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FORO PARTICIPATIVO / PARTICIPATIVE FORUM
 
Marcos Villasmil
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EVALUACIONES - 2007/06/29 16:35 En política, nadie puede protegerte de ti mismo. Tus errores, tus carencias, tus deslealtades, te hacen parecer tan desnudo como el rey del cuento. Si no puedes salir de la superficialidad retórica, del mensaje repetitivo y cansón, de la palabra esponjosa e inasible, y además tus acciones se complementan con tu verbo, estás destinado a quedarte más solo que la una. Supongo que el lector estará adivinando por donde vienen los tiros: la oposición venezolana, con su síndrome de inmunodeficiencia estratégica más que nunca a cuestas, antes, durante y después de los idus de mayo –los momentos de la salida del aire de RCTV y la entrada al ruedo mediático de una nueva generación venezolana- se ha mostrado tan babieca como siempre.

Fanáticos de su propio yo, los opositores teóricos protagonizaron tres hitos históricos, siempre dentro del debate que sucede alrededor de sus ombligos: la desangelada rueda de prensa de Rosales sobre la libertad de expresión, seguida por la acusación de traidor y vendido por parte de Ledezma; y las grabaciones de las conversaciones telefónicas del antiguo diputado adeco Alfonso Marquina, donde mostraba y demostraba la contumacia que caracterizó a los políticos de la cuarta. ¡Ah! no olvidemos las importantísimas declaraciones de los alcaldes de Baruta y el Hatillo, defendiendo su nuevo plan contra las trancas vehiculares en el suroeste de Caracas. Lo más triste es que luego del cierre de RCTV intentaron todos reaparecer, para lucir como esos boxeadores tocados que tras recibir una de tantas palizas manotean en en centro del ring con una obstinación confusa, tratando de agarrarse del aire para no caerse.

Y entonces, vinieron y se les colaron, sin que se dieran cuenta, los Jon Goicoechea, los Douglas Barrios de esta nueva Venezuela que está emergiendo en el ruedo público, y le clavaron al buque chavista una bomba submarina de la cual Chávez no se ha recuperado. ¿Quién lo hubiera dicho? Lo que no pudieron juntos o separados todos los políticos partidistas durante quince años –ponerle un parao a Hugo Chávez- lo hizo un joven estudiante universitario con sus palabras en la Asamblea Nacional.

Estos muchachos de la generación del celular y del email demostraron que sí entienden de estrategia y que, sobre todo, la practican. Hasta el viejo zorro Teodoro Petkoff, maravillado, llegó a decir en un editorial que eran discípulos de Tsun-Tzu, el milenario estratega militar chino.

Por el contrario, nuestros opositores políticos parecen olvidar que seguir con el papel de meros testigos, pensando en ser a la larga sobrevivientes, no les va a servir de nada a la hora de las chiquitas. Siempre lucen embebidos en un eterno melodrama, sin saber que un melodrama, como decía alguien, es una comedia pero sin humor. Olvidaron asimismo que una cosa es engañar, y otra muy distinta es engañarse. El problema de estos señores no es que sean malos, sino que se han creído obligados a fingir que son buenos; y claro, ya nadie les cree el cuento.

¿Cuál es la real ventaja de los chamos? ¿Su juventud? Eso no es ni bueno ni malo, ni garantiza nada. ¿Entonces? La gran diferencia de los chamos con el gobierno y la leal oposición a Su Majestad Hugo I, es que son los primeros actores de la vida pública criolla que con seguridad no participaron en los festines de ese Río Guaire éticamente podrido en que se convirtió la política venezolana. ¿Que no tengo razón? ¿Que exagero? Bueno, el que esté libre de pecado que dé un paso al frente y se identifique. A ver si alguien de los partidos se atreve.

Los muchachos han dicho claro y raspado no que Chávez debe irse sin más, o que hay que dar un golpe -sea leve o duro, seco o mojado- sino simplemente varias cosas que han resonado en toda Venezuela por la verdad que contienen, y que se resumen en estas tres oraciones: 1) que el cierre de RCTV, o de cualquier medio, si se hace por mero capricho del gobernante, es una expresión autocrática y totalitaria; 2) que la libertad no es una abstracción, sino un valor sin el cual no hay dignidad humana posible; 3) que los chavistas convirtieron a su vez la heredada podredumbre del Río Guaire de la política durante la cuarta república en un auténtico Orinoco fétido de la actual robolución.

Chávez ha tratado de mostrar seguridad y calma, sin conseguirlo. No ofrece la imagen de un hombre sólido en sus posiciones, sino la de alguien que no parece enterarse de que ha perdido el control de la situación. Anda arriba y abajo como un zombi parlanchín a la espera de algo que lo saque del atolladero. Y mientras, el tiempo pasa, y la escasez de alimentos se acentúa, y PDVSA sigue más quebrada y sin cobres que nunca, y los pleitos cainitas entre sus propios seguidores llegan a límites sísmicos. Los ciudadanos han pasado de la indiferencia al miedo, para luego ir a la inquietud y la zozobra. De allí a la ira que no tiene pa’trás puede haber menos distancia que la que hay del Museo Militar al Palacio de Miraflores. Y ese camino ya lo intentó recorrer Chávez una vez en 1992 sin mucha suerte.

Al día de hoy, el juego está: los muchachos: 10, Chávez: 0, la oposición: ni siquiera calificó para la prueba, y va una vez más para reparación. Mejor se apuran los veteranos, tanto del gobierno como de la oposición, porque los años pasan, y estos nuevos liderazgos amenazan con llevarse a todos en los cachos. Y eso será, Dios mediante, por el bien de Venezuela.
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