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FORO PARTICIPATIVO / PARTICIPATIVE FORUM
 
Roberto Soto Santana
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El Llamamiento de Praga y el escudo anti-misiles - 2007/09/17 20:09 En una declaración conjunta emitida en Praga el 14 de septiembre de 2007, dirigentes de los partidos socialistas y socialdemócratas de la República Checa (Jiri Paroubek, ex primer ministro y Presidente del Partido Socialdemócrata), Austria (Alfred Gusenbauer, actual canciller federal y Presidente del Partido Social Demócrata), Alemania (Kurt Beck, primer ministro del estado federado de Renania-Palatinado, presidente del Partido Socialdemócrata y vicepresidente de la Internacional Socialista), Polonia (Wojciech Olejniczak, Presidente de la Alianza de la Izquierda Democrática), y Eslovaquia (Rado Bohinc, de la ejecutiva del gobernante Partido Social Demócrata), expresaron su oposición al proyectado sistema estadounidense de defensa o “escudo” antimisiles que estaría desplegado en la República Checa (donde se levantaría una torre de radar) y en Polonia (donde se instalarían diez misiles interceptores).

La declaración acordada manifiesta la preocupación de los firmantes “por la decisión de desplegar el sistema” y su coincidencia “con la mayoría de nuestra opinión pública que se opone”, así como su rechazo a “nuevos misiles en Europa”. Rehusó suscribir esta declaración el único disidente de la opinión mayoritaria, Imre Szekeres (vicepresidente del Partido Socialista húngaro y Ministro de Defensa), aduciendo que su Partido “cree que, si Europa está expuesta a una amenaza terrorista, tiene que defenderse".

La noticia de esta declaración ha sido publicada en un formato sucinto y sin matices, entre otros, por los portales de Internet elespectador.com (Colombia), latino.msn.noticias y europapress.es (España), y lostiempos.com (Bolivia); mientras que prensa-latina.cu (Cuba) dice, que “Los gobiernos de Polonia y Republica Checa negocian con Washington el establecimiento de esas instalaciones a pesar de que la mayoría de sus poblaciones se oponen a ese emplazamiento, según revelan las encuestas de opinión publicadas en ambos estados” –aunque no precisa cómo se ha determinado esa “mayoría” (por unas encuestas de opinión cuyo origen no identifica, por la opinión editorial de los medios de comunicación, o por la ocurrencia de ignotas manifestaciones multitudinarias de rechazo, celebradas en arcanos lugares)-.

En el portal milenio.com (México) al dar la noticia se aporta algún detalle adicional, ya que se dice que los socialdemócratas señalan en su comunicado que el despliegue “ha desatado tensiones entre Estados Unidos y Rusia” y que “existe la amenaza de una nueva carrera armamentística”, a la vez que instan “a un debate sobre el proyecto a nivel de la Unión Europea”. Y, para la opinión contraria, se citan las palabras del primer ministro checo, Mirek Topolanek (del Partido Cívico Democrático), de rechazo a las críticas contra el proyecto: “Las reservas de Rusia contra el sistema defensivo están estrechamente vinculadas con el interés de Moscú de influir en Europa central como en la época del Pacto de Varsovia”, a la vez que se menciona que “la congresista demócrata estadounidense Ellen Tauscher afirmó...durante una visita de tres legisladores norteamericanos a Praga que el radar checo y los misiles polacos son indivisibles. Agregó que el proyecto es apoyado por republicanos y demócratas en el Congreso norteamericano”.

Aparte de que el portal milenio.com cita los argumentos del primer ministro checo Sr. Topolanek sobre los motivos de Rusia para oponerse al proyecto del sistema defensivo antimisiles, ninguno de los medios de comunicación digitales mencionados identifica el supuesto peligro ante el que los EE.UU. han gestado ese proyecto de defensa (es decir, en defensa de quiénes y frente a cuáles amenazas), ni cuáles son o pueden ser los intereses coincidentes de los EE.UU. y de los países centro-europeos para su establecimiento (o en qué deberían disentir, si fuere así). En el pais.com se llega a indicar que “La base estaría dirigida a neutralizar un eventual ataque a Estados Unidos o a Europa con armas de destrucción masiva de carácter nuclear, químico o bacteriológico”; pero también sin identificar a quién se considera o se sospecha podría ser el posible atacante.

