Jorge A. Sanguinetty
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Una decisión contradictoria de Raúl Castro - 2008/05/21 11:20
Una decisión contradictoria de Raúl Castro
Por Jorge A. Sanguinetty
La contradicción es notable: negarle la salida del país a una cubana reconocida internacionalmente por su trabajo y su creatividad, mientras el nuevo dictador proclama la necesidad de introducir cambios para mejorar las condiciones en que opera la economía cubana. ¿Es que no se da cuenta el general que el mejoramiento de los salarios para aumentar la productividad del trabajo y así poder producir más está directamente supeditado a darles a los cubanos algunos grados extra de libertad, aun dentro de la cárcel socialista en que sobreviven? ¿No comprende el nuevo jefe de gobierno que para que la economía prospere hay que darles un mínimo de incentivos a los trabajadores? ¿Qué señales les está dando el gobierno a los cubanos y al resto del mundo cuando le impide a Yoani Sánchez, la periodista digital cubana, que vaya a recoger su merecido premio Ortega y Gasset por su brillante iniciativa y su trabajo? Aparentemente a Raúl Castro le importa muy poco que en sus días inaugurales como presidente (digital también, pero de otra clase) esta medida lo confirme como el cancerbero que en definitiva es de la pesadilla en que su hermano y él han convertido a Cuba.
La decisión de impedirle a Yoani que viaje libremente al exterior es una señal muy negativa sobre las verdaderas intenciones de Raúl Castro sobre introducir mejoras en la economía cubana. Esta decisión absurda y al mismo tiempo cobarde me hace sospechar que el nuevo dictador espera mejorar la economía como si fuera un campamento militar, sin darse cuenta que hay diferencias sustanciales entre una economía y un ejército. Las economías surgen y se desarrollan para crear, producir y construir mientras que los ejércitos están destinados esencialmente a la destrucción. ¿Cree realmente Raúl Castro que la economía podrá mejorar con un estilo de ordeno y mando y con restricciones a la movilidad y la creatividad de los cubanos?
Al prohibir la salida de Yoani el gobierno revela un gran temor a que los cubanos tengan alguna libertad, incluso la de una periodista que actúa sola, sin el beneficio de pertenecer a organización alguna. También revela el miedo a que una liberalización de la economía aumente el riesgo de perder el poder totalitario de los dirigentes y sus respectivos estilos de vida. Pero el predominio del temor a ese riesgo abre un flanco peligroso a un riesgo peor para ellos: el de una explosión social por traicionar las expectativas creadas en la población de que su depauperada situación económica, política y social va a mejorar algo bajo el nuevo gobierno. Incluso se puede notar en algunos círculos disidentes y oposicionistas que tales esperanzas existen y son tomadas muy en serio por los cubanos. Aunque su optimismo resulte iluso y lábil, refleja una esperanza de mejorar aunque sea marginalmente las difíciles condiciones de vida que han imperado en Cuba por tantos años. O sea, al tratar de disminuir el primer riesgo, el gobierno aumenta el segundo mediante una medida torpe que hace cuestionar la capacidad de Raúl Castro para manejar los asuntos del país.
En el enorme catálogo de los daños que los hermanos Castro le han hecho a Cuba hay que incluir el impedirle a los cubanos usar libremente sus iniciativas y talentos para contribuir al bien del país. La productividad del trabajo con el fin de aumentar los niveles de producción no mejora simplemente ordenando eliminar los techos salariales de los trabajadores. Un aumento nominal de los salarios sin que esto se traduzca en un aumento real del ingreso dado por su capacidad de compra y de dar mayor satisfacción al trabajador ni mejorará la productividad ni aumentará la producción. Los trabajadores, donde quiera que se encuentren en la sociedad cubana, debieran gozar de un mínimo de condiciones para sentirse estimulados a producir más y mejor, pero parece que estas relaciones son incomprensibles para los que ostentan el poder en Cuba.
Después de todo, tanto Fidel Castro como Raúl y muchos de sus camaradas desconocen el significado de trabajar como empleados o fundadores y propietarios de alguna actividad productiva, por lo que no comprenden fácilmente o prefieren no comprender los factores que determinan el éxito de una empresa o una economía en su conjunto. De hecho su bienestar personal ha dependido de haber expropiado lo que nunca tuvieron y/o de explotar a los trabajadores. Irónicamente, los dirigentes socialistas, tanto los cubanos como los de otros países, operan como grandes terratenientes que viven de sus rentas y comparten pero no confiesan los mismos valores de cualquier otro propietario.
Cuba ha entrado en una nueva etapa de su historia. Después de casi cincuenta años de deterioro y regresión, muchos ciudadanos han podido percatarse que el socialismo es una maldición y esperan cambios sustanciales. Para evitar una explosión social el heredero tiene que introducir mejoras en el país. Esta generación de cubanos no parece temerle a la libertad, pues no fue desilusionada por los fallos de la república, ni hipnotizada por las supuestas hazañas, falsos mitos y leyendas inventadas de la revolución. El tiempo del castrismo está llegando a su fin. Raúl tendrá que escoger entre las políticas que le permitan terminarlo evolutivamente o las que lo llevarán inexorablemente a un fin violento y lleno de inseguridad para él, sus familiares y sus secuaces. Si es inteligente, debiera seguir la opción evolutiva.
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