Marcos Villasmil
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Karl Rove - 2007/09/13 15:50
KARL ROVE
El actual gobierno republicano tiene entre otras, la siguiente característica: como casi nunca en el pasado, el presidente aceptó compartir el poder y ceder áreas de decisión a tres personas fundamentales: su vicepresidente, Cheney, el secretario de Defensa, Rumsfeld, y su principal asesor estratégico, Karl Rove. Este último, recientemente dimitido, ha sido el padre de una concepción acerca de cómo producir victorias electorales hasta que las últimas legislativas de 2006 dejaron el panorama político en manos de la oposición demócrata. Su sobrenombre, puesto por el propio Bush, era “el arquitecto.”
Algunos analistas han querido ver en esta dimisión un último gesto del “Merlín” de Bush para dejar un campo más favorable el año que viene al futuro candidato republicano. Lo cierto es que su marcha ha sido celebrada no solamente por los demócratas, sino por no pocos republicanos y a la postre ha dejado una imagen de un Bush cada vez más solo y aislado, rodeado de un equipo en el que de un modo u otro todos esperan su oportunidad para abandonar el barco.
El presidente Bush llegó a la Casa Blanca rodeado de un grupo humano mayoritariamente tejano, que compartían su ideología y determinación por cambiar cómo se hacían las cosas en la capital. La salida de Rove puede verse como el retiro del último de los compañeros de la primera hora, con excepción del vicepresidente Cheney. Lo que abunda hoy en el entorno presidencial es el tradicional grupo de pragmáticos y lobbistas menospreciados al inicio. ¡Cómo cambian las cosas en dos periodos constitucionales! Y es que ahora Bush sólo se rodea de aquellos que le permitan defenderse de un congreso en contra y de una opinión pública en claro repudio de su gestión. La realidad es que con solo 16 meses de mandato, a Bush no le queda tiempo ni empuje para nuevas ideas.
Para muchos de sus críticos, en especial la prensa liberal de la costa Este, Karl Rove representa una mente satánica detrás de todo lo malo de esta gestión de gobierno. Se le acusa, entre otras actuaciones, de ser el padre de la iniciativa de “politizar” áreas del servicio civil gubernamental.
Por otro lado, como estratega político, Karl Rove respondió brillantemente una pregunta, olvidando otra: ¿cómo podían los republicanos ganar elecciones después de que Bill Clinton hábilmente movió el partido Demócrata hacia el centro electoral?
La pregunta que dejó a un lado es: ¿qué necesita la nación –y cómo pueden los conservadores propiciar esta necesidad?
La primera pregunta fue respondida mediante la búsqueda metódica de cuáles temas podían servir para ganar el voto en áreas específicas de la sociedad: reducción impositiva para conservadores tradicionales; la iniciativa educativa “No child left behind”, para moderados suburbanos; más amplio acceso a prescripciones médicas para jubilados; programas sociales con base religiosa para organizaciones evangélicas y católicas. Lo fundamental era que estas iniciativas debilitaran a los demócratas, más que generar una política gubernamental realmente programática.
El “conservadurismo compasivo” de la primera hora discursiva fue tirado al cesto de la basura apenas llegados al poder, porque estaba en contradicción con el objetivo político-electoral a largo plazo. La “mano tendida” que Bush dijo tendría siempre lista a ofrecer a los opositores demócratas, nunca se mostró.
El problema de esa visión electoralista es que todo se reducía a cómo ganar elecciones, dejando en posición secundaria el tema de la gobernabilidad, pero resulta que en las democracias serias es por la gestión de gobierno que se juzga a los presidentes. Curiosamente, el mismo Rove lo afirmó, en un evento público en diciembre de 2004: “hemos establecido una agenda, hemos mostrado una visión, ahora la gente espera por resultados.”
Existe aún hoy una gran paradoja en la visión global de Rove: en su búsqueda de establecer una mayoría conservadora duradera, él violó uno de los puntos centrales de la ideología conservadora: la idea de que el gobierno no tiene capacidad para reconstruir o modelar la sociedad. Por décadas los conservadores criticaron el para ellos modelo demócrata: la creencia de que mediante regulaciones, leyes y burocracia se rehace un país. La “Gran Sociedad”, programa impulsado sobre todo por Lyndon Johnson, ha sido siempre el ejemplo perfecto de todo aquello que criticaban los republicanos. Era muy citada, en ese sentido, la “Ley de Rossi”, que lleva el nombre del sociólogo Peter Rossi, y que afirma que “el valor esperado del efecto de un programa social es cero.” (Programa que fuera impulsado por el gobierno y no por la propia sociedad.) Los intentos de ingeniería gubernamental, según esta proposición, son pura paja; los programas sociales de Johnson fallaron por no entender los límites que tiene todo gobierno para transformar la cultura. Bien sea que uno esté de acuerdo o no con Rossi, para muchos es evidente que Karl Rove impulsó su visión de un nuevo orden político con el celo de un activista liberal de la década de los sesenta.
Desde el inicio del gobierno de Bush 2, Rove buscó crear una mayoría republicana tan permanente como la de Roosevelt y los demócratas en los treinta, o como la que William Mc Kinley y su jefe de campaña Mark Hanna (ídolo de Rove) lograron para los republicanos en los 1890s. Todo se convirtió en agua de borrajas.
Los conservadores no tienen mucho que celebrar en estos días. El intento de Rove de crear una Gran Sociedad Republicana ha dejado al partido pidiendo cacao, y en ese sentido al menos, su influencia podría quizá sentirse por más tiempo en la Casa Blanca que la de George W. Bush. Lo más curioso es que Rove, criticado incluso en su propio partido, pareciera haber influenciado la campaña de una enconada rival: Hillary Clinton. Quienes siguen su campaña con lupa, dicen que ha operacionalizado como nadie el concepto de tratar de convertir debilidades en fortalezas, obtener disciplina en el mensaje, y jamás perder la oportunidad de atacar a la yugular del adversario si muestra alguna debilidad.
¿Acaso una victoria de Clinton 2 el año próximo será un rechazo de los métodos de Karl Rove, o más bien su perpetuación?
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