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FORO PARTICIPATIVO / PARTICIPATIVE FORUM
 
Gerardo E. Martínez-Solanas
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¿RECESIÓN en Estados Unidos? No existe, pero es posible - 2008/04/03 13:21 Una recesión que no existe está provocando en Estados Unidos (EEUU) una desproporcionada inestabilidad económica, alimentada por los medios de comunicación –tan aficionados a las noticias alarmistas– y por las declaraciones de “expertos” tremendistas que se empeñan en agitar el fantasma de la Gran Depresión de los años 30. Es, además, una “noticia” muy conveniente para quienes manipulan la realidad política con aspiraciones demagógicas. Los candidatos plantean así un desastroso futuro que sólo se evitará si son elegidos.

Cualquier recesión es todo lo contrario de la inflación. EEUU experimenta un ligero aumento en el índice inflacionario y, por lo tanto, cuando más podría temerse la repetición de un fenómeno inusitado del Siglo XX que fue calificado como estanflación (stagflation) y tuvo su más notable exponente en el período presidencial de Jimmy Carter. Es un fenómeno con las principales características de una recesión acompañadas por un alza notable y simultánea de la inflación, que en la época de Carter llegó a niveles sin precedentes.

Por consiguiente, EEUU no atraviesa una recesión ni una estanflación.

Una recesión se determina por una disminución del Producto Interno Bruto (PIB) durante un período no menor de seis meses y se caracteriza por un notable aumento del desempleo, una disminución de la productividad y un considerable descenso del consumo. Al reducirse el consumo se produce con frecuencia una deflación, es decir, una baja de los precios. Esto normalmente provoca un derrumbe en la bolsa de valores. Lo que se conoce como un “bear market” representa una baja de por lo menos el 20% en los índices del mercado. Ninguna de estas características está presente en EEUU. Lo que estamos viendo son las fluctuaciones normales de un gigantesco ámbito económico que roza los 14 billones de dólares (14 trillones en inglés).

Es cierto que los últimos meses acusan un ligero aumento del desempleo –que sigue manteniendo una de las tasas más bajas de los países industrializados– dentro de las fluctuaciones normales de una economía robusta, y una pequeña reducción en el consumo, producto de precios más altos como consecuencia del alza considerable del petróleo y sus derivados. Se espera que, por ejemplo, la venta de automóviles baje a 15 millones este año. Será alrededor de medio millón menos que el año anterior, pero muy lejos del efecto que tendría una recesión en este renglón tan inelástico. En cuanto al desempleo, que actualmente es de sólo del 4.8%, el peor de los escenarios posibles que contempla Mark Zandi, de Moody’s Inverstors Service, apenas llegaría a sobrepasar el 6%. En el análisis económico, cualquier cifra inferior al 4.5% se considera “pleno empleo” y son muy pocos los países que ostentan niveles más bajos de desempleo, los cuales, por otra parte, son indeseables porque tienden a provocar una tendencia inflacionaria de salarios y precios. En otras palabras, una verdadera tendencia recesionaria no se notaría hasta que el nivel de desempleo sobrepase el 8%.

Empero, lo que más alarma provoca en las circunstancias actuales es la crisis deflacionaria del mercado de bienes raíces. Y con mucha razón, pero sin que su consecuencia real sea más que una ligera corrección económica en este enorme ámbito de 14 trillones.

Sin duda, el aumento excesivo del valor de los bienes raíces desde comienzos de este siglo fue el motor principal del desequilibrio que ha provocado la actual incertidumbre y desembocado en esta indispensable corrección económica. Fue un aumento radicalmente desproporcionado en comparación con los demás índices de crecimiento económico, sobre todo en relación con el promedio de ingresos del ciudadano norteamericano. Entre 1999 y 2007 los precios promedio de las propiedades residenciales aumentaron más del 100%(se duplicaron y en algunos mercados, como los de Miami y New York, casi se triplicaron). Pero el aumento del ingreso promedio no llegó al 20%.

¿Cómo fue posible entonces el alza desproporcionada de los precios? Por la manipulación financiera de los bancos, que trasmitió una adicción especulativa a grandes segmentos de la población que se adentraron en mayores deudas sin el respaldo adecuado de sus ingresos. Para esto, los bancos crearon nuevos instrumentos financieros que los independizaron de los límites de reservas que estaban obligados a mantener en respaldo de sus préstamos, y tentaron a los ahorristas con fondos de papel comercial respaldados con activos de inversión especiales. Para los legos en esta materia, podemos decir que jugaron con un sistema piramidal que dependía de la centrífuga de operaciones especulativas.

Muchos nuevos inversionistas adquirían entonces propiedades que no podían pagar, para deshacerse prontamente de ellas contando con ganancias posteriores por precios cada vez más inflados. El sistema bancario lo hizo posible creando préstamos hipotecarios que no requerían verificación de ingresos ni de activos, que permitían financiamiento del 100% (¡o más!) del valor de la propiedad y hasta ofrecían contratos de amortización negativa. Tarde o temprano todo sistema piramidal queda saturado y se revienta el globito especulativo. Así sucedió en EEUU en 2007.

Los resultados han sido suficientemente serios como para provocar una importante reforma del sistema financiero norteamericano, como la anunciada el lunes 31 de marzo por el Secretario del Tesoro Paulson. La propuesta de Paulson resulta de una revisión que se viene realizando desde hace un año y da poderes a la Reserva Federal para intervenir en los excesos bancarios y establecer una Comisión Federal que vigile y regule los instrumentos hipotecarios.

Bastan tales medidas para paliar la inestabilidad a corto plazo. Ayudan también las medidas monetarias que están inyectando 200.000 millones de dólares al sistema bancario y que han reducido considerablemente la tasa de intereses de la Reserva Federal. Estas reducciones quizás hayan sido excesivas, impulsado Ben Bernanke por la enorme zozobra imperante en la opinión pública. Precisamente, parte de la responsabilidad de que se disparara el alza inflacionaria de los precios de los bienes inmuebles a partir de 1999 se debe a las tasas de interés mantenidas a un nivel demasiado bajo durante demasiado tiempo en la época de Greenspan. A esto también se debe la devaluación considerable del dólar. Por lo tanto, las medidas monetarias que se están aplicando son de efecto a corto plazo y deben revertirse tan pronto como sea posible.

Queda subyacente el problema mayor de las deficiencias de la política económica que se traducen en abrumadores déficit presupuestarios y comerciales, y en la considerable devaluación del dólar. Estas deficiencias son tan graves que a largo plazo conducirían no ya a una pequeña y breve recesión sino, quizás, a una nueva Gran Depresión. No es una amenaza inmediata, pero puede ocurrir antes de 2012 si no se corrigen.

Las medidas a largo plazo que corrijan estos problemas estructurales dependen de la acción decisiva del Congreso para reducir los gastos presupuestarios y mantener bajos los impuestos. Es el Congreso el que ha vuelto las espaldas a su responsabilidad durante demasiados años, atendiendo más a intereses locales y regionales o a consignas partidistas que a la necesidad de ajustar los gastos y de estimular la economía.

De no asumir sus responsabilidades y afrontar firmemente las realidades que provocan los actuales desequilibrios, la actual recesión –todavía imaginaria– se convertirá en un derrumbe económico “real” y desastroso.
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¿RECESIÓN en Estados Unidos? No existe, pero es posible
Gerardo E. Martínez-Solanas 2008/04/03 13:21
   
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Ricardo Puerta 2008/04/18 12:42
   
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Gerardo E. Martínez-Solanas 2008/04/19 12:20
 
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