21-nov-2008
Socialdemocracia en México
El tío Barack
“INMOVILIZADO, ¡NUNCA! ”
Carta al señor ministro Juventino Castro y Castro
Cuauhtémoc Cárdenas
21 de Noviembre 2008
Estimado don Juventino:
Con interés y, a partir de alguna parte de la lectura, con cierta extrañeza leí su artículo Andrés Manuel López Obrador, publicado en MILENIO el pasado día 16.
La extrañeza llegó cuando refiriéndose a mi leí: “No se conforma pero sí se inmoviliza”, en el párrafo que completo dice: “Cárdenas alegó haber sido objeto, también, de una conspiración de las mismas fuerzas de poder que infortunadamente prevalecen en México. Por igual señaladas y condenadas por la mayoría de los mexicanos, Cuauhtémoc también lucha, y el aparato político y judicial lo aplasta. Le desechan sus recursos legales y políticos. Perdió toda instancia posible. No se conforma pero sí se inmoviliza. López Obrador ve con horror que Cuauhtémoc se inmovilice. No quiere ese ejemplo. Trata de superarlo”.
No sé a qué llame usted inmovilizarse. Yo entendería quedarse quieto, no hacer nada. Y puedo decirle, sin riesgo a equivocarme, que no fue ése mi caso en 1988, ni lo ha sido desde entonces hasta el día de hoy, ni políticamente ni en nada de mi vida habitual.
Después de que el sistema electoral se calló y se cayó el 6 de julio, ese mismo día, los candidatos de la oposición, juntos, protestamos por las violaciones a las leyes y a los derechos de los ciudadanos ante la autoridad electoral. No nos paralizamos. No me paralicé.
A raíz de que se dieron a conocer los resultados oficiales de la elección, después de los días de silencio respecto a los números electorales, convoqué, como cabeza en ese momento del Frente Democrático Nacional, a la movilización ciudadana para protestar contra el fraude y tratar de revertirlo, empezando por una gran concentración en el Zócalo de nuestra capital el 16 de julio, que no fue sino la primera de muchas movilizaciones que con el mismo objeto se llevaron a cabo por todo el país en el curso de varias semanas.
En aquel tiempo, como usted recordará, la validez de la elección presidencial la calificaba la Cámara de Diputados, constituida en Colegio Electoral. Era ésa la última instancia prevista por la ley a la que se podía recurrir para revertir el fraude y restituir la legalidad. Ahí, en la cámara, el 9 de septiembre se libró la batalla cívica en una sesión tormentosa que, ante la violencia de la mayoría impuesta, fue abandonada por los legisladores del Frente Democrático después de haber sólidamente argumentado contra el fraude.
El 14 de septiembre se reanudaron las movilizaciones por el país, empezando ese día con una nueva gran concentración en el Zócalo. Las movilizaciones tuvieron lugar durante varios meses.
En ese tiempo, concretamente el 21 de octubre, se convocó a la formación de un partido político, tarea que se empezó de inmediato y que meses después resultó en la constitución del Partido de la Revolución Democrática, que, estará usted de acuerdo, ha sido factor fundamental para los avances democráticos de nuestro sistema político, y de ninguna manera para la inmovilidad, desde luego, entre otras, no para la mía.
Sin la movilización permanente de quienes nos organizábamos y luchábamos por abrir paso a la democracia, sin la participación de esa gente en elecciones locales y federales, absolutamente a contracorriente, sin la lucha constante y tenaz contra el fraude electoral y por el respeto al voto no hubieran sido posibles la elección de un jefe de Gobierno del Distrito Federal en 1997 ni la elección de gobernadores de partidos de oposición antes y después, sobre todo después de esa fecha, ni el que no se hayan elegido, de 1997 para acá, mayorías absolutas de ningún partido político en ninguna de las cámaras del Congreso, ni se hubiera dado la alternancia de partidos políticos en la jefatura del Ejecutivo.
