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Dec 02, 2008 at 07:07 AM
 
 
La ONU escoge su Timonel PDF Print E-mail
New York, Sep.12.- A partir del 31 de diciembre de 2006 tomará posesión un nuevo Secretario General de las Naciones Unidas.  Siguiendo la tradición, le toca ahora a un nativo del Asia, en la secuencia que turna a los candidatos por continentes desde la elección de Dag Hammarskjöld.  Los dos primeros Secretarios Generales fueron nórdicos, pero a raíz de la muerte de Hammarskjöld se decidió una rotación geográfica rigurosa.  La elección se realizará durante el período de sesiones de la Asamblea General que comienza en septiembre.  La Asamblea General propone los candidatos en sesión plenaria y el Consejo de Seguridad los elige en sesiones simultáneas.

El proceso de selección previa a este ejercicio es reminiscente de la elección de un Sumo Pontífice por la extrema discreción con que se barajan los candidatos entre bastidores.  Se trata así de suavizar las aristas políticas de este proceso.  No obstante, en el caso de las Naciones Unidas se producen filtraciones más fidedignas que nos permiten anticipar las probabilidades de los candidatos que tenemos sobre el tapete.  Los más prominentes son los que tienen la fortuna de estar patrocinados a puertas cerradas por miembros del Consejo de Seguridad.  En este ámbito discreto y reducido se están promoviendo unas pocas figuras desde julio.

 Entre éstos, la mayor sorpresa es Ban Ki-moon, Ministro de Relaciones Exteriores de la República de Corea (Corea del Sur), quien cuenta con numeroso respaldo pero con la dificultad de un posible veto de alguno de los Miembros permanentes del Consejo.  Entre los otros, podríamos apostar por Shashi Tharoor, de la India, quien ya se desempeña como Secretario General Adjunto de Comunicaciones y Relaciones Públicas y destaca por su carisma y su experiencia en la Organización mundial.  Otro con muchas probabilidades es Surakiart Sathirathai, Vice Primer Ministro de Tailandia, aunque también cuenta con la amenaza del veto.  Por último, tenemos a Jayantha Dhanapala, de Sri Lanka, que últimamente contaba con el apoyo de cinco miembros del Consejo. Como en algunos casos de la elección Papal, también aquí los candidatos más prominentes pueden encontrarse en un callejón sin salida que impide su elección y debe recurrirse entonces a un candidato mediatorio que surge de un proceso de negociación.  Con estos papabili podemos armas una larga lista que abarca alrededor de 20 personalidades.  Cuando los Estados Miembros de la ONU se ven obligados a recurrir a ella, casi siempre se producen grandes sorpresas.  

Si ese fuera el caso, me atrevería a apostar por uno de estos cuatro:  Sadako Ogata, del Japón, antiguo Alto Comisionado para los Refugiados; Kemal Dervis, de Turquía, actual Administrador del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD); Goh Chok Ton, anterior Primer Ministro de Sigapur; y, el Príncipe Zeid Hussein, de Jordania.  Entre la veintena de los otros que se barajan, la gran sorpresa podría ser Thoraya Obaid, de Arabia Saudita, Director Ejecutivo del Fondo de Población de las Naciones Unidas.

Kofi Annan entregará a su sucesor unas Naciones Unidas en un proceso de transformación del cual él ha sido en cierto modo autor e impulsor.  Esto representa un verdadero desafío para el nuevo Secretario General, porque aunque la responsabilidad de ser el timonel de la Organización mundial tiene poca capacidad ejecutiva, conlleva un peso considerable de liderazgo moral como una voz internacional que apele a la decencia, la honestidad y la racionalidad de los Estados Miembros.  Entre otras cosas, le tocará al nuevo timonel fomentar la “responsabilidad de proteger” que Kofi Annan ha señalado como una obligación internacional de actuar con firmeza y eficacia en crisis humanitarias como las de Darfur y el Sahel, entre muchas otras, y también para frenar crímenes espantosos de lesa humanidad y genocidio, como los del propio Darfur y otros anteriores en Bosnia, Kurdistán, Rwanda, Somalia, etc.  

Además, deberá insistir en que la labor de vigilancia y protección que le corresponde al recién creado Consejo de Derechos Humanos tenga un significado real.  Deberá utilizar toda su influencia moral para impulsar una mayor reforma de este Consejo que prevenga la participación obstruccionista de los mismos que cometen graves violaciones bajo regímenes que institucionalizan el abuso y la opresión.  Finalmente, demostrar la voluntad política de aprovechar este proceso de transformación para darle impulso a procedimientos de mayor transparencia en la elección futura del Secretario General, incluyendo un debate público donde se ventilen sus méritos y sus deficiencias.

Ojalá que el Secretario General electo cuente con la habilidad excepcional y el carácter necesario para dar firmeza a los propósitos de las Naciones Unidas por sobre las ambiciones de algunos de sus Estados Miembros.  El mundo necesita otro Secretario General del calibre de Dag Hammarsjöld, que dio un ejemplo señero por la firmeza de sus principios aun a costa de su propia vida.

:::Gerardo E. Martínez-Solanas
 
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