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FORO PARTICIPATIVO / PARTICIPATIVE FORUM
 
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Yaxys Dallan
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"Yankis go home" - 2007/12/27 04:16 La noticia sobre el secuestro de las cooperantes de Médicos Sin Fronteras en Somalia, me hizo recordar un triste acontecimiento ocurrido también en ese convulso país, pero en 1993: el derribo de los dos helicópteros del Ejército Norteamericano. Formaban parte de una operación de paz bajos los auspicios de Naciones Unidad. Pero su misión no era fácil y, aparentemente, de paz tenía poco. Se les encomendó capturar a un criminal que durante años había vivido del negocio de la guerra. Los estrategas internacionales sabían que si no sacaban a Aidid de Somalia la paz y la ayuda humanitaria difícilmente llegarían.

Pero la operación se transformó en una pesadilla para los soldados norteamericanos que se vieron cercados y asediados por los cruentos ataques del ejército de este “señor de la guerra”. Fueron horas muy tristes las que segaron la vida de casi veinte jóvenes norteamericanos, que no estaban defendiendo ni a su patria ni a los intereses nacionales.

Hechos como los de Somalia (1993), además de recordarnos el sentido de servicio de aquellos jóvenes, también ponen al descubierto cuánta miseria humana hay en este mundo. La de los que se alegraban ante aquellos acontecimientos, como la de otros que cada día se refieren con gran desprecio a la nación que, con sus altas y bajas, ha hecho tanto por el mundo. Realidad incompresible si ello ocurre en Europa, cuyos campos vieron derramar cantidad de sangre norteamericana en la guerra contra el fascismo, mientras muchos nativos se dedicaban a colaborar con el represor alemán.

Quisiera terminar este comentario con una anécdota.

Todo sucedió a raíz de la notificación del presidente francés, De Gaulle, de que su país se retiraría del Mando Militar Integrado y de su petición al presidente Johnson de que los norteamericanos abandonaran Francia. Consciente de la gravedad del asunto, el presidente de Estados Unidos quiso contrastar la decisión del francés, para lo que envió a su Secretario de Estado, Dean Rusk. El emisario tuvo que escuchar el "yankis go home" de De Gaulle. Sin embargo, lo más interesante de la escena fue la respuesta del enviado estadounidense: “Señor presidente, ¿también incluye a los miles de militares norteamericanos muertos en Francia durante las Guerras Mundiales?”
La pregunta enmudeció a un De Gaulle que se quedó paralizado en su sillón. Dicen que nunca comentó nada al respecto.

En efecto, más allá de su populismo tenía que reconocer que los más de cincuenta mil norteamericanos muertos solamente en territorio francés durante las dos Guerras no podían ser borrados de un plumazo. Tampoco pueden ser borrados por una montaña de miserias.

Este y otros comentarios pueden ser consultados en mi blog http://www.democracia-participativa.com/comentariointernacional/
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Gerardo E. Martínez-Solanas
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Re:"Yankis go home" - 2007/12/29 13:03 La respuesta de Dean Rusk a De Gaulle es apabullante. He estado en Francia y he visto los cementerios. En mi último viaje visité Dragignan, en la Provençe, y tuve el privilegio de presenciar un acto en conmemoración de los norteamericanos caídos en la invasión del Sur de Francia, con motivo del día de los veteranos, organizado por la American Legion.

Para mi sorpresa, las autoridades locales y muchos franceses de la zona estaban presentes y el acto fue conmovedor, no sólo por el agradecimiento manifiesto de los que concurrieron sino por las palabras de los oradores.

Hablé con un miembro de la American Legion y me afirmó que el pueblo del sur de Francia no ha perdido la memoria. Que el antiamericanismo se manifiesta más que nada al nivel del gobierno nacional, sobre todo entre los socialistas y extremistas, y entre una sorprendente proporción de intelectuales, principalmente de los que están aupados por los medios de comunicación o destacan en las artes y el cine.

Se me antoja que el dato puede ser significativo porque quizás implique un alto grado de envidia que aqueja al estrato con educación superior, que no parece ser capaz de digerir que le deben al pueblo norteamericano lo que ellos no fueron capaces de defender. Que, además, le deben hoy día a los militares norteamericanos que el imperio soviético no se extendiera por toda Europa.