Estimado don Juventino: ni me conformé, como usted bien lo dice, ni me inmovilicé, como usted me parece no lo ve, después del fraude del 88. Ciertamente, no convoqué a bloquear la avenida Madero y el Paseo de la Reforma, ni llamé a tomar las armas o a recurrir a la violencia, como nadie tampoco lo ha hecho después. Convoqué, sí, a formar un partido político, a mantener viva la lucha por la soberanía nacional y por la democracia. En el curso de la formación del partido, y en su vida ya como tal, puedo decirle que no he estado inmóvil, que me he mantenido activo políticamente en campañas electorales, presentando mis posiciones en numerosos y variados foros, escribiendo de tarde en tarde. Ahora bien, si usted considera que haciendo todo esto me he mantenido inmovilizado, simplemente le externaría que lo veo de distinta manera: estoy cierto que no me inmovilicé en 1988, que no lo he estado desde entonces y adelanto que no me voy a desmovilizar.
Escribe usted, por cierto, que “López Obrador ve con horror que Cuauhtémoc se inmovilice”. Difiero de su punto de vista, no creo que Andrés Manuel me vea inmóvil ni que se horrorice por lo que hago. Pero tranquilícelo usted, asegúrele que ni estoy ni estaré políticamente inmovilizado.
En relación, finalmente, al proceso electoral de 1988, puedo asegurarle, con la conciencia tranquila, que el Frente Democrático Nacional, sus legisladores y militantes, yo entre ellos, hicimos todo lo que la ley permitía hacer y todo lo que políticamente tenía que hacerse. No más si usted quiere, pero tampoco menos de lo que otros hayan hecho en otros procesos político electorales posteriores.
Lo saludo con respeto y le reitero mi amistad.
Publicado en Milenio
La dura realidad en Nicaragua y Venezuela
EZLN: primer cuarto de siglo
20-nov-2008
La izquierda y la revolución mexicana
Ignacio Pinacho
A propósito de su 98 aniversario y a dos de sus festejos en ocasión de su centenario, corrientes políticas de diverso índole -particularmente de la izquierda- siguen viendo en la Revolución Mexicana una causa y bandera que sustenta sus acciones.
Desde finales de los años cincuenta del siglo pasado, la mayoría de grupos de izquierda independiente, como el Lombardismo y el propio PCM, se consideraban así mismos como el ala socialista de la gesta revolucionaria. Empero, posterior al gobierno de Lázaro Cárdenas, propiciada por los gobiernos llamados contrarrevolucionarios de Manuel Ávila Camacho y Miguel Alemán Valdés, la izquierda empezó a tomar distancia de “la familia revolucionaria”, buscando con ello un derrotero ideológico distinto al que mantuvieron durante la posrevolución. Como lo señala acertadamente Enrique Semo, con la crítica de la ideología de la revolución mexicana que seguía siendo a la vez dominante y oficial, la izquierda puso las bases para la construcción de una tradición y un proyecto claramente diferentes de los impulsados por los gobiernos del PRI. La izquierda independiente empezó a enarbolar una revolución socialista. (La izquierda mexicana en los albores del siglo XXI. Océano. 2003).
En la izquierda llamada revolucionaria, en oposición a la reformista, la crítica fue más radical, particularmente a raíz de la fuerte represión gubernamental al movimiento estudiantil de 1968. Lo paradójico de ambas corrientes de izquierda, es que treinta años después terminaron por abrazar nuevamente, como resultado de la fusión con el nacionalismo revolucionario del PRI (la Corriente Democrática), las banderas de la revolución mexicana: “Nuestra tradición funde y articula la firme oposición al saqueo imperialista y las luchas por la emancipación económica y la paz mundial con las de los nacionalistas comprometidos con el programa de la Revolución y en defensa de la soberanía nacional”(Documentos básicos aprobados por el Primer Congreso Nacional del PRD el 20 de noviembre de 1990).
Sin duda, el peso o la loza de “la ideología de la revolución” han marcado, en distintos momentos, la evolución de nuestras izquierdas. Ha sido, como dice José Woldenberg, un paraguas que ha arropado tanto a derechas como a izquierdas. (98 años. 20 nov. 08. Reforma). La discusión sigue presente y ronda como fantasma a la izquierda más representativa de nuestro país. A pesar de que el PRD se asumió, posteriormente, como un partido de izquierda y en su X Congreso como socialista, diversas expresiones y grupos continúan al tenor de discursos y prácticas políticas de la mitología revolucionaria.
