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FORO PARTICIPATIVO / PARTICIPATIVE FORUM
 
Marcos Villasmil
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ELECCIONES USA: EL MOMENTO DE LA LUPA - 2008/09/20 18:42 USA: EL MOMENTO DE LA LUPA


Los dos grandes partidos norteamericanos, y sus respectivos candidatos, se esfuerzan en llevar la pelea al territorio estratégico que más les conviene: los demócratas, insistiendo en que la elección no es un referendo sobre Obama, sino sobre el gobierno saliente, y los republicanos, en que la experiencia y patriotismo de McCain deben prevalecer sobre cualquier otra consideración. Para ganar McCain, debe convencer al votante de que el enfrentamiento es entre personalidades, no entre partidos. Para ganar Obama, debe convencer a los electores que deben escoger entre un demócrata y un republicano.

Obama tuvo una excelente convención, sin duda alguna, donde prevalecieron las artes oratorias, como las de Bill y Hillary Clinton, o las de una sorprendente Michelle Obama.

El partido demócrata, fundado por Thomas Jefferson, tiene entre sus héroes a Roosevelt, el padre del “New Deal”, y a John Kennedy quien, con su juventud y dinamismo, diera una nota de renovación, digna de la década de los sesenta, a una política que hasta ese momento era de traje oscuro y personas de mucha edad. Los republicanos, se pueden jactar de tener entre sus fundadores a Abraham Lincoln, así como entre sus líderes a Ronald Reagan, y un -no tan mencionado- héroe de la segunda guerra mundial, el general Dwight Eisenhower. Pero las elecciones, sobre todo las norteamericanas, son menos sobre hechos pasados que evaluaciones sobre el presente y las promesas de futuro.

Los republicanos arrancan con su fortaleza natural: el control de los estados del Sur, y buena parte del Medio Oeste. Los demócratas prevalecen en la costa oeste, y en el noreste, más el añadido de Illinois. Frente a los analistas crónicos de encuestas sobre el voto popular, que se sorprenden por el hecho de que a pesar de la situación de desprestigio general del gobierno Bush-Cheney sin embargo Obama no se distancia, olvidan algo que, a la chita callando, han mencionado asesores demócratas: en Estados Unidos, las elecciones no las gana quien saca más votos, sino quien gana más delegados al colegio electoral -objetivo: lograr 270 votos. Por ello fue de lógica vulcana que, apenas terminada la convención, Obama y Biden partieran de gira a estados de los llamados “battleground”, como Michigan y Ohio. ¿Podrá Obama mantener los 19 estados más el Distrito de Columbia, que le dieron 251 votos a Kerry hace 4 años? ¿Podrá McCain mantener los 31 estados que ganaran Bush-Cheney? Tres estados a pelearse son Nevada, Colorado y Nuevo México, que ganaran los republicanos en el 2004, y que poseen exactamente 19 votos electorales. Se dice que Obama puede recuperar Iowa para los demócratas, pero McCain podría ganar New Hampshire, estado donde reside.

Los demócratas tienen que sacudirse como sea el sambenito de “blandos” que en buena medida afectó a Gore y Kerry, y que les viene bien puesto desde el gobierno incapaz e irresoluto de Jimmy Carter.

Sorprende la incapacidad mostrada por Obama de tomar ventaja en un terreno de lucha que es fundamental para sus posibilidades, el tema económico. Si no lo hace, pondría en grave peligro su chance. Hasta hoy, en ese tema, ninguno de los dos candidatos ha convencido, y el asunto es vital, ante la mala situación y la incertidumbre general ante el futuro de la economía.

Los demócratas no deben olvidar que los republicanos son muy diestros en ganar elecciones, y en este verano no les ha ido mal ubicados en la posición de tener que responder a iniciativas del campo demócrata. Primero, la convención demócrata les sirvió para preparar con cuidado la suya; luego, la escogencia de Biden como vice de Obama, les ayudó a escoger a su vice. ¿O es que alguien puede creer que, de haber Obama seleccionado a una mujer como vice, bien sea Hillary Clinton, o Kathleen Sebelius, la gobernadora de Kansas, la señora Palin hubiera tenido algún chance? Los republicanos han sabido siempre sacarle provecho a los contrastes.

En la convención republicana un ánimo preponderante era deshacerse como fuera de la espesa sombra del gobierno Bush-Cheney. Algo que no se menciona es que pocas veces en la historia un candidato del partido de gobierno ha sido tan detestado por la presidencia en ejercicio, como lo es McCain por los actuales mandatarios. Y la cosa no arranca de la semana pasada, ni siquiera de la campaña del año 2000, donde muchas cosas se dijeron, y por ende las relaciones se agriaron. Es que para los neocons como Bush, Cheney y compañía, McCain no es de los suyos. Recuérdese que hace pocos meses atrás la derecha conservadora religiosa consideraba como un anatema votar por McCain, a quien veían en olor de herejía.