El portal de Internet de la Deutsche Welle (www.dw-world.de) es el único que precisa que “Los EE.UU. afirman que los misiles no apuntarían a Rusia sino que estarían desplegados a fin de interceptar cualquier ataque químico, biológico o nuclear proveniente de Irán o de Corea del Norte.”

En ésta como en otras cuestiones, parece existir un consenso tácito en ciertos medios informativos respecto a la satanización del gobierno de los EE.UU. como sempiternos guerreristas sin más norte que sus pretensiones imperiales, la admisión pasiva de los argumentos de sus enemigos y adversarios –sin hacer eco a los argumentos de contrario, dejando la impresión en los desprevenidos o desinformados de que las imputaciones cansinamente hechas a los EE.UU. son tan veraces como irrefutables-, y que se estima una presunción de inconfesables y disimuladas malas intenciones en el hacer del gobierno estadounidense, a la vez que se atribuye la condición de inocente víctima del hostigamiento estadounidense precisamente a los regímenes retrógrados, tiránicos y radicalmente inhumanos (Corea del Norte, Irán, Libia, Siria, Zimbabwe, Cuba) que sólo se destacan en la sangrienta dominación de los pueblos que oprimen y sostienen contumazmente la aspiración nunca suficientemente saciada de extender a otros países la vesania de sus doctrinas mesiánicas y de su completo desprecio por los derechos humanos.

Ésa es la faceta “vocal” o “ruidosa” de la actitud anti-estadounidense. Su faceta “silente” o “ausente” consiste en abstenerse de juzgar (guardando el más completo silencio al respecto) las intenciones que puedan deducirse del comportamiento internacional de Rusia o China. La primera, que nunca ha renunciado a la aspiración de volver a ejercer un papel dominante sobre los países situados sobre una línea recta imaginaria que fuera del mar Báltico al mar Negro. La segunda, cuyo auge económico –hasta cierto punto artificioso, con un desarrollo industrial limitado a los entornos de las mega- ciudades situadas al pie de grandes puertos marítimos o fluviales, mientras que la población de las áreas rurales permanece en la incuria, el aislamiento y el atraso- continúa basado en la enorme baratura de la mano de obra, lo que le permite dedicar la mayor parte de sus recursos a financiar sus gastos militares no sólo en armas convencionales sino en misiles de alcance intercontinental y extra-atmosférico y armamento nuclear, así como en las subvenciones y suministros de material bélico con los que extiende su influencia política y económica, y contribuye a mantener situaciones de guerra civil, entre su clientela de países africanos y asiáticos).

Lo que ha dicho el primer ministro checo Topolanek constituye el meollo de la cuestión: “Las reservas de Rusia contra el sistema defensivo [anti-misiles] están estrechamente vinculadas con el interés de Moscú de influir en Europa central como en la época del Pacto de Varsovia.”

De los cinco partidos socialistas y socialdemócratas cuyos dirigentes han firmado en Praga la declaración conjunta en cuestión, a mediados del presente mes de septiembre de 2007, tres gobiernan en sus respectivos países: el de Austria, el de Alemania (en una “gran coalición” con el Partido Demócrata Cristiano de Ángela Merkel), y el de Eslovaquia. Con esa declaración, una pluralidad de los socialistas y socialdemócratas centro-europeos mantienen su insularidad histórica característica en materia de política internacional, que se podría resumir en la popular frase de “nadar y guardar la ropa”. Es decir, desean mantener una “equidistancia” (para no malquistarse con ninguno) en el trato con el régimen iraní del ayatolá Ali Jamenei y el Presidente Ahmadineyad –de un lado- y con los EE.UU. –del otro lado-, entre los tratos bilaterales con Rusia y su propia presencia y actividad en el Comité Militar de la OTAN –si bien a remolque de los EE.UU.-, entre la contemporización con los islamistas residentes dentro de sus fronteras y la participación en misiones y operaciones militares contra los terroristas islámicos en Afganistán e Iraq (sibilinamente calificadas como “misiones de paz y reconstrucción”)

Ni siquiera en el mundo de comienzos del siglo XX, cuando los pueblos centro-europeos carecían todavía de estructura estatal al estar todos encuadrados dentro de alguno de los tres grandes imperios alemán, austro-húngaro y ruso, pudo ser factible esa aspiración socialista y socialdemócrata de permanecer al margen de las grandes confrontaciones mundiales de intereses. A la postre, sus dominadores les arrastraron a la hecatombe humana de la Gran Guerra Europea de 1914-1918, en el choque con Francia y Gran Bretaña y sus territorios dependientes, más los EE.UU.