Veneran a la Constitución Política como un dogma, cuando que sus pilares fundamentales que la sostienen han sido reformadas en distintos episodios legislativos. Pero la influencia mayor -que ha sido muy perniciosa para la izquierda- convertida en práctica cotidiana, es la “cultura” corporativa y clientelar heredada del viejo régimen autoritario. Porque “eso que llamamos Revolución Mexicana es de matriz, corporativa, poco liberal y poco democrática. (Que, además) Tiene un trasfondo demagógico y populista que apenas puede ocultarse.” (Cuentos de la Revolución. 20 nov. 08. Milenio). Mientras estos rasgos sigan influyendo en el bagaje ideológico y práctico de la izquierda, serán otras las corrientes políticas contemporáneas y modernas que estarán en mejores condiciones de gobernar el país. El sustento ideológico de una nueva izquierda está en otro lado: en el socialismo liberal.
20 de noviembre de 2008
Cifran daño electoral por pugna interna
La confrontación interna —con posiciones irreconciliables entre sus tribus tras ocho meses de disputa por la dirigencia nacional— ha provocado que el Partido de la Revolución Democrática pierda 42% de los electores que votaron por el perredismo en las elecciones presidenciales de 2006. Además, tras el conflicto interno la dirigencia nacional del PRD analiza información que advierte que en las elecciones para diputados federales perdería —sin una alianza con PT y Convergencia— hasta 19 puntos porcentuales con respecto a 2006.....
It’s the money, stupid
El PRD, en la ruta de un nuevo PPS
La momia (parte I)
La momia (parte I)
Eliseo Alberto
Aquella tarde de mayo, tres meses después de la muerte de su esposo, Nadiezhda se atrevió a recordarles a sus camaradas que Uliánov le había dicho muchas veces que no quería mausoleos en su honor. No soportaba la idea de sentirse permanentemente expuesto ante la curiosidad de los peregrinos. En el fondo, era un hombre tímido. Por el contrario, deseaba descansar en el cementerio de Vólkovskoye, San Petersburgo, junto a su madre, la bondadosa María Alexandrovna, y el querido Alexander, el mayor de sus hermanos, ahorcado el 8 de mayo de 1887 por haber participado en una conspiración contra la vida del zar. Allí estaría como en casa. Stalin la escuchó en silencio, con atención, y prometió tener en cuenta ese justo reclamo. Pero no.
No iba a perder esa oportunidad, caída del cielo. Necesitaba un centinela en medio de la Plaza Roja, un soldado dormido que pudiera despertar de entre los muertos y asumir el mando en algún momento de crisis. Necesitaba un Dios. Menos que menos cuando, horas más tarde, leyó a solas el “Testamento” de su Jefe y supo lo que el astuto, malagradecido, peligrosísimo Lenin pensaba de ellos.
“El camarada Stalin, convertido en secretario general, ha concentrado en sus manos un poder ilimitado, y no estoy seguro de que siempre sepa utilizarlo con la suficiente prudencia. Por otra parte, el camarada Trotsky, como ya lo demostró (…), no se destaca sólo por sus capacidades eminentes. Personalmente tal vez sea el hombre más capaz del actual Comité Central, pero también es presuntuoso en exceso y se apasiona demasiado por los aspectos puramente administrativos del trabajo. (…) Stalin es demasiado grosero, y este defecto, perfectamente tolerable en nuestro medio y en las relaciones entre nosotros los comunistas, se torna intolerable en las funciones de secretario general. Por tanto, propongo a los camaradas que reflexionen sobre el modo de desplazar a Stalin de ese cargo y de nombrar a otra persona que tenga sobre el camarada Stalin una sola ventaja: la de ser más tolerante, más leal, más cortés y más atento para con los camaradas, de un humor menos caprichoso, etcétera (…) Bujarin no es sólo el teórico mis valioso y destacado del partido, sino que además es considerado, merecidamente, el preferido de todos; sin embargo, sus conceptos teóricos, sólo pueden ser considerados de todo punto de vista marxistas con la mayor reserva porque hay en él algo de escolástico (no ha estudiado nunca y pienso que jamás ha entendido del todo la dialéctica)”.
Stalin tuvo en cuenta esas advertencias. Nicolai Bujarin fue detenido y fusilado el 13 de marzo de 1938 por su oposición a la Clase Obrera, acusado de planear un golpe de Estado. A León Trotsky lo mató en México: por órdenes suyas, el 20 de agosto de 1940 Ramón Mercader le clavó un piolet en la cabeza.
