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FORO PARTICIPATIVO / PARTICIPATIVE FORUM
 
Miguel Saludes
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Notas para una expedición - 2008/05/25 19:32 A finales de los ochenta visitó Cuba una comisión de relatoría de la ONU para testificar violaciones de derechos humanos. Por aquellos días las puertas del Combinado del Este de La Habana se abrieron a unas visitas poco usuales. Jóvenes escogidos fueron llevados al lugar para que vieran, y transmitieran, lo bien que se la pasaban los presos en el afamado reclusorio. A su regreso del paseo una amiga contaba sobre el ambiente acogedor de los cubículos habitados por parejas homosexuales. Sus adornos, perfumes y hasta alguna alfombra en el suelo. Se asombraba por la educación mostrada por los presos mientras compartían un filme marcado con tres advertencias clásicas del cine para adultos. Se extrañó que aquellos hombres jamás le lanzaran ni siquiera una mirada insinuante. Es de aclarar que la joven estaba dotada de un rostro y cuerpo de belleza excepcional.

Pero la realidad del mundo carcelario cubano es bien diferente. Los testimonios continúan saliendo mediante cartas y denuncias, aunque el mundo prefiera escuchar versiones más agradables. Y para complacencia de esos oídos acaba de concluir la Expedición encabezada por Silvio Rodríguez a una decena de recintos penitenciarios en todo el país. La delegación, compuesta por varios artistas, llevó centenares de reclusos manifestaciones de música, pintura y literatura en un periplo que culminó el pasado 28 de abril en la Isla de la Juventud.

Silvio, propulsor de la propuesta, manifestó a la prensa sus impresiones sobre la inusual concurrencia ante la que actuó en varias ocasiones. Los medios oficiales siguieron el recorrido, destacando algunos detalles como las entregas de libros hechas por Reynaldo González, premio nacional de literatura, o el mural realizado por Alexis Leyva Machado (Kcho), Ernesto Rancaño y Vicente Hernández en el penal pinero.

«Somos artistas y ustedes son parte de nuestro pueblo. Aquí estamos para brindarles lo que sabemos hacer», manifestó el trovador a los reclusos, antes de comenzar a cantarles algunas de sus más conocidas canciones. No se conoce el repertorio escogido para estos conciertos. Los cronistas solo mencionan El Necio y Cita con Ángeles cuando se refieren al autor de Ojala, En mi acera, Mariposas o Unicornio.

La iniciativa de llevar cultura a las cárceles tiene antecedentes en la historia penitencial cubana. Precisamente quienes hoy sustentan el poder en el país, una vez se beneficiaron de proyectos dignificadores para los presos, auspiciados por la Iglesia Católica, en particular por los padres Paúles y las Hijas de la Caridad. Hoy alaban los doscientos títulos promedio que se entregaron en cada centro visitado por la comitiva. Pero en los albores del sesenta miles de volúmenes recolectados por el esfuerzo de sacerdotes y religiosas, así como el trabajo de los propios presos que confeccionaron los muebles de aquellas bibliotecas, fueron desaparecidos de la Cabaña, el Príncipe y el resto de los contados penales que existían diseminados en la Isla.

Muchos años después la Iglesia cubana reinició el viejo proyecto a nivel de todas sus diócesis. La pastoral Carcelaria, una vez más bajo el patrocinio de los discípulos de San Vicente y Santa Luisa de Marillac, cobró vida. Libros, intercambio epistolar, ayuda alimenticia y de medicinas, así como una catequesis primaria, llegó como brisa fresca a los penales. Esta obra no ha contado con los buenos deseos de las autoridades y mucho menos ha tenido espacio en la prensa.

Al concluir la gira Silvio Rodríguez declaró su satisfacción y sorpresa por la atención que provocó el recorrido. Según sus palabras, no esperaba levantar tantas “ronchas” entre los que catalogó de enemigos, por el simple hecho de ir a cantar a una cárcel. Se equivoca el cantautor en su valoración. No es el buen propósito de llevar arte a las prisiones el que despiertan críticas, sino los actos que acompañan al hecho. Mientras por un lado recordaba sus presentaciones ante prisioneros de guerra sudafricanos y para el presidio político chileno, el compositor pasaba ante los presos de conciencia cubanos sin siquiera tenerlos en cuenta.

Reconocer que las prisiones nacionales son modélicas en su humano tratamiento a los reclusos es faltar a la verdad. Esa declaración fue hecha en Ariza, calvario donde estuvieron recluidos Vladimiro Roca y Regis Iglesias. Por su parte el escritor Reynaldo González expresó sus sentimientos solidarios con aquellos que a pesar de haber tenido un tropiezo, no han dejado de ser personas. No ha sido esa la visión de los carceleros, que en no pocas ocasiones han tratado a los reclusos peor que a los animales. En cuanto a los traspiés habría que cuestionar en muchos casos la piedra que los provocó. Precisamente en el penal de Quivicán, uno de los puntos tocados por la gira, se encuentra internado José Miguel Martínez. Si de algo debe recuperarse este hombre ejemplar es de la triste separación forzada que desde hace cinco años lo alejó injustamente de su familia.

No es raro que los reclusos no quisieran bajarse del escenario, como observaron los artistas. La cruda realidad en la que viven inmersos, explica el anhelo de apropiarse eternamente de unos breves minutos de pasajera felicidad. Alargar los pocos momentos de alegría es como burlar un día a la cotidiana lobreguez que reina en las prisiones que pueblan casi todo el cuerpo del caimán antillano.

Es bueno que se reconsidere el camino y se torne a la senda del bien, con vista a una doble re inserción. No solo los presos deben ser devueltos a la sociedad. Esta también necesita saneamiento y con ella el sistema que encarceló a centenares de jóvenes, hombres, mujeres y hasta adolescentes, por delitos que en realidad no merecían ese castigo. En ello se incluye a los que han padecido a causa de su pensamiento y que nunca debieron pasar por esa experiencia. Un capítulo que debe concluir para no repetirse jamás.
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