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Fernando López Aguilar, candidato socialista a la presidencia de Islas Canarias en las pasadas elecciones del 27 de mayo fue el que mayor número de votos alcanzó, logrando para su partido 26 escaños. Aún así, le faltarían 5 para lograr la mayoría absoluta que está en 31. El partido Coalición Canaria obtuvo 19 y el Partido Popular 15 y un eventual pacto entre estas dos agrupaciones podría arrebatarle la posibilidad de gobernar a la lista más votada.
Miguel Sanz, candidato a la presidencia del gobierno de Navarra por el partido Unión por el Pueblo Navarro (UPN), marca electoral del PP en esa comunidad foral, enfrenta una situación similar a la de López Aguilar en Canarias. UPN ha obtenido 22 escaños y su principal aliando CDN ha llegado a 2. Las dos fuerzas suman 24 puestos en la Asamblea, dos menos de los necesarios para alcanzar la mayoría absoluta ubicada en 26. Mientras, la suma de los escaños de otras tres agrupaciones, entre ellas el PSOE, sí llegaría a la cifra.
Independientemente de lo que pueda suceder en los próximos días, o sea, de los pactos o decisiones que tomen las respectivas jefaturas partidistas, les propongo hacer este ejercicio político democrático:
-A, B y C son partidos políticos distintos, con programas de gobierno muy diferentes. - A fue el partido más votado pero en solitario no alcanza la mayoría absoluta. - B y C son partidos menos votados que A, pero que sumando sus escaños (B+C) sí alcanzarían la mayoría absoluta y por tanto la posibilidad de gobernar. - Un acuerdo entre A+B o bien A+C sería otra opción cualitativa a tener en cuenta. - También B y C podrían permitir que A gobernase en minoría.
¿Cuáles son los “pro y los contra” de cada fórmula? ¿cuál variante preferirías como ciudadano?
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Gerardo E. Martínez-Solanas
Admin
Posts: 323
Re:A+B= ¿? - 2007/06/07 11:38Yaxys está haciendo a los lectores un examen de teoría política y práctica electoral y parlamentaria. No obstante, como veo este FORO PARTICIPATIVO más como un medio de divulgación de las ideas democráticas a un vasto público que aspira primordialmente a calibrar realidades y debatir hechos, me voy a permitir irme un poco por la tangente de sus preguntas.
El sistema parlamentario europeo tiene el defecto de que impone una estricta disciplina de partido que exige lealtad a los diputados y representantes del pueblo en las votaciones parlamentarias. El resultado también es que los partidos representados en el Parlamento o Congreso toman posiciones monolíticas para formar gobierno. Esto desvirtúa un poco los principios democráticos más puros que exigirían una mayor flexibilidad en las posiciones en reconocimiento de las libertades fundamentales de pensamiento y expresión.
En otras palabras, en representación del pueblo los diputados debieran escoger al mejor para ocupar la posición de Primer Ministro o de Presidente del Parlamento. También en representación del pueblo, deben su primera lealtad (por encima de la que deben a su partido) a los ciudadanos que están representando y, por consiguiente, deberían acatar la obligación de responder a los intereses de ese electorado por encima de los intereses de su partido.
La realidad es que la respuesta a las preguntas de Yaxys dependerá de nuestras preferencias por los partidos A, B o C. Si he votado por A quedaría indignado ante la unión de B y C para excluir a A. Pero si he votado por C voy a aplaudir que C promueva sus intereses poniendo condiciones para brindar su apoyo a A o B. Si se une con B porque es mejor para C, quedaré satisfecho. Esto quiere decir que el sistema nunca dejará a todos satisfechos.
Así es la democracia. Es la unidad en la diversidad. Es el acatamiento de un orden dentro de un estado de derecho. Dentro de este estado de derecho es perfectamente legítimo que B y C gobiernen en coalición. Incluso con la total exclusión de A a la hora de estructurar un gabinete. Puede no ser aconsejable hacerlo así, pero es legítimo. Esta legitimidad se basa en que la mayoría de los electores votó “en contra” de A al optar por B o por C.
En una democracia más flexible donde B y C estuvieran dispuestos a formar gobierno, podrían pactar con un ala de A a cambio de cederles ciertos espacios en el gobierno. La otra ala de A se indignaría quizás, pero acataría la decisión democrática y no expulsaría a sus miembros. El país saldría así beneficiado.
