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Flagelando a la democracia - 2007/05/16 03:00Flagelando a la democracia
“Quien asuma un liderazgo en la sociedad, debe buscar prever las consecuencias sociales, directas e indirectas, a corto y a largo plazo, de las propias decisiones, actuando según criterios de maximización del bien común, en vez de buscar ganancias personales”(S.S. Benedicto XVI, Brasil, mayo de 2007)
Madrid.- Durante casi todo el siglo XX el gran peligro para la democracia fueron los militares. Tal y como ha expresado el ex-vicepresidente panameño, Dr. Ricardo Arias Calderón: “La seguridad nacional, en relación con la Guerra Fría, servía de pretexto para que las fuerzas armadas crecieran en número, en sofisticación y costo de su armamento y en lo abarcador de su poderío. Solían tomar la iniciativa de usurpar el poder público para su propio beneficio.” Pero desaparecido el campo socialista (1989) y por ende finalizada la Guerra Fría, la amenaza de los militares y sus golpes de estado fueron desapareciendo del plano político del subcontinente. Sólo algún caso excepcional y muy esporádico se dio en los años noventa.
En la actualidad, uno de los fenómenos que más ha afectado a la democracia, y específicamente a la gobernabilidad, ha sido, la corrupción. Siendo motivo de destitución y derrocamiento de presidentes, de disturbios en municipios, de asesinatos de alcaldes y funcionarios públicos; todavía en mi memoria el linchamiento del alcalde de Ilave en Perú. La corrupción y sus nefastas consecuencias se han extendido como una práctica común y a veces hasta normal en América Latina. Pocas instituciones se escapan de este flagelo. El control del gobierno se ha convertido un objetivo deseado ya no sólo por los que legítima y horradamente quieren entregarse al servicio a la sociedad, sino también por los que le ven como tesoro o finca particular y que buscan malversar su dinero o explotar los privilegios de contratación e información que trae consigo el hecho de ejercer un alto o mediano cargo público.
Transparencia Internacional, importante organización que lucha contra la corrupción, expresó en su informe de 2006 que, según los ciudadanos, los partidos políticos y la policía son las instituciones más corruptas en América Latina. Siguiéndoles los pasos a los anteriores, están los órganos legislativos y judiciales, configurando así la percepción de que los entes más corruptos son los que tienen que ver directamente con el Estado. Al final de la lista aparecen como instituciones menos corruptas, las religiosas.
Tampoco se escapa de la corrupción sector tan sensible a la gente como el de la salud. Por sólo poner un ejemplo, según ha precisado la antes mencionada organización internacional en un informe de 2006, en Costa Rica, casi el 20% de un préstamo de US $40 millones para asistencia sanitaria asignada a la compra de equipos médicos se desvió a bolsillos privados. Cosas parecidas han sucedido en otros países.
Carlos Andrés Pérez, de Venezuela; Fernando Collor de Mello, de Brasil; Jorge Antonio Serrano Elías, de Guatemala; Abdalá Bucaram Ortiz, de Ecuador, Alberto Fujimori, de Perú; Fernando de la Rúa Bruno, de Argentina; Arnoldo Alemán, de Nicaragua; Jean Bertrand Aristide, de Haití; Miguel Ángel Rodríguez, de Costa Rica; y Rafael Ángel Calderón Fournier, también de Costa Rica, son algunos de los ex -presidentes latinoamericanos que han tenido que abandonar el poder o someterse a procesos judiciales posteriores a su mandato, por estar envueltos en escándalos de corrupción como robo, tráfico de influencias, nepotismo, cobro de comisiones ilegales, etc. Y me pregunto, qué sería de estas páginas si también hiciéramos una lista con los nombres de los ministros, senadores, congresistas y dirigentes partidistas involucrados en casos de corrupción: sería algo interminable.
La corrupción es una de las causas del desencanto con el que los ciudadanos miran a la democracia, y más cuando el delito está acompañado de la impunidad. Paradójicamente, hoy vemos cómo existen sociedades que ya aceptan la corrupción como algo consustancial a la cotidianidad, observamos cómo en Brasil fue reelegido un señor cuyo gobierno no ha dejado de ser epicentro de grandes escándalos de corrupción salpicando a cercanos colaboradores suyos. Que se haya llegado a este nivel de aceptación de un mal, ya sea por resignación u otro motivo –plato de comida, ausencia de otra opción política, etc.-, es algo muy lamentable.
