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FORO PARTICIPATIVO / PARTICIPATIVE FORUM
 
Gerardo E. Martínez-Solanas
Admin
Posts: 323
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El Terrorismo y sus raíces en el Hemisferio Occidental - 2007/05/01 10:06 Las costosas aventuras militares de los hermanos Castro y sus testaferros en Angola, el Ogadén, Eritrea y las Alturas de Golán son bien conocidas. El régimen comunista cubano era el apoderado militar de los intereses geopolíticos del imperio soviético, donde los jerarcas de Moscú no creyeran oportuno intervenir directamente. Los multibillonarios subsidios soviéticos se destinaron a ese derroche de equipamiento militar que convirtió a las fuerzas cubanas en una de las mejor apertrechadas del mundo. Muy poco se tradujo en beneficio de su pueblo.

Aventuras de menor cuantía, pero de mucha importancia, en Viet Nam, Afganistán, Chad, Congo y otras partes son menos conocidas. Tampoco se habla del apoyo a movimientos guerrilleros en América Latina y la gradual penetración de otras naciones caribeñas, como Granada y Panamá (donde fracasaron por la reacción militar norteamericana), así como también de Jamaica, Bahamas, Haití y otras, donde las ambiciones del castrismo encuentran claras simpatías. Mucha de esta penetración ideológica y política es secuela de movimientos guerrilleros que fracasaron en sus intentos de guerra abierta, pero se ha perfilado en manifestaciones, protestas o incluso triunfos electorales en diversos países con desbordamiento del color rojo, de retratos anacrónicos del Ché Guevara, de consignas inventadas por el régimen castrista y de la elogiosa, obsecuente e incomprensible admiración por el “modelo cubano”.

El Informe Anual que acaba de publicar el 30 de abril el Departamento de Estado de los Estados Unidos destaca cómo en Cuba se ha dado santuario y adiestramiento a activistas de la ETA, de las FARC, del ELN y otros grupos menores. No es nada nuevo ni tampoco algo que resultase hasta ahora desconocido para la mayoría de los servicios de inteligencia en el mundo, pero curiosamente son hechos de los que se habla muy poco. Por el contrario, hemos visto repetidamente la lastimosa posición asumida por algunos presidentes latinoamericanos de depositar en la “mediación” de La Habana la solución de sus problemas guerrilleros. De hecho, la influencia de los hermanos Castro en el acontecer violento de sus hermanos iberoamericanos, queda de manifiesto en unas declaraciones públicas del Presidente Evo Morales el 29 de abril: “Estoy seguro que el 1º de mayo el compañero Fidel se va a integrar a seguir gobernando Cuba y Latinoamérica”. Ese lapso mental extraordinario sólo demuestra que en la mente del mandatario boliviano el que manda en el ámbito continental es Fidel.

Menos divulgados son los contactos articulados por los hermanos Castro, ahora con el contubernio venezolano, con Corea del Norte, Irán y los elementos más extremistas de los países árabes y del Magreb, orientados a la destrucción de las democracias, con ramificaciones en Yemen, Siria, Palestina, Egipto, Libia y el movimiento independentista del Sáhara Occidental. Cuba ha fomentado activamente esos focos de inestabilidad, proveyendo adiestramiento, armamentos, comunicaciones consulares y muchos tipos de asesoría y respaldo a quienes juran destruir a sus “enemigos de Occidente”.

El hecho de que esos intereses extremistas se extiendan como una red terrorista por todos esos países –respondan o no a la filiación de al-Qaeda, Hezbollah o Hamas– es articulado por un propósito común: imponer al mundo su visión política y/o religiosa. El Sáhara Occidental es uno de sus más oscuros escenarios.

Allí son conocidos como Frente POLISARIO, creado con el apoyo de Argelia, Libia y Cuba como un movimiento de liberación nacional opuesto al dominio colonial español en el noroeste de Africa. Efectivamente, Cuba prestó desde entonces campamentos en su territorio y apoyo logístico. Este apoyo (al que pronto se sumaron otros mecenas árabes) no cesó con la entrega del territorio a Marruecos (1975), a raíz de la “marcha verde” organizada por Hassan II.

El adiestramiento político, administrativo, profesional y militar de hasta 2,000 saharauis continuó en Cuba hasta que tuvieron que firmar un tratado de paz con Marruecos (1991) porque estaban perdiendo la guerra acorralados en una estrecha franja del desierto. Además, en “Cuba and the POLISARIO Front”, R. M. Holley revela con fuentes fidedignas que actualmente reciben “educación” en Cuba más de 5,000 jóvenes saharauis. El propio gobierno cubano ha reconocido que mantiene a más de 800 en la Isla de la Juventud. Holley también documenta la brigada cubana desplegada en el Sahara Occidental, que incluye operativos de inteligencia, asesores y médicos con acceso libre a través de la frontera argelina.

Aparte de las conocidas declaraciones de altos dignatarios iraníes en Venezuela, de la visita de Castro al Irán pocos meses antes del 9/11 y de Chávez posteriormente, de los intercambios de Raúl Castro y altos mandos militares coreanos en visitas recíprocas a Cuba, Norcorea y China, y de la conexión yemenita/pakistaní en el trasiego de proyectiles a cambio de tecnología nuclear entre Irán y Norcorea, ha pasado inadvertida la declaración del Embajador POLISARIO en La Habana (marzo, 2006) amenazando con duros castigos a Marruecos y a sus amigos de Occidente.

Ahora resulta que el Cuban Transition Project, de la Universidad de Miami, denuncia que al-Qaeda es ya un factor visible y activo en este teatro del mundo y lo relaciona con complots terroristas en Túnez y otras partes del Magreb. Asimismo, destacan la actividad que estos elementos desarrollan para activar frentes extremistas en otras partes de Africa.

La comunidad internacional libre y democrática no está apreciando debidamente la estrategia de penetración y desintegración que persiguen estos intereses extremistas, aupados en el hemisferio occidental por La Habana y, más recientemente, también por Caracas. Que no basta la retirada del Iraq o el apaciguamiento del Irán y de Norcorea para que haya paz, porque la opción que nos dan estos extremistas es la guerra o el sometimiento.

Es urgente que los pueblos y gobiernos amenazados reevalúen esta situación para formular políticas coherentes y firmes que pongan fin a esas amenazas.
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