social… De esta errónea concepción de la persona proviene la distorsión del derecho, que define el ámbito del ejercicio de la libertad, y la oposición a la propiedad privada. El hombre, en efecto, cuando carece de algo que pueda llamar «suyo» y no tiene posibilidad de ganar para vivir por su propia iniciativa, pasa a depender de la máquina social y de quienes la controlan, lo cual le crea dificultades mayores para reconocer su dignidad de persona y entorpece su camino para la constitución de una auténtica comunidad humana.

Es por ello que en el número 42 de CA y ante la pregunta: ¿se puede decir quizá que, después del fracaso del comunismo, el sistema vencedor sea el capitalismo, y que hacia él estén dirigidos los esfuerzos de los países que tratan de reconstruir su economía y su sociedad? ¿Es quizá éste el modelo que es necesario proponer a los países del Tercer Mundo, que buscan la vía del verdadero progreso económico y civil?

La respuesta obviamente es compleja. Si por «capitalismo» se entiende un sistema económico que reconoce el papel fundamental y positivo de la empresa, del mercado, de la propiedad privada y de la consiguiente responsabilidad para con los medios de producción, de la libre creatividad humana en el sector de la economía, la respuesta ciertamente es positiva, aunque quizá sería más apropiado hablar de «economía de empresa», «economía de mercado», o simplemente de «economía libre». Pero si por «capitalismo» se entiende un sistema en el cual la libertad, en el ámbito económico, no está encuadrada en un sólido contexto jurídico que la ponga al servicio de la libertad humana integral y la considere como una particular dimensión de la misma, cuyo centro es ético y religioso, entonces la respuesta es absolutamente negativa.

Aquí Juan Pablo II nos responde plenamente a esa pregunta que tantas veces nos hacemos los cristianos, buscando un camino de equidad y justicia, acorde con el Evangelio de Jesús. La Economía de Mercado, en un contexto de Estado de Derecho, con hincapié en la libre creatividad humana, al servicio integral de la libertad, es el camino que nos conduce a la justicia social, como modelo para el Tercer Mundo, y muy especialmente para aquellas sociedades que adoptaron el modelo marxista-leninista, que no solamente las postró económicamente, sino que las sometió a la más absoluta opresión totalitaria. Es por ello también que Juan Pablo II dice no al “capitalismo” cuando la libertad económica no está encuadrada en un sólido contexto jurídico que la ponga al servicio de la libertad humana integral. Hoy tenemos varios ejemplos, como China y Viet Nam, que han desarrollado un capitalismo con el monopolio de un solo partido, sin cambio en la estructura dominante y represiva del mismo, o Rusia, con su capitalismo de amiguetes, dependiente de la autocracia de Vladimir Putin.

La Iglesia no tiene como finalidad proponer un modelo económico o un modelo de sociedad determinado, pero tiene a Jesucristo, su vida, su Evangelio, y con ello una Enseñanza Social, que nos permite a todos los cristianos y muy especialmente a los laicos, por su inserción en la sociedad, trabajar con criterios que conjuguen libertad y responsabilidad, economía de mercado y justicia social. Tal como dijera Su Santidad en Centesimus Annus, “para este objetivo la Iglesia ofrece, como orientación ideal e indispensable, la propia doctrina social, la cual —como queda dicho— reconoce la positividad del mercado y de la empresa, pero al mismo tiempo indica que éstos han de estar orientados hacia el bien común”. 

-          El Bien Común y la Dignidad Plena del Hombre

Para el filósofo católico Jacques Maritain, una de las figuras más influyentes del pensamiento social cristiano contemporáneo, y autor de la obra “Humanismo Integral”, (uno de los pilares del pensamiento social cristiano), el fin de la sociedad política es perseguir el bien común. Por su carácter de común este bien abarca tanto a la sociedad como a la persona. En otras palabras, en tanto se es "individuo" se es parte de la sociedad y en cuanto se es "persona", es decir, algo más que simple fragmento de materia, se participa de lo social en cuanto se permite al hombre la realización plena de sus más altas funciones.

Decíamos anteriormente y lo repito aquí: aunque no corresponde a la Iglesia tomar partido por sistemas o programas económico-sociales concretos, la doctrina social de la Iglesia, nos propone trabajar por sociedades plenamente humanas, en que la democracia se encauce a través del desarrollo de una poderosa sociedad civil y de una economía orientada hacia la justicia y la libertad. Eso es democracia real e implica: el derecho a elegir a los gobernantes dentro de un estado de derecho, con separación e independencia de poderes, con una prensa independiente y libre, y con el derecho de todos al sagrado bien de la libertad sin coerción y sin miedo. Pero también implica una economía, que permita el acceso de todos a la educación y al progreso. Es por ello que debemos luchar por sociedades en que todos tengan igualdad de derechos y deberes y que la economía esté orientada a la formación de una clase media próspera que sostenga los pilares de esa democracia.

