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La polémica del Producto Interno Bruto - 2008/07/24 10:47 Nota: Una inmensa mayoría de los cubanos no tienen acceso a la Internet. Por lo tanto, el mensaje aquí publicado ha sido enviado a terceras personas para que lo publiquen a nombre de la Revista Vitral

Justicia y Paz. Revista "Vitral". No. 85. Mayo-Junio de 2008

por: José Antonio Quintana de la Cruz



Introducción

Este artículo me ha sido solicitado. El tema está en la calle. En los párrafos que siguen intentaré dar pistas y explicaciones para ayudar a comprender y responder cuestiones como estas: ¿son reales o manipulados los crecimientos del producto interno bruto (P.I.B.) publicados oficialmente? ¿Puede crecer significativamente el P.I.B. y no percibirse en el consumo y bienestar de la ciudadanía? ¿Cuáles son los sectores que más aportan hoy al P.I.B. en Cuba?

Los argumentos que expondré son personales, basados en el deseo de ser objetivo y honesto. Las cifras que citaré están registradas en las fuentes que aparecen al final del texto.

Los instrumentos de convencimiento aquí usados están dirigidos a personas capaces de escuchar y comprender puntos de vista discrepantes de los suyos. Los lectores fanáticamente crédulos o los apasionadamente incrédulos sentirán, quizás, que pierden el tiempo al leer este trabajo.

¿Qué es el Producto Interno Bruto (P.I.B.)?

Producto Interno Bruto es el valor de todos los bienes y servicios que produce un país en un lapso de tiempo determinado. Es la riqueza nueva o valor agregado a la que ya existía. Una forma de apreciar reducidamente su estructura es saberlo integrado por el consumo de la población, los gastos del Estado, las inversiones o formación de capital y las exportaciones netas.

El P.I.B. en Cuba, en los dos últimos años en que se han publicado sus cifras, ha sido de 39 y 44 mil millones de pesos. Las cifras provisionales de 2007 pueden ser de 47 mil millones de acuerdo con el crecimiento porcentual informado oficialmente. El año de mayor crecimiento informado desde 1994 es el 2006, con un 12,5 por ciento.

¿Es posible que un crecimiento tan alto no sea percibido por la población?

Un ejercicio absurdo nos puede conducir a una primera aproximación a la respuesta definitiva. Imaginemos un país donde durante un año la población no consuma nada, que no se importe ni se exporte y que el Estado no gaste un centavo. Si en ese país el año anterior se invirtió un peso y en el año actual se invierten 2 pesos, el P.I.B. habrá crecido 200 por ciento no obstante haberse muerto de hambre todo el mundo. Este absurdo demuestra lo absurdo que es pensar que el P.I.B. no crece cuando la gente no nota su crecimiento. También el ejemplo nos alerta sobre lo engañosos que pueden resultar, en ocasiones, los crecimientos porcentuales. Sobre ello hablaremos más adelante.

Hagamos otra aproximación a la respuesta, pero esta vez pisando terreno real. Hay dos países en el mundo que han experimentado crecimientos del P.I.B. catalogados milagros económicos: Brasil y China. Hablo de crecimientos entre 10 y 15 por ciento como promedio anual durante varias décadas. Sin embargo, los habitantes del nordeste brasileño, los de las favelas o los denominados «sin tierra», no han notado que su vida mejore. Su pobreza y desamparo parecen no tener vínculos con los incrementos del P.I.B. Tampoco centenares de millones de chinos se han enterado del increíble despegue económico, del boato urbano y la magnificencia comercial de su país. Así parece suceder en todas partes. Piense. En China y Brasil no se le ha ocurrido a ningún economista poner en duda el crecimiento del P.I.B. dado que millones de de ciudadanos no lo «palpan». Saben que para que todo el mundo sienta en la piel, el estómago y en el espíritu los crecimientos del producto, es necesario un alto grado de justicia social, una política económica que no desfavorezca el consumo en provecho de una acumulación insaciable y, desde luego, un pastel que alcance para todos.

Los crecimientos porcentuales pueden ser engañosos

De todas formas un 7 ó un 12 por ciento parecen lo suficientemente altos para que se produzca lo que los economistas llaman «derrame» y todo el mundo se «moje» con unas gotas de P.I.B. Para entender bien esto pido permiso al lector para conducirlo hasta una situación mental a la cual, por razones obvias, no le costará ningún trabajo llegar. Imagine que usted vive en un país en el cual los servicios de transporte casi desaparecieron, sobre todo en las ciudades y en los pueblos del interior. Imagine que el gobierno de ese país adquiere mil ómnibus y, paulatinamente, los pone a trabajar. Se trata de una inversión que inmediatamente incrementa el P.I.B. en alrededor de 100 millones de pesos y, no obstante, las largas colas de pasajeros seguirán constantes en las paradas y terminales de ómnibus. El P.I.B. crecerá más de lo que los desafortunados pasajeros puedan imaginar, pero aun no se sentirá; no se «palpará», como prefieren decir algunos. Es porque cuando se parte de niveles muy bajos de producción o servicios, cualquier incremento absoluto, por modesto que sea, se expresa en un crecimiento porcentual alto. Si usted produce en un año 10 unidades convencionales de producto y al año siguiente produce 20, habrá crecido un 200 por ciento habiendo incrementado solamente en 10 unidades el producto. Si por el contrario usted parte de una producción de 1000 unidades y llega a 1200 en el siguiente año, el crecimiento será de 120 por ciento (80 menos que el otro ejemplo) y se habrán producido 200 unidades nuevas (190 más que en el primer ejemplo). Falacias de los por cientos. Piense.