En Estados Unidos se presentan a veces hasta más de una docena de partidos a las elecciones en distintos niveles, desde las nacionales hasta las municipales o distritales. Pero son dos grandes partidos los únicos que normalmente eligen candidatos al poder legislativo nacional. En estas últimas elecciones dos Senadores electos eran “independientes”, es decir, de otros partidos, lo cual ha sido una notable excepción. Estos dos han optado por volcarse del lado Demócrata. En la Cámara de Representantes es más frecuente la elección de “independientes”, pero nunca llegan a ser un factor.
No obstante, a la hora de tomar decisiones es frecuente ver a Demócratas votando por iniciativas Republicanas y viceversa. Esas “deserciones” causan inquietud, pero no llegan a más. Fue así como el Presidente Ronald Reagan pudo gobernar exitosamente pese a la persistente mayoría Demócrata en ambas cámaras. Logró siempre persuadir a un suficiente número de Demócratas a que lo apoyaran.
Para evitar estos intríngulis de la democracia, una de las propuestas que hago en “Gobierno del Pueblo: opción para un Nuevo Siglo” es un sistema de democracia participativa regido por un mecanismo bicameral, en el cual el Senado estaría constituido por representantes postulados por los partidos políticos y la Cámara de Representantes o de Diputados sería elegida en un proceso escalonado que partiera de Asambleas Locales expresamente convocadas para nominar candidatos a las Asambleas Municipales, Provinciales y ulteriormente a la Asamblea Nacional (o Cámara de Representante o de Diputados). Estos asambleístas, representantes o diputados así elegidos a los distintos niveles legislativos no responderían entonces a intereses partidistas o sectarios (aunque indirectamente pudieran estar afiliados a alguna agrupación política) sino a los de sus electores que los habían elegido directamente.
Como los partidos políticos tienen una mayor capacidad de organización para presentar programas, proyectos y políticas coherentes a corto, mediano y largo plazo, en este sistema el Senado sería la cámara proponente por excelencia y la Asamblea sería el órgano de toma de decisiones. Los mecanismos de relación entre ambas cámaras serían determinados libremente en cada país según las decisiones constituyentes que tomaran en su oportunidad.
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Yaxys Dallan
Admin
Posts: 180
Re:A+B= ¿? - 2007/06/07 13:19Creo que no es tan simple, pues puede ser que yo haya votado por B y aún así no quiera que éste gobierne con C. ¿Por qué? Porque de hacerlo, sería asumir que C tendría la llave del gobierno, y dicho grupo, de solo 5 o 6 escaños (con un proyecto de gobierno y político distinto), consciente de su relevancia para que B llegue al poder, podría chantajear o entorpecer con sus reivindicaciones al gobierno de su socio. En fin, sería un nido de grillos. Creo que de esto Prodi podría hablar mucho… Por ello, no se si apoyaría que el partido por el que he votado haga alianza con otros con visos de dar problemas… habría que ver. Claro, hay casos y casos.
En relación con la propuesta de nuestro director, como él mismo expresa en su último párrafo: “los partidos políticos tienen una mayor capacidad de organización para presentar programas, proyectos y políticas coherentes a corto, mediano y largo plazo”, a lo que yo agregaría su capacidad de movilización popular y económica,cosas que también cuentan. Ello me hace pensar que la propuesta de mecanismo para elegir los diputados a la “cámara de representantes” con el objetivo de garantizar la participación popular –alejada de intenciones meramente partidistas o sectarias- solamente se adecuaría a un país con una sociedad civil madura y activa, de lo contrario, los partidos con todas sus potencialidades se asegurarían de dominar esos canales también.
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Marcos Villasmil
User
Posts: 80
Re:A+B= ¿? - 2007/06/07 18:10La verdad es que la situación planteada por Yaxys muestra bien a las claras las tensiones que se pueden derivar de un modelo representativo en el cual la voluntad partidista -y los intereses- se sobreponen muchas veces a cualquier otra razón. Como bien dice Gerardo, eso pasa mucho en los modelos europeos. ( y en los latinoamericanos, añadiría yo.)
