Gerardo E. Martínez-Solanas
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Los cuatro jinetes del Apocalipsis moderno - 2007/01/06 14:31
El tráfico de drogas, las migraciones descontroladas, la contaminación del medio ambiente y la esclavitud son cuatro jinetes del Apocalipsis moderno que debilitan nuestra sociedad y amenazan con poner fin a la civilización que hemos edificado con tan duro esfuerzo. El grado de desintegración que fomentan tiene un común denominador: la corrupción.
Sus efectos malvados y destructores se complementan. Los mismos intereses industriales y agrícolas que contaminan nuestros mares, nuestros ríos y nuestra atmósfera contribuyen a las migraciones ilegales que, por su propia naturaleza, facilitan condiciones de esclavitud, abusos y violaciones de los derechos humanos por parte de esos empresarios. Mediante esas migraciones descontroladas promueven indirectamente la prostitución –otra forma de esclavitud moderna–, el tráfico de drogas y la penetración terrorista, al tiempo que se esfuerzan por desviar nuestra atención de los efectos nocivos y, en algunos casos, ya irreversibles de la contaminación y degradación ambiental.
Esto se realiza mediante la corrupción paulatina de los medios de control y de las autoridades encargadas de aplicarlos. Quienes se enriquecen con esto, manejan múltiples miles de millones de dólares y cuentan con fondos de sobra para comprar jueces, congresistas, parlamentarios, periodistas, escritores, investigadores, policías y hasta académicos y científicos. Han llegado a tomar el control de un país, como sucedió con Noriega en Panamá, y están cerca de lograrlo en otras partes, como es el caso de Bolivia, donde el Presidente electo favorece abiertamente la producción y tráfico de coca. Además del tráfico de drogas, el tráfico migratorio de la prostitución se calcula que ha reportado al crimen organizado un ingreso de US$16.000 millones en 2005 sólo en América Latina, según datos de la Organización Internacional para las Migraciones.
Ocasionalmente nos cuenta la prensa de algún juez sudamericano o centroamericano vendido a las guerrillas o al narcotráfico, o de algún agente aduanero en la frontera sur de los Estados Unidos o algún oficial de inmigración mexicano o estadounidense acusado de fraude o lavado de dinero, o también de casos heroicos de periodistas, jueces, policías, investigadores o simples civiles asesinados por saber demasiado y querer hacer algo.
A niveles menos tenebrosos, pero más dañinos, ciertas grandes empresas legítimas apoyan campañas en defensa de las migraciones ilegales u otras destinadas a confundir a la opinión pública sobre las realidades de la prostitución o los peligros espantosos de la destrucción ambiental. Por ejemplo, recientemente se descubrió que la Exxon Mobil Corp. gastó casi US$16 millones en supuestas “investigaciones” destinadas a confundirnos con estudios aparentemente legítimos que “demostraran” la falacia de la contribución humana al calentamiento global. Además, se gastan miles de millones de dólares en campañas engañosas destinadas a reforzar la ilegalidad de las drogas y estupefacientes y en la “guerra” que se libra contra este tráfico con derroche de dinero e ineficacia. Mientras más drogas sean ilegales, mayores son las ganancias de los traficantes. Y corre el dinero para tendenciosos “estudios” y “opiniones”.
También confunden a la opinión pública propuestas espurias de legalizar este tráfico mediante el libertinaje que sólo beneficiaría a los traficantes (como ocurre en algunos países europeos) y no con el esfuerzo concertado y racional de arrebatarle a los hampones el mercado ilegal, lo que se lograría con una reglamentación legal adecuada que permita la prescripción médica para la venta barata a los adictos en un programa de tratamiento.
Bien es sabido que los Estados Unidos son el mayor consumidor del mundo y que esta enorme demanda es la fuente principal de los enormes capitales que mueve el tráfico de drogas. Pero no es tan sabido que este mercado ilegal lo está convirtiendo también en un productor importante con laboratorios y cultivos. Se ha descubierto, por ejemplo, que Estados Unidos produjo en 2005 marihuana por valor de US$35.800 millones. Es ya la cosecha que genera más ingresos, por encima del maíz y el trigo.
No hay espacio para un análisis profundo de estos problemas ni de sus soluciones, pero sería un buen paso que reconociéramos la necesidad de tomar medidas drásticas: 1) para eliminar a cualquier costo las fuentes principales de contaminación ambiental, obligando a las empresas a desarrollar programas a largo plazo de descontaminación y rehabilitación ambiental y a asignar fondos suficientes para desarrollar métodos y productos alternativos que contribuyan a este esfuerzo global;
2) para descriminalizar el uso de las drogas con el concurso terapéutico amplio y flexible de las profesiones médica y farmacéutica, a fin de que el uso no sea un delito sino su distribución ilegal sin control médico;
3) para combatir las migraciones ilegales que favorecen el tráfico ilegal de drogas, la prostitución y la esclavitud virtual de inmigrantes desprotegidos, estableciendo programas alternativos de migraciones legales y controladas, orientadas a satisfacer las necesidades de mano de obra de cada país de una forma ordenada que permita la debida protección laboral del inmigrante; y,
4) para descriminalizar la prostitución y perseguir sólo a quienes la organicen como un régimen de esclavitud o de perversión de menores, de modo que la profesión en sí no sea un delito sino el crimen organizado que la controla como un régimen de esclavitud y sometimiento y promueve la prostitución y la pornografía infantil.
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