Yaxys Dallan
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No siempre el negocio sale redondo - 2007/05/10 11:25
No siempre el negocio sale redondo Yaxys D. Cires Dib
Los tiranos genocidas siempre han tenido sus aliados, por ejemplo, el de Sudán tiene a los chinos. Pero no creamos que los amigotes de los dictadores son solamente otros gobiernos, pues también hay empresarios inescrupulosos y llenos de avaricia que con sus negocios –claros y oscuros- están colaborando con esos regímenes opresores y violadores de los derechos humanos, o lo que es todavía más grave, que intervienen directamente en la elaboración, suministro o tráfico de las armas utilizadas contra las poblaciones.
En estos días un tribunal de La Haya aumentó la condena a un empresario holandés por suministrar a Sadam Hussein material químico. La sustancia que le vendía, conocida como thiodiglycol (TDG), era empleada en la elaboración de bombas de gas nocivo utilizadas por el dictador iraquí en sus sistemáticos ataques a la población Kurda entre 1985 y 1989. El empresario, de nombre Frans van Anraat fue condenado por crímenes de guerra al ser probada su complicidad con los actos crueles que el expresidente cometía. Su codicia y no alguna simpatía por el régimen, como el propio acusado expresa, fue la que le motivó a realizar esos negocios a sabiendas del empleo que se le daba a las sustancias.
No creo que los diecisiete años de prisión a los que ha sido condenado el empresario sea algo significativo si tenemos en cuenta la magnitud del crimen del que fue cómplice, pero la condena sí lo es al ser una victoria para la justicia y un recordatorio para los negociantes inescrupulosos de que no siempre existe impunidad. Al hacerse firme esta sentencia penal quedarían las puertas abiertas para futuras reclamaciones civiles contra este señor, concretamente, daría la posibilidad de pedir indemnizaciones para las víctimas y sus familiares.
Con mayor o menor grado de crueldad en muchos países hay grandes empresas vinculadas a regímenes que no respetan la dignidad humana -ni los más elementales derechos laborales-. Casos como el juicio a este holandés son muy importantes, porque muchos empresarios escondidos detrás de esa gran verdad “de que ellos no son Hermanitas de la Caridad”, creen que pueden hacer cualquier cosa aún poniendo en juego la vida e integridad de las personas, directa o indirectamente. Creo que los ciudadanos y defensores de los derechos humanos debemos pasar factura a estos inescrupulosos, y no sólo en los tribunales, sino en la cotidianidad haciendo boicot a sus servicios o productos. Muchos ciudadanos justos y de buena voluntad participan en fondos de pensiones o son accionistas en empresas que son amigas de dictadores, pues ellos pueden pedir y reunir apoyos para forzar que esas situaciones terminen. No basta con realizar discursos sobre responsabilidad empresarial para que los cínicos tomen conciencia. Hay que tomar acciones concretas y darles donde más les duela.
Quién le iba a decir a Frans van Anraat en aquellos económicamente esplendorosos años que tendría que enfrentar a la justicia y reconocer su miserable actuación dos décadas más tarde.
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