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FORO PARTICIPATIVO / PARTICIPATIVE FORUM
 
José Prats Sariol
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Posts: 10
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Siéntense a conversar - 2007/04/12 11:47 Seis de cada diez cubanos residentes en los Estados Unidos, apoya la normalización de relaciones ahora mismo. Un sondeo realizado por la Universidad Internacional de la Florida (FIU en inglés) muestra un 57,4%. El % seguramente es mucho mayor entre norteamericanos “puros”.

Si la encuesta se hiciera dentro de la Isla, tal vez el índice llegaría a ocho adultos. El otro aguarda visa inminente, tiembla ante la rotura del viaje. La mitad del décimo tiene deudas éticas, complicidades ideológicas, privilegios de tuerto entre ciegos..., y no sabe bien. La otra mitad bracea por la nada.

El cable cuenta que “la ex jefa de la Sección de Intereses de Estados Unidos en La Habana, Vicky Huddleston, consideró que el gobierno de su país debe pasar de una 'estrategia de aislamiento' con Cuba a una 'de comunicación y de diálogo'". Junto a la inolvidable diplomática —nada blandita, por cierto— estamos la abrumadora mayoría de cubanos, junto a la inmensa minoría de extranjeros interesados en nuestro destino como nación y país.

Parece haber consenso en no esperar ninguna muerte o signo de “transición”. A la pregunta de por qué el presidente Bush no cambia de política hacia la Isla, Huddleston dijo deberse a que los cubanoamericanos que votan “están en contra” de que se levante el embargo y la administración tiene “miedo a perder votos". La reciente encuesta de FIU pone en crisis —junto a otras evidencias floridanas— el anquilosado argumento.

La masa del pastel confrontativo casi cumple medio siglo. El relleno es de fracasos y desastres. Para colmo, ahora el pastel puede aderezarse con un próspero comercio, a crecer y pagar con turismo y petróleo del Estrecho, níquel y hasta etanol azucarero... ¿A qué huele el aderezo?

Los comensales de ambas orillas estamos extenuados y muy —pero que muy— hambrientos. No importa que los primeros bocados sean amargos, sepan a concesiones biliosas. Ya sabrán mejor. Por ahora, por tantas décadas, sólo hemos comido tiburones ciguatos... ¿No habrá llegado el momento de cambiar la receta, el cocinero, el horno y hasta el plato?

Sueño —pensamiento desiderativo— con un gesto audaz. Tal vez los republicanos necesiten, precisamente ahora, un hecho político que revierta el declinar de su popularidad, de frente a las venideras elecciones presidenciales. Tal vez Cuba pudiera ser quien ase el pavo, quien tape los salideros iraquíes y borre otras meteduras de las delicadas patas. Sueño despierto —claro—, aunque entre pesadillas inmovilistas que temen a éxodos masivos y a echarse el muerto —un país en ruinas— al hombro.

Pero no parece tan descabellada la sugerencia... Paralizaría al Chávez populista, al clon de Castro y sus clonitos suramericanos. Recordaría la salida de Vietnam, la apertura a China, la negociación con Gorbachov, la neutralización de Muammar al-Gaddafi... ¿No sería otra la era que se inauguraría en las relaciones con América Latina? ¿No recibiría el apoyo inmediato de Lula y Calderón, entre otros presidentes y gobiernos del hemisferio? ¿Acaso Europa no aplaudiría ese gesto de inteligencia, de porosidad, de sana actitud realista que enseguida sería respaldada por las Naciones Unidas?

Le toca al grande —como en las peleas de barrio— ofrecerle a los ávidos y pronto huérfanos davidcitos una inesperada invitación a sentarse a la mesa sin condiciones. Una invitación pensada para que no pueda rehusarse. Tan apetitosa como inocultable o intergiversable. Y nada de bocado envenenado: sinceramente convocada para sanar.

Una acción perspicaz desarmaría las escasas bravuconadas que aún repiquetean por la que fuera Plaza de la Revolución. Al apagar al grupúsculo que aún repite el eco de Fidel Castro, ofrecería una salida honorable a los sustitutos. Alentaría a la disidencia interna con una cercana fórmula para acabar con sus martirios. Y sobre todo pondría el piso del pasillo hacia un arreglo pragmático, el que calladamente anhelan los miembros más cuerdos y previsores de la cúpula gobernante, incluyendo la oficialidad de las Fuerzas Armadas y el Ministerio del Interior.

Empujemos hacia la conversación bajo la certeza de que será, tarde o temprano, inevitable. La valentía política —intrepidez, audacia— ha sido muy útil a Estados Unidos en su historia... Cuba podría continuar esa intermitente tradición, dignificarla cuanto antes.
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