Marcos Villasmil
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EEUU: El Triunfo de la Esperanza sobre la Experiencia - 2008/11/04 23:48
Barack Obama ha ganado, como se esperaba, las elecciones de EEUU. Su partido ha triunfado también en las elecciones parlamentarias. Viene a cuento, sin duda alguna, la frase de Samuel Johnson sobre el matrimonio, esta vez aplicada a esta campaña del 2008: fue el triunfo de la esperanza sobre la experiencia.
Veamos algunas razones que explican esa victoria. Hemos sido testigos en estas últimas semanas de una guerra civil interna en el partido Republicano. Pero ella arrancó hace varios años. Ya en el 2006, con la derrota electoral parlamentaria, hubo voces de alerta. Lo cierto es que McCain no pudo o no quiso entender que estaba parado sobre arenas movedizas políticas, y que sólo manteniéndose fiel a su imagen de toda la vida podía tener alguna chance de victoria. En cambio, tanto el Grand Old Party como su candidato se olvidaron de sí mismos, sin tomar en cuenta que la desesperación sólo genera más desesperación. El John McCain admirado y respetado por tantos, no merecía semejante resultado.
¿Qué hizo McCain el candidato ya electo? Todo lo contrario a lo que se esperaba de él, de acuerdo a su amplia hoja de vida. En lugar de marcar distancias con el tóxico Bush, cambió su postura en temas de campaña como la inmigración, la tortura o los impuestos; y, puesto a decidir sobre un punto que normalmente no es determinante –su candidato a vicepresidente- cometió un gravísimo error. La Sra. Palin será recordada como la peor decisión de su vida.
De un plumazo, puso un STOP del tamaño de un rascacielos a una materia fundamental en su estrategia contra Obama: el tema de la experiencia. La cosa fue tan grave, que en los últimos meses se habló menos de la inexperiencia de Obama que de las carencias de la gobernadora de Alaska. Todavía hay quienes andan por ahí diciendo que la Sra. Palin “motivó a la base conservadora.” Mientras, como nunca en su historia, un buen tolete de conservadores, como por ejemplo, dirigentes -Colin Powell, Lawrence Eagleburger, Christopher Shays- periodistas y analistas –David Brooks, George Will, Kathleen Parker, Anne Applebaum, Peggy Noonan, Andrew Sullivan, Christopher Buckley- o militantes “genéticos” –como la nieta de Barry Goldwater, o Ron Reagan- públicamente no sólo criticaron las posturas del partido y de su candidato, sino que algunos incluso apoyaron a Obama.
Las reacciones del comando de campaña y de los líderes republicanos desnudan otro aspecto de la crisis interna republicana: El asunto no estaba en haber criticado a Sarah Palin; el problema fue haber criticado, punto. Llega así a un momento culminante una visión de la praxis que se inicia con la toma del partido por la derecha religiosa y los neocons como Donald Rumsfeld y George W. Bush (quien es el antecedente inmediato, por cierto, en materia de currículos exiguos, de la señora Palin.)
McCain, víctima en el 2000 de las trapacerías de esos señores, y de su operador mayor, Karl Rove, adoptó entre sus asesores de campaña a los mismos que en el pasado habían ensuciado su nombre y el de su familia. Algunos terminaron preguntándose: ¿Cómo puede enfrentar a los fundamentalistas del mundo quien ni siquiera se atrevió a rechazar a los fundamentalistas de su partido?
La campaña de McCain, al final, lanzando flechas sin puntería, puso a todo el mundo a decir que “Obama era socialista.” La señora Palin aterrizó en Roswell, Nuevo México –sitio muy famoso por ser el favorito para las llegadas de extraterrestres- afirmando que “no es tiempo de experimentar con el socialismo”. Todo esto mientras su presidente Bush impulsaba toda una serie de estatizaciones financieras. Se podría hacer un libro –seguro se hará más de uno- sobre las metidas de pata o las frases desafortunadas de la campaña republicana; los $150.000 en ropa de Saks, Barney´s o Nieman-Marcus para la “hockey-mom” seguramente no sirvieron para que la señora Palin supiera quién es el actual jefe del gobierno italiano, Berlusconi, pero al menos ya conoce a Gucci, Valentino y Armani. Obama, con su mensaje de cambio trans-racial y una agenda básicamente centrista, ganó porque fue el mejor candidato, encabezando la que fue quizá la mejor campaña política de la historia, y porque tuvo al mejor partido de su lado -unido, disciplinado, con recursos, y con estrategias que no fueron diseñadas sobre la marcha. Un hecho poco conocido: por años, el partido Demócrata ha estudiado con cuidado los profundos cambios demográficos que afectan a los Estados Unidos, haciendo las adaptaciones estratégicas adecuadas. No sólo, por ejemplo, el crecimiento del voto latino, sino además las migraciones poblacionales internas. “Whistling Past Dixie: How Democrats Can Win without the South”, un libro escrito en el 2006 por un politólogo de la Universidad de Maryland, Thomas Schaller, y hoy libro de cabecera del liderazgo demócrata, proponía abandonar como única prioridad los intentos de reconquista electoral del Sur, y enfocar también su actividad en los dinámicos y en pleno crecimiento estados del Medio Oeste. El resultado electoral de Obama da cuenta de ello. Pero es que las señales ya estaban allí: desde el 2002 los demócratas han ganado las gobernaciones de Montana, Wyoming, Colorado, Kansas, Oklahoma, Nuevo México y Arizona. Hoy es posible manejar desde la frontera canadiense hasta la mexicana sin tocar un solo estado gobernado por los republicanos.
La impopularidad de Bush y la crisis financiera fueron factores importantes en la debacle republicana tanto para el ejecutivo como para el legislativo. Al final resultó que la gente terminó votando por el que presentó una mejor verdad programática, y una idea más reconocible y asimilable de cambio, sobre todo en el tema fundamental: la economía. Nadie le negaba a McCain su experiencia, pero sus errores de juicio, sus vacilaciones, su clara alergia al tema económico y su incapacidad para desvincularse del gobierno Bush-Cheney fueron al final muy determinantes. McCain terminó convertido en un enigma, mientras que la victoria de Obama, celebrada en todo el mundo, revive, por múltiples razones, el sueño que se iniciara con la Revolución Americana y con sus Padres Fundadores, la única gran revolución política de la historia que no degeneró en el terror.
RIP para la campaña republicana. Para entender semejante derrota, no se necesitan analistas ni periodistas: se requieren, fundamentalmente, antropólogos forenses.
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