El P.I.B. crece porque aumenta el producto material que lo soporta

No obstante la precariedad y la insuficiencia de muchas producciones, hay sectores económicos que en los últimos años se recuperan visiblemente. La construcción es uno de ellos. En el año en que el P.I.B. creció un 12,5 por ciento se terminaron en Cuba 113 463 viviendas, de las cuales 8236 correspondieron a Pinar del Río. En ese año se instalaron en el país 982 801 líneas telefónicas nuevas. Otro sector de importante peso es el de comercio y servicios personales. En el año que discutimos, este sector comenzó la distribución masiva de bienes electrodomésticos. A usted o a mí puede o no habernos gustado el cambio de refrigeradores y la venta de ollas, pero no por ello el P.I.B. deja de crecer debido a estos eventos. Y crece bastante. Un día oí decir a la Presidenta del Poder Popular del Wajay o Los Naranjos, que en su municipio esas ventas ascendieron a 500 millones de pesos. Me hice cargo de lo pequeño que era su municipio. Pensé que en Cuba hay más de 160 municipio e hice un cálculo. Piense. Calcule. Súmele los cientos de millones de pesos debidos a las nuevas plantas de generación de electricidad y a la reparación de las redes eléctricas e hidráulicas y comprenderá un poquito mejor el crecimiento del P.I.B.

En el sector de la salud también se han realizado inversiones evidentes y costosísimas. Casi todos los policlínicos del país recibieron una reparación capital, se abrieron o ampliaron cientos de salas de fisioterapia, y grandes hospitales comenzaron a recibir reparación capitalizable. Todo es P.I.B. sumado en las inversiones y debe traducirse en bienestar y seguridad.

Otro sector de mucha importancia, el de agricultura, ganadería y silvicultura, decreció ese año en 7,5 por ciento, y se ha mantenido decreciendo después. Eso también se «palpa»… en las ollas.

El sector de transporte, de primerísima importancia y peso, creció 0,5 por ciento en términos de pasajeros transportados por medios convencionales. Decreció 0,2 por ciento en pasajeros transportados por ómnibus. Obviamente, los efectos de las ejecuciones en este sector y el de la agricultura, son de malestar social e inseguridad.

En el año discutido se invirtieron en el país 4 mil 143 millones de pesos, de los cuales 1640 millones se invirtieron en Ciudad Habana.

Razones que inducen a pensar que el P.I.B. no crece

La primera razón que hace invisible al crecimiento del P.I.B. para muchos ciudadanos es que se trata del producto de un país pobre y subdesarrollado. Si dividimos el P.I.B. de Cuba entre su población da unos 4200 pesos por habitante al año. Si usted no se da cuenta de que es un per cápita pequeño, multiplíquelo por 10 o por 15 y el resultado será el producto por habitante en algunos países ricos. Y aún con estos altos per cápita, hay algunos de estos súper países en los cuales 35 millones de habitantes carecen de seguro médico y alrededor de 20 millones reciben bonos para comer.

Otra razón es que el producto, según la política económica del gobierno, puede privilegiar el consumo de la población o la acumulación y formación de capital. Si sucede lo primero habrá más alimentos en los mercados y más ómnibus en las carreteras. Si sucede lo segundo, se comprarán más fábricas, aviones y se incrementará en investigaciones e infraestructuras. También puede establecerse un equilibrio juicioso en ambos destinos y procurar que la gente viva un poco mejor mientras se garantiza el futuro.

Una razón más es que Cuba es un país dividido en grupos sociales muy desiguales. Para avalar este criterio no existen estadísticas publicadas pero los cubanos lo sabemos por experiencia. Hay millonarios de pocos millones, muchos ricos, una emergente y sólida clase media y bastante gente vulnerable y desfavorecida. Obviamente no todos aprecian los crecimientos del P.I.B. desde idénticos puestos de observación. Cierta vez regalé a mi hijo una camisa reciclada, vieja, de esas que echan al cesto en los países ricos. Me costó 50 pesos, más de la quinta parte de mi sueldo. Una camisa bonita y en buen estado de conservación. A la semana siguiente conocí de un músico que había comprado una camisa para obsequiar a su hijo. La compró en una tienda en Ciudad Habana. Le costó 110 dólares. Piense.