Ya convertidos en países independientes, la Segunda Guerra Mundial impartió a los Estados centro-europeos esta gran lección: en atención a su contigüidad y recíproca accesibilidad por tierra, mar y aire, así como su idéntica propincuidad respecto de las Potencias que históricamente se han venido disputando la hegemonía política e influencia económica decisiva en Europa (es decir, Alemania y Rusia) su supervivencia y seguridad dependerían en todo momento en el futuro no de una imposible expansión y fortalecimiento exponencial de sus limitados recursos humanos y materiales, sino de una actitud permanente de respeto mutuo entre todos los estados centro-europeos y el respeto de sus minorías nacionales, así como de la “sombrilla” de la protección militar de una Gran Potencia que les salvaguardase de terceros que amenazasen su bienestar e integridad y sus libertades. Para Europa, esa Gran Potencia no puede ser otra que los EE.UU. (¿cuál va a ser, Rusia, China, Papua-Nueva Guinea, Venezuela, Francia, el Reino Unido, etc.? –unos, verdaderas “amistades peligrosas”; otros, irremediablemente débiles por sí mismos, o venidos a menos en fuerza y capacidad y a su vez dependientes de otros para su propia seguridad-).

Ejemplo de ese provincianismo político son las declaraciones hechas por el socialista alemán Kurt Beck el 6 de abril de 2007, cuando propuso integrar a quienes llamó “talibanes moderados” en las negociaciones de paz en Afganistán. Le replicó inmediatamente el ministro de Asuntos Exteriores afgano, Rangin Spanta, a través de Deutsche Welle (la emisora radiofónica oficial alemana), afirmando –con ironía- que “Los políticos occidentales que dicen saber de la existencia de "talibanes moderados" deberían "proporcionar (al Gobierno de Kabul) sus direcciones y personas de contacto" para que "podamos vérnoslas con ellos". El ministro Spanta añadió que hacer una propuesta así desde Alemania es como si desde Kabul se le aconsejara al líder del Partido Socialista Alemán y primer ministro del estado de Renania Palatinado que formara coalición con el ultraderechista Partido Nacional Democrático.

La propuesta sobre la Alianza de las Civilizaciones es otro botón de muestra de la actitud (en el peor de los casos, ingenua, o cuando menos voluntarista) de que los grandes problemas se pueden resolver a golpe de grandiosas declaraciones y pomposas iniciativas, sin que exista en el otro interlocutor una disposición real a transacciones, compromisos y mutuo reconocimiento (aunque sea parcial) de sus respectivas razones. Esta iniciativa fue presentada el 21 de septiembre de 2004 ante la Asamblea General de Naciones Unidas por José Luis Rodríguez Zapatero (Presidente del Gobierno español y Secretario General del Partido Socialista español), a la que dijo que “como representante de un país creado y enriquecido por culturas diversas, quiero proponer ante esta asamblea una Alianza de Civilizaciones entre el mundo occidental y el mundo árabe y musulmán. Cayó un muro [se refería al Muro de Berlín]. Debemos evitar ahora que el odio y la incomprensión levanten otro. España somete al Secretario General, cuya labor al frente de la Organización apoya con firmeza, la posibilidad de constituir un Grupo de Alto Nivel para llevar a cabo esta iniciativa”.

Lo cierto es que esta idea no es novedosa, sino un replanteamiento de la iniciativa sobre el Diálogo entre las Civilizaciones contenida en el discurso del entonces Presidente iraní, Seied Muhammad Jatami, en la 53ª Sesión de la Asamblea General de las Naciones Unidas en Nueva York, el 21 de septiembre de 1998, cuando dijo que quería proponer “en nombre de la República Islámica del Irán, que los Naciones Unidas, como un primer paso, designen al año 2001 el "Año de Diálogo entre las Civilizaciones", con el mayor anhelo de que a través de tal diálogo se dé inicio a la realización de la justicia universal». Por cierto, aquel discurso de Jatami contenía una plétora de ideas conciliadoras, de tolerancia y de la necesidad de mutua comprensión. Entre otras cosas, señaló que “además de las razones morales, culturales y humanitarias, el Islam y Europa deben, por la fuerza de la circunstancias históricas y geográficas, llegar a conocerse bien entre sí, y luego mejorar sus relaciones políticas, económicas y culturales. Nuestros futuros son inseparables porque nuestros pasados han sido inseparables. El diálogo es algo tan deseable, porque está basado en la libertad y en la libre voluntad. En un diálogo, ninguna idea puede ser impuesta a la otra parte. En un diálogo, uno debe respetar la identidad independiente de la otra parte y su independencia e integridad ideológica y cultural. Sólo de esa manera, el diálogo puede ser un paso preliminar que conduzca a la paz, seguridad y justicia.” Lo que pasa es que después sucedió el atentado contra las Torres Gemelas en Nueva York el 11 de septiembre de 2001, Jatami fue sustituido por Ahmadineyad en la presidencia de Irán (como resultado de las elecciones generales celebradas el 24 de junio de 2005), y es ya pandémico el brote de terrorismo islamista con el fin declarado de conquistar y muslimizar a la fuerza todo el mundo –y no sólo el occidental-.

