Marcos Villasmil
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La protesta - 2007/06/07 12:16
La protesta es una característica muy venezolana. Tenemos muchos defectos, pero la tibieza de espíritu, o el conformismo ante la adversidad, no son parte de ellos.
Por primera vez en muchos años, los estudiantes venezolanos, protagonistas de los momentos de búsqueda democrática más importantes de nuestra historia, están en la calle. En sus manos aparece un arma nueva, los teléfonos móviles o celulares. Sus motivos son, sin embargo, los mismos de los jóvenes del 28, o del 58. La lucha por los valores democráticos. Son reprimidos por militares y policías, con saldo de muchos heridos y cientos de detenciones. Fuentes oficiales reconocieron que solo el martes 29 se produjeron 97 focos de protesta. La magnitud de las manifestaciones solo en la Gran Caracas la dio el gobierno ese día: 182 jóvenes detenidos. Y la protesta se repitió a lo largo y a lo ancho de toda Venezuela.
La importancia de las organizaciones internacionales, en especial la OEA, se ve clara cuando se piensa en un hecho esencial: la crítica exterior a Chávez, hasta ahora, siempre ha aludido a un hecho concreto aislado, a una ilegalidad cometida, a una violación jurídica o política. La tendencia ha sido a adjetivar sus actos como excesos, o prácticas autocráticas; es decir, acciones autoritarias, pero sin atreverse a decir que el régimen en su esencia lo sea. El pueblo venezolano no tiene la posibilidad por sí solo de activar la carta democrática de la OEA. ¿Será capaz esta organización de hacerlo, con Insulza en la Secretaría General? Sería un verdadero milagro, dado el pozo de intereses que mueven a la organización. Gracias a los Gaviria e Insulza de este mundo, toda protesta debe ser “presentable”. ¿Estamos los venezolanos condenados a convertirnos en parias del mundo democrático iberoamericano?
Mientras, el gobierno ha buscado por todos los medios criminalizar la protesta. Esta no es un derecho, sino una expresión más de la secular conjura del imperialismo contra Chávez. Aunque ridícula, esta argumentación, unida a la promesa de represión a quien cruce la línea de la violencia –que el propio gobierno impulsa y motiva- lo que intenta es “domesticar” las acciones de protesta, pensando que en pocos días todo volverá a la normalidad. ¿Será verdad? En realidad el gobierno ha abierto una caja de Pandora que le será muy difícil cerrar. Si esta ha sido la reacción estudiantil ante el cierre de RCTV, ¿qué sucederá próximamente, cuando el gobierno intente acabar con la educación privada, o con la autonomía universitaria? La marcha universitaria de ayer miércoles 6 fue una buena muestra. A pesar de los saboteos, de los intentos por impedir que llegaran jóvenes de fuera de la Gran Caracas, la marcha fue una grandiosa movilización de conciencias democráticas. Las franelas de la Universidad Central lo decían claramente: los universitarios por la paz y la libertad.
Cuando los estudiantes son los que toman la calle, la protesta cambia de matiz y de forma. Antes que nada, es una imagen clara de rebeldía: a los estudiantes nadie los obliga, los etiqueta, o los convoca. Cuando actúa la protesta juvenil, cuando se ponen en marcha jóvenes airados, esa masa tiene el potencial de convertirse en una marabunta sin control. Y eso lo sabe el gobierno.
La oposición partidista ha estado hasta cierto punto al margen de los acontecimientos; la verdad es que ello pareciera ser positivo; eso sí, no se le puede pedir al movimiento estudiantil que asuma las responsabilidades y el papel de los partidos. Lo cierto es que en un futuro cercano se necesita buscar fórmulas que permitan la unidad estratégica “partidos-sociedad civil- estudiantes” que le dé un sentido y una meta a la protesta que vayan más allá de reivindicaciones aisladas. Las acusaciones recíprocas de ser antidemocráticos, para el gobierno significan una forma de aglutinar a su núcleo duro; para la oposición, en cambio, ha sido sobre todo desde el Carmonato, un limitante para la acción. Chávez ha hecho uso sin ambages de sus dos instrumentos fundamentales: los petrodólares, que alquilan o compran conciencias, y las armas que intentan evitar cualquier sedición o protesta.
Algunas incógnitas: ¿qué piensan en verdad hoy los venezolanos a la vista de este nuevo escenario, y a sabiendas de cuales son las acciones futuras que el gobierno emprenderá para contaminarnos aún más con comunismo? ¿Y la llamada comunidad internacional hará algo sustantivo? ¿Los militares? ¿Cuándo cruzará Chávez la línea en que el art. 350 sea la única alternativa? Lo cierto es que -para algunos al menos- la cruzó hace rato.
Gracias al cierre de RCTV la libertad ha entrado en la agenda del venezolano, en especial de los más jóvenes, no como una mera abstracción, sino como una necesidad esencial en su vida.
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