Cuando Nadiezhda se retiró del Kremlin, Lenin ya llevaba insepulto cincuenta días, expuesto en la Sala de las Columnas, y comenzaba a dar signos de deterioro. Trotski y Bujarin se oponían a la momificación del líder. Stalin y Felix Dzerzhinski defendían la tesis contraria. El académico Alexey Abrikosov, prestigioso embalsamador, le había inyectado en la aorta seis litros de alcohol, formol y glicerina, pero el cadáver se descomponía al paso de las horas. Lenin envejecía en su ataúd. “Que el muerto no se siga muriendo”, ordenó Stalin.
Ochenta y cuatro años después, Uliánov es un muñeco sin ventrílocuo. Pesa 50 kilos de trapo. Le sigue creciendo el cabello —ya no las uñas. (Continuará)
Publicado en Milenio
Cinco notas sobre el PRD
López y Bejarano, juntos y revueltos
La decisión de “Alejandro”
Hay algarabía en el PRD porque “Alejandro” no se fue del partido. Desechó la secretaría general, pero continuará en las filas del perredismo. Respiraron aliviados en todas las corrientes y elogiaron la actitud responsable de “Alejandro”, que conjuraba una escisión en el PRD. “Se quedaron con las ganas quienes estaban zopiloteando al PRD”, dijo un feliz Carlos Navarrete, coordinador de los senadores de su partido y miembro de la corriente ganadora, Nueva Izquierda......
Entre la renovación y la inercia
Son los mismos
Son los mismos
Óscar Mario Beteta
La institución que Alejandro Encinas le reprocha no ser al TEPJF es inconcebible en cualquier régimen democrático. Si cree que éste fue creado para resolver los pleitos de pandillas que caracterizan a su partido, que él ubica en la esfera de la política, nada tiene qué hacer en ella.
El ex jefe de Gobierno del DF reconoce que el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación pudo dirimir legalmente el conflicto que se produjo entre él y Jesús Ortega, pero lamenta que con eso no resuelva el problema político de fondo.
Las funciones y decisiones que tiene ese órgano en su relación con los actores políticos, especialmente los partidos, son como las matemáticas: frías e insensibles; duras e inapelables, pues sólo de esa manera pueden ser imparciales, objetivas y justas.
Desde esa posición, asumió el polémico resultado de los comicios federales de 2006, sancionó a los partidos que cometieron faltas y decidió quién ganó las elecciones para líder del PRD.
Lo que buscan un juez, un magistrado, un ministro, encargados de hacer valer el derecho para que la sociedad no se resquebraje, es que prevalezcan la legalidad, la concordia y la paz. El lema al que ajustan sus actos no puede ser más realista: Lex is lex (La ley es dura, pero es la ley).
Si el TEPJF actuara con preferencias, hiciera distinciones o se moviera por intereses propios de grupo, su misión de establecer la realidad jurídica última sobre los asuntos de su competencia sería un total fracaso y su existencia una aberración.
En un litigio menor es común que la parte no beneficiada se diga despojada, atropellada o defraudada; ¿cuántos más no serán las imputaciones cuando, como en el que libran Ortega-Encinas, hay tantas cosas trascendentes en juego?
El que juega a la democracia debe ser consciente de que unas veces se gana y otras se pierde; admitir esto es la oportunidad de disfrutar aquello.
El arreglo “político” que Encinas busca del TEPJF nunca lo obtendrá. Quizá lo encuentre en nuevas reglas por establecer con sus oponentes, de los que habrá que ver hasta dónde lo dejan llegar... sobre todo después de rechazar lo que le tocaba en el PRD.
Sotto voce
Jesús Ortega logró finalmente lo que se proponía a través de su movimiento: nuevas alianzas con todos los que están hartos del mesianismo, radicalismo e imposición de AMLO. ¿Dónde cabrán Porfirio Muñoz Ledo (la salsa de todos los tacos); Dante Delgado (el mercenario jarocho) y el sempiterno de la izquierda corrupta, Alberto Anaya?
Publicado en Milenio
La izquierda que cada quien ve
AMLO: genética de la derrota
Triste e incierto espectáculo
Ahora la derrota de AMLO es en el PRD
¿JESÚS ENCINAS O ALEJANDRO ORTEGA?
