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La ética periodística en Estados Unidos - 2006/10/04 17:02La Primera Enmienda de la Constitución de EEUU estableció la libertad de expresión y de prensa, y el gobierno federal, o los gobiernos estatales y locales, no pueden legalmente limitar esas libertades. Todos los estatutos federales y estatales regulatorios de la prensa se basan en esta garantía constitucional. Ninguna emisora de radio o TV o cualquier medio de prensa escrita patrocinados por el gobierno federal o por autoridades estatales o locales, pueden establecer normas que limiten estas libertades.
La restricción lógica que se aplica a los medios oficiales consiste en que los programas, reportajes y opiniones no tengan un sesgo partidista, precisamente porque esos medios no pertenecen al gobierno de turno sino al Estado. Cuando se han fundado emisoras, diarios o revistas para transmitir el mensaje de EEUU al exterior, como Radio Free Europe, La Voz de las Américas y Radio Martí, entre muchos otros, las directrices generales se refieren al carácter informativo de la programación y sus objetivos. En otras palabras, no hay pruebas de que en estas empresas del Estado los periodistas se hayan visto obligados a estar al servicio de un sector político en una labor de propaganda o de proselitismo. Los enemigos de la democracia tergiversan la función de estos periodistas en esos medios equiparándola a la de los periodistas que bajo las dictaduras están obligados a responder a los intereses de éstas.
Las consideraciones éticas –sean en un medio público o privado– se refieren al mínimo de responsabilidad que se exige de los periodistas en su obligación de brindar a sus lectores u oyentes una información veraz y opiniones objetivas. No obstante, esta responsabilidad no puede en forma alguna disminuir sus derechos inalienables de libre expresión y pensamiento.
El cuerpo jurídico que elabora el derecho consuetudinario a partir de la Primera Enmienda se basa en fallos de los tribunales e interpretaciones constitucionales de la Corte Suprema. Aunque no existe un Código de Prensa, hay una amplia base de precedentes, en las que las consideraciones éticas enfocan prioritariamente cuestiones de obscenidad, difamación, corrupción y manipulación o abuso de la información. Tales son el fallo de 1964 que exige “probada malicia real” en todo caso de difamación, otros relativos a la obscenidad definidos como de “efectos sumamente corrosivos” que puedan interpretarse como depravados o corruptores y, por lo tanto, punibles, así como cuestiones sobre los derechos a obtener y divulgar información.
Estos y otros fallos e interpretaciones jurídicas ponen en la balanza la libertad de expresión y el derecho de toda persona a preservar sus valores morales. Se trata de reconocer la libertad de expresión con una clara responsabilidad complementaria de limitar el ámbito de su divulgación cuando su abuso hace que otros se sientan agredidos en su vida diaria por esas manifestaciones. Pero básicamente los deberes éticos del periodista están en función de un par de obligaciones fundamentales: la objetividad y la veracidad. Sin el cumplimiento de estas dos obligaciones, las demás dejan de tener sentido. Ese fue el fallo fundamental en la actuación de periodistas brillantes como Jayson Blair y Dan Rather, en casos muy diferentes, pero igualmente carentes de la objetividad y la veracidad debidas.
El meollo de este complicado tejido ético es el respeto debido a quienes son objeto de la actividad periodística: los lectores, oyentes y televidentes. En el caso reciente de los periodistas de Miami que eran remunerados por sus servicios a Radio Martí, tres de los cuales fueron expulsados de El Nuevo Herald por un supuesto “conflicto de intereses” y por violación de las normas éticas de la empresa, nunca se aclaró cuáles eran esas consideraciones éticas ni cómo las violaron. Evidentemente no tenían nada que ver con los antecedentes mencionados y sancionados por el derecho consuetudinario del país.
En cuanto al “conflicto de intereses”, Radio Martí transmite hacia Cuba noticias y programación destinadas a ofrecer al pueblo cubano una alternativa veraz y objetiva a los medios que el régimen cubano maneja con un propósito exclusivo de propaganda. Alegar “conflicto de intereses” podría interpretarse como que El Nuevo Herald no tiene esos mismos propósitos frente a la realidad de la dictadura cubana. No obstante, debemos prestar atención a la explicación ofrecida al restituir a los periodistas cesanteados en sus puestos, porque puede entenderse como una decisión de los nuevos dueños de la empresa de no aceptar que los profesionales a su servicio sirvan de ahora en adelante los intereses de otras empresas, sean éstas Estatales o privadas.