Centrémonos entonces en las dos cuestiones pivotales relativas al proyecto de despliegue en Polonia y Chequia del sistema anti-misiles propuesto por el gobierno de los EE.UU. (una instalación de radar en la República Checa y diez misiles interceptores en Polonia): (1) el peligro de un ataque a Europa o a los EE.UU. con armas de destrucción masiva por parte de Irán o Corea del Norte; y (2) la oposición de Rusia a la materialización de ese despliegue, y la consiguiente política de apaciguamiento de Rusia que entraña la declaración acordada en Praga el 14 de septiembre de 2007 por los representantes de cinco partidos socialdemócratas centro-europeos.

Que el peligro potencial de un ataque nuclear, químico o bacteriológico por parte de Irán o Corea del Norte sea real ya lo admite, en primer lugar, Rusia. En el número de abril-junio 2007 de la revista RUSSIA IN GLOBAL AFFAIRS (Rusia en los Asuntos Globales), publicada en Moscú por la Fundación de Investigación sobre Política Exterior, el Mayor General (Retirado) Vladimir Dvorkin (del Instituto para la Economía Mundial y la Relaciones Internacionales, dependiente de la Academia de Ciencias de Rusia) ha afirmado, entre otras cosas, que

- los EE.UU. fundamentan el despliegue de un sistema de defensa contra misiles en Europa en el aumento de las amenazas balísticas que Irán plantea a los EE.UU. y Europa.
- Irán ha llevado a cabo trabajos en complejos balísticos intercontinentales desde principios de la década de 1980. A esas tareas se les da una alta prioridad en los planes militares iraníes de desarrollo y modernización. Existen planes para que Irán tenga, hacia el año 2015, el arsenal balístico más poderoso de la región.
- La cooperación con Corea del Norte le permitió a Irán disponer de los misiles Shehab-3, basados en la tecnología norcoreana Nodong-1, con un alcance mínimo de 1.500 kilómetros y una carga de alrededor de una tonelada, franqueándole alcanzar objetivos en Arabia Saudí, Israel, Turquía, e incluso algunas ciudades rusas. Si la carga de estos misiles se reduce a la mitad, su alcance puede llegar hasta los 2.000 kilómetros.

El misil Shehab-4, basado en el misil norcoreano de medio alcance Taepodong-1, lanzado hace 12 años, hace posible que Irán alcance objetivos en Europa a una distancia de más de 3.000 kilómetros.

Existen informes sobre el proyecto del proyectil balístico intercontinental Shehab-5, basado en el misil norcoreano Taepodong-2, aunque su lanzamiento en julio de 2006 fue un fracaso.

- En resumen, no es imposible que en un futuro los misiles iraníes lleguen a suponer una amenaza para el conjunto de Europa e incluso, si Irán mantiene la actual política, que sus misiles puedan alcanzar también territorio estadounidense, aunque el General Dvorkin ha tenido cuidado de añadir que esta posibilidad se encuentra todavía muy lejana en el tiempo.
- La ampliación del sistema de defensa balística de los EE.UU. no entrañará una amenaza al potencial de los misiles nucleares de Rusia hasta alrededor del año 2015.

En el Consejo Editorial de la revista RUSSIA IN GLOBAL AFFAIRS figuran, entre otras muchos protagonistas del mundo político, el ministro ruso de Exteriores Igor Ivanov, el ex canciller federal alemán Helmut Kohl, el ex primer ministro ruso Yevgueni Primakov (acérrimo defensor en su día del régimen serbio presidido por Slobodan Milosevic), y Sergei Yastrzhembsky (Asesor de la Presidencia rusa y Representante especial del Presidente ruso ante la Unión Europea). Puede presumirse, por lo tanto, que los materiales que se publican en esa revista reflejan, o en todo caso contribuyen poderosamente a perfilar, la política exterior rusa.

