Yaxys Dallan
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¿El palo o la zanahoria? - 2007/08/18 06:32
Muchos Estados, principalmente del viejo continente -algunos de ellos con considerables inversiones el Latinoamérica- apoyaron o se mostraron indiferentes ante la escalada nacionalpopulista en la región. Costosa les ha salido su aquiescencia o complicidad, pues los gobernantes populistas han demostrado tener pocos amigos, por lo menos en “occidente”. El caso español es ejemplo concreto de lo que digo.
Uno de los países que más ha invertido en Latinoamérica es España. Según la CEPAL, en 2006 la antigua metrópolis figuró entre los cuatro primero emisores de inversión directa con ese destino. Las españolas Repsol, YPF, Telefónica, Endesa, el BBVA, el Santander Central Hispano, Iberdrola, están incluidas en la lista de las mejores empresas que operan en la región. Sin embargo, en los últimos años no han sido pocos los escollos que han tenido que superar las trasnacionales ibéricas interpuestos por los flamantes líderes neopopulistas. Consecuencias de ese ambiente hostil ha sido la disminución de las inversiones españolas en estos dos últimos años, que han cedido la segunda posición a las de Países Bajos, paradójicamente contrario a lo que sucede con las procedentes de EEUU, actual líder indiscutible en la región. A nadie sorprendió que Evo Morales, cuando todavía no le había cogido la temperatura al palacio presidencial, ya estaba actuando contra las empresas con su decreto de nacionalización de la explotación de hidrocarburos. De nada le valió al gobierno de Rodríguez Zapatero la entusiasta acogida brindada al “chico del jersey” en su primer periplo internacional.
María Teresa Fernández de la Vega, Vicepresidenta del gobierno Español, estuvo recientemente de gira por varios países de la región. Allí tuvo que escuchar en vivo y en directo las amenazas de los gobiernos de Nicaragua y Ecuador contra empresas españolas. Telefónica, Repsol YPF y Unió FENOSA están en la mira de Ortega y Correa, amigotes del venezolano Hugo Chávez precursor de la comparsa neopopulista en el subcontinente. Coincidiendo también con la visita de Fernández de la Vega, fueron atacados en Argentina los locales de empresas pesqueras españolas.
La prensa económica se hace eco de las preocupaciones de Telefónica ante las restricciones que está sufriendo en diferentes países por las rebajas tarifarias impuestas desde los gobiernos y las amenazas de creación de gigantes estatales con ventajas competitivas con probabilidades de convertirse en monopolios. Dichas amenazas populistas, entre otras cosas, entorpece su ofensiva ante su principal competidor en la región, el multimillonario mexicano, Carlos Slim. Hay que anotar que el mercado latinoamericano supondrá el 35% de los ingresos para el grupo de telecomunicaciones español.
En Cuba, como el gobierno cuenta con el apoyo económico de Hugo Chávez, las inversiones españolas no gozan del mismo visto bueno que tuvieron al principio de la apertura de la Isla al capital extranjero. Vale la pena hacer un paréntesis en el caso cubano y señalar la camaleónica actitud de los inversionistas que se mantienen indiferentes ante las malas condiciones salariales y sindicales a las que se enfrentan sus trabajadores cubanos. Pretenden lavarse las manos señalando que ellos tienen que cumplir la legislación del país receptor.
En general, la situación para España todavía no llega a ser grave, pero presenta un futuro poco alentador, por lo menos si no se busca una estrategia exterior más efectiva y persuasiva. No creo que le sea fácil…
A priori se puede sacar una conclusión de esta realidad: Que España ha perdido peso político y económico en Latinoamérica, aún con las aparentemente buenas relaciones del ejecutivo español con el pintoresco entramado de gobernantes populistas; algo muy distinto a lo que ocurre en la región con Estados Unidos, que a pesar de la percepción generalizada de que políticamente está distante y del discurso incendiario de los presidentes populistas, no sucede lo mismo en el campo empresarial. Carrera esta que aunque no obedece necesariamente a dictados estatales, sí es un efectivo instrumento de política exterior y de poder “duro”.
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