La corrupción y la lucha contra ésta, ha sido una de las armas electorales de los líderes neopopulistas usada en contra de los partidos históricos. Pero una vez llegan al poder, sus prácticas siguen siendo las mismas o peores. El estado de vulnerabilidad en el que la corrupción de unos y de otros deja al sistema democrático, no puede ser motivo de rechazo a la democracia y mucho menos puede justificar regímenes casi-dictatoriales bajo este pretexto. Hoy sabemos que a la larga la historia nos demuestra que estos también han resultado ser altamente corruptos, el ejemplo de Pinochet es uno, pero no creamos que es el único.
¿Qué hacer?
La transparencia en el ejercicio de las funciones públicas debe ser uno de los requisitos más importantes a la hora de firmar tratados comerciales, otorgar ayudas de cooperación, y hasta conceder visas a funcionarios estatales que deseen visitar países que estén en condiciones de hacerlo. También, como ha señalado el Santo Padre Benedicto XVI en su reciente visita a Brasil, es necesario “formar en las clases políticas y empresariales un auténtico espíritu de veracidad y de honestidad”, reafirmando así la importancia de una educación ética y cívica que forme hombres y mujeres de bien.
Son muchas las cosas que se pueden hacer, pero nada podrá sustituir a la fuerza de voluntad de los propios gobernantes y ciudadanos ni al funcionamiento implacable del sistema judicial. ciresdib@yahoo.es
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Marcos Villasmil
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Posts: 80
Re:Flagelando a la democracia - 2007/05/16 14:16Creo que a todo lo que acertadamente señala Yaxys, hay que agregar un hecho que destaca en nuestra historia latinoamericana: la falta de controles del poder y del poderoso (que en nuestros países a veces arranca con el portero, o la secretaria de la oficina pública donde necesitamos ser atendidos).Si hay algo que nos unifica a todos es la carencia real, de verdad verdad, de separación de poderes.
En nuestros países hay un cráter inmenso entre la ley escrita y la vida real. Y por encima de los derechos de los ciudadanos, ha prevalecido la noción de servidumbre hacia el Estado y su aparato burocrático. Y en esa servidumbre se incluyen frecuentemente el poder judicial y el parlamento.
En aquellos países en donde el sistema judicial es menos corrupto -y probablemente por ello menos dependiente de los "políticos"- como quizá Costa Rica, es porque las instituciones han sido más o menos sólidas, y más desperzonalizadas, y la hoy llamada sociedad civil ha existido y se ha desarrollado sin cortapisas.
El sistema de contrapesos del poder -el llamado check and balance- ha funcionado de alguna manera en los Estados Unidos, país al respecto del cual, no por casualidad, Edmund Burke afirmó:"La revolución americana no es una revolución realizada, sino prevenida." No perdieron los Founding Fathers el Norte de la defensa de la libertad y el rechazo a toda forma de tiranía, revolucionaria o no.
En materia de reformas y revoluciones, en América Latina en cambio, la justicia siempre ha sido la cenicienta.
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daniel bouzas
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Posts: 37
Re:Flagelando a la democracia - 2007/05/19 21:19Compartiendo con Yaxys, la corrupción es un flagelo, pero no solo para la democracia sino para la sociedad y me animo a decir que también para la humanidad.
La corrupción no es propiedad de ningún regimen político y salpica a todos. Pero existen diferencias muy notables.
En los regimenes dictatoriales, donde la corrupción existe y mucho, generalmente nunca se juzga a nadie. Todos tienen la impunidad para ser corruptos.
En los regímenes democráticos los corruptos mas tarde o mas temprano son detenidos y encarcelados. La justicia actúa aunque algunas veces mas tarde de lo que deseariamos, pero con todas las garantías legales de que el país disponga.
Yaxys, no es buena cosa generalizar. Que los políticos están asociados a la corrupción es una generalización que además de falsa, le hace mucho mal a la democracia. Decir medias verdades es también una forma de mentir. Hay políticos corruptos como también hay obispos pederastras y corrompen niños. Esto no es lo mismo que decir que los obispos son pederastras. Las generalizaciones siempre son injustas.
La condición humana es algo con lo que tenemos que lidiar durante toda nuestra vida, lo sepamos o no.
En todos los países de iberoamérica la corrupción es detestada, pero no ocupa el lugar de la principal preocupación de los ciudadanos.Tenemos otras prioridades como ser la desocupación, el escaso salario, la seguridad ciudadana, los derechos humanos, la slud pública, etc, etc. Me animo a decir que la corrupción está bastante atrás.