-          El cambio climático y el futuro de la humanidad

Hasta hace poco tiempo, la Doctrina Social de la Iglesia había olvidado un elemento vital, del que hemos ido ganando conciencia poco a poco, en la medida que el calentamiento global, la perforación de la capa de ozono, y otros muchos fenómenos nos han ido mostrando el daño infligido al medio ambiente por el ser humano, nos referimos al cuidado de nuestro Planeta, a través de un comportamiento ecológico limpio y sano, que detenga el daño que hemos estado provocando desde que la industrialización y el desarrollo de tecnologías sucias se establecieron de manera masiva. Por consiguiente, la DSI se completa hoy y por consiguiente el pensamiento socialcristiano con el pensamiento ecológico, estableciéndose una nueva dimensión del mismo, al punto que el Papa Francisco lo elevó al nivel de una encíclica dedicada totalmente a dicho tema, Laudato Si.

-          Laudato Si (Alabado Seas)

Desde el comienzo de su papado en 2013, Francisco ha sido uno de los líderes internacionales que más ha luchado por la Ecología y la protección ecológica de nuestro planeta. Su encíclica Laudato Si ha contribuido extraordinariamente a crear conciencia sobre la importancia de la lucha contra el cambio climático y la necesidad de dejar a nuestros hijos un planeta limpio y respirable, en el que a pesar del daño ya existente se puedan minimizar sus efectos y puedan desarrollar su futuro en un ambiente de solidaridad con nuestra madre Tierra.

La encíclica comienza con una hermosa evocación:

1.Laudato si’, mi’ Signore » – « Alabado seas, mi Señor », cantaba san Francisco de Asís. En ese hermoso cántico nos recordaba que nuestra casa común es también como una hermana, con la cual compartimos la existencia, y como una ma­dre bella que nos acoge entre sus brazos: «Alaba­do seas, mi Señor, por la hermana nuestra madre tierra, la cual nos sustenta, y gobierna y produce diversos frutos con coloridas flores y hierba».

En la encíclica, Francisco defiende nuestra Casa Común con pasión, como lo hiciera San Francisco de Asís. Es muy grande el desafío ambiental que estamos viviendo y que requiere del diálogo y la toma de conciencia de toda la humanidad, y muy fundamentalmente de las grandes potencias, como los Estados Unidos y China, máximos emisores de contaminación a nivel global. Es por ello que Laudato Si nos propone desarrollar una ecología integral, en consonancia con las necesidades de todos los pueblos.

Se ha hecho mucho daño a la naturaleza, por lo que hay que contenerlo urgentemente, y revertirlo en la medida de lo posible, es decir movernos hacia una conversión ecológica: “El ritmo de consumo, de desperdicio y de alteración del medio ambiente ha superado las posibilidades del planeta, de tal manera que el estilo de vida actual, por ser insostenible, solo puede terminar en catástrofes, como de hecho ya está ocurriendo periódicamente en diversas regiones” …. El comportamiento humano, “siguiendo el paradigma tecnocrático y la adoración del poder humano sin límites, desarrolla en los sujetos un relativismo donde todo se vuelve irrelevante si no sirve a los propios intereses inmediatos. Hay en esto una lógica que provoca al mismo tiempo la degradación ambiental y la degradación social”.

Quisiera referirme a una parte que considero muy importante del capítulo III de la encíclica, titulado: Pérdida de Biodiversidad. No quiero pasar por alto el daño a lo que llamamos los pulmones de la Tierra.

38. Mencionemos, por ejemplo, esos pulmones del planeta repletos de biodiversidad que son la Amazonia y la cuenca fluvial del Congo, o los grandes acuíferos y los glaciares. No se ignora la importancia de esos lugares para la totalidad del planeta y para el futuro de la humanidad. Los ecosistemas de las selvas tropicales tienen una biodiversidad con una enorme complejidad, casi imposible de reconocer integralmente, pero cuando esas selvas son quemadas o arrasadas para desarrollar cultivos, en pocos años se pierden in­numerables especies, cuando no se convierten en áridos desiertos… Es loable la tarea de organismos internacionales y de organizaciones de la sociedad civil que sensi­bilizan a las poblaciones y cooperan críticamente, también utilizando legítimos mecanismos de pre­sión, para que cada gobierno cumpla con su pro­pio e indelegable deber de preservar el ambiente y los recursos naturales de su país, sin venderse a intereses espurios locales o internacionales.

