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FORO PARTICIPATIVO / PARTICIPATIVE FORUM
 
Adam Michnik
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La Otra Polonia - 2007/05/14 23:24 Recientemente, el Parlamento Europeo condenó el intento del gobierno polaco de despojar a Bronislaw Geremek de su mandato parlamentario. Geremek, líder de Solidaridad, ex preso político y el ministro de Relaciones Exteriores responsable del ingreso de Polonia a la OTAN, se negó otra vez a firmar una declaración de que no había sido agente de la policía secreta comunista.

Los parlamentarios de la UE calificaron las acciones del gobierno polaco de caza de brujas y Geremek declaró que la ley de “lustración” de Polonia era una amenaza a las libertades civiles. En respuesta, el primer ministro polaco, Jaroslaw Kaczynski, acusó a Geremek de “perjudicar a su madre patria” y de “generar una cuestión antipolaca”. Los comunistas emplearon las mismas frases cuando Geremek criticó su desgobierno.

Un dictamen de la Corte Constitucional del Polonia emitido el 11 de mayo terminó con gran parte de la ley de depuración y resguardó la posición de Geremek en el parlamento de la UE –al menos por ahora-. Pero la ley de depuración fue sólo un acto entre muchos en un esfuerzo sistemático del gobierno actual de Polonia por socavar las instituciones y el tejido democráticos del país.

¿Qué está sucediendo en Polonia, el país donde empezó la caída del comunismo? Cada revolución tiene dos fases. Primero viene una lucha por la libertad, luego una lucha por el poder. La primera hace que el espíritu humano se eleve y saca lo mejor de la gente. La segunda desata lo peor: envidia, intriga, ambición, sospecha y la necesidad de venganza.

La revolución de Solidaridad en Polonia siguió un curso inusual. Solidaridad, sumergida por la fuerza cuando se declaró la ley marcial en diciembre de 1981, sobrevivió a siete años de represión y luego regresó en 1989 subida a la ola de la “perestroika” de Gorbachov. Durante las negociaciones de la Mesa Redonda que desencadenaron en el fin del régimen comunista, se llegó a un acuerdo entre el ala reformista del gobierno comunista y Solidaridad. Esto abrió el camino al desmantelamiento pacífico de la dictadura comunista en todo el bloque soviético.

Solidaridad adoptó una filosofía de acuerdo más que de venganza y abrazó la idea de una Polonia para todos y no de un Estado dividido entre ganadores omnipotentes y perdedores oprimidos. Desde 1989, cambiaron los gobiernos, pero el Estado se mantuvo estable; incluso los postcomunistas aprobaron las reglas de la democracia parlamentaria y una economía de mercado.

Sin embargo, no todos aceptaron este camino. Hoy, Polonia está gobernada por una coalición de revanchistas post-Solidaridad, postcomunistas provinciales generadores de problemas, los herederos de los chauvinistas pre-Segunda Guerra Mundial, grupos xenófobos y antisemitas y el entorno de Radio Maryja, los voceros del fundamentalismo etnoclerical.

Por todas partes se perciben señales de preocupación: se socava la autoridad de los tribunales, se ataca la independencia del Tribunal Constitucional, se corrompe el servicio civil y los fiscales están politizados. Todos los días, la vida social es regulada de manera represiva.

¿Por qué sucede esto? Toda revolución exitosa crea ganadores y perdedores. La revolución de Polonia trajo derechos civiles de la mano de una mayor criminalidad, una economía de mercado junto con empresas fallidas y un alto desempleo, y la formación de una clase media dinámica junto con una mayor desigualdad de ingresos. Le abrió a Polonia las puertas de Europa, pero también generó un miedo a los extranjeros y una invasión de la cultura masiva occidental.

Para los perdedores de la revolución de Polonia de 1989, la libertad es una gran incertidumbre. Los trabajadores de Solidaridad en las empresas gigantescas se han convertido en víctimas de las libertades que ganaron. En el mundo carcelario del comunismo, una persona era propiedad del Estado, pero el Estado se ocupaba de su existencia. En el mundo de la libertad, nadie se ocupa del otro. Es en esta atmósfera ansiosa que gobierna la coalición actual, combinando las panaceas conservadoras de George W. Bush con las prácticas centralizadoras de Vladimir Putin.

Los veteranos de Solidaridad creían que tras la muerte de la dictadura vendría su propio reinado. Pero los comunistas culpables no fueron castigados y los activistas virtuosos de Solidaridad no fueron recompensados. De manera que los sentimientos de injusticia dieron lugar al resentimiento, la envida y una energía destructiva concentrada en la venganza contra los antiguos enemigos y los viejos amigos que parecían exitosos.

Los perdedores se negaron a admitir que el logro de la liberad era el mayor éxito de Polonia en 300 años. Para ellos, Polonia seguía siendo un país gobernado por el aparato de seguridad comunista. Una Polonia de estas características requería una revolución moral en la que se castigaran los delitos, se recompensara la virtud y se redimiera la injusticia.

Los medios elegidos por los partidos de esos perdedores después de que ganaran la elección general en 2005 fue una gran purga. Se espera que la depuración, según las primeras estimaciones, afecte a 700.000 personas y demore 17 años en completarse. Se debía preparar y hacer pública una lista de nombres encontrados en los informes de los Servicios de Seguridad. Es más, era la obligación de cada una de las 700.000 personas que fueron objeto de la depuración declarar que no colaboraron con los servicios secretos. Quienes se negaban a hacerlo o presentaban una declaración falsa serían despedidos y se les prohibiría trabajar en su profesión durante diez años.

El resultado de todo esto fue un clima penetrante de miedo. Pero no todos cayeron en el silencio. El cardinal Dziwisz de Cracovia dijo que en Polonia no se le podía dar cabida “a la retribución, a la venganza, a la falta de respeto por la dignidad humana y a las acusaciones irreflexivas”. Nunca desde la caída del comunismo un cardenal católico había utilizado semejantes palabras de condena.

El objetivo de la revolución pacífica de Polonia era la libertad, la soberanía y la reforma económica, no una cacería de supuestos agentes de la policía secreta o agentes reales. Si se hubiera organizado una cacería de agentes en 1990 cuando empezó la revolución democrática, ni las reformas económicas de Leszek Balcerowicz ni el establecimiento de un Estado gobernado por el derecho habrían sido posibles. Polonia no estaría ni en la OTAN ni en la Unión Europea.

Hoy, dos Polonias están enfrentadas entre sí. Una Polonia de sospecha, miedo y venganza está luchando contra una Polonia de esperanza, coraje y diálogo. Esta segunda Polonia –de apertura y tolerancia, de Juan Pablo II y Czeslaw Milosz, de mis amigos de la resistencia y de la cárcel- debe prevalecer. Creo que los polacos una vez más defenderán su derecho a ser tratados con dignidad. La decisión del Tribunal Constitucional brinda la esperanza de que la segunda fase de la revolución polaca no consumirá ni a su padre, la voluntad de libertad, ni a su hijo, el Estado democrático.
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