Están en su derecho de hacerlo y de plantear esa condición sine qua non, pero debieron hacerlo –antes de tomar la medida precipitada y abusiva de la cesantía a quienes les prestaban un excelente servicio– como una cordial advertencia de que las condiciones de trabajo habían cambiado y que los profesionales involucrados debían acatarlas. No se trataba de una cuestión de ética ni de conflicto de intereses sino de nuevas decisiones que debían zanjarse en diálogo honesto y prudente negociación. Es una lástima que, pese a la restitución, los ejecutivos de la administración de El Nuevo Herald optaran por justificarse con las mismas razones que los condujeron al error y sin intentar siquiera pedir disculpas por haberlo cometido.
No obstante, cabe señalar con reconocimiento la patente libertad de expresión ejercida por lectores y colegas de los periodistas cesanteados con el beneplácito del Director de ese mismo periódico. En cierto modo, este ejemplo de libertad de prensa contrarrestó con éxito las carencias demostradas por la empresa rectora.
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Jorge Daubar
Visitor
Re:La ética periodística en Estados Unidos - 2006/10/06 02:12"Los enemigos de la democracia tergiversan la función de estos periodistas en esos medios equiparándola a la de los periodistas que bajo las dictaduras están obligados a responder a los intereses de éstas".(?)
Lamentablemente, Gerardo Martínez pasa por alto la realidad de unos códigos de ética que son parte de contratos típicos en cualquier empresa editora de prensa. Incluso, cuando se estudia en la escuela de periodismo se aprenden las reglas de ética profesional dictadas por la práctica "consuetudinaria". Cuando un periodista contratado por una empresa privada acepta colaborar con entidades de gobierno a cambio de pagos, no sólo debe recabar autorización de sus contratantes privados, sino también anunciárselo a sus lectores. Esto no tiene nada que ver con "enemigos de la democracia" actuando en contra de la libertad. Es simple ética profesional o sentido común.
Si "los enemigos de la democracia" utilizan incidentes como este para adelantar sus argumentos es la consecuencia de errores cometidos por los defensores de la democracia. Y uso ambos términos por apego a las expresiones del amigo Gerardo Martínez aunque no creo que una definición tan maniquea sea apropiada en este asunto.
Recién llegado yo a este país, Carlos Alberto Montaner me contó, en amigable conversación, que Rolando Bonachea le había cancelado su contrato con Radio Martí bajo el argumento de "que un dirigente político no podía ser empleado de una agencia norteamericana que trasmitía hacia su país". CAM atribuía este incidente a su creación de la Plataforma Democrática, una entente de pequeñas organizaciones políticas enfrentadas al régimen castrista, cuya propuesta era la negociación con La Habana a partir de un diálogo abierto y sin condiciones que debía conducir al restablecimiento de las libertades públicas en Cuba. Jorge Mas Canosa ejercía por entonces una gran influencia en esa agencia y su oposición al "diálogo" propuesto por la Plataforma Democrática, según Montaner, era la verdadera razón de su despido. Hay suficiente información en las páginas de The Miami Herald de aquellos días para comprobar la secuencia de los hechos.
Rolando Bonachea, director de la Oficina de Trasmisiones a Cuba, argüía que esa era una regulación federal y que, en su cumplimiento, él había procedido de esa forma. Años más tarde, luego del fallecimiento de Jorge Mas Canosa, CAM regresó a Radio y TV Martí sin haber abandonado sus funciones al frente de la Unión LIberal Cubana. ¿Han cambiado las reglas federales? Y si no, ¿va Montaner a renunciar a sus cargos políticos, incluido el de vicepresidente de la Internacional Liberal, para que haber recibido dinero de una agencia gubernamental de Estados Unidos no lo puedan utilizar "los enemigos de la democracia" como prueba de una supuesta subordinación suya a los intereses de USA y, por tanto, poner en solfa su independencia? ¿Pedirá Carlos Alberto Montaner perdón a los "defensores de la democracia" por este error?