La razón más discutida y polémica es el incremento que se produce en el P.I.B. desde el año 2000 como resultado de una adecuación realizada en la valoración de los servicios de educación y salud. Estos tributaban al P.I.B. por los gastos incurridos en su prestación. En el resto del mundo estos servicios tienen un precio de mercado, generan una utilidad y un valor agregado que es lo que se suma en el P.I.B. total de los países. Obviamente ambos métodos no son comparables. También resulta subvalorado, según el gobierno, el P.I.B. cubano al calcular el aporte de estos servicios por los gastos incurridos.

El gobierno, al brindar gratuitamente los servicios de educación y salud, no tiene precios de mercado para valorarlos, luego los ha diseñado o creado coeficientes en base a ellos tomando como punto de partida los precios de mercado de los mismos en otros lugares del mundo. Y como al aplicar este método el P.I.B. se ve incrementado, han surgido voces críticas que dicen que Cuba infla o hace crecer el P.I.B. arbitrariamente.

El método de adecuación no ha sido publicado, a mi nadie ha querido o podido explicármelo. Por ello renuncié al conocimiento del santo (método) y me dediqué a analizar el milagro (efecto del método). Un problema práctico o insoluble desde mi posición es que la serie del P.I.B. a precios constantes está partida en dos, una a precios de 1981 y otra a precios de 1997. Me dediqué a analizar la serie de precios corrientes, es decir, aquellos cambiantes precios en la turbulenta corriente del mercado.

Encontré que desde 1994 hasta el año 2000 que parece adecuado, la serie crece a un promedio anual de 9,3 por ciento, mientras cuando el 2000 parece no adecuado, la misma serie crece al 6,3 por ciento. La adecuación parece introducir un incremento del 3 por ciento promedio en cada año de la misma. Así se mantiene hasta el 2005, más o menos.

El crecimiento promedio anual, obviamente, esconde muchos más altos o bajos crecimientos puntuales que pertenecen al dominio de la desviación típica de estos datos. Por ejemplo, de 1999 al 2000 que parece adecuado hay un crecimiento de 28 por ciento. Si se le resta a este por ciento el 6,3 que venía creciendo la serie queda un incremento de 21,7 por ciento, que solo podría ser atribuido a la adecuación. Entre el año 2000 que parece adecuado y el que no lo parece hay una diferencia de 5 mil millones de pesos. Piense.

Sé que también el lector ha creído poco serio el uso de la palabra “parece”. Pero debo advertirle que para el año 2000 existen cifras distintas de acuerdo el anuario que usted consulte. Si la Oficina Nacional de Estadísticas aclarara el método y lo publicara yo no tendría que pedir disculpas a los lectores por mi incapacidad analítica. Las mesas redondas participativas y los canales educativos podrían contribuir a mejorar la comprensión de estos asuntos.

Otras razones que impiden la comprensión del crecimiento del P.I.B. son las insatisfacciones y el malestar producido por las carencias, la desorganización y el derroche presentes en la vida diaria de las personas. Usted no puede entender o no quiere entenderlo, que el P.I.B. crezca un 7 por ciento todos los años, que se compren guaguas y locomotoras a China y usted se pase horas en una parada o terminal de ómnibus. No quiere oír hablar de renovación de las redes hidráulicas y de que en Santiago habrá agua 24 horas todos los días cuando en su barrio falta ese líquido hace dos semanas y ello se repite continuamente.

Usted sabe que el policlínico lo han hecho nuevo, que compraron equipos, pero llega allí y la bulla lo ensordece; se para en la cola de la radiografía y siente que algo golpea su cabeza: una empleada lanzó un bulto de ropa sucia desde el segundo piso. Llovió y se inundó el edificio. Suspendieron la fisioterapia porque llueve más dentro de la sala que afuera. El médico está reunido. Está en el terreno. Está en Bolivia. Fue a curar a su padre y no había material de curaciones. ¿qué es P.I.B? ¿crece?

Si a usted le tocó una vivienda comprende mejor el P.I.B; si no le tocó y la suya está pésima o no tiene, pues comprende menos. Pero lo que todos comprenden es la escasez y el precio de los alimentos; nadie puede creer que la situación mejora si no hay comida, si los precios están solo al alcance de los grupos de mayores ingresos. El surtido no tiene estructura. Una sola calidad. Un solo precio. Los que tienen compran y los otros miran o compran muy poco. Si usted no lo sabe averigüe. Codéese con los ciudadanos de a pie. Piense. Piense en los que venden el azúcar y los cigarros para completar la jubilación. Piense en ellos cuando vaya a suprimir la insostenible cartilla de razonamiento, esa que ya no necesitan muchos y que salva a otros todavía. Piense en esto que dijo Martí: “La política de un pueblo es el arte de su conservación y bienestar”.


Bibliografía consultada:

Anuarios estadísticos 2000; 2003 y 2005. O.N.E. Cuba
Panorama Económico Social. O.N.E. 2006. Cuba.
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