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La huella del humanismo cristiano en la acción política de nuestros tiempos - 2008/06/24 01:12 Expresiones del humanismo cristiano en la acción política cubana
Yaxys D. Cires Dib*

Como afirma el profesor Enrique San Miguel, el pensamiento humanista cristiano ha sido el ideal inspirador de importantes procesos políticos, entre ellos, las transiciones desde regímenes totalitarios a sistemas democráticos o de realidades marcadas por la desconfianza y la falta unidad a otras de fraternidad e integración. Sería un pecado histórico o una muestra de ignorancia contar la historia política del siglo XX sin reconocer el papel destacado que ha tenido el pensamiento de inspiración cristiana en la vida de muchos pueblos. Es más, podría decirse que muchas corrientes de pensamiento, quizás las más importantes del pasado siglo y del actual -a excepción del comunismo-, se han imbuido de dicho pensamiento cristiano, incorporando a sus programas ideas que tradicionalmente pertenecieron al mismo.

El caso cubano

No será hasta finales de los 80 y la década de los 90 que el pensamiento humanistas cristiano aplicado a la política se presenta como una alternativa para Cuba. Si bien hasta esa fecha habían ocurrido varias experiencias, las mismas aunque interesantes fueron aisladas, por lo que distaron de ser consideradas como hechos políticos significativos.

La alternativa humanistas cristiana vista en sentido amplio se refleja en la participación individual de los cristianos en la política, principalmente, mediante su militancia en agrupaciones opositoras de diferentes líneas ideológicas: liberales, socialdemócratas o conservadoras. Sin embargo, la forma más concreta y efectiva radica en la existencia de espacios o colectivos de inspiración cristiana; En las dos ultima décadas en Cuba han existido por lo menos tres expresiones de lo que hablamos, a saber: el Movimiento Cristiano Liberación, el Partido Demócrata Cristiano y el Centro de Formación Cívica y Religiosa de Pinar del Río.

Audacia y perseverancia: el Movimiento Cristiano Liberación

La creación del Movimiento Cristiano Liberación (MCL) en 1988 en una parroquia habanera, marca el inicio de la era humanista cristiana en la política cubana. El MCL es un “movimiento de inspiración cristiana, cívico-político no confesional” que está abierto a la participación de personas creyentes y no creyentes, “con el fin de promover los derechos humanos y trabajar por la reconciliación y transformación pacífica del país” (declaraciones a la ACI/2004). La agrupación ha presentado en varias ocasiones desde el 1995 la solicitud de legalización ante las autoridades cubanas, sin embargo, en ninguna ha obtenido otra respuesta distinta a la represión contra sus integrantes. En el texto de una de las peticiones de inscripción en el registro de asociaciones del Ministerio de Justicia, los firmantes expresan que “sin pretensiones de liderazgo y respetando la diversidad de opciones y corrientes de pensamiento presentes en nuestra sociedad, queremos asociarnos para, de esta forma, continuar uniendo solidariamente nuestros esfuerzos al de esos cubanos y al de todo nuestro pueblo para, juntos, proseguir la búsqueda de la felicidad para Cuba”.

Liderado por el laico católico Oswaldo Payá ha desarrollado una importante labor en la sociedad cubana, la cual ha concretado en varias iniciativas, la principal: el Proyecto Varela (PV). El PV tiene su base jurídica en la Constitución Socialista, así lo expresa el mismo en su parte introductoria:

“La Constitución de la República garantiza a los ciudadanos el derecho a proponer cambios en el orden jurídico y también ofrece los procedimientos para que mediante la consulta popular, el pueblo decida soberana y democráticamente sobre la realización de los cambios y el contenido de los mismos. Este valor de las leyes actuales, de contener en sí mismas la llave para cambiar la ley, para que estas se ajusten a las necesidades y demandas de mejoramiento de la sociedad, se completa, si el pueblo, que está legítimamente dotado para hacerlo, puede accionar esta llave.”(texto del PV)

En efecto, la propia constitución en su artículo 88 dice que “La iniciativa de las leyes compete: (…) Inc. g) a los ciudadanos. En este caso será requisito indispensable que ejerciten la iniciativa diez mil ciudadanos, por lo menos, que tengan derecho al voto”.