Hace apenas unas horas, Julio Hernández me contaba que un par de semanas atrás, en un evento de derechos humanos en Ginebra, un comunista alemán lo increpó con la acusación de recibir dinero de Radio Y TV Martí. En este caso, Julio Hernández pudo desafiar al provocador para que presentara pruebas de que él cobra por sus apariciones regulares en esas emisoras del gobierno norteamericano, algo que resultaría imposible porque él nunca ha aceptado esos pagos. Quizás, Carlos Alberto Montaner debió hacer lo mismo, en su momento, para demostrarnos que siempre está alerta contra las trampas castristas. Cualidad imprescindible para un líder.
No soy yo un crítico de Radio y TV Martí. Por el contrario, agradezco al gobierno de Estados Unidos esa colaboración con la causa de la libertad de Cuba. Una colaboración que debemos aprovechar pero sin recibir dinero a cambio. Y digo esto por los que son dirigentes políticos opositores a la dictadura castrista, no por simples periodistas que han hecho su trabajo al amparo de la relajación, en El Nuevo Herald, de las normas éticas establecidas para el ejercicio del periodismo profesional.
Sí me suscribo totalmente a Gerardo Martínez cuando define a los periodistas que trabajan para los medios masivos del castrismo como empleados cuya obligación es promover sus agendas a riesgo de ser reprimidos.
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Gerardo E. Martínez-Solanas
Admin
Posts: 315
Re:La ética periodística en Estados Unidos - 2006/10/06 13:07La respuesta de Jorge Daubar abre dos elementos de debate ajenos a la ponencia original, que consistía en un enfoque de “La ética periodística en los EEUU”. El primero tiene que ver sobre los conceptos de la democracia y la disposición de cada quien de acatarlos o no. El segundo sobre la figura del líder de la tendencia liberal en el exilio cubano.
Señalar como maniqueísta la calificación de “enemigos de la democracia”, puede hacernos especular que Daubar es un relativista o que estima que no hay tales enemigos de la democracia. Empero, cualquiera que estudie un poco las opciones democráticas desde la antigüedad hasta nuestros días comprenderá que hay muchas percepciones sobre lo que la democracia debe ser y cómo debe comportarse una sociedad democrática. Hay también muchos niveles de imperfección democrática.
Como concepto perfectible, los amigos de la democracia aspiran siempre a que evolucione hacia mecanismos más elaborados y mejores de solidaridad, colaboración y participación. Los enemigos de la democracia son sencillamente los que no aspiran a aplicarla sino a destruirla o, cuando más, a manipular el concepto con propósitos totalitarios, teocráticos o de cualquier otra índole tendiente a la dominación y la concentración del poder. Es decir, los que no tienen intención alguna de compartir con sus semejantes el proceso de decisiones que forjan el destino de una nación.
Pasando a la segunda digresión de Daubar, los contratos no son códigos de ética sino acuerdos que establecen una normativa determinada. Pueden incluir o no principios éticos. Si se refiere a Radio Martí, el gobierno federal en representación del Estado nacional puede establecer normas que incluyan o no principios éticos. Lo mismo puede hacer El Nuevo Herald de conformidad con los deseos de la empresa.
Como mi artículo no se refería a El Nuevo Herald sino a la ética periodística en los Estados Unidos, el ejemplo de lo ocurrido en ese periódico no entró en mayores detalles. Por eso no mencioné la falta de ética en el reportaje original y otro posterior que involucró a ocho periodistas que no eran empleados contractuales de ese diario, bajo titulares que implicaban sórdidamente que estaban vendidos al gobierno de los Estados Unidos.
Daubar alega que el periodista “no sólo debe recabar autorización de sus contratantes privados, sino también anunciárselo a sus lectores”, pero esos ocho periodistas, que incluyen tanto a Montaner como a Juan Manuel Cao, Miguel Cossio, Helen Aguirre y otros, alegan que contaban con la autorización de sus respectivas empresas y hasta en los días de ese incidente recibieron el apoyo patente de ellas. La falta de ética consiste en que los reporteros que “denunciaron” el hecho hayan formulado semejante acusación sin haberse tomado el trabajo de investigar esta realidad. Eso equivale a “difamación”. Tampoco explicaron los “denunciantes” que incluso los tres periodistas cesanteados contaban con la autorización de su empresa y que era la nueva empresa que recién había comprado el diario la que optaba por normativas distintas.