Se ha insistido que la elección de Sarah Palin como vice se basó en el deseo de consolidar la base conservadora, y en buscar el voto femenino pro-Hillary. Puede ser cierto, pero además se da el caso de una empatía natural entre McCain y su vice, derivada de ser ambos unos “mavericks” de la política. McCain no es un hombre de convicciones abstractas, necesarias en todo fundamentalista, y la agenda social conservadora no lo ha tenido nunca entre sus campeones. Otra característica destacable que parece compartir con Palin, es que no está amarrado a una filosofía política de gobierno; más bien responde, en momentos de decisión, a una filosofía moral. Y ello, que puede tener su atractivo, trae también peligros; el principal, el soslayar una característica fundamental del gobierno democrático: que, para solucionar problemas complejos como el sistema de salud, o la situación económica, la negociación es la herramienta fundamental, lo cual lleva a hacer concesiones, a evitar las situaciones suma-cero. La historia muestra que en un estadista, las proposiciones morales siempre deben encontrar una expresión correspondiente en políticas públicas. En materia de gobierno, es mejor aprender de un pragmático como Bill Clinton, y no seguir las lecciones de moral de un Goldwater. Un presidente norteamericano debe ser un constructor de coaliciones, no un fundamentalista, como lo fue el dueto Bush-Cheney. Además, debe recordarse que, a diferencia de sus pares en otras partes del mundo, los parlamentarios norteamericanos, vitales en toda negociación, no están obligados a seguir una férrea disciplina partidista.

En todo caso, con la elección de Palin, McCain mostró un firme deseo de ganar, cediendo a la presión de la derecha, que literalmente vetó a sus candidatos preferidos al cargo de vice, Joe Lieberman o Tom Ridge. Luego de su aclamado discurso, la señora Palin sigue siendo una incógnita. Por lo menos ya demostró que tiene buenos speechwriters y que sabe leer un teleprompter.

Es comprensible la preocupación de algunos ante lo que pasaría si, de ocurrirle algo al veterano McCain, la presidencia quedara en manos de Sarah Palin. A fin de cuentas, como ha señalado el periodista Andrés Reynaldo, muchos han vivido estos últimos ocho años con el espeluznante temor de que algo le ocurriera a Dick Cheney y el país quedara en manos de George W. Bush.

McCain y Palin ofrecen al electorado un currículum de reformadores; puestos a la tarea, deberían comenzar por reformar al partido republicano, para disgusto de muchos hoy en manos de neocons y de chamanes seudoreligiosos. ¿Cómo crear nuevos hábitos en un partido demasiado acostumbrado a los viejos, y que encima, a pesar de los pesares, sigue en el gobierno? Algunos oradores de la convención republicana insistían en atacar al “establecimiento liberal de Washington” (¿?) olvidando quiénes ha ocupado la Casa Blanca estos últimos años; pareciera que la estrategia republicana será entonces hacer campaña contra sí mismos. Que alguien por favor les explique a los estrategas republicanos que es mucho más fácil hacer campaña como oposición cuando uno es, realmente, el partido de oposición.

Luego del mediocre récord que deja el dueto Bush/Cheney, ambos candidatos deberán mostrar a su pueblo, con sus propuestas, con sus estilos, y con sus respuestas, cuál es la filosofía de la nueva administración, cuáles son las prioridades, y qué cosa debe o no debe hacer el gobierno, más allá del tema de la seguridad y la lucha contra el terrorismo. El momento de la lupa ha llegado, en especial con tres debates entre los candidatos, y uno entre los candidatos a vice, en las próximas semanas. Pienso que, desde el histórico debate Kennedy-Nixon, en 1960, no ha habido tanta expectativa en la sociedad norteamericana por esta confrontación fundamental.

Un tema obligado para Latinoamérica es cuál es la posición de cada candidato frente al principal reto político de la región: la lucha entre el modelo social-liberal encarnado en gobiernos como los de Colombia, Costa Rica o México, o el autoritarismo-de-exportación de Hugo Chávez. En materia tan delicada, McCain ha sido mucho más contundente y directo, frente a un Obama que, quizá por su inexperiencia en materia de política exterior, ha dado a entrever una sin duda alguna catastrófica postura de “diálogo”. Desconoce por lo visto el hombre la característica principal de los totalitarios regionales –desde Fidel a Chávez, pasando por las FARC, etc.: para ellos el diálogo es una herramienta útil para ganar tiempo, legitimidad mediática, y sacar concesiones sin ceder nada. De comenzar Obama su relación con Chávez reuniéndose con él, Chávez de entrada sería el ganador de ese encuentro. Y la gran derrotada, la democracia latinoamericana.

Una gran diferencia entre un político norteamericano y uno europeo es la manera en que abordan sus logros personales. Cuando Neil Kinnock, líder laborista británico en los ochenta, hablaba de su biografía, estaba de alguna manera dando las gracias al Estado de Bienestar por haberle dado las oportunidades de avance en la vida. Cuando un político norteamericano habla de sus logros, muestra cómo gracias al esfuerzo de él y de su familia pudo aprovechar todas las oportunidades que la vida le ofreció. El político norteamericano exitoso también representa el sueño americano. Y su triunfo no depende del Estado, sino de su carácter y de sus luchas personales. En política norteamericana, siguiendo a Tácito, el carácter muchas veces tiene más valor que la inteligencia.

Entre McCain y Obama, con dos historias de vida tan distintas, triunfará el que convenza al norteamericano común, con sus notables diferencias de edad, raza, origen y religión, que su gobierno será el que más oportunidad le dará de lograr sus aspiraciones más queridas, gracias a su propio esfuerzo, responsabilidad personal e iniciativa.

Y, al final del día, ¿no es esa la razón de ser de una verdadera democracia?
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