Jorge A. Sanguinetty
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Más Indicios de Reformas Económicas en Cuba II - 2008/09/02 10:37
Más indicios de reformas económicas en Cuba - Segunda de dos partes
En la entrevista que el Financial Times le acaba de hacer al señor Alfredo Jam, jefe de análisis macroeconómico del Ministerio de Economía en Cuba, el funcionario declaró que hay que romper el igualitarismo en los ingresos que perciben los trabajadores cubanos, pues representa un impedimento a la productividad del país. O sea, lo que dice el economista es que hay que pagarles más a los trabajadores más productivos aunque el resultado sea que unos ganen más que otros. Estas declaraciones son de gran trascendencia porque confirman las intenciones reformistas de Raúl Castro, especialmente la necesidad de levantar las restricciones que han mantenido los salarios nominales prácticamente congelados en Cuba por casi medio siglo. Y ambas declaraciones entran en flagrante contradicción con la ideología unipersonal de Fidel Castro.
Las declaraciones tienen importancia política y económica. La política consiste en que invita a pensar que puede haber una pugna entre los miembros del dúo gobernante, que aunque Fidel Castro esté separado del diario manejo absoluto del país, hay sospechas e informes parciales de que mantiene suficiente influencia sobre Raúl para obstaculizar sus iniciativas si no son de su agrado. Recordemos que a mediados de los años ochenta Fidel Castro descarriló un plan de liberalización limitada de la economía que se le atribuye a Raúl. La explicación que Fidel Castro dio entonces para justificar la medida fue precisamente que las reformas estaban generando muchos “ricos” en Cuba.
La importancia económica es resultado de varias condiciones que actúan de manera interdependiente. Por un lado, ya Raúl Castro afirmó públicamente que el país necesita eliminar los topes impuestos a los salarios de los trabajadores, de manera que las empresas puedan pagar a sus empleados según lo que contribuyan a la producción. No se necesita tener una intuición muy aguda ni ser economista para saber que tal liberalización del mercado de trabajo va a generar desigualdades de ingreso, pero seguramente serían bienvenidas por la mayoría de los cubanos. Los trabajadores, técnicos y ejecutivos que más contribuyan a la producción deberán ganar más. Pero no ganar más en papel moneda con el cual no se puede comprar casi nada, sino ganar más para poder consumir más, tener mejores viviendas, viajar y pagar por todo aquello que permite alcanzar un mejor nivel de vida. Esto significa que Raúl Castro, sus economistas y sus administradores de empresas tienen que lidiar con la profunda devastación económica del país y con la clásica interdependencia de sus sectores productivos. Por ejemplo, elevar los salarios de los trabajadores más productivos en la industria del calzado sólo podría mejorar la productividad de esa industria si se elevan simultáneamente los niveles de producción de otros sectores, como el de los alimentos en la agricultura, en la construcción y todos los que producen los bienes de consumo que los trabajadores querrían comprar con sus nuevos salarios.
A esta interdependencia sectorial hay que sumarle otra, la internacional. Los trabajadores de casi todos los sectores en Cuba necesitan materias primas y equipos que se producen en otros países, bienes cuya adquisición hay que pagar con los ingresos que se derivan de los sectores de exportación. Sin un suministro suficiente de estos insumos importados elevar los salarios solamente no elevará los niveles de producción, pues no habría mucho que comprar y la economía seguiría postrada. Todo esto quiere decir que la primera prioridad del gobierno cubano es elevar la producción de las empresas que producen para la exportación y estimular consecuentemente a sus trabajadores y ejecutivos, lo cual creará las primeras bandas de desigualdad en los ingresos de los cubanos.
Pero ¿será posible elevar la producción exportadora cubana con sólo elevar los salarios de los trabajadores de esos sectores? Posiblemente no mucho. La devastación sufrida por la industria azucarera a manos de Fidel Castro, que jugó con ella como un niño juega con un Tinker-Toy hasta desbaratarla, le quitó al país su fuente tradicional de ingresos externos sin haberla sustituido adecuadamente por otros renglones de exportación. Se desprende entonces que para elevar la capacidad productiva del país, además de mejorar los métodos de manejo de la economía y sus empresas, hay que hacer inversiones para crear nuevas capacidades productivas. Además dichas inversiones en nuevas empresas deben ser complementadas con inversiones en infraestructura en materia de energía, comunicaciones, agua y viales, todo lo cual es necesario para la expansión de la capacidad productiva nacional.
Pero Raúl Castro se equivoca si cree que sólo con reformas estricta o puramente económicas se sacará a Cuba del agujero en que se encuentra. Para que las empresas puedan operar más eficientemente tanto sus trabajadores, como sus técnicos y ejecutivos necesitan tener libertades de gestión desconocidas en Cuba por los últimos cincuenta años. No hay fórmulas mágicas para subir la eficiencia productiva de las empresas. La misma no consiste en producir mucho, sino producir bien, o sea, producir a costos que estén por debajo de los ingresos y no al revés. Esta condición consiste en que los trabajadores deberán tener libertad para cambiar de empleo, y los ejecutivos para contratar a los trabajadores buenos y despedir a los malos, etc. Es ahí donde se pondrá a prueba la voluntad reformista de Raúl Castro, cuando se percate de que la eficiencia de una economía depende de otros elementos de la urdimbre social, como los políticos e ideológicos.
Miami, 24 de agosto de 2008
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