No me cabe duda de que toda gran potencia tiene impulsos imperialistas y que Estados Unidos no es la excepción. Pero si comparamos con otras grandes potencias del pasado y del presente, el hegemonismo estadounidense ha sido y sigue siendo uno de los más benévolos. Lo atribuyo a que ninguna otra gran potencia de la historia ha mantenido nunca una senda tan respetuosa de los principios democráticos, de la ley, el orden y el imperio del derecho como ésta.
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Héctor Sanz
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Re:"Yankis go home" - 2007/12/29 16:32 No sabía de la anécdota con Dean Rusk, aunque sin saberla tuve que parar una vez a un degaullista equivocado, recordándole los miles de americanos que descansan en los cementerios franceses. De más esta decir que el degaullista hizo como su "ídolo" y se trago la lengua. La anécdota está bien grabada en mi memoria.

Hace un rato cenamos en mi casa (Les Arcs sur Argens) con Tony, el Comandante de la American Legion, aquí en Dragignan, y le mostré y traduje al ingles el articulo de Yaxys y, sobre todo, los "comentarios" de Gerardo con su participación en los actos del Memorial Day. Le gustaron mucho y le di una copia que, aunque en Español, él parece entender bastante, pues habla italiano.

Durante la ceremonia del Armisticio del 11 de Noviembre en Grasse y en mi papel de abanderado de la American Legion, portador de la bandera americana, llegó un momento en que el encargado de "protocolo" empezó a tratar de organizar el desfile por las calles de Grasse. En principio, al frente de los desfiles va la bandera de la Legión de Honor Francesa y el resto después. Pues dicho y hecho. Yo traté de de posicionarme por mi cuenta, detrás de la Legión de Honor. Y quién les dice que el abanderado de la Legión de Honor me agarra del brazo y me "obliga" a marchar al frente al lado de él, así que se formo el desfile de dos en fondo en vez de fila india. Así fue que desfilamos por todo el pueblo. Ya cuando llegamos al lugar de la ceremonia, se me ocurre preguntarle que, ¿cómo habia "roto" el "protocolo"?. El, me mira muy serio y me dice..."si no hubiera sido por ustedes los Americanos, yo hoy no podria llamarme.... «Francés»".....
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Bryan Palmer
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Re:"Yankis go home" - 2007/12/30 20:18 Con respeto y agradecimiento por la posibilidad de participación que nos abre el Foro, quisiera puntualizar lo siguiente con relación al tema que nos inquieta:

1) Las expresiones utilizadas por el secretario de Estado Rusk ante el general de Gaulle han sido muy frecuentes en boca de emisarios de Washington que llegan a Europa a "amonestar" a dirigentes o estadistas.

Sería absurdo, por ejemplo, que los diplomáticos estadounidenses hubieran podido utilizar este argumento ante los delegados europeos en la conferencia de Bali. Luego, es necesario aceptar que el incidente se produjo en plena Guerra Fría, cuando los agentes de la C.I.A. perpetraban o comanditaban crímenes poco justificables a la luz de la moral cristiana. Basta leer el libro "Veil" del periodista Bob Woodward para darse cuenta. El autor, por lo que me consta, no es comunista, como tampoco lo era el viejo General.

2) No conozco bien la triste historia de las intervenciones extranjeras en Somalia, con sus "Señores de la guerra" enrojeciendo las arenas del desierto con la sangre de los "infieles" u otros enemigos de turno. Pero he estado en Panamá y he visto las casuchas -"cantegriles", los llamamos en Uruguay- que constituían el objetivo de los bombarderos Stealth.

Esto en nada justifica los actos criminales del Sr. Noriega, un maleante también empleado -por lo que parece- por la firma basada en Langley.
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Abelardo Pérez García
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Re:"Yankis go home" - 2007/12/31 11:17 Del antiamericanismo francés y otros mitos

La anécdota que nos cuenta el señor Héctor Sanz es muy instructiva y revela el sentimiento de agradecimiento de la mayoría de los franceses ante el sacrificio de millares de jóvenes soldados estadounidenses que en los años cuarenta dieron su vida en la lucha contra el odioso nazismo.

Esa misma opinión, lo que debe Francia a Estados Unidos, la he oído repetidas veces en boca de políticos tanto de derecha como de izquierda aquí en el “hexágono”. Menos a menudo, también hay que decirlo, que lo que repiten los norteamericanos y sus seguidores ciegos cuando Francia, que es un país libre e independiente, no quiere seguir la vía que Estados Unidos quisiera imponer a sus aliados.

