Ernesto Ortiz Hdez.
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Praga ocupa el puesto de España - 2006/04/15 05:23
Praga ocupa el puesto de España
El diario online Libertad Digital, uno de los mejores de su tipo en el mundo y que suelo leer con cierta regularidad, publica hoy un editorial muy elocuente: “ Praga ocupa nuestro puesto contra Castro”. Comienza diciendo que los cubanos, en esta hora aciaga que dura ya medio siglo, querrían dirigir su mirada a la Madre Patria –y lo dice con esas palabras, un poco para representar la maternal acogida deseada. Muy bien escogido el tiempo verbal, primero porque los cubanos miran hacia todas partes, y se acogen a la primera oportunidad que aparezca; y segundo porque esa oportunidad siempre ha sido, con más o menos acierto pero con voluntad indudable, presentada continuamente por los Estados Unidos. Así que sin ánimos de escandalizar, creo que una cantidad no despreciable de cubanos ha colocado como presunta Madre (o Buena Madrastra) Patria a esa nación que alguna vez fue patria hermana y con la que también tenemos (y han pervivido) numerosos lazos culturales: los Estados Unidos de América. La natural y vergonzosa reacción del actual embajador español en la isla, que creyéndose la enésima versión de que “el Comandante” agonizaba (y sí, alguna vez será la última), expresó la urgencia de “poner en práctica una política antiamericana, alimentando incluso a las fuerzas antiimperialistas del interior de la Isla para, llegado el momento, hacer más difícil la penetración estadounidense”, muestra hasta qué punto hay conciencia de estos lazos y de su futuro fortalecimiento.
Pero regresemos a la Madre Patria tradicional... La opinión de España se escucha mucho en los foros internacionales a la hora de tomar una decisión concertada en relación con el régimen cubano. Se supone que nadie nos conoce como los españoles, en razón de la historia colonial, las relaciones familiares o el idioma. Sin embargo, desde hace tiempo (asunto que dejo claro cada vez que puedo) España está muy lejos de atender o comprender la situación cubana. Habría que escuchar en primer lugar a las naciones que han pasado una experiencia reciente similar a la nuestra, por mucho que las circunstancias concretas puedan variar. Me refiero, obviamente, a los países de la Europa del Este, que también han sufrido el totalitarismo comunista y que están democratizando y desarrollando sus sociedades.
Porque la dictadura de Franco, con ser terrible como toda opresión del espíritu, con ser una experiencia que podría sensibilizar con la situación cubana al menos a los españoles que más la sufrieron, es, paradójicamente, motivo para que muchos miren a otro lado en una nación que hoy más que nunca parece revivir las divisiones que condujeron a una dictadura de alguna manera inevitable. Se pueden considerar las comparativas “ventajas” circunstanciales del franquismo (recuerdo que en un discreto encuentro en un bar frente a la sede del PSOE, hace ya un par de años, un miembro de este Partido abrió la reunión expresando que prefería –como un mal menor- a las dictaduras de derecha) y esto dejaría en claro algunas diferencias de orden práctico respecto a una dictadura comunista. Lo que es lamentable en tal sentido es que para muchos españoles Fidel Castro será todo lo dictador que que se quiera, pero es our son of the bitch. Y vean sino las actitudes del Presidente Zapatero, las palabrerías de ese ser gris que es Llamazares y algunos congresistas más, o la defensa del paraíso socialista caribeño que los europarlamentarios socialistas españoles hacen; y eso que –si no soy demasiado optimista- me parece que la intelectualidad europea de izquierdas muestra algún pudor en expresar los júbilos que en otra época eran salmódicos. No, España está demasiado dividida en este asunto, y si en virtud de lo antes considerado hay un sector –comúnmente de derechas- que se expresa categóricamente contra la dictadura cubana, muchas veces parece una reacción política o partidista (por tanto voluble) a la actitud contraria.
Desde hace varios años ya, países como Polonia o República Checa se han convertido, por sus actos, en el mejor representante moral en Europa de la defensa de la libertad y los derechos humanos en Cuba. No sólo por su conocimiento de los métodos de un régimen totalitario comunista (lo que les hace prever una estrategia mejor para combatirlo) sino por su dedicación a un hermano en el sufrimiento, en los cónclaves internacionales y también dentro de Cuba, en la zona de fuego. Por eso el último incidente con el gobierno cubano (otra expulsión de un diplomático checo), coloca nuevamente el tema de la responsabilidad de esa Europa que se ve a sí misma como adalid de los derechos humanos, y que de ello se regodea frente a los Estados Unidos cada vez que la oportunidad se presenta. Y particularmente de la posición española, que hace concluir al editorialista de Libertad Digital: “Dentro de unos años, que deseamos sean los menos posibles, los cubanos, libres al fin, mirarán a la Madre Patria y le preguntarán qué hizo por ellos cuando la necesitaron. Y nuestra única contestación será bajar la cabeza, avergonzados por un gobierno al que le interesa más los negocios españoles en la isla que las vidas de los millones de esclavos que allí malviven.”
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