Un ejemplo verdaderamente impactante de esta situación fueron los incendios en la Amazonia en 2019 en que se perdieron 2,5 millones de hectáreas en solo un mes. Los incendios en el bosque tropical más grande del mundo arrasaron en agosto de ese año el equivalente a 4,2 millones de campos de fútbol, según el Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales de Brasil (INPE).

Hay que insistir en que el Papa Francisco confía en la capacidad de rectificación del ser humano, de hecho, la conciencia ecológica ha crecido de manera significativa en los últimos decenios, llegándose a acuerdos internacionales que han culminado como hemos visto, en la Cumbre del Clima de Paris, en la que cerca de 200 países adoptaron el primer acuerdo global para atajar el calentamiento desencadenado por el hombre con sus emisiones de gases de efecto invernadero.

No podemos entonces analizar la Doctrina Social de la Iglesia y el Pensamiento Social Cristiano a partir de esta nueva realidad sin añadirle un contenido altamente ecológico, fundado en el cuidado de Nuestra Casa Común, creada por Dios y donde convive su Creación.  

Al mismo tiempo, Francisco nos ha insistido permanentemente en la importancia de la fraternidad y la amistad social, como elementos fundamentales de la visión que Jesús nos manifiesta en su Evangelio y que por lo tanto deben formar parte significativa de la Doctrina Social de la Iglesia, es por ello que nos ha dado otra hermosa encíclica social centrada en ellos, Fratelli Tutti.

-          Fratelli Tutti (Hermanos Todos) - sobre la Fraternidad y la Amistad Social 

Cuando nos adentramos en Fratelli Tutti, la encíclica social que el Papa Francisco nos regaló, junto a la tumba de San Francisco en Asís, el 3 de octubre de 2020, en medio de la pandemia del coronavirus (Covid-19), tenemos que conmovernos por el ideal que nos propone. A veces cuando nos adentramos en la Doctrina Social de la Iglesia, nos cuesta trabajo entender el lenguaje que se utiliza, y por lo tanto nos resulta difícil plantearnos su puesta en práctica. En Fratelli Tutti, la propuesta sobre la Fraternidad y la Amistad Social que nos propone es tan clara y abarcadora, tan evangélica, que nos llega, no sólo para ser entendida sino para ser aplicada de inmediato,

y dada la importancia que Francisco le da a la política, para ser aplicada a partir del pensamiento Humanista Cristiano.

No son nuevos los planteamientos del pontífice en esta encíclica, ya Francisco nos tiene acostumbrados a los mismos, la novedad es la reunión de los mismos, su síntesis y su llamado a la acción. Como Laudato Si, Fratelli Tutti toma su título de una expresión de San Francisco de Asís. El Papa había firmado junto al Gran Imán Ahmad Al Tayyeb, el año 2019, un documento sobre la fraternidad humana, por la paz mundial y la convivencia común, llamado Declaración de Abu Dabi, y nos ha hablado muchísimo acerca de la sociedad que debemos forjar como consecuencia de la pandemia del coronavirus. Todos estos hechos son fuentes inspiradoras de la encíclica.

La encíclica consta de 8 capítulos y una hermosa introducción que termina con las palabras siguientes:  

“8. Anhelo que en esta época que nos toca vivir, reconociendo la dignidad de cada persona humana, poda­mos hacer renacer entre todos un deseo mundial de hermandad. Entre todos: «He ahí un hermoso secreto para soñar y hacer de nuestra vida una hermosa aventura. Nadie puede pelear la vida aisladamente. […] Se necesita una comunidad que nos sostenga, que nos ayude y en la que nos ayudemos unos a otros a mirar hacia delante.”

Desde el inicio de su pontificado, Francisco ha insistido en que los cristianos participemos en política, con todos los riesgos que ello implica. Cuando vemos el pecado en medio de la corrupción que mina las sociedades, él mantiene firme el grito de que los laicos cristianos tenemos el deber de participar en la política como el fin más elevado del bien común, y siendo mensajeros del mensaje de Jesús, hacer política limpia, sin corruptelas, todo lo contrario, en lucha permanente contra la corrupción, y además, con la solidaridad como bandera. La solidaridad es el amor en términos políticos y sociales, recordemos el ejemplo del sindicato Solidaridad en Polonia, en la lucha contra el totalitarismo comunista.

