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Miguel Saludes.
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Viajando a Cuba con Alta Schreier. - 2006/09/04 19:28 Viajando a Cuba con Alta Schreier.

Por Miguel Saludes.

La polémica creada acerca de un libro excluido de las bibliotecas escolares de Miami ha trascendido a las páginas noticiosas de la prensa en Cuba. Tras una ardua batalla legal Juan Amador Rodríguez logró que el pequeño volumen titulado Vamos a Cuba fuera removido de los estantes por considerar que contenía adoctrinamiento a favor del régimen castrista y que ello afectaba psicológicamente a su hija. El acceso al libro, disponible en las bibliotecas públicas de la ciudad miamense, solo me costó esperar su paso por las manos de veinte y cinco lectores que habían tenido la misma idea.

Al leer Vamos a Cuba se puede constatar que si bien este no constituye un grave atentado contra la ideología específica de nadie, sí es una muestra del desconocimiento que existe en el exterior sobre las realidades del país antillano. En la misma contratapa del libro, a modo de preguntas, se encuentran varias propuestas acerca de su contenido. ¿Cómo viajan en Cuba los niños? ¿Qué frutas se dan allí? ¿Qué raíz se comen Cuba? Estudios que hacen los niños cubanos en la escuela, trabajos que pueden realizar cuando sean grandes, deportes que practican, lugares que visitan, fiestas, y la ropa que usan, son incógnitas que la escritora Alta Schreier pretende develar en las 585 palabras que conforman unos textos superficiales distribuidos en 32 páginas ilustradas con 25 fotos.

Visto de manera general Vamos a Cuba recuerda en cierta medida a los estereotipos que desde antes de 1959 se fueron tejiendo sobre la idiosincrasia del cubano, gente alegre, amante de la rumba, viviendo de manera despreocupada en un paraíso de diversión y juerga. Esta imagen realmente ha variado poco a través del tiempo y se ha sido adaptando al enfoque ideológico de quien ofrece su percepción de la Isla. Para los países de la Europa socialista Cuba seguía siendo el país de la guaracha, el buen ron, la música bailable y las bellas mulatas, tanto como lo continúa siendo para los miles de turistas que a diario llegan a esa nación insular para gozar de estas maravillas.


¿Qué invita a conocer la autora de Vamos a Cuba a los niños que viven fuera de ese país? Junto a una imagen de la Catedral habanera, en los tiempos en que los artesanos vendían sus productos en aquel entorno, aparece el pasaje que desató la disputa legal. “La gente en Cuba come, trabaja y estudia como tú. Pero en Cuba hay cosas únicas.” Teniendo en cuenta la definición del término que aparece en el glosario anexado al final del libro, donde único es algo diferente y especial, queda abierto un dilema en la mente del infante sobre las causas de un exilio del que apenas tiene conciencia. En esta cuestión basó la querella el padre de la niña.

Pero existen otros motivos para preocuparse en este viaje imaginario donde se ofrece una versión muy particular sobre el panorama existente en el país natal de los pequeños, el cual ellos no recuerdan o bien no conocieron “La mayoría de los cubanos vive en ciudades. Las ciudades tienen mucha gente, así que muchas familias viven en edificios de apartamentos. También hay edificios antiguos muy lindos y edificios nuevos.” A esta visión idílica, donde los rostros semi derruidos de las urbes cubanas han sido obviados, le sigue otra descripción contradictoria del paisaje campestre: “En el campo las casas son sencillas. Se construyen con troncos de palmas. Los techos son de hojas de palma o de paja.”

¿Qué come la gente en Cuba? “El arroz blanco es la comida más común en Cuba. Se come con frijoles negros. El arroz con pollo es otro plato favorito.” “En Cuba se dan muchas frutas. El plátano, la piña, la naranja y el mango son de las favoritas. También se come la raíz de la yuca.” En este epígrafe se une la foto de una tarima sobre la que se aprecian diversas plantas medicinales. En la pizarra de la venduta se anuncia la venta de cascarilla a 3 por un peso, y otras hierbas de uso en la religiosidad popular y la medicina tradicional de la Isla.

Veamos ahora como se visten los niños cubanos según la descripción hecha en otro acápite del librito. “Los cubanos visten ropa de tierra caliente. Los niños y las niñas se ponen shorts y camisetas.” Es el clima indolente del trópico el que obliga a la compra esa sencilla vestimenta. No obstante en las tiendas dolarizadas dispersas en todo el territorio hay una gran variedad de ropas, también aptas para tierras calientes, pero no para el bolsillo de la mayoría de los padres cubanos.