En honor a la verdad, a pesar de que la propuesta a primera vista no implica la ruptura radical con el sistema imperante en Cuba, (idea tan temida por algunos), y que inclusive tiene su fundamento jurídico en la propia legalidad socialista, la iniciativa en un primer momento no tuvo una buena acogida popular, entre otras cosas por miedo, primordialmente por el temor a la soledad moral ante la represión.

En 2001 la agrupación Todos Unidos hizo suya la iniciativa dándole un carácter menos partidista, cosa que marcó un antes y un después para el PV en cuanto a su popularidad. Gracias a la apertura de sus iniciales proponentes, dejó de ser la propuesta de una sola persona o grupo – de Oswaldo Payá y el Movimiento Cristiano Liberación- y pasó a ser la de un conjunto de opositores de diferentes tendencias políticas integrados en la plataforma Todos Unidos. Fue ese consenso el que motivó a mucha gente a firmar la propuesta. Así recogió este hecho una declaración de Todos Unidos:

“El 6 de marzo del 2001 convocamos a los ciudadanos a firmar la solicitud de referendo sobre el Proyecto Varela. En medio de represiones, campañas difamatorias y con grandes limitaciones materiales, miles de cubanos respondieron con su firma y por eso ya este Proyecto es un proyecto de Ley, del pueblo, ciudadano, con base en la Constitución vigente. Este es el instrumento para trabajar a favor de los cambios entre cubanos, por las vías cívicas y pacíficamente” (Declaración de Todos Unidos del 17 de junio de 2002 firmada por Oswaldo Payá Sardiñas, Osvaldo Alfonso Valdés, Vladimiro Roca Antúnez, Héctor Palacio Ruiz, Víctor Rolando Arroyo, Félix Navarro, Pedro Pablo Álvarez Ramos, Elizardo Sánchez Santacruz).

Vale la pena detenernos en el Proyecto Varela. El PV ha sido la iniciativa política de la oposición que más apoyo ha conseguido en la población cubana, en el exilio –apoyada entre otros por el Partido Demócrata Cristiano de Cuba- y en el ámbito internacional, siendo apoyada por Jimmy Carter, y por Vicente Fox, entre otros ex -presidentes. Ninguna otra, por muy legítima y democrática que sea, ha logrado tanto respaldo. Y qué mejor ejemplo para dar fe de la eficacia de la propuesta opositora que la actuación del propio gobierno cubano que en un acto de nerviosismo con escasos precedentes comenzó a recoger firmas para apoyar su inmovilismo, revuelo posteriormente refrendado por la Asamblea Nacional de Poder Popular, que declaró irrevocables los fundamentos políticos y económicos del Estado Cubano. Además, el movimiento cívico originado por el Proyecto Varela también estuvo en la base de la ola represiva emprendida en contra de los opositores en la primavera de 2003; muchos de estos líderes estaban vinculados directamente a la iniciativa. Puede haber personas que no estén de acuerdo con el planteamiento del Proyecto Varela, pero los hechos que he mencionado son incontestables. El escritor cubano Rafael Rojas ha dicho que “no ha habido una iniciativa política tan eficaz como el Proyecto Varela”.

Cuando nos pregunten por dónde deberían ir las cosas en Cuba, los más sensato es decir que por donde marcó el PV, pero atención, no solamente como iniciativa legal, sino como ejemplo de unidad de los demócratas. Tanto el PV como otras propuestas han fructificado cuando sus creadores –y no acreedores- se han abierto al diálogo y la concertación. Dicho de otra manera, la decadencia de magníficas iniciativas de la oposición ha sido más que a causa de la represión gubernamental, por la propia falta de capacidad de diálogo, la desconfianza y el caudillismo de los líderes.

Oswaldo Payá recibió en el año 2002 el Premio Andrei Sajarov del Parlamento Europeo por su defensa de los derechos humanos.

Este año el Movimiento Cristiano Liberación ha cumplido 20 años de existencia e impulsa la Campaña Foro Cubano. Lleva a cabo su labor en medio de la represión, estricta vigilancia y amenazas del gobierno cubano.

Concertación y democracia interna: El Partido Demócrata Cristiano de Cuba

La otra expresión política del pensamiento humanista cristiano está en el exilio: el Partido Demócrata Cristiano de Cuba (PDC). El PDC fue fundado en 1991 en Miami, producto de la unificación de diferentes grupos de inspiración cristiana en una sola fuerza.