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Yaxys Dallan
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Posts: 180
Re:Flagelando a la democracia - 2007/05/20 05:37Como tu mismo expresas “decir medias verdades es una forma de mentir”, por ello debo recordarte que en este artículo no he expresado en ningún momento esta aseveración de que “los políticos están asociados a la corrupción”. Ello sería, como bien indicas, hacer una generalización y por ende pecar de injusticia. Otra cosa es señalar que según Transparencia Internacional o mejor dicho, según los ciudadanos consultados por dicha organización los entes que tienen que ver directamente con la política y con la administración del estado son percibidos como los más corruptos. Es a esto a lo que me he referido y en términos idénticos.
Desde luego, hay políticos muy honestos y honrados; es más, he conocido o trabajado con políticos, como Dr. Arias Calderón, a los cuales puedo agradecer su entrega y servicio a la sociedad, así como de su honradez.
También se que hay ambientes, con altos índices de corrupción como puede ser el empresarial o el de la prensa. Además, reconozco que en otros, como el religioso, también puedan existir ovejas negras. Sin embargo, el ambiente de los políticos es el que más golpea a la democracia – por su relación directa con ella. ¿Acaso no son los que llegan al poder diciendo que van a servir a la sociedad? ¿No son los que reciben un voto de confianza o un mandato de la gente para que piensen en el bien común? El nivel de responsabilidad social de un político es mayor que el de otros actores sociales. A quien más poder se le de, más se le exigirá. O no?
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Gerardo E. Martínez-Solanas
Admin
Posts: 323
Re:Flagelando a la democracia - 2007/06/05 09:28El problema de los políticos honrados es que carecen del “carisma” del demagogo, sobre todo del populista, que logra fácilmente el aplauso de las masas en la plaza pública con arengas que despiertan la pasión popular y con promesas que anticipan soluciones fáciles a las cuestiones más acuciantes. El político honrado, por ejemplo, tiene que proponer un aumento en los impuestos para pagar por más hospitales, más escuelas, más servicios públicos que exige la ciudadanía sin tener en cuenta sus costos. Tiene que admitir que durante su período de 4, 5 ó 6 años no pueden alcanzarse algunas de esas metas, porque falta presupuesto y porque toma tiempo la creación de infraestructuras indispensables. Después de semejante discurso, es muy probable que pierda por amplio margen frente al demagogo populista.
Por otra parte, los peores demagogos populistas, que son además enemigos de la democracia en la promoción de una carrera vitalicia de gobierno autoritario, fomentan en la opinión pública la idea de que los “políticos son corruptos”. Ellos no son políticos, por supuesto, sino “padres de la patria”, “líderes”, “ideólogos” o cualquier otra proyección mesiánica de “salvadores del pueblo”. Propagan además la idea de que la “política es una cosa sucia” en la que sólo intervienen los corruptos y en la que no deben ensuciarse los ciudadanos decorosos. Ellos, por supuesto, se proclaman paradigmas del decoro. Un decoro que pierden tan pronto detentan el poder con la despreciable soberbia de saber que pueden “mandar pa’l carajo” con el mayor desparpajo -como acostumbra hacer Chávez con el mayor alarde- a quienes osen criticarlos o tengan la audacia de pensar distinto.
El fenómeno de los argentinos manifestándose bajo el lema de “que se vayan los políticos” no hace mucho tiempo, mientras que han seguido votando a favor de candidatos peronistas o radicales pese a la cadena de errores, desfachateces y abusos que ambos han cometido durante años de corrupción, no ha llegado aún en ese país a sus últimas consecuencias. Lo que está sucediendo en Venezuela y Bolivia demuestra cuáles son las consecuencias de lograr “que se vayan los políticos”. La clase política destruida da paso a la dictadura y la tiranía.
Más valdría que se aplicaran los pueblos a organizar su sociedad civil para ganar espacios de influencia que les permitan actuar con firmeza contra los profesionales corruptos de la política y a favor de los políticos honrados que aspiran a mejorar las condiciones de sus respectivos países. Una sociedad civil fuerte apoya la ley y el orden en un estado de derecho donde se castigue a los corruptos y donde el pueblo alcance por su propio esfuerzo un espacio participativo en las decisiones que tomen sus dirigentes y gobernantes.
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