¿Cómo se nos presenta la vida de los niños en las escuelas en las páginas de Vamos a Cuba? “En las escuelas los niños estudian matemáticas, lectura e historia. Todos los estudiantes hacen algún trabajo durante el día escolar. Unos trabajan en huertos. Los mayores trabajan en fábricas.” Esto no es así de simple. Los niños estudian mucho más que esas asignaturas y los mayores realmente trabajan en el campo, lo cual no resulta un horror, a no ser porque las escuelas pre universitarias en las ciudades han sido suprimidas por decreto. El estudiante que aspire llegar a los predios universitarios tiene que escoger entre internarse en estas escuelas en el campo, irse a un tecnológico aunque no sea de su interés, o simplemente dejar los estudios.

El tema que toca la recreación está pleno del mejor humor. “La gente va a las playas a nadar, a bucear y a pescar. Se hacen carreras de botes de remo y de botes de vela.” La imagen gráfica que refleja lo anterior exhibe una playa que nada tiene que ver con los arenales de Guanabo o el rocoso litoral habanero. Es una vista llena de gente blanca solazándose en una especie de caleta. Evidentemente turismo internacional. Y eso de hacer carrera de botes y vela….al menos para los nacionales es poco probable. Igual de simplón resulta el cuadro cultural descrito por la señora Schreier. “Para las celebraciones, los señores se ponen pantalón y camisa blancos. Las señoras se ponen vestidos de colores con volantes”. La inclusión de la foto de un grupo folklórico danzando en una plazoleta pretende dar una idea de cómo se visten los isleños en sus festividades. Agrega que “La mayor celebración de Cuba es el carnaval. Se celebra el 26 de julio. En el carnaval se baila y se canta.” Amen de que en todos los carnavales se baila y se canta (también se bebe) la fecha que ha sido impuesta a estas festividades en La Habana no es general, pues cada región tiene la suya, que por lo general coincide con su aniversario de fundación. Sobre la música cubana expone que esta se toca con ... “guitarras, tambores y maracas hechas de calabazas.” El la definición incluida se nos aclara que la calabaza es un fruto grande, de cáscara dura, que se seca para hacer tazas, platos e instrumentos musicales.

Errores garrafales existen en el libro. Uno de ellos se inserta en la sección donde describe las pinturas en las piedras y cuevas de un valle en Cuba señalando que fueron hechas por quienes habitaban el territorio hace unos mil años. Solamente quien ha visitado Viñales reconoce la foto donde se muestra el fragmento del mural pintado hace pocos años en la ladera de uno de sus mogotes, un horror que atenta contra el paisaje y donde se mezclan alegorías prehistóricas con escenas de la revolución. Otra pifia, en este caso geográfica, presenta al Mar Caribe situado al sur de la Florida, entre Norteamérica, Centroamérica y Sudamérica formando parte del océano Atlántico.

La propaganda castrista soslaya todas estas cuestiones que en otra ocasión le hubieran servido para desacreditar lo escrito por Alta Schreier. Ahora aprovecha la coyuntura y se apresta a una cruzada que han nombrado Sí vamos a Cuba. Ya se habla de llevar la contienda a todos los organismos internacionales y de movilizar a la opinión pública mundial para denunciar la nueva maniobra de la mafia anti cubana de Miami. Dicen que el esfuerzo de esta lucha es con el noble propósito de que los niños norteamericanos, no dice si los cubanos del exilio se incluyen en la intención, tengan el derecho a ver y conocer a sus amiguitos del Verde Caimán. Para ello recogerán firmas, algo por lo que en Cuba se persigue y encarcela, y darán una batalla contra la censura en Estados Unidos, un elemento que el régimen cubano ha implementado a todos los niveles para los ciudadanos en su país.

Pero quizás sin proponérselo, o sabiendo que en Cuba opinar es lo de menos, en los reportes de prensa que anuncian esta nueva campaña dejan escapar algunos detalles. Uno de ellos quedó plasmado en el oficialista periódico Trabajadores cuando Eliades Acosta, director de la Biblioteca Nacional José Martí, mencionó el dictamen de la Corte Suprema de Estados Unidos en 1982 que impide la retirada de un libro de los estantes de una biblioteca escolar por razones de ideas políticas, religiosas, morales y de otra índole. Igualmente el entrevistado señala su criterio de que los niños que viven en Estados Unidos deben tener la posibilidad de elegir libremente lo que quieran leer. Lástima que este postulado no lo defienda de igual manera para sus compatriotas. Si en algo debemos dar razón al señor Acosta es que nadie tiene derecho a decidir qué es o no es Cuba, qué imagen de la Isla dar o no. Eso lo deben decir sin temores los mismos cubanos a través del criterio libre que señale las virtudes y defectos de nuestra sociedad, única manera de emprender un viaje a las raíces históricas y culturales de nuestra nación. Las experiencias de ese recorrido, escritas con plena libertad, darán origen al libro que aspiramos esté en cualquier biblioteca, para mostrar a las futuras generaciones el verdadero rostro del pueblo cubano, sin maquillajes ni falsas afectaciones. Para la concreción de esa obra tenemos que alistarnos.
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