Home arrow Foro / Forum
Nov 21, 2008 at 07:29 PM
 
 
Main Menu
Home
Primera Plana / Headlines
Documentos / Documents
Referendos / Plebiscites
Libros / Books
Enlaces / Links
Derechos Humanos / H. Rights
FORO / Participative Forum
Top Forum
Gerardo E. Martínez-Solanas (315 posts)
Yaxys Dallan (180 posts)
Elena Blanco (85 posts)
Marcos Villasmil (78 posts)
Vicente R. Gutiérrez Santos (68 posts)
Miguel Saludes (61 posts)
Jorge A. Sanguinetty (61 posts)
Ernesto Ortiz Hdez. (48 posts)
OSWALDO JOSÉ PAYÁ SARDIÑAS (41 posts)
daniel bouzas (37 posts)
Login Form
Username

Password

Remember me
Password Reminder
No account yet? Create one
:: DONACIONES ::

You may help this effort for democracy with your valued donation to offset the cost of maintaining this site and to assist us in our efforts in favor of democracy and human rights.
Click on the button above to use PayPal. Or you may send a check to Participatory Democracy Cultural Initiative, Inc. Send a note to DemocraciaParticipativa.net with your commitment.

INSTRUCCIONES

Official PayPal Seal

Visitantes online
We have 111 guests online
Privacy Policy
You must register for posting. It's free! Find the Login Form in the left column.
Debe registrarse para publicar en el "Login Form" de la izquierda. ¡Es gratis!

FORO PARTICIPATIVO / PARTICIPATIVE FORUM
 
Ernesto Ortiz Hdez.
Admin
Posts: 48
graphgraph
 
Ta Mok & Raúