Alberto Müller
User
| Posts: 25 |   |
|
La autocrítica del Herald - 2006/11/21 17:54
Comparar el caso de los periodistas de El Nuevo Herald, Wilfredo Cancio, Pablo Alfonso y Olga O’Connor -los tres de reconocida honorabilidad-, con el periodista Armstrong Williams que salió a defender por dinero un plan educacional de la Casa Blanca, más que una “exageración”, como afirma Hoyt ("Un examen del artículo del Herald sobre Radio y TV Martí", Nov.19), es una canallada sucia entre supuestos colegas de la misma empresa periodística.
Periodistas de mucho prestigio en la historia del periodismo han colaborado con empresas que reciben dineros públicos para realizar su trabajo periodístico, como: Radio Europa Libre, la Voz de las Américas, PBS, la Agencia EFE y Radio Martí, por mencionar unas pocas, pues la lista es larga y voluminosa.
Cuando Jayson Blair fue expulsado del New York Times por sus reportajes mentirosos y llenos de plagios fue precisamente por violar el principio ético de ser fiel con la verdad del hecho. Y su expulsión no tuvo ninguna relación con el pago que recibía del New York Times, como una empresa privada.
El respeto por la verdad del hecho es el fundamento básico en casi todos los Códigos de Ética en el mundo. Sin embargo, aceptemos que McClatchy Corporation, los nuevos dueños de The Miami Herald, consideran que existe un conflicto de interés porque sus periodistas laboren en otra entidad noticiosa.
Cualquier medio privado tiene el derecho de tener este punto de vista reglamentario de exclusividad. Y los periodistas que laboran en esa empresa, por lealtad, tienen que aceptarlo. Un periodista no debe transgredir las reglas de su empresa y éste es otro principio ético.
Pero implicar falta de ética periodística, por trabajar en Radio Martí, cuyo objetivo principal es abrir un espacio informativo en un país oprimido por una dictadura comunista totalitaria, es un error de proporciones mayúsculas, por no decir una injusticia cerril.
En otro aspecto interesante de la autocrítica del Herald se reconoce que desde el año 2002 se sabía públicamente que algunos periodistas de El Nuevo Herald colaboraban en Radio Martí, por lo que se pregunta: ¿por qué la gerencia del Herald no investigó y reaccionó en el 2002 y reacciona en el 2006?
Preguntas todas que dejan muy mal parados a algunos directivos actuales de The Miami Herald, pues ellos sabían desde hace cuatro años, que los periodistas involucrados de El Nuevo Herald estaban autorizados a colaborar con Radio Martí por Carlos Castañeda, ese insigne maestro del periodismo americano y de la ética del periodista.
Leamos esto con detenimiento. Otra falla grave del reportaje sobre Radio Martí, según Hoyt, es que “se mandó a la imprenta antes de que el reportero y sus editores tuvieran tiempo de hurgar en cada ángulo relevante”. ¡Qué observación más aguda! Pero inmediatamente el mismo analista justifica la falla de publicarse en forma apresurada, porque, según Corral, el director de Radio Martí le había dicho que otros medios estaban investigando el asunto.
Y este argumento del párrafo anterior de la autocrítica, con el mayor respeto que merece el historial de excelencia del colega Hoyt, nos resulta risible, débil e inaceptable.
Justificar que el reportaje se publicó sin ser revisado en todos sus ángulos y omitiendo el balance que requiere la ética periodística, por lo que dijo entonces Pedro Roig, el director de Radio Martí, que fue la verdad de la conversación y la verdad no debe ocultarse, es muy superficial. Lo que exige la ética periodística hay que cumplirla sin justificaciones racionalizantes o circunstanciales. Un reportaje que no ha sido revisado y carece de respeto con la verdad, no debe publicarse nunca. Y esto hay que decirlo así, sin rodeos ni ambivalencias.
Otro hecho de suma gravedad en el reportaje en cuestión, publicado en primera plana y con fotos acusatorias, que más parecían fotos de un reportaje policial, y que Hoyt menciona con acierto, es que el reportero nunca se preocupó en publicar la opinión de las personas involucradas en su relato acusatorio.
Y esto es una violación ética grosera de este género periodístico, que implica que ni Corral ni sus superiores, se preocuparon por el balance y la justeza del reportaje. Tal vez esta sea la violación ética más grave de todo este rollo del Herald (The Miami) versus el Herald (El Nuevo), que involucra directamente a la comunidad cubana de la ciudad.
Pienso que la opinión pública miamense no va a agradecer en toda su dimensión el esfuerzo analítico de Clark Hoyt y la responsabilidad que asume David Landsberg, como nuevo editor de The Miami Herald, porque quedan cosas muy sensibles y sospechosas por aclarar.
|