| Se destapan las caretas: Dignidad colombiana y contradicciones ecuatorianas |
|
|
|
|
Mar.4 (Editorial).- Colombia, pese a la adversidad aparente, tiene una oportunidad de oro para explicar hoy en la OEA el drama que ha vivido durante tantos años de guerra. Una guerra casi anónima, a pesar de los reflectores sobre el diario sufrimiento colombiano, que sólo ahora obtiene el escenario propicio para exponerla en toda su crudeza depredadora. Tendrá, ciertamente, nuestro embajador que pedir el uso legítimo de la palabra para dejar en claro el torbellino de terror, odio, secuestro, narcotráfico, desestabilización, vileza, asesinatos, amenazas, violación del Derecho Internacional Humanitario, crímenes de guerra y de lesa humanidad, que ha tenido que sufrir una nación que no se ha doblegado a pesar de la combinación de semejantes ingredientes subversivos, mafiosos y paramilitares que hubieran terminado con la entereza de cualquier otro país. Tendrá que quedar, claro, también que Colombia le ha dado a las FARC todas las oportunidades de paz, como lo ha hecho con otras guerrillas, incluida la última vez cuando esa organización optó de nuevo por el camino de la guerra. Quiso equivocadamente la subversión entender el tema como una capitulación, pero desde luego no se comprendió que se trataba de un mandato por la paz que no significaba una súplica, ni nada por el estilo, sino un acto de generosidad nacional, tal y como les consta a cada uno de los miembros que en la actualidad se sientan en la plenaria de la OEA. No se trata, pues, de un Estado enconchado en el belicismo sino de uno que no tuvo alternativa diferente de rechazar la constante agresión, pese a haber tendido la mano ... [ texto tomado de El Nuevo Siglo ] |

