Ricardo Díez Hochleitner insiste en añadir, con mucha razón, la
necesidad de que la participación directa de los ciudadanos en asuntos
socioeconómicos para la sostenibilidad del sistema reúna además la
capacidad y la virtud de ser anticipatoria, de prever el futuro a
partir de factores y magnitudes conocidos y cotidianos que nos rodean y
nos mandan mensajes a los que no solemos atender debidamente o que si
los atendemos no sabemos darles la lectura que exigen. En el ámbito de
la educación Ricardo Díez Hochleitner viene abogando por la
introducción programada de la prospectiva como disciplina desde el
principio de la década de los 70. Rastrear en el futuro es algo que
comienza a ser vital para todos los componentes de una humanidad que se
enfrenta a graves problemas originados por su creciente entidad y su
propia conducta. De su previsión y cambios depende su mejor o peor
futuro y el de sus descendientes.
Existe una necesidad para la que la participación directa y efectiva de
los ciudadanos se reconoce como un valor positivo y que requiere el
concurso de todos no sólo como actores inducidos, sino como aportadores
de sus ideas anticipatorias, de su prospectiva, de sus iniciativas, de
sus deseos, de la cesión y cambio en usos y hábitos posibles hasta
ahora, de propuestas pensando en generaciones futuras, de administrar
con un criterio de cambio pactado tal y como prescribe el Programa 21
de la ONU, en fin, como ya comentaba Rousseau en 1762: opinar,
proponer, dividir, discutir....
El desencadenante de esta actuación de los ciudadanos es el barrunto
de una catástrofe igualatoria para la humanidad que ha aconsejado
prudentemente y al margen de estos criterios predominantes, prescribir
por convencimiento e inteligentemente la participación directa en lo
local, desde el consenso y en concurrencia convergente con otras
medidas y otros actores que proceden de la democracia representativa,
si bien esta vez no para ponerse a las órdenes de sino, precisamente,
para contribuir en la búsqueda de soluciones y en la toma de las
mejores decisiones junto a, en un plano de igualdad cierta y valiente,
como requiere la verdadera participación directa.
La gobernabilidad de ciudades y países, cada vez más populosos, y muy
especialmente la de las grandes concentraciones urbanas hacia las que
caminamos y que pronto van a afectar al 80% de la población mundial,
cuando la huella ecológica se ha excedido en un 20% aproximadamente,
requiere ciudadanos implicados, concienciados, convencidos,
colaboradores y receptivos y esto solo se consigue con la práctica
efectiva y real de la participación directa. Los líderes locales, de
cada sector que pueda identificarse, tienen tanta sabiduría popular
como la que puedan tener las autoridades locales, con la ventaja de
que, aparte la diversidad de criterios y experiencias valiosas que
pueden aportar, no pivotan sobre plazos de legislatura, no van a corto
plazo en sus aspiraciones, ni tienen que capitalizar sus actuaciones
con carácter inmediato con visión electoralista, ya que no se deben a
intereses de partido, y por tanto son mas libres de opciones positivas
a largo plazo y de su legitimación para uso de políticos.
La participación aporta como ventajas: el que legitima y apoya la
autoridad, genera concienciación y compromiso, fomenta mejor
entendimiento de problemáticas y facilita soluciones, revitaliza al
estado y a la política pública, mejora la transparencia en la gestión
pública, obstaculiza la corrupción, facilita la información y la
formación, aumenta la corresponsabilidad social, involucra a los
ciudadanos en los problemas y en la búsqueda de soluciones, supone un
salto cualitativo en la relación político-ciudadano, rompe la
perniciosa indiferencia de la sociedad hacia lo político y la cosa
pública, produce receptividad a iniciativas limitatorias y sin duda
facilita establecer prioridades y soluciones así como tomar mejores
decisiones, todo ello con mayores probabilidades de acierto. Si además
reúne, como apunta Díez Hochleitner, la virtud de ser anticipatoria y
previsora su eficacia y sus resultados van a reportar mayores y mejores
beneficios a la sociedad humana y al entorno biológico que la sustenta.
La máxima participación posible se muestra ya como imprescindible para
los temas locales que son su primer escalón.Téngase muy en cuenta que
aquí no se trata de conocimientos generales académicos (matemática,
física, química, etc...) que se suelen producir con carácter horizontal
y a requerimiento de parte, como se actúa con el médico, con el
abogado, con el arquitecto, con el experto, sino de temas
socioeconómicos locales, de un entorno humano que vive diariamente en
contacto visual si no físico con las autoridades y giran sobre la
percepción de la problemática de cada municipio que es específica y
compleja y de ahí que actuar localmente pensando globalmente sea vital
para un futuro sostenible de todos. Información, convencimiento,
concienciación y cambio de conducta. Tiene similitud en principio con
un consejo de familia bajo la presidencia de la autoridad en
circunstancias graves y previo a cualquier consulta o auxilio externo.
No valen, para el cambio exigido por el Desarrollo Sostenible, los
slogans ni las catas al pulso social que suponen los sondeos de opinión
y las encuestas, sino el esfuerzo mancomunado y directo que propugna el
Programa 21 para el que hay que abrir nuevos cauces y del que no puede
faltar la población de cada porción de biosfera que es el término
municipal, en el que se habita, donde se vive día a día. Así, una
práctica previa de siempre, como era el concejo abierto reconocido en
numerosos fueros y cartas pueblas de la España medieval, se convierte,
con las modulaciones necesarias, en la última y más novedosa de las
contribuciones, porque el Programa 21 lo considera imprescindible.
A la sabiduría popular se ha confiado, con la asistencia y servicio de
especialistas, cuando han sido requeridos y han estado disponibles, lo
más importante: el cuidado y la crianza de los seres humanos, su salud,
su alimentación, su educación, el trato con la tierra, los animales, el
uso del agua, la construcción...Como dice Luis Racionero, la sabiduría
popular, en contraste con la información y el conocimiento, es un don
de acción y en esto lo fundamental es el momento y la intensidad. Es un
conocimiento vital, no sistemático, ni racional, ni lógico, sino
vivido, intuido y ganado por la experiencia. Al decir de Heraclio,
según dice el mismo autor, sofía, consiste en decir la verdad y actuar
según la naturaleza, escuchándola.
Dr. Pelayo del Riego
Secretario General de la Fundación Desarrollo y Naturaleza (DEYNA)
Miembro del Capítulo Español del Club de Roma
C/ Príncipe de Vergara, 136
28002 Madrid
Tno: 91 7451395
Fax: 91 7451396
Mail:
Web: www.deyna.com
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