Merecen mención los esfuerzos innumerables por hacer del PDC-Cuba desde sus comienzos, un partido con profundo apego a las raíces doctrinarias de la democracia cristiana. Muchos dirigentes del partido han participado e impulsado a través del tiempo seminarios, cursos y talleres de formación, en especial bajo el cobijo del IFEDEC caraqueño. Un venezolano y latinoamericano universal, fundador de dicho instituto, el inolvidable Arístides Calvani, fue un gran amigo de la causa cubana y del PDC. Del lado cubano, donde muchos nombres sobresalen, deben mencionarse con gran respeto y cariño los esfuerzos, especialmente motivadores de la formación y del debate doctrinario e ideológico, de parte de uno de nuestros más ilustres fundadores, el Dr. José Ignacio Rasco.

Uno de los puntos centrales de la labor del PDC desde su fundación hasta nuestros días ha sido la preocupación constante por el respeto a los Derechos Humanos en Cuba. En ese sentido hay que resaltar que el PDC, a lo largo del tiempo, y gracias entre otras organizaciones, a la Internacional Demócrata Cristiana y a la Unión Internacional de Jóvenes DC (UIJDC) pudo intervenir año tras año en las sesiones de la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas denunciando la situación de los derechos humanos en Cuba. El partido siempre ha estado presente en Ginebra en la voz y gestiones, sobre todo, de Amaya Altuna de Sánchez, Siro del Castillo, y Rafael Sánchez. En esa meritoria misión se ha contado, por muchos años, con la callada pero eficaz ayuda de Cecilia Slezynska, ejemplo egregio de labor desinteresada por la causa DC.

En los últimos años la democracia cristiana ha realizado una labor que ha tenido tres ejes centrales: en primer lugar, el trabajo a nivel internacional; en segundo lugar, la colaboración con otras agrupaciones del exilio y dentro de la isla; y, en tercer lugar, el fortalecimiento interno del partido.

El PDC es consciente de que somos los cubanos los que estamos en la obligación de resolver nuestro problema: “La liberación y democratización de Cuba es responsabilidad de los cubanos. Nos oponemos a toda intervención extranjera en los destinos de Cuba…” (Constitución del PDC). Sin embargo, reconocemos la necesidad del apoyo de las naciones democráticas, de los partidos políticos, de las organizaciones regionales e internacionales y de los medios de comunicación. En ese sentido, aunque los verdaderos protagonistas debemos ser nosotros “no dejaremos por eso de recabar acciones solidarias de los gobiernos y otros organismos nacionales e internacionales del mundo libre”.

En esta idea se circunscribe nuestro primer eje de trabajo. Por ello no interpretamos la solidaridad internacional como violación a nuestra soberanía nacional o como una especie de neocolonialismo. El día que nos conste que cualquier acción desde un tercer estado menoscabe los ideales de democracia y libertad que defendemos para Cuba, estaremos entre los primeros en rechazarlos, prueba de ello ha sido nuestra “oposición al embargo económico impuesto a Cuba, que ha afectado al pueblo cubano y no a la cúpula gobernante que lo ha utilizado de pretexto para justificar sus desaciertos y arbitrariedades en materia de naturaleza política, militar y económica”

Dicho esto, nuestro trabajo a nivel internacional se ha centrado principalmente en la Organización Demócrata Cristina de América, presidida por el mexicano Manuel Espino y de la que Marcelino Miyares (ex -presidente del PDC) es Vicepresidente de Acción Política. Encargar a Miyares de tan alta responsabilidad en la organización regional que reúne a 33 partidos políticos de 25 países significaba dos cosas: en primer lugar, un interés en darle mayor importancia al tema de Cuba –también Venezuela y Bolivia- en las actuaciones de ODCA y en segundo lugar el reconocimiento al estilo de liderazgo del PDC caracterizado por la búsqueda de acuerdos, algo tan necesario para que los proyectos y la democracia avancen.

El PDC ha sido componente fundamental en la organización y confección de la Agenda Democrática para las Américas, siglo XXI acordada por fuerzas políticas, sociales y personalidades en Miami el 25 de enero de 2008. También jugó un papel muy importante en la histórica reunión Foro de Solidaridad Latinoamericana al Encuentro con Cuba que se efectuó en San José de Costa Rica el 14 de marzo de 2008 con la presencia de importantes personalidades de la democracia cristiana regional, entre ellos, Manuel Espino, Rafael Ángel Calderón, Vicente Fox y Vinicio Cerezo, ex presidentes estos tres últimos de Costa Rica, México y Guatemala respectivamente.