Los alegatos de “desconocimiento” por parte de la empresa no tienen asidero. He visto las tarjetas de presentación de esos periodistas identificándose como empleados de Radio y TV Martí, sus programas salían al aire y eran accesibles y sus remuneraciones eran de dominio público. Es ridículo exigir a alguien que ponga una coletilla a sus escritos explicando en cada uno de ellos que tiene un contrato de tiempo parcial con una emisora oficial de los Estados Unidos.
Por otra parte, no es vergonzoso ni mucho menos un baldón para un periodista trabajar para medios de comunicación patrocinados por el Estado, como ha sucedido con La Voz de las Américas, Radio Free Europe, Radio Martí, la PBS, la BBC, la agencia EFE, etc., etc. La acusación furibunda del comunista alemán, que menciona Daubar, se basa en el convencimiento de estos enemigos de la democracia de que la función del Estado democrático es semejante a la del Estado totalitario, teocrático o dictatorial. El Estado democrático tiene que responder ante sus ciudadanos y ante la misma prensa como vocero de la opinión pública sobre cuestiones de ética, política e información. No puede violar impunemente las normas que le impone un sistema donde impera el derecho.
Por supuesto que tanto el Estado como una empresa puede imponer obligaciones contractuales a sus funcionarios, profesionales y empleados, pero únicamente las que no violen las leyes ni los principios constitucionales que velan por los derechos humanos. Cuando el empleador cambia sus normas, tiene que modificar el texto contractual mediante una negociación con el empleado. Si las cambia unilateralmente, no es justo que deje cesante al empleado sin haberle notificado sus nuevas obligaciones.
Quede constancia de que mi esposa y yo, impulsados por nuestra vocación democrática, nos ofrecimos hace algunos años como voluntarios para colaborar con el proceso electoral de los Estados Unidos. Esto nos ha convertido en funcionarios electorales de los Estados Unidos. Lamentablemente, no se puede realizar esta tarea sin recibir una recompensa nominal mínima. Esa es la norma. Trabajamos el día de las elecciones y recibimos después un cheque de $122 cada uno. Evidentemente, ese ingreso –una o dos veces al año– no nos obliga en forma alguna a “vender” nuestras convicciones y principios a los intereses de los Estados Unidos. Simplemente nos permite contribuir con nuestro tiempo y nuestro esfuerzo, que es mucho más caro que esa remuneración, a uno de los procesos democráticos más limpios del planeta. Esa experiencia nos valió también para ejercer la función de observadores internacionales en elecciones fuera de este país. No hemos faltado a la ética al haber omitido esta información al pie de cada uno de los artículos u opiniones que han sido publicadas en distintos medios con mi firma, pero tampoco la ocultamos, puesto que estamos orgullosos de prestar este servicio.
Eso sí, faltaríamos a la ética si realizáramos algún tipo de trampa en el proceso o condonáramos hechos que impliquen fraude electoral. No hay que confundir las peras con los tomates, aunque el comunista alemán –estoy seguro– se esforzaría con ahínco en cualquier foro de calificarnos como “gusanos vendidos al imperialismo”.
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Alberto
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Re:La ética periodística en Estados Unidos - 2006/10/06 13:33Gerardo: Aunque dos medios de prensa tengan el mismo enfoque crítico sobre Cuba, por citar un ejemplo, puede haber conflicto de intereses si uno de los medios tiene reglamentado que no permite a sus profesionales laborar o colaborar con otro medio. El periodista debe lealtad suprema a su empresa, mientras no tenga que violar los principios éticos fundamentales. La injusticia con el Nuevo Herald y los expulsados fue que los periodistas estaban autorizados explícitamente para colaborar con Radio Martí desde hace más de dos años. Y que ademas el hecho de trabajar para un medio público, como Radio Martí y la Agencia EFE, por citar sólo dos ejemplos, no viola ningún principio ético. Saludos Alberto
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Jorge Daubar
Visitor
Re:La ética periodística en Estados Unidos - 2006/10/06 14:14En el fragor del debate, Humberto Castelló declaró que él "sabía que colaboraban con Radio y TV Martí. pero no que COBRARAN por eso". El otro director que pudiera hablar de las características de sus autorizaciones está fallecido y la empresa MacClatchy, al extender su reconsideración del despido, aclaró este último detalle con irónico énfasis. La decisión fue una especie de gracioso perdón que les advierte que, en el futuro, nananina jabón Candado. Ya lo verán ustedes.