-Ustedes nos deben la libertad –dicen–. Tienen pues que seguirnos y hacer como nosotros queremos.

Recuerdo que antes de la invasión de Iraq por las tropas norteamericanas, el entonces ministro de exteriores, Dominique de Villepin pronunció un discurso en la ONU explicando que Francia era un país aliado y amigo de Estados Unidos; recordó lo que el país debía al sacrificio de los soldados norteamericanos, pero añadió que un amigo debía decirle al otro cuando creía que se equivocaba y que su deber era tratar de impedir que cometiese un error que podía a acarrear consecuencias graves. Yo escuché ese discurso.

¡La que armó!

Acusaron a Francia de traición, de alevosía, de perfidia. A mí, personalmente, “amigos” que tengo en Estados Unidos me mandaban mensajes abyectos insultando a este país de la manera más baja y grosera que se pueda imaginar.

Periodistas norteamericanos de la prensa escrita, de la radio y de la televisión desencadenaron una francofobia histérica: hasta desbautizaron las french fries para llamarlas freedom fries. Nadie me puede decir que no es verdad pues en mi casa, en las afueras de Lille, veía los canales CNN y Fox. Recuerdo que, cuando cayó Bagdad y tumbaron una estatua de Sadam Husein, un reportero de Fox decía y repetía: “¿Dónde se van a meter ahora esos dos tontos de Chirac y Villepin?“

Que yo sepa, a ningún francés se le ocurrió decir que Estados Unidos también le debía mucho a Francia ya que si no hubiera sido por la inmensa ayuda que les brindó Luis XVI durante la Guerra de Independencia contra Inglaterra, los insurgentes de las Trece Colonias no hubieran podido vencer, hasta después de la segunda mitad del siglo XIX como mínimo, a las fuerzas del Imperio Británico. Los que no me crean pueden estudiar las batallas de Virginia y de Filadelfia, por ejemplo. El agradecimiento sincero y la admiración de George Washington por el general francés Marqués de la Fayette prueban lo que acabo de escribir. En cambio, nadie se ofuscó por la francofobia de John Adams ¡Sí!, ¡Sí! Francofobia pues en vez de consultar antes a sus aliados franceses, como tenía que hacer según convenios firmados por ambas partes, se fue a negociar directamente con los ingleses. Eso, sin recordar aquí otros golpes bajos del mismo Adams durante la guerra entre Francia e Inglaterra.

En el París revolucionario de 1789 Lafayette llevó a su amigo Thomas Jefferson, que a la sazón se encontraba en la capital gala, apuntes de la futura “Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano” para que el ilustre norteamericano le diera su opinión. Para refrescar la memoria de algunos, y también porque quizá otros no lo sepan, Jefferson aprendió francés de joven y siempre admiró la cultura y la civilización de este país aunque naturalmente criticó el absolutismo de los reyes.

Pasemos ahora a la anécdota que nos cuenta el señor Dallán:

Tengo que reconocer el arte narrativo del autor del artículo pues al decirnos que Dean Rusk tuvo que oír el “Yankis go home” del viejo general (populista, según Yaxis Dallán) evocamos un discurso casi fanático y lleno de odio. Los que así piensan no oyeron jamás expresarse al general De Gaulle.
El articulista nos cuenta que la réplica de Rusk paralizó y dejó frío al presidente francés. Gerardo Martínez-Solanas encuentra la respuesta “apabullante”. Es verdad; lo es, pero no por las razones que parecen compartir nuestros dos amigos foristas. Si la anécdota es auténtica, lo que paralizó al general fue sin duda la majadería y la insolencia del norteamericano. Ningún diplomático europeo se hubiera atrevido, por mera urbanidad, a tamaña malacrianza ante un Jefe de Estado, y tanto más cuanto que Francia cedió el territorio de los cementerios de Normandía a Estados Unidos. Esos nobles y valerosos soldados están enterrados en “tierra norteamericana”.

No olvidemos que cuando murió el general Eisenhower en 1969, el general De Gaulle fue el primer jefe de estado que anunció su presencia en las exequias, y allá fue de casi 80 años, para asistir a los funerales del libertador. Yo oí la alocución que pronunció antes de embarcar, llena de respeto y de admiración, elogiando la memoria del viejo “Ike”.