En el evento los representantes de los grupos cubanos, expusieron su visión sobre el presente y futuro de Cuba, la cual fue recogida en un documento titulado: Posición Común de los Cubanos. Los puntos centrales del mismo son: el derecho de los cubanos a vivir en democracia, el rechazo a la injerencia externa, la solidaridad con los movimientos cívicos internos, proyección de la futura sociedad democrática y el diálogo como vía factible de lograr esta meta. Esta Posición Común de los Cubanos sirvió de base para la elaboración por los asistentes a la reunión de la Declaración de Costa Rica que refleja el sentir de los políticos latinoamericanos sobre la situación de Cuba y es una convocatoria a la solidaridad internacional para apoyar la democratización de la isla.

La labor internacional del PDC también se ha hecho presente en la Internacional Demócrata de Centro y en su participación en diferentes actividades convocadas por fundaciones preocupadas por Cuba, como la Konrad Adenauer. En cada uno de estos foros el partido ha recordado la necesaria liberación inmediata de todos los presos políticos cubanos y la indivisibilidad del pueblo cubano.

El segundo eje de trabajo, la acción junto con otros grupos de exilio y de dentro de la isla, se concreta principalmente en Consenso Cubano. Según nos relata Marcelino Miyares, entonces presidente del PDC:

“El 28 de octubre de 2005, cinco organizaciones de la diáspora cubana fueron invitadas por la Internacional Demócrata Cristina a una conferencia sobre Cuba. Estas organizaciones incluyeron al PDC-Cuba, la Unión Liberal Cubana, la Fundación Nacional Cubanoamericana, el Cuba Study Group y las Bibliotecas Independientes. Al final de la conferencia…, en una reunión informal y espontánea, llegamos a las siguientes conclusiones: a) tenemos más puntos en común que diferencias, b) ninguna organización cubana dentro o fuera puede resolver sola el problema cubano, y c) ¿por qué no consensuar un estilo de trabajo que permita sumar fuerzas para lograr la meta común que es la democratización de Cuba?”

Convocaron a una reunión que contó con la presencia de más de 25 organizaciones, donde se comenzaron a dar los primeros pasos hacia la “concertación” de ideas. El 16 de abril de 2006 fueron dados a conocer en la Ermita de la Caridad (Miami) “Los Pilares para un Consenso Cubano”, los cuales además de reflejar que el exilio es capaz de ponerse de acuerdo, forman un proyecto, que sin decirlo, tiene un profundo sentido humanista y cristiano. A los pilares ha seguido la Agenda Humanitaria y una apuesta a favor de la no violencia.

Lo que se consigue gracias al consenso no puede ser capitalizado de manera sectaria por una sola agrupación, pero como partido debemos felicitarnos por estar presentes de manera activa en iniciativas como estas, junto a otros grupos.

El tercer eje tiene que ver con la democracia interna de nuestro partido. En este sentido debe resaltarse que en mayo de este año celebramos nuestro X Congreso (el décimo en 17 años), en el cual, tras renovarse la directiva, quedó el profesor Andrés Hernández como nuevo presidente. Este es un hecho trascendente para nuestra vida como organización, pues de esa manera estamos dando testimonio auténtico de la idea de renovación, participación sin caudillismos y democracia que queremos para Cuba. Parte del fortalecimiento institucional del PDC en la etapa actual incluye dinamizar nuestra presencia en la isla, dentro de los límites que marca la ley y las realidades políticas vigentes.

Finalmente quisiera enfatizar en que el Partido Demócrata Cristiano de Cuba siempre ha estado abierto a la concertación con los demás grupos de inspiración cristiana existentes en el ámbito cubano, por ello decidimos apoyar el Proyecto Varela y compartimos en ODCA con otras agrupaciones cubanas.

Formación de la persona y reconstrucción de la sociedad civil: El Centro de Formación Cívica y Religiosa de Pinar del Río

La tercera expresión del pensamiento humanista cristiano en Cuba es el Centro de Formación Cívica y Religiosa (CFCR) de Pinar del Río. Tengo que precisar que el Centro como escuela de formación y pensamiento fue un servicio de la Iglesia Católica. Su vinculación con la política fue entendida en sentido amplio, como actividad en la poli o como relaciones cívicas, y no en sentido partidista. De modo que esta institución de pensamiento humanista cristiana no tomaba partido por alguna tendencia ideológica o política específica. Sin embargo, esta naturaleza apartidista no evitaba que la formación brindada a los ciudadanos estuviera en sintonía con el sistema de valores que la Iglesia ha defendido y defiende: la democracia y el Estado de Derecho, cosa que de hecho le valió un sin fin de problemas con el gobierno cubano.