Ciertamente el tema me ha generado toda una serie de interrogantes, ha traído recuerdos a la memoria, y me ha hecho revisar viejos conceptos. Gracias por ello.
¿Cómo servir al interés general sin que se ceda a la política de bajo cabotaje de algunos partidos? ¿Cómo hacer acuerdos sin sacrificar principios o programas? Más allá de los modelos, la asunción de cualquiera de ellos debe tomar en cuenta estas posibilidades. Y es en la búsqueda de una respuesta adecuada, que prevea de antemano los peligros posibles, donde cada país debe encontrarse con la realidad incontrastable (y a veces incomparable) de su particular día a día político.
Otras preguntas esenciales en mi opinión son: ¿cuál es la relación elector-elegido, incluso antes de la elección? O sea, ¿cuál es la participación del electorado (así sea partidista) en la elección de sus candidatos? En el caso español, ha sido mucha la crítica que se basa en el hecho de que los partidos presentan listas cerradas, frente a otros modelos donde la base partidista selecciona su candidato. Los electores, así, son como actores invitados solo el día de la elección, y luego su escogencia puede ser "negociada" de acuerdo a las voluntades particulares de los jefes del partido.
Los modelos sajones parecieran equilibrar un poco más la lealtad con el partido y las obligaciones con los electores; es un tema discutido desde hace siglos, y que me hace recordar la carta de Edmund Burke a los electores de Bristol, donde condensa como nadie este último problema mencionado: "it ought to be the happiness and glory of a representative to live in the strictest union, the closest correspondence, and the most unreserved communication with his constituents. Their wishes ought to have great weight with him; their opinion, high respect; their business, unremitted attention. It is his duty to sacrifice his repose, his pleasures, his satisfactions, to theirs; and above all, ever, and in all cases, to prefer their interest to his own. But his unbiased opinion, his mature judgement, his enlightened conscience, he ought not to sacrifice to you, to any man, or to any set of men living. These he does not derive from your pleasure; no, nor from the law and the constitution. They are a trust from Providence, for the abuse of which he is deeply answerable. Your representative owes you, not his industry only, but his judgement; and he betrays, instead of serving you, if he sacrifices it to your opinion. ."
Y es que además de los intereses locales, existen también los intereses nacionales, que muchas veces deben privar a la hora de decidir sobre una ley o sobre una política gubernamental....( o, en el caso español de arriba, los pactos postelectorales locales) No obstante, para mí es evidente que el "first past the post" británico no refleja en el resultado final la voluntad real del electorado (pregúntenle sino al eterno sacrificado por el modelo británico, el partido Liberal-demócrata).
Sobre modelos de participación y de selección desde la base, los partidos políticos venezolanos hicieron algunos experimentos, la mayoría fallidos, porque se olvidó un dato esencial: no existe participación real sino se combina el aumento en la toma de decisiones con el acceso más o menos igual a la información, y la educación del elector, así como en el encontrar adecuados balances en el poder interno. Aquí estoy de acuerdo con Yaxys, que hay modelos que requieren una fuerza y experiencia institucional, y una sociedad civil madura. En el caso venezolano, lo que se logró fue generar una ley de la selva partidista; el olvido del proyecto partidista por la aparición de proyectos personalistas (si los gobernadores son electos y reelectos en elecciones directas, tarde o temprano caen en la tentación de pensar que su fuerza es propia, y no del partido). Las bases, a su vez, se "caciquearon" , ya que al "bajar hacia ellas" las decisiones, el lider local se sobreponía al liderazgo nacional. Lo que se generó fue una tiranía local y un abandono de toda lealtad de carácter general. A fines de la década de los noventa, las directivas partidistas se habían convertido en una suma de proyectos individuales.
En fin, la verdad es que me desvié de la pregunta de Yaxys, pero creo que la respuesta está en que todo sistema debe prever "checks and balances", debe poder acomodar el interés local con el nacional, y debe entender que el hombre político es por naturaleza ambicioso...
Y como dice Burke, si bien el elegido debe tomar en cuenta la voluntad y deseos de sus electores, no puede convertirse en un mero "robot" sin capacidad de discernimiento propio sobre lo más conveniente para la comunidad, y sacrificar así su "buen juicio".
Saludos,
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