Pero, ¿saben una cosa? Yo creo que hicieron bien en restituirlos a sus puestos porque ellos no habían hecho otra cosa que moverse en aguas pantanosas, anteriores a su paso por ambas entidades. Aprendieron la lección que es lo importante en este caso.
El resto de la respuesta de mi amigo Gerardo Martínez Solanas, incluida la "relatividad" de sus análisis "relacionados" con el posible "relativismo" de mis opiniones anteriormente "relatadas" en cada uno de mis comentarios, no entran a jugar en terreno fuerte así que la voy a dejar de ese tamaño. El prefiere irse por la tangente y "disgregar" el tema de discusión con una "disgresión" que no viene al caso. Estamos hablando de ética periodística y claridad pública de los "líderes" políticos de cualquier partido o movimiento, no importa lo pequeño o grande que sea, y no de sus colaboraciones electorales, que me parecen muy bien, así que no se tiene que defender.
Un último detalle, si me lo permiten. ¿No valen para nada las opiniones de otros diarios en USA, América Latina y Europa? ¿No vale para nada el documento de la Asociación de Periodistas de Florida? ¿No vale para nada.... y así hasta el infinito o los de otras corporaciones profesionales del mismo tipo?
No es la emocionada voluntad de los cubanos de Miami lo que le va a dar carácter a este asunto, sino la asignatura de ética que se imparte en todas las escuelas de periodismo y las cláusulas que, al respecto, se incluyen en los contratos. Por ahí van los tiros.
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Gerardo E. Martínez-Solanas
Admin
Posts: 315
Re:La ética periodística en Estados Unidos - 2006/10/06 16:05La ética periodística no es distinta a la ética del ciudadano. Porque la ética consiste en principios básicos y fundamentales. Dentro de ellos, la ética periodística incluye normativas que la definen en función a las obligaciones del periodista en el desempeño de su profesión.
Jorge Daubar reitera en sus alegatos “la asignatura de ética que se imparte en todas las escuelas de periodismo”. Me acojo a su precisión respecto a esa asignatura de periodismo que cursé en este país y que supongo que él también lo habrá hecho. Alberto Müller, Profesor de ética periodística en la Universidad de Miami, participa también en este debate y afirma que “El periodista debe lealtad suprema a su empresa, mientras no tenga que violar los principios éticos fundamentales.” Al referirse a “su empresa” lo hace en tanto sea privada o pública. Por eso añade que “el hecho de trabajar para un medio público, como Radio Martí y la Agencia EFE, por citar sólo dos ejemplos, no viola ningún principio ético.”
Efectivamente, no viola la ética trabajar para el Estado sino faltar a los principios fundamentales del periodismo bajo la influencia de intereses partidistas dictados por el gobierno de turno a contrapelo de las normas del derecho. Esto es lo que no entienden los enemigos de la democracia, que identifican al Estado con el gobierno y al caudillo con el Estado.
La digresión de mi caso particular es pertinente porque recibo dineros del Estado en remuneración por una función que realizo dentro de su estructura. Podría prescindir de esa remuneración sin mayor gravamen para mis finanzas, pero las normas federales no lo permiten. Podría donar estos emolumentos y proclamar la “pureza” de mi gestión con el alarde del fariseo, pero prefiero tomar esas decisiones en privado.
Por eso me resultan tan poco creíbles los descargos de los empresarios involucrados en el caso de El Nuevo Herald, porque como periodistas informados tendrían que saber que sus empleados no podían trabajar para Radio Martí sin recibir compensación alguna. Además, insisto en que todos estos emolumentos son de dominio público. Es muy fácil para cualquier ciudadano recabar la información. Finalmente, es una cuestión de decencia y honestidad discutir con el empleado cualquier falta percibida contra la política de la empresa para darle la oportunidad de explicarse y corregirse. La decisión fulminante y radical de la cesantía con semejante pretexto, huele a podrido y da lugar a especulaciones sobre la causa de la peste.
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Jorge Daubar
Visitor
Re:La ética periodística en Estados Unidos - 2006/10/06 20:54Muchas gracias por la nobleza conque me han dado la razón. Y a Alberto Müller también. Estos debates son la sal de mi vida, no sólo por la calidad de los que participan, sino también por el grado de ilustración conque me beneficio. Y por supuesto, del que también obtiene satisfacción esa enorme mayoría silenciosa que entra y sale en el ws sin decir ni pío, pero cargada de informaciones interesantes.
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