Para mostrar su desacuerdo con la política del presidente Johnson, en particular con la actitud norteamericana en Viet Nam (país que los franceses conocían requetebién), De Gaulle se retiró del mando integrado de la OTAN pero sin dejar la alianza. Uno de mis mejores amigos que en aquel entonces era “lector” en un College en EE.UU. me contó que sus amigos y colegas de allá le repetían: “What’s the matter with your president?; he’s a communist!”. Este amigo me dijo que el trato con los norteamericanos en Estados Unidos le pareció agradable y amistoso pero que tendían a pensar que “el que no está conmigo está contra mí”. Quiso el azar que para celebrar el 190 aniversario de la Declaración de Independencia un estudiante leyera un discurso de Washington en el cual, para apaciguar las tensiones entre el francófobo Adams y el francófilo Jefferson, el prócer norteamericano dijo: “Los Estados Unidos no deben ser amigos de nadie ni enemigos de nadie” Mi amigo, quien se encontraba al lado del decano del College le dijo: “Eso es exactamente lo que dice De Gaulle, nuestro Presidente” y el decano con desprecio y condescendencia le replicó: “It’s not the same thing”. Mi amigo Louis no concluyó pensando que los americanos eran antifranceses.

Es interesante notar que Gerardo Martínez-Solanas se sorprendió cuando, en Provençe, los oradores se mostraron agradecidos ante el sacrificio de los norteamericanos no sólo por su presencia sino por sus palabras. ¿Qué esperaba oír nuestro amigo forista? ¿Diatribas antiamericanas? ¡Qué raro! ¿no? Con la tirria que esta gente siente por los americanos… Luego le explicaron que los antiamericanos no eran los del pueblo del Sur de Francia sino los del gobierno, los intelectuales, cineastas, escritores, etc. La razón que da es la envidia. Llevo cuarenta y seis años en este país y jamás -¿me entienden?- jamás he conocido a un francés, ni a ningún otro europeo, que me haya dicho que siente envidia de los americanos (a lo mejor es por hipocresía, así los franceses tendrán un defecto más).

Tengo amigos en España; les digo lo que me gusta y lo que no me gusta de su país, he criticado a Felipe González, a José María Aznar, a José Luis Rodríguez Zapatero y a muchos otros, hemos discutido. Nadie me ha dicho nunca que era antiespañol.

Creo que conozco bien a Francia, me sé de memoria las cualidades y defectos de su pueblo, critico miles de cosas en este país. No digo que a todo el mundo le guste pero nadie me ha tratado de antifrancés.

Conozco bastante bien a los Estados Unidos. He viajado desde la frontera canadiense en Maine hasta el Sur de la Florida; desde Arizona hasta Montana, sin olvidar la magnífica California. Me gustan muchísimas cosas de allá, es más, las creo modélicas, ejemplares; pero hay otras que no me gustan nada. Las he criticado y entonces sí que me han tratado de antiamericano, sobre todo algunos cubanoamericanos que defienden lo indefendible, indignos hijos adoptivos de Jefferson, de Franklin, de Washington.

Es extraordinario ver que si alguien dice que prefiere algo de Francia ¿Qué sé yo? Los trenes, las gastronomía, el sistema de protección social … o critique alguna decisión política norteamericana (sobre todo si el Presidente es del Partido Republicano) lo tilden inmediatamente de antiamericano.

¿Tendrá razón acaso el Presidente ruso Vladimir Putin cuando declaró recientemente a la prensa que él quería que Rusia fuera amiga de los Estados Unidos pero que a veces se preguntaba si EE.UU. quería amigos o súbditos que dirigir?

Abelardo Pérez García, desde Dunkerque, Francia.
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Lorenzo Cañizares
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Re:"Yankis go home" - 2007/12/31 21:47 La pregunta que Abelardo sugiere viene de Putin es en realidad una pregunta bien pertinente. La actitud de arrogancia que la pregunta deja entender posee los Estados Unidos, se ha visto claramente ejercida durante la presidencia de Bush. Solo notemos como analogia la reaccion dentro de la America Latina desde que Bush y su equipo de extremistas ejercen el poder.

Bush, por supuesto por diferentes razones pero con el mismo resultado, es el mejor amigo de la izquierda radical como tambien de la extrema derecha. Su politica esta tan viciada por su deseo hegemonico que crea enemigos donde pudieran existir amigos.
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Yaxys Dallan
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Re:"Yankis go home" - 2008/01/01 17:32 Ciertamente uno se enriquece mucho con el debate.