¿Acaso los firmantes de la declaración de partidos socialdemócratas centro-europeos emitida en Praga el 14 de septiembre de 2007 actuaron movidos por el disgusto de los altos estamentos de la política exterior rusa ante el proyectado despliegue de un sistema de defensa antibalístico en Polonia y Chequia, a fin de aplacar tal desazón del régimen ex soviético pero todavía poderoso y temible vecino? ¿Lo hicieron, además, para atraer el favor de sus electorados en los próximos comicios generales en sus respectivos países, capitalizando la posible alarma de los votantes ante el disgusto del Oso ruso por la colaboración militar con el Tío Sam, y así –según el caso individual- permanecer en el Poder o recuperarlo?

Es posible, porque -al final del citado artículo de la revista RUSSIA IN GLOBAL AFFAIRS- el general ruso Dvorkin advierte desembozadamente que la actual crisis puede producir un mayor deterioro que desemboque en un periodo similar a la Guerra Fría. Pone el ejemplo de que, si los EE.UU. persisten en la expansión de su sistema de defensa antimisiles, Moscú podría denunciar el Tratado sobre la Eliminación de Misiles de Alcance Intermedio y Cercano (firmado en 1987 entre la URSS y los EE.UU., y en vigor a partir del 1 de junio de 1988), y Rusia le suministraría al Presidente venezolano Hugo Chávez misiles de alcance medio con cualquier clase de cabezas explosivas, así como otros tipos de armas.

Estas tremendas amenazas las hace un presunto vocero de la política exterior rusa, quien da como una de las razones para hacerlo que el actual gobierno estadounidense toma con arrogancia decisiones unilaterales sobre temas estratégicos. Ello, a pesar de que a renglón seguido cita, sin desmentirlas, declaraciones de la Secretaria de Estado Condoleezza Rice en el sentido de que Moscú ha sido informado en doce ocasiones distintas sobre los planes estadounidenses de despliegue de bases de defensa antimisiles en Polonia y la República Checa. No obstante, el general Dvorkin comenta que esta clase de marco de relaciones no complace a Rusia, y añade que la declaración de Rice ha concitado la reacción inmediata de líderes europeos (a quienes no identifica), los que dice han pedido la celebración de consultas estrechas sobre los problemas de la defensa anti-misiles, en un diálogo entre los EE.UU., la OTAN y Rusia. Como una alternativa todavía mejor, el general sugiere la participación directa de Rusia en el desarrollo y uso conjunto de un sistema antibalístico europeo y, ítem más, en un sistema global.

El gobierno ruso no ha abandonado su táctica negociadora favorita: intentar atemorizar al interlocutor, para que éste ceda en toda la línea a las exigencias rusas (en este caso, el chantaje político planteado al gobierno estadounidense es tan simple como crudo: que desista de la proyectada instalación de su sistema de defensa antimisiles, diseñado contra la amenaza de los misiles de Corea del Norte e Irán, que tanto Rusia como los EE.UU. anticipan estarán operativos hacia el año 2015, o de lo contrario Rusia suministrará a Hugo Chávez misiles de alcance medio con cabezas explosivas de cualquier clase así como otro tipo de armamento). Por si a alguien le podía quedar alguna duda ante este anuncio, el general Dvorkin añadió que parecía que algunos gobernantes no habían aprendido nunca en realidad las lecciones de la Crisis del Caribe [es decir, la Crisis de los Cohetes con cabezas nucleares, causada por el envío de éstos a Cuba y su despliegue en el año 1962, por acuerdo entre Nikita Jruschov y Fidel Castro].
Y así, por las propias declaraciones públicas de las partes interesadas (unas a favor, otra en contra) en el sistema de defensa antimisiles cuya instalación en Chequia y Polonia proponen los EE.UU., se empieza a desentrañar el hilo de Ariadna que el análisis nada caprichoso de esta situación revela que discurre por el esclarecimiento de las posiciones e intenciones de Rusia, Irán, Corea del Norte, los partidos socialistas y socialdemócratas centro-europeos que han suscrito el reciente Llamamiento de Praga, y el gobierno de Hugo Chávez en Venezuela.

© 2007 - Roberto Soto Santana
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