Gerardo E. Martínez-Solanas
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Re:Un Nobel de película - 2007/10/24 21:38
Sumamente interesantes y auténticamente controversiales los argumentos que esgrime Ernesto Ortiz en esta pieza crítica de la naturaleza y el trasfondo de los Premios Nobel, sobre todo el de la Paz.
En primer lugar, debo reconocer que no tenía la menor idea de que Stanley "Tookie" Williams había sido candidato al galardón. Además, la idea de su candidatura se me antoja intrigante, pero a la vez paradigmática en el propósito de un reconocimiento a su redención. A fin de cuentas, esa sería la senda más segura de la paz. La que conduce por los caminos de la reconciliación y la redención.
Por otra parte, hay que destacar que si en el proceso de adjudicación de los Premios Nobel hay interferencias y presiones políticas, mucho mayores son éstas en el galardón de la Paz. Es el único que no es otorgado por el Comité de la Fundación Nobel, sino por el Parlamento Noruego.
Por muy objetivo e imparcial que pretenda ser el Parlamento Noruego frente a la realidad mundial, difícilmente escapa a su carácter político. Tampoco a los vaivenes ideológicos que provocan los procesos electorales en ese país.
No obstante, hay que reconocerles también un alto grado de aciertos en la medida en que resulta imposible complacer a todo el planeta frente a las decisiones que hay que tomar cada año. Al fin de cuentas, no cometieron el error de dárselo a Neville Chamberlain sino a la Oficina Internacional Nansen para los Refugiados. Ese fue un acierto notable.
También cabe destacar entre los galardonados al Comité Internacional de la Cruz Roja, la Oficina del Alto Comisionado para los Refugiados, o los Cascos Azules de la ONU, así como a personalidades tan notables como Albert Schweitzer, Linus Pauling, Martin Luther King, la Madre Teresa, Lech Walessa, Desmond Tutu y, ¿por qué no? Mikhail Gorbachev, autor de la conclusión de la "Guerra Fría" o "Tercera Guerra Mundial". Muchos más podría mencionar, como Oscar Arias o Nelson Mandela, pero creo que basta con estos ejemplos.
En el caso de Al Gore es evidente el cariz político de la decisión, sobre todo porque no se ha destacado en programas que fomenten la paz o que alivien el sufrimiento de las víctimas de la guerra y porque no hay una correlación clara entre la paz y el medio ambiente. No obstante, su dedicación a esta gesta en favor de nuestro planeta es loable por el peso que le otorga su historial político en Estados Unidos y las simpatías de que goza en el resto del mundo.
Por añadidura, parece ser que no cumple con lo que predica y eso es lamentable, aunque no excepcional. Es un mal del que padecen muchos en este mundo. Por tanto, no confío en su sinceridad de propósitos, pero sí en la efectividad de su gestión. Ojalá que muchos como él mostraran alguna inquietud por el medio ambiente, hicieran algo por detener la destrucción del balance ecológico al que la mayoría de nosotros contribuimos y, si después comete algún pecado ambiental, pidámosle la confesión, la atrición y démosle esperanzados la absolución.
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