---Según Bryan Palmer, ha estado en Panamá y visto las casuchas “que constituían el objetivo de los bombarderos Stealth”. Yo he vivido en Panamá y adivino que se refiere al famoso barrio “El Chorrillo” que como resultado de los combates de la invasión terminó en cenizas. En ese sentido debo recordarle a Palmer, que el “objetivo de los bombardeos” no fueron las viviendas particulares, sino el Cuartel Central, conformado por las oficinas centrales del G-2 (grupo de inteligencia y espionaje), la comandancia, que era el centro de operaciones de Noriega y la compañía Urracá, su brazo fuerte. Este bastión norieguista estaba en El Chorrillo. Por cierto, hay personas que afirman que fue el propio Noriega quien mandó a darle candela al barrio. Pero bueno, solo quería aclarar que el objetivo era el Cuartel General.

---Por otro lado, puede ser que yo viva en otra Europa. Mi experiencia, que se remite a España, es que se tiene bastante odio o envidia a los Estados Unidos. Tengo que decir que este sentimiento es mayor en las filas de la izquierda. Defender a los EEUU en debates políticos no es bien visto y trae pocos votos. No dudo que como se ha dicho, algunas personas hayan sido tildadas de antinorteamericanas por señalar que prefieren algo de Francia o de otro país; sin embargo, esa misma experiencia o quizás peor la viven a diario los que defienden las relaciones trasatlánticas. Y perdóname, ojala la reacción de los antinorteamericanos siempre fuera mediante la crítica respetuosa o por lo menos una respuesta de palabras.

---Es lamentable que se confunda a la nación norteamericana, al pueblo norteamericano con las decisiones de una administración determinada.

---Entiendo perfectamente que Putin diga eso. De Putin o del Gobierno Ruso no esperaría otra cosa. Lo que me sorprende es que se tomen palabras de este señor para dar lecciones.

---Recomiendo leer “La obsesión antiamericana: dinámica, causas e incongruencias” de Jean-François Revel.
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Gerardo E. Martínez-Solanas
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Re:"Yankis go home" - 2008/01/02 19:51 Abelardo nos da la sensación de una persona ingenua cuando afirma que “jamás he conocido a un francés, ni a ningún otro europeo, que me haya dicho que siente envidia de los americanos”. Normalmente, cuando alguien se adjudica un sentimiento de envidia, lo dice en broma aunque en el fondo quizás lo esté experimentando y le duela la realidad que percibe. Lo cierto es que ningún envidioso reconoce su envidia sino que la expresa en esa tarea oblicua del envidioso de encontrar faltas en el envidiado.

También se muestra ingenuo cuando supone que la diplomacia siempre ha de ser amable. La diplomacia puede ser incisiva y dura. De hecho, lo es en la mayoría de los casos. Ser diplomático ante una situación de afinidad o con un amigo no es necesario, porque vale más la franqueza y la apertura en esos casos. Ante un adversario, el diplomático ha de ser firme y seguir muy cuidadosamente las instrucciones de su gobierno. La maestría del diplomático consiste en decir las palabras precisas, aunque duelan, y hacerlo mostrando una actitud de respeto ante sus interlocutores.

Por eso dije que las palabras de Dean Rusk fueron “apabullantes”, porque fueron precisas, duras y, además, respetuosas. No medió el insulto, la descalificación o el desprecio. Francia era un país aliado, un país amigo que recientemente había sido liberado por las tropas encabezadas por el país que Rusk representaba. DeGaulle le pidió que se fueran a casa y le expresó que seguiría una política independiente de la OTAN. Rusk reaccionó con la pregunta sarcástica que le dolía: ¿nuestros muertos también?

Lo más notable de todo esto es que se trata de países amigos y afines en los principios democráticos y en el imperio del derecho. Su afinidad se remonta al ámbito de los derechos humanos, como precursoras ambas naciones del concepto moderno que ha cristalizado en la Declaración Universal. Por lo tanto, la rivalidad sólo puede percibirse como un resentimiento oculto motivado por la envidia. Nadie duda que Francia ha tenido en su historia y aún mantiene motivaciones hegemónicas. Lo mismo que los Estados Unidos o el Reino Unido o Rusia o China y otros. Esas motivaciones medran como ambiciones en sus gobernantes y en muchos intelectuales y personalidades francesas.

