Gerardo E. Martínez-Solanas
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Re:Tropezón lamentable de la democracia aplicada - 2005/06/14 08:59
El daño está hecho pese a que los demás países europeos parecen seguir el curso de la aprobación contra viento y marea. Sin embargo, los líderes de algunos de ellos no están a la altura de sus pueblos y toman posiciones de indecisión mediante el aplazamiento indefinido de la ratificación, como si sus decisiones dependieran de las decisiones de los demás.
Una economía genuinamente europea requiere ajustes que abran las puertas del libre mercado entre sus miembros. Algunos países han acostumbrado a importantes sectores de su población a vivir en una economía subsidiada que no tiene en cuenta las realidades del mercado sino los intereses particulares de un sector a costa de todos los demás habitantes del continente.
Tiene razón Lorenzo de que la culpa es "nuestra", en el sentido de que los pueblos tienen que asumir la responsabilidad de las políticas que sustentan, sobre todo en un ambiente parlamentario y abierto a la participación democrática como es el europeo.
Por otra parte, dudo que los jerarcas chinos hagan nada por el bien de su pueblo. Es una élite dictatorial que sólo mira por su supervivencia. Sólo que han tenido la inteligencia de comprender que abriendo gradualmente las manos de la represión para permitir un cierto grado de libre empresa, calma los ánimos de una población largamente oprimida y los entusiasma a trabajar y producir más.
Fidel Castro no entiende eso. Vive obsesionado por el fracaso de Gorbachev y no se atreve a tomar la más mínima medida aperturista que está convencido que le haría perder el balance de la cuerda floja en que mantiene su régimen.
A estas alturas ni en China ni en Cuba existen otros dogmas políticos que los que asuman en forma pragmática sus maquiavélicos gobernantes para perpetuar su poder.
Volviendo a Europa, los franceses pecan constantemente de arrogancia. Eso no les viene desde DeGaulle sino desde Napoleón. Quieren que las decisiones europeas se tomen en París y no en Bruselas.
La Constitución tiene las deficiencias propias del consenso que la gestó. Es sumamente difícil, sino imposible, redactar una ley fundamental para 25 países en la que todos estén de acuerdo en sus más mínimos detalles. Quizás hubiera sido más acertado redactar una Carta Europea fundamental y proceder con el tiempo, paso a paso, a incorporarle enmiendas y anexos hasta que tuviera el cuerpo jurídico suficiente para transformarla en una verdadera Constitución continental.
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