Surgió en 1993 impulsado por Monseñor José Siro González, obispo de Pinar del Río, y por el ingeniero Dagoberto Valdés Hernández. Desde su creación, esta escuela de pensamiento tuvo entre sus objetivos los siguientes:

1- Contribuir a la formación del hombre como persona y miembro activo y responsable de la sociedad, según un proyecto de humanismo de inspiración cristiana, para Cuba.

2- Cultivar la vocación y el compromiso de los cristianos a partir del Bautismo y la Confirmación.

3- Fomentar su pertenencia y amor a una comunidad humana: cubanidad; profundamente unida a su pertenencia y amor a la comunidad cristiana: eclesialidad.

4- Proveer a los participantes de una debida educación cívica, ética, filosófica, económica y política en sentido amplio y como búsqueda del bien común.

5- Ejercitar metodologías y dinámicas de participación social y eclesial en diferentes ambientes.

6- Ayudar en la formación de la dimensión social de la persona según la Doctrina Social de la Iglesia a través de los diferentes ciclos y los itinerarios de reflexión en diferentes ambientes, incluyendo un itinerario de reflexión sobre la Doctrina Social de la Iglesia.

7- Aportar a las diferentes parroquias los materiales correspondientes para contribuir al objetivo anterior.

8- Contribuir a la creación de espacios de participación en la sociedad civil, estudiando los diferentes ambientes sociales y aprendiendo a discernir tareas y medios apropiados para promover la participación de los ciudadanos, de modo que puedan asumir y compartir sus responsabilidades según su vocación y competencia.

En sintonía con estos no poco ambiciosos objetivos se inició la elaboración de los ciclos –textos- de formación, de los cuales bebieron conocimientos miles de personas que asistieron a los cursos, entre ellos miembros de la oposición. En el catálogo de ciclos resaltan varios temas, como: SOMOS PERSONAS, VIVIMOS EN SOCIEDAD, LA FAMILIA, DERECHOS HUMANOS, ÉTICA y APRENDEMOS ECONOMÍA. Todos escritos desde una perspectiva cristina, poniendo a la persona humana y a la sociedad por encima del estado y de la economía.

Las dinámicas de los encuentros siempre favorecieron la participación de los asistentes, primando el debate y el respeto a la pluralidad de opiniones. La lógica seguida era muy sencilla: ver, para observar la realidad, los problemas, las dificultades, sus causas y consecuencias; juzgar, para enjuiciar esa realidad a la luz de los principios humanistas cristianos que inspiraban el actuar del CFCR; y por último, el actuar, que consistía en hacer propuestas para solucionar los problemas que habíamos visto al principio. No había espacio para el lamento estéril ni para la libertad sin responsabilidad.

El CFCR sirvió de asidero para que mucha gente se reuniera a pensar, a estudiar y a proponer proyectos pensando en Cuba. Puede ser considerado como el ‘think tank’ independiente más relevante de la última década en Cuba.

Los responsables del Centro, en especial Dagoberto Valdés Hernández elaboraron interesantes propuestas para el presente y futuro de Cuba, entre ellas: Reconstruir la sociedad civil: un proyecto para Cuba. En la introducción de dicho proyecto, Valdés Hernández, expresa la pertinencia del mismo de la siguiente manera:

“La recuperación de la sociedad civil es una base insustituible para garantizar un futuro democrático y participativo para Cuba. Es importante para el período de transición si verdaderamente queremos que todos los cubanos tengan oportunidad de participar, es importante para el cambio y la reconstrucción moral y material de nuestra nación, para que siga siendo ella en su identidad y su integridad, que no sean sólo los que ostentan el poder los que cambien y diseñen la reconstrucción sin ninguna lectura crítica y sin ninguna participación ciudadana. Es importante para concebir una democracia social y política verdaderamente apoyada y vivida en organizaciones intermedias de participación y evaluación de las gestiones del Estado. Es importante para que ningún grupo, partido, gobierno o estructura estatal se reserve el derecho de la nación, de sus instituciones sociales y culturales, de las familias y de los individuos.”