Esto tiene resultados de enfrentamiento y rivalidad que son inútiles e innecesarios en países tan afines como Francia y los Estados Unidos. Deberían aprender ambos a seguir políticas de mayor colaboración.

Por supuesto que no pretendo santificar a los Estados Unidos y su política exterior. Esa política es una de las manifestaciones más deficientes de esta superpotencia. Hay arrogancia, hay torpeza, hay miopía y toda una serie de actitudes que se traducen en graves errores de diplomacia, hasta el punto de que los Estados Unidos se encuentran frecuentemente aislados en los foros internacionales. Es algo muy lamentable, porque pese a esas deficiencias sigue el mundo libre dependiendo de Estados Unidos para que les saque las castañas del fuego cuantas veces hay una crisis grave que obliga a la movilización militar.

En este sentido, Bryan compara esta situación de las relaciones con Francia con la invasión de Panamá. Yaxys ya le contestó con una aclaración sobre los hechos en el istmo y sus motivos. Pero Noriega no era DeGaulle y no hay comparación posible. Aquí no hay siquiera errores de diplomacia. Se trataba sencillamente de un país que había caído bajo el domino del narcotráfico, con un Presidente que no se limitaba a apañarlo sino que pretendía utilizarlo como medio de atacar a los Estados Unidos y desestabilizar la región. Puede compararse más con el caso de Uribe en Colombia. Las FARC pretenden convertir a Colombia en un reino de narcotraficantes, con el pretexto de instaurar un régimen marxista que acabaría por ser puramente mafioso. Uribe, a diferencia de Noriega, ha aceptado el resuelto apoyo estadounidense para tratar de destruir esta conspiración armada de los enemigos de la democracia.

Volviendo a los planteamientos de Abelardo, encuentro que tiene mucha razón en el enfoque histórico y cultural que hace. Por eso quiero explicarle que mi sorpresa en el acto que presencié en Dragignan el Día del Veterano (Memorial Day en Estados Unidos) fue por el elevado grado de emoción en los discursos de autoridades y personalidades francesas al referirse a sus amigos y salvadores americanos. No esperaba diatribas ni sarcasmos, por supuesto, sino una cortes referencia a la amistad de los dos pueblos. Me sorprendieron porque se presentaron allí norteamericanos y franceses como hermanos de corazón. Ojalá que gobernantes como otrora DeGaulle y otros más recientes, hubieran demostrado ese gran corazón. Quizás se hubiesen sorprendido al comprobar que los gobernantes norteamericanos no son tan arrogantes como parecen cuando tratan con amigos.

Finalmente, me sorprende que en un análisis tan ponderado como el suyo termine con una referencia tan desafortunada sobre una declaración de Putin. Esta declaración del neodictador ruso dista de ser un ejemplo adecuado para probar todo el resto de sus acertados planteamientos. Si alguien en Europa está destruyendo la democracia en su país, no hay mejor ejemplo que el Presidente ruso, ahora transformado en candidato ineludible a Primer Ministro. Los gobernantes de Rusia no pueden ser amigos de países que propugnan la democracia auténtica, por la sencilla razón de que entorpecen sus deseos de poder. No hay que ser súbditos de Estados Unidos en ningún país para respetar los derechos y libertades fundamentales de sus ciudadanos. Basta con aplicar un régimen de derecho para hacerse respetar, no sólo por los Estados Unidos, sino por el resto del mundo también.
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Lorenzo Cañizares
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Re:"Yankis go home" - 2008/01/02 21:29 Por Dios Gerardo si vamos a hablar de destruccion de democracia no tenemos que mirar muy lejos de donde estamos. Tambien me parece no muy legitimo el dialogar de esta forma donde se ataca el personaje en vez de lo que se dice.

La realidad es que los Estados Unidos estan perdiendo influencia en el mundo basado en su politica hegemonica la cual ni sus aliados se la pueden tragar. El ejemplo mas claro es el voto sobre el embargo en la Asamblea General de las Naciones Unidas.

Acuerdate, que se le llamaban ingenuos a esos que disputaban la version oficial sobre las armamentos de destruccion masiva que supuestamente poseia Hussein. Muchos de esos ingenuos leian los periodicos y se daban cuenta que los datos estaban siendo manipulados. Podemos entonces asegurar que no resultaron ser tan ingenuos.
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Yaxys Dallan
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Re:"Yankis go home" - 2008/01/03 07:50 Puede que por uno de esos misterios de la vida y de la política, la ingenuidad no sea tan mala. De hecho creo que se apunta simpatías. Y es que muchas veces bajo el paraguas de la ingenuidad se pueden decir cosas como que el voto sobre el embargo en la Asamblea General de las Naciones Unidas muestra la perdida de influencia de EEUU en el mundo. No me gustaría dirigir el debate hacia donde al parecer Cañizares ha querido en sus dos intervenciones: la política de Bush y ahora el tema del embargo hacia Cuba. Sin embargo no me resisto a recordarle que, tradicionalmente en el tema del embargo hacia Cuba, Estados Unidos se ha quedado casi en solitario, independientemente de quién sea el presidente de turno en Norteamérica. De hecho yo pondría en duda la propia voluntad de los gobernantes norteamericanos en ese asunto, pues me da la impresión que dicha política se mantiene más bien por presiones de determinado sector del exilo cubano cuyo voto se inclina a favor de los candidatos aparentemente más duros.

Otra reflexión. ¿Qué pasaría en el mundo si Estados Unidos se aislara? Ello se ha visto en periodos muy concretos. Por ejemplo, ahora mismo creo que hasta que EEUU no tome cartas en el asunto de Kenia, eso va a seguir de mal a peor. Perdónenme señores: si bien muchas cosas en las que están los norteamericanos van mal, las pocas o muchas que van bien, casi siempre es gracias a los norteamericanos también.
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Abelardo Pérez García
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Re:"Yankis go home" - 2008/01/03 10:01 Gerardo me trata de ingenuo porque, según él, "supongo" que la diplomacia ha de ser amable. “Ante un adversario, el diplomático ha de ser firme” explica con razón. Firme, sí; pero no socarrón ni malcriado.

Esta percepción de la frontera entre la mala educación y la firmeza es una de las diferencias entre las diplomacias europea y norteamericana. (Is this a too fine distinction?) A menos que nuestro amigo forista se haya convertido a los principios de José Antonio Primo de Rivera, quien en un discurso célebre afirmó que en ciertos casos no había que ser amable sino usar “la dialéctica de las pistolas y de los puños”.

Por otra parte, se deduce de su aseveración que Dean Rusk consideraba al general De Gaulle como un adversario. ¿Por qué? Porque como explica Gerardo en su tercer párrafo: “(Francia) un país amigo que recientemente (22 años antes) había sido liberado por las tropas encabezadas por el país que Rusk representaba. De Gaulle le pidió que se fueran a casa (las tropas norteamericanas) y le expresó que seguiría una política independiente de la OTAN”. Ese fue el crimen de lesa imperio. Querer llevar una política independiente, no de la OTAN que Francia no dejó, pese a la desinformación consecutiva al abandono del mando integrado de la alianza militar, sino de los úkases del gobierno de Washington.

No creo que, 22 años después de la independencia de los Estados Unidos, Francia tuviera aún tropas en América del Norte, y si vuelvo a hablar del papel de Francia en la independencia norteamericana es porque, por experiencia, sé que muchos en E.E.U.U. sobre todo los más jóvenes ignoran el papel que allá desempeñaron las tropas reales de la poderosa Francia de la segunda mitad del siglo XVIII. Algún lector podrá recordarme que, 22 años después de la independencia de Estados Unidos, Napoleón Bonaparte dirigía al país galo y como, por su desmedida ambición personal, estaba en guerra con media Europa no podía permitirse el lujo de tener tropas en ninguna otra parte. Es verdad, pero también les recuerdo que Napoleón, en uno de sus raptos y exabruptos, “regaló” Luisiana a E.E.U.U. Aprovecho la oportunidad para contar una conversación que tuve hace algún tiempo con un amigo cubanoamericano en un restaurante de Hialeah:

- No sé qué lío arman los franceses con lo de la venta de Luisiana a Estados Unidos - me dijo mi amigo – Luisiana es un estado pequeño que no tenía tanta importancia.

- Te equivocas – le repliqué – La “Luisiana” que les vendió Napoleón se extendía desde el Golfo de México hasta la frontera canadiense y comprendía los estados actuales de Arkansas, Kansas, Nebraska, parte de Minnesota, el este de Colorado, Montana…es decir, más del 20% de la superficie actual del país.
Me miró con incredulidad y contestó:

- ¡Nunca he oído decir eso!