Por José Luis Hernández Jiménez
Decían sus allegados que Alejandro de Jesús Encinas Rodríguez, por su apariencia se parece a Santa Clos. Hoy dicen que por su reciente decisión, se asemeja a Juan Pablo II. Y es que luego de que el Tribunal Federal Electoral (TRIFE) declarara que el vencedor de esta pelea (la interna del PRD) era su contrincante, Alejandro exclamó, como aquel Papa cuando se despidió de los mexicas: que se va pero no se va (del Partido).
Jesús Ortega Martínez, en cambio - el malo de la película, diría don AMLO – da brincos de gusto por la resolución del TRIFE, y jura y perjura que, ahora sí, el PRD tiene piloto. Conque no sea como el que se acaba de estrellar, todo irá bien. De igual manera, doña Hortensia Aragón, pasmada está pues sin comprar billete, como que se sacó la lotería. Rauda y veloz, eso dijo, consultó a su madrina, la gober de Zacatecas, y....doña Tencha será la número dos de dicho Partido. Volviendo a la persona de Alejandro, ustedes no están para saberlo, estimados cuatro o cinco lectores (as), ni yo para contarlo, pero he de decirles que le conocí, hace casi 23 años. Cuando se murió uno de mis maestros mas queridos, el 24 de diciembre de 1985, Demetrio Vallejo Martínez, siendo diputado federal, resulta que su suplente era precisamente, Encinas quien provenía del PSUM, antes PCM. Alejandro se hizo más famoso pues entre la tropa se decía que tenia una carnalita llamada Alicia que además era artista que, por cierto, nunca se me hizo conocer.
Doce años después volví a saber del mismo Encinas, a raíz del fallecimiento de otro de mis grandes maestros en estos menesteres de la política, Heberto Castillo. Resulta que en esas fechas escribí el texto de un desplegado de homenaje a Heberto, (“¡Aquí seguimos!”), mismo que fue publicado el 12 de abril de 1997 en El Universal y en La Jornada, el cual fue firmado por docenas de sus compañeros originales. Luego, dicho texto fue publicado en una edición especial del Instituto de Formación Política del PRD, en donde el Director era Alejandro, solo que lo puso a nombre de los Senadores del PRD, los mismos que a Castillo le habían negado ser su coordinador. Le reclamé a Alejandro, se disculpo, dijo que se corregiría, cosa que nunca ocurrió. Recién nos volvimos a saludar durante el lanzamiento público del nuevo proyecto “Periodismo desde la Izquierda”. “Te leo”, me dijo.
Pero Encinas Rodríguez es buen compañero, siempre acompañado de su fiel escudero, don Ricardo Ruiz Gutiérrez. Por otro lado, mi trato con Jesús Ortega, también ha sido cordial. A fines de 1987, siendo este, su humilde servidor, integrante del Secretariado Nacional del Partido Mexicano Socialista (PMS), uno de los antecedentes del PRD, me tocó darle la bienvenida a dicho Partido, a Ortega Martínez quien encabezaba, junto con Graco Ramírez, Patricia Olamendi, Miguel Alonso Raya, Carlos Navarrete, Ignacio Iris Salomón, José Luis Morales, y otros compañeros, una escisión del extinto Partido Socialista de los Trabajadores. Ellos le llamaban PST 3ª. Asamblea. La otra parte se llamó Partido del Frente Cardenista de Reconstrucción Nacional (PFCRN) y estaba encabezada por Rafael Aguilar Talamantes.
Ortega quería seguir siendo “socialista”. Talamantes optó por ser “cardenista”. Incluso decían que el logotipo del PFCRN, lo había dibujado el propio Manuel Bartlet, entonces Secretario de Gobernación, con Miguel de la Madrid y autor del fraude contra Cárdenas y el Frente Democrático Nacional. Ortega y su grupo optaron por irse al PMS y ahí les di la bienvenida a nombre de dicho Partido. Pronto supimos de su capacidad de movilización y de control de su gente. A muchos nos dejó con el ojo cuadrado. Personaje que apoyaban, personaje que acababa siendo candidato ganador. Con ellos, Ramón Sosamontes, por ejemplo, dio el salto hacia arriba. En fin, Ortega Martínez también es un buen compañero. Ambos, Encinas y Ortega, son gente de Partido, militantes de muchos años. Ni uno es el bueno ni el otro es el malo. Los dos han cometido errores y han tenido que tragarse sus palabras.
Los dos están manchados del lodo lanzado mutuamente en los comicios internos de marzo pasado. Ambos son víctimas y beneficiarios de la pre moderna cultura política que predomina en el PRD, la cual es suma de dos autoritarismos, el del PRI y el de la vieja izquierda. Si bien tienen estilos diferentes, de trabajar juntos al frente del PRD, podrían complementarse. Considerando que ambos son militantes como cualquiera otro, juntos podrían hacer que el PRD dejara de ser una organización productora de frankesteins o de caudillos que nadie controla. Sumando esfuerzos podrían acabar con el nefasto presidencialismo que combaten hacia fuera pero relamen hacia dentro. Tal vez podrían lograr socializar el poder político interno y hasta acabar con la política del “cochinero” recurrente inaugurado en el PRD, desde 1996. De paso quizá se decidan a extirpar del Partido al clientelismo.
A lo mejor hasta podrían abrir al PRD a la sociedad. Y levantar miras para que dicho Partido suprima del centro de su afán la lucha a muerte entre sus militantes, por los “huesos” y por el dinero. Pero no se pudo. Erróneamente Encinas no aceptó ser Secretario General del PRD como legalmente le correspondía. Llama a crear un Movimiento por la Renovación del PRD, que creará confusión entre sus posibles seguidores con otros dos Movimientos, el de AMLO y el de Bejarano, y a ocupar espacios de poder del Partido que el mismo ahora rechaza. De paso anatemiza al TRIFE, olvidando que tal órgano es producto de viejas exigencias de la izquierda de antaño.
Por su parte, equivocadamente Ortega solamente se resigna a que así sea. ¿Y el PRD? Bien, gracias. En ese Partido primero están los intereses de grupo. Yo sigo pensando a contracorriente, que ambos hubieran sido como el dúo dinámico del PRD. Algo así como Jesús Encinas y Alejandro Ortega. No será así, ni modo. Punto. Y va un comercial: El viernes 21 de noviembre, se entregan los Premios Ciudad Capital “Heberto Castillo”. El evento es a las 11 horas, en el anfiteatro Simón Bolívar del ex Colegio de San Ildelfonso (Justo sierra 16, Centro Histórico del DF). Estará el carnal Marcelo. Me invitaron. Acudiré pues dichos Premios son algo que formalmente, en enero de 2007, yo propuse y ni las gracias me dieron. Como un invitado invita a otros, Ustedes, queridos cuatro o cinco lectores (as), también están invitados.
19-nov-2008
La hermandad perredista
La hermandad perredista
Héctor Tajonar
Soy escéptico. Pienso que, a pesar de la decisión de Alejandro Encinas de permanecer dentro del PRD, la ruptura interna del partido es inocultable e irremediable, debido a que la estrategia de Andrés Manuel López Obrador rumbo al 2012 no admite vacilaciones. El representante de Izquierda Unida declaró que se trata de una decisión “estrictamente personal”, sin embargo, el que se haya tardado ocho días en hacer pública su determinación, y que ello haya ocurrido al día siguiente de su reunión con López Obrador, despierta ciertas dudas.
Para mí, la estrategia obradorista es clara: que Encinas no abandone el PRD, para no dejar al partido en manos de “quienes se han enquistado en su burocracia”; que Encinas renuncie a la Secretaría General —para cuidar dignidad y congruencia—, pero sin renunciar a las prerrogativas inherentes al cargo, que seguramente será ocupado por la compañera de formula de Encinas, Hortensia Aragón.
Paralelamente, López Obrador fraguó la disolución del Frente Amplio Progresista (FAP), con el propósito de dejar fuera al PRD de la coalición entre PT y Convergencia, para las elecciones de 2009. De esta forma, López Obrador mantiene un pie dentro del PRD y otro dentro del FAP, del mismo modo en que ha conseguido construir un movimiento social, que le da presencia política, además de servirle como presión y contrapeso dentro del ala parlamentaria perredista.
