| China y el exilio tibetano retoman conversaciones |
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• Sin un improbable cambio radical de actitud por alguna de las partes, no se vislumbra terreno para un acercamiento de posiciones July 2.- Representantes del gobierno chino y del exilio tibetano iniciaron ayer una nueva sesión de conversaciones en Pekín, prevista para dos días. Se trata del segundo contacto entre las partes, desde los graves disturbios de marzo y abril en Tibet y zonas adyacentes. El primer contacto se produjo el 4 de mayo en la ciudad de Shenzhen, en el sur de China, el iniciado ayer se celebra en Pekín. El movimiento de marzo-abril, fue la mayor protesta tibetana en veinte años y su amplitud y vigor sorprendió a los observadores, dentro y fuera de China. Una gran brecha separa a los negociadores, sin cuyo entendimiento es imposible la normalización de la situación en Tibet. La desconfianza china hacia el Dalai Lama es extraordinaria y tiene una larga historia. Aunque los hechos sugieren con tozudez que el prestigio y el liderazgo del Dalai Lama en Tibet, y en las zonas tibetanas de China no comprendidas en la Región Autónoma de ese nombre, es enorme, China considera al personaje responsable del fracaso de los dos grandes esfuerzos del régimen por afirmar un dominio consensuado, en los años cincuenta y en los ochenta, ambos concluidos con revueltas que pusieron las cosas fáciles a los adversarios de la política de compromiso y excepcionalidad hacia Tibet en el Partido Comunista Chino. El exilio tibetano pide una "genuina autonomía" y que todas las regiones tibetanas sean incluidas en ella. El primer punto incluye un "gobierno democrático" del que la propia China carece, ciertas competencias de política exterior y una retirada de tropas chinas de la zona, que incluye amplios territorios fronterizos en disputa con India. El segundo, la reclamación del "Gran Tibet", significa incorporar a Tibet territorios de cuatro provincias chinas … Nota de la Redacción: El Dalai Lama ha manifestado claramente en público y en privado que no aspira a la independencia del Tíbet sino al respeto por parte de las autoridades chinas de los derechos y libertades fundamentales de los tibetanos. Mientras tanto, los manifestantes pacíficos, sus familias y amigos en el Tíbet, están siendo encarcelados en masa mediante grandes y crueles redadas. En detención y en la cárcel son golpeados, hostigados y humillados y, en algunos casos, sometidos a violentas torturas para que confiesen crímenes imaginarios que justifiquen la represión. En este proceso de violencia y opresión no existen vías judiciales para que las víctimas puedan defenderse con un mínimo de legalidad. Los elementos tibetanos más extremistas que sueñan con un "Gran Tíbet" encuentran así justificación a sus demandas separatistas como única vía de reivindicar sus derechos fundamentales. No es esta una solución posible y por eso el Dalai Lama aboga por una resistencia pacífica a los abusos y por un acuerdo que sea aceptable para los jerarcas chinos. |