180. Reconocer a cada ser humano como un hermano o una hermana y buscar una amistad social que integre a todos no son meras utopías. Exigen la decisión y la capacidad para encontrar los caminos eficaces que las hagan realmente posibles. Cualquier empeño en esta línea se convierte en un ejercicio supremo de la caridad. Porque un individuo puede ayudar a una persona necesitada, pero cuando se une a otros para generar procesos sociales de fraternidad y de justicia para todos, entra en «el campo de la más amplia caridad, la caridad política».  Se trata de avanzar hacia un orden social y político cuya alma sea la caridad social. Una vez más convoco a rehabilitar la política, que «es una altísima vocación, es una de las formas más preciosas de la caridad, porque busca el bien común».

183. A partir del «amor social» es posible avanzar hacia una civilización del amor a la que todos podamos sentirnos convocados. La caridad, con su dinamismo universal, puede construir un mundo nuevo, porque no es un sentimiento estéril, sino la mejor manera de lograr caminos eficaces de desarrollo para todos. El amor social es una «fuerza capaz de suscitar vías nuevas para afrontar los problemas del mundo de hoy y para renovar profundamente desde su interior las estructuras, organizaciones sociales y ordenamientos jurídicos».

Con estas palabras extraídas de Fratelli Tutti, estamos preparados, con un profundo espíritu cristiano para enfocarnos en la economía.

-          Economía Social de Mercado

El Dr. Antonio Jorge, uno de los más grandes economistas cubanos y católico ejemplar, iba a hablar en el marco de la 2da Jornada Social Católica de la Arquidiócesis de Miami sobre Economía Social de Mercado, y me decía que quería también explicar cómo la misma sería un pilar fundamental en el desarrollo de una Cuba libre en el futuro. Falleció antes de este evento (celebrado en marzo de 2012), y aunque no soy economista, desarrollaré algunas ideas, que creo son fundamentales, ya que la ESM juega un papel importante en la construcción de una sociedad con justicia para todos.

El concepto de Economía Social de Mercado se aplica, en sentido estricto, al modelo de ordenamiento económico, explícitamente elaborado, que le sirvió al primer gobierno de la República Federal de Alemania después de la segunda guerra mundial como pauta para encauzar su política económica. De tal manera, la ESM surge como un proyecto político-económico concreto, para dar respuesta a la virtual destrucción de Alemania luego de la Segunda Guerra Mundial. Fue el partido Demócrata Cristiano alemán el que asumió este proyecto en su convención de Ahlen en 1948.

En otras palabras, la ESM alemana fue el resultado de un proceso evolutivo, en el que intervinieron factores económicos, del mismo modo que la voluntad constituyente de su dirigencia política, luego de finalizada la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, un análisis de la ESM reducida exclusivamente a hechos económicos, correría el peligro de perder de vista esta interdependencia que le proporcionan los impulsos esenciales al sistema en todas sus ramificaciones.

La ESM se apoya en tres principios: libertad, solidaridad y justicia social, e interrelaciona así política económica con política social. Bajo esta forma se integra el dinamismo productivo del mercado con medidas compensatorias que sin interferir sobre los mecanismos de la competencia tienden a lograr una mayor justicia social. Las bases de la ESM se inspiran en las ideas del ordoliberalismo, así como de la Doctrina Social de la Iglesia con sus principios pilares que son la solidaridad y la subsidiaridad. La solidaridad que mira al bien común y la subsidiaridad que nos dice que lo que puede hacer el individuo o la sociedad más pequeña que no lo haga la sociedad más grande. O dicho en términos económicos: tanto mercado cuanto sea posible y tanto estado cuanto sea necesario. Por lo que la ESM se puede definir como una idea de ordenamiento económico, que persigue el objetivo de combinar, sobre la base de una economía competitiva, la libre iniciativa con el avance social.

Esperemos que el gran sueño del Dr. Antonio Jorge de una Cuba libre y democrática, con una economía social de mercado que pueda traer justicia social a todos los cubanos, pueda hacerse realidad en muy poco tiempo. Esperemos también que las enseñanzas de San Juan Pablo II y de Francisco, puedan hacerse realidad en este mundo en que vivimos y que los cristianos podamos ser la Sal de la Tierra que se necesita para su realización. Pensemos también que debemos ser sal en la sociedad en que nos ha tocado vivir, pues si lo olvidamos, ¿quién la salará?

Notas:

(1)    Tomado de Wikipedia

(2)    Lo único que justifica gobernar a hombres libres e iguales es que cada uno gobierne por turno. Cuando los gobernantes se perpetúan en el poder los ciudadanos dejan de serlo y se convierten en súbditos – Aristóteles, Libro III de su Política

Publicado originalmente en El IgnacianoRevista Trimestral del Instituto Jesuita Pedro Arrupe