Lamentablemente, Encinas ha decidido convertirse en operador político de López Obrador, lo cual le resta verosimilitud a sus declaraciones, en el sentido de que conformará un movimiento nacional de rescate del PRD para “superar sus grandes defectos y vicios”. Menos creíble aún, resulta su afirmación de que salvar al PRD “no es asunto de personas”, sino de la pérdida del perfil ideológico del partido. Encinas está, ante todo, al servicio del caudillo, y los intereses de éste —como lo hemos constatado a los largo de estos dos años de confrontación política, después de una derrota no asumida— no siempre coinciden con los del partido.
Los ocho meses que transcurrieron de las elecciones del 16 de marzo al fallo del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación en favor de Jesús Ortega, representan la crisis más grave en la historia del PRD, la cual —a decir del propio Encinas— no se resuelve, sino que se profundiza con la sentencia del tribunal.
El regreso de René Bejarano al frente del cínicamente llamado Movimiento Nacional de la Esperanza, apoyado por tres hermanos del impoluto señor López Obrador —José Ramiro, en Tabasco; Arturo, en Tlaxcala; y Pío, en Chiapas— no hace sino confirmar que las tácticas obradoristas para alcanzar la meta en 2012 están diseñadas con criterios sumamente amplios en materia de honestidad política.
Por tanto, lo único que se ha logrado es postergar una escisión abierta dentro del PRD, la cual seguramente se dará después de los comicios de 2009, una vez que las candidaturas presidenciales de las izquierdas se vayan conformando con mayor claridad, entre las que destaca la de Marcelo Ebrard, quien ha tomado inteligente distancia del obradorismo. Como lo escribió Ricardo Monreal ayer, en este espacio, un acuerdo coyuntural sería (es) meramente cosmético y “solamente pospondría la crisis de identidad política”.
Como resultado de este pragmatismo desmedido, lo que se vislumbra es un retroceso de al menos 27 años en el proyecto de unificación de la izquierda, que en 1981 dio uno de sus pasos más firmes con la fundación del Partido Socialista Unificado de México.
Al mismo tiempo, vemos a una izquierda indigesta de ambición, ayuna de ideas e ideales, sumida en el oportunismo y la demagogia, el canibalismo y el chanchullo, el dogmatismo y la intolerancia. Las izquierdas partidistas —PRD, PT, Convergencia y el autollamado Socialdemócrata— representan variantes de la herencia autoritaria, el caudillismo y el populismo. En todos ellos está ausente la reflexión y la autocrítica, al estar cegados por la voracidad y el apetito desenfrenado de poder.
Junto a estas izquierdas ancladas en el pasado, existen pensadores críticos —ajenos a la vida de los partidos y a los intelectuales orgánicos—, con verdadera vocación socialdemócrata e ideas acordes con los retos y realidades del mundo contemporáneo. Para salir de la podredumbre y mediocridad que abate a su partido, la rama civilizada del PRD debe escucharlos. Ahí, no entre sus siameses antagónicos, encontrará la mejor oferta electoral.
El problema es AMLO, no Encinas
SE QUEDA ENCINAS, RETORNA BEJARANO…¿SE VA ERIKSSON?
Le dicen “el diputado sombritas”.
Es de los que han tomado la tribuna varias veces , de los que permanecieron en ella horas, días, para tratar de impedir que Felipe Calderón rindiera protesta como Presidente Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos......
La división de las izquierdas
El Tribunal Electoral y el PRD
PRD: las grandes… ligas
¿Fractura en el PRD?
La inmolación de Alejandro
La inmolación de Alejandro
Carlos Marín
Al renunciar a su derecho de ocupar la Secretaría General del Partido de la Revolución Democrática, advertir que dará “la pelea desde adentro” y declarar la guerra contra “los que se han enquistado en su burocracia”, Alejandro Encinas extiende una carta de involuntario apoyo que Jesús Ortega debe agradecerle.
Si con su triunfo Los Chuchos alcanzaron un poder tan relativo que quedaban obligados a compartir con pejistas y encinistas, ahora, gracias a Encinas, se han quedado con todo el pastel.
Lejos de responder a una lógica de militante comprometido con y preocupado por los problemas de la más importante organización que ha creado la izquierda mexicana, la decisión constituye una conmovedora muestra de lealtad al hombre por cuyos megalómanos caprichos y descomunal soberbia Encinas ha decidido sacrificar su carrera política para seguir en el ilegible “proyecto” de quien le dio el beso del diablo con su imprudente intromisión en la elección interna: el presidente legítimo de la República patito.
Publicado en Milenio