Los protagonistas de este proyecto serían: la persona, la familia, las propias organizaciones intermedias, la iglesia y el Estado. La función de este último sería proteger el orden jurídico, la disciplina social y la búsqueda del bien común, pero sin injerencias ni manipulaciones de la sociedad. El papel de la Iglesia sería aportar su enseñanza moral y su sentido de la justicia patente en el humanismo cristiano que siempre ha estado presente en la vida de la nación.

Las articulaciones del proyecto serían las siguientes:

§ Entre los ciudadanos individuales y sus familias: la articulación es natural, es decir, por lazos de familiaridad y convivencia hogareña;

§ Entre los ciudadanos -sus familias y la sociedad civil: la articulación debe ser mediante el ejercicio de la libertad de asociación y el respeto a la propiedad privada y cooperativa;

§ Entre la sociedad civil y los organismos de Estado las articulaciones debían ser bajo la dinámica de la subsidiaridad y la solidaridad.

Entre las propuestas operacionales del proyecto resalto las siguientes:

§ Fomentar espacios informales de participación y corresponsabilidad como son grupos de amigos, tertulias literarias o artísticas, asociaciones de ayuda mutua en el barrio (comunidades de vecinos), grupos de profesionales, grupos de obreros, artesanos, etc.

§ Organizar pequeñas experiencias de cooperativas campesinas y talleres de confecciones o de servicios por cuenta propia.

§ Presentar a organizaciones no gubernamentales o agencias de financiamiento de la Iglesia proyectos para iniciar y sostener algunos grupos intermedios que pudieran irse organizando por cuenta propia y dentro de los espacios que se vayan haciendo.

§ Contacto y diálogo con centros de estudios y universidades, especializados en temáticas relacionadas con la sociedad civil.

§ Realizar encuestas sociológicas (como las de la Reflexión Eclesial Cubana, 1981-1986) y sondeos de opinión para sustentar proyectos y tareas de carácter social.

§ Establecer una consultoría cívica para asesorar e intercambiar experiencias con grupos y asociaciones civiles, ya sean estatales o autónomas.

La elaboración de instrumentos para la formación cívica fue una tarea constante del CFCR. La labor se fue especializando con la creación de diferentes grupos como el de economistas, educadores, amas de casa e informática. Entre los proyectos que más valía aportaron al Centro fue su revista, Vitral, que sin lugar a dudas ocupará un peldaño importante cuando se escriba la historia de la lucha por la libertad de expresión en Cuba.

Independientemente de la suerte corrida por el CFCR y su publicación, todo lo que de ambos proyectos emanó puede ser considerado entre lo más profundo y lo más humanista cristiano que ha dado Cuba. No sería una exageración afirmar que el CFCR es la escuela de formación y pensamiento para la acción política más relevante que ha tenido nuestra Patria en los últimos 50 años, heredera directa de la Cátedra de Constitución fundada por el Padre Félix Varela en el Seminario de La Habana.

Conclusión

En estas páginas me he limitado a resaltar la existencia de por lo menos tres expresiones humanistas cristianas relacionadas de alguna manera con la política. Sería interesante un día valorar las posibilidades reales que podría tener en la Cuba del futuro una acción política inspirada en los valores que éstas defienden. Ya hoy podemos decir que el humanismo cristiano ha impreso su impronta en la situación cubana. Quizás no con grandes hechos como unos esperan, pero sí con mucha constancia y amor a Cuba. De este testimonio político se desprenden por lo menos cinco ideas que debemos tener presentes:

que la vía más eficaz para conseguir el apoyo del cubano de a pie es presentando iniciativas cercanas a su cotidianidad y que estén elaboradas en términos que no parezcan radicales;

que éstas deben hacerse acompañar por la unidad de los demócratas. Debemos reconocer que en las circunstancia que vive Cuba una persona sola o un grupo solo no construye un proyecto nacional;

que debemos comenzar a practicar en nuestras agrupaciones los ideales de democracia y participación que proponemos para Cuba;

que no debemos dejar de reclamar la solidaridad internacional con la causa cubana;

y que por el daño antropológico existente en nuestra sociedad se impone una regeneración de la persona humana y una reconstrucción de la sociedad civil.

* Jurista con master en Derecho Mercantil, Derecho Internacional, Relaciones Internacionales y Acción Política. En miembro del PDC- Cuba.
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