Gerardo E. Martínez-Solanas
Admin
| Posts: 315 |  |
|
Re:El federalismo y las autonomías: opciones democráticas y participativas - 2008/06/20 14:51
Para aquellos foristas que no conozcan a Mounier, citado por Bryan Palmer en este debate, fue un filósofo y escritor francés que propugnó una actitud cristiana dinámica en una triple dimensión política, histórica y espiritual, como parte de una doctrina que definió como “personalismo”. Fue encarcelado por el gobierno de Petain en 1942 y quedó en libertad al terminar la II Guerra Mundial. Su pensamiento es muy venerado en sectores católicos “progresistas”.
Me atrevería a afirmar, aunque admito que no he estudiado a fondo esta relación, que su obra está a su vez influenciada por la de Jacques Maritain, porque ambos colaboraron en la creación de la revista Esprit. Lo que sí me atrevo a afirmar es que la base filosófica del concepto de la democracia participativa toma más de Maritain que de Mounier.
En “El Hombre y el Estado” Maritain postula claramente que “en la sociedad política la autoridad va de abajo arriba por designación del pueblo … hasta llegar a la suprema autoridad del Estado”. En otras palabras, postula un sistema escalonado de gobierno que parte de las bases comunitarias hasta desembocar en un Estado que tiene la función de “administrar” los mandatos populares. Por eso reafirma que: “El Estado no es más que un órgano habilitado para hacer uso del poder y la coerción y compuesto de expertos o especialistas en el orden y el bienestar públicos; es un instrumento al servicio del hombre”. Lo cual guarda estrecha relación con la posición “personalista” de Mounier.
Si bien Maritain enfrentó los usos y abusos del capitalismo del siglo XIX en su proyección al siglo XX en lo que se ha denominado como “capitalismo salvaje”, no creo que estuviera fundamentalmente en desacuerdo con el capitalismo con apellido de “liberal”. En esa misma obra destaca que en un nuevo régimen en que el Estado procedería a una progresiva descentralización y “desestatalización” de la vida social, “la última etapa se daría cuando la estimulación del Estado no fuera ya necesaria y cuando todas las formas orgánicas de la actividad social y económica, incluso las más vastas y extensas, procedieran de abajo, es decir, de la libre iniciativa y de la mutua tensión de los grupos particulares, de las comunidades de trabajo, de los órganos cooperativos, los sindicatos, las asociaciones, los grupos federados de productores y consumidores, superpuestos unos a otros e institucionalmente reconocidos. Se haría entonces vigente un tipo de vida social decididamente personalista y pluralista …”
El subrayado es mío, y lo destaco porque ahí está el meollo de la libre empresa como lo concibe el capitalismo liberal. Luego el problema no radica en el planteamiento económico sino en el social y político.
La diferencia fundamental entre liberales y socialcristianos consiste en que éstos últimos no aceptan el laissez faire que propugna el liberalismo con la esperanza de una autorregulación propiciada por un mercado libre en busca constante del equilibrio. Al hablar de justicia social y de bien común, los socialcristianos no aspiran tampoco al grado de centralización que propugnan los socialistas –con el propósito de combatir desigualdades injustas mediante programas y políticas controlados por el Estado–, sino una actitud y una responsabilidad por parte del Estado como autoridad “administradora” de los mandatos populares expresados mediante un mecanismo participativo basado en el respeto a los derechos y libertades fundamentales universalmente reconocidos.
|