- Ya no podrás decir eso otra vez – le dije socarronamente.

Me miró cabeceando como pensando: “¡Qué imbécil! Mira a éste que ni siquiera es “cubanamerican” y se pone a hablarme de Luisiana. ¿Se creerá que me voy a tragar ese disparate?” Y volvió a su conversación favorita: los cientos de miles de dólares que iba a invertir en un negocio fabuloso…

Gerardo también me trata de ingenuo porque escribí: “jamás he conocido a un francés, ni a ningún otro europeo, que me haya dicho que siente envidia de los americanos” y tomó ad litteram el verbo decir. Pero tiene razón y me obliga a ser más preciso; rectifico y escribo: “que me haya hecho pensar” que les tenga envidia.

Hay muchas razones para explicar lo que digo pero la primera y más importante es ¿Envidia de qué? Ya dije sarcásticamente, es cierto pero eso no le quita veracidad, que no será de la gastronomía, ni de la rapidez, frecuencia y comodidad de los trenes, ni de la calidad de los transportes públicos de las ciudades, ni de la cobertura médica (según sé en E.E.U.U. hay cuarenta millones de personas sin seguro médico), ni de la apertura mental de la gente, ni de…, ni de…ni menos que menos de la “cultura” de allá.

Lo único que podrían envidiarle es su poderío militar y su hegemonía mundial. Si los franceses la tuvieran quizá fueran más arrogantes aun que los norteamericanos, pero… ¡vamos! No son tan tontos. Saben que su país es un país de sesenta y pico millones de habitantes con una superficie equivalente a la del estado de Texas. Desde niños aprenden la fábula (magistralmente versificada por La Fontaine) de la rana que quería ser tan grande como el buey y se hinchó tanto, tratando de alcanzar su tamaño, que explotó.

Hay, sin embargo, un punto que me parece nuevo en un artículo de Gerardo. La falta de lógica. En el cuarto párrafo recalca que la afinidad entre ambos países se remonta al ámbito de los derechos humanos y que ambas naciones son precursoras del concepto moderno de democracia que ha cristalizado en la Declaración Universal. Muy bien. Nadie puede negar eso. Pero concluye, ¡deduce de esta premisa diciendo: “Por lo tanto, la rivalidad sólo puede percibirse como un resentimiento oculto motivado por la envidia”! ¿Qué sofisma es éste?

En lo tocante a las reacciones por haber citado la declaración de Vladimir Putin, sólo diré que me he quedado, digamos… extrañado. Tanto el señor Dallán, a quien no tengo el gusto de conocer pero de quien he leído siempre con interés muchos de sus artículos, como Gerardo Martínez-Solanas critican lo dicho no por su pertinencia o impertinencia sino porque viene de Putin. No creo que nadie tenga el privilegio de decir siempre desatinos ni tampoco decir siempre verdades absolutas o universales. No es correcto juzgar lo que se dice por quién lo dice. Esto está mal porque lo dijo fulano y esto está bien porque lo dijo mengano es una actitud absurda que ya ha hecho mucho mal en nuestros países hispanoamericanos.

Quisiera recordarle a Gerardo que Francia es un país democrático que aplica un régimen de derecho. Esto no impidió la ignominiosa campaña francófoba cuando se opuso a la invasión de Irak. Un hombre advertido y atento a lo ocurre en el mundo no puede ignorarlo.

Abelardo Pérez García
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Re:"Yankis go home" - 2008/01/03 11:04 Existe algo que se llama coherencia. Y en política, como el que participa se supone lo haga para servir y no para la demagogia, sus actuaciones en referencia a lo público son juzgadas con mayor severidad, entre otras cosas por las consecuencias que acarrean. No solo se analizan sus criterios y propuesta, sino su coherencia. No hacerlo sería buenísimo. De tomarse eso como norma –el argumento del amigo forista- cualquier dictador o mal gobernante, podría sentar cátedra política olímpicamente sobre cualquier tema. Que por cierto esto último ha sido lamentablemente lo común.

Que sea sincero Putin y diga a Estados Unidos que no le reclame más por las violaciones a los derechos humanos y represión a sus opositores. O que reconozca que le duele mucho perder poco a poco su influencia sobre los países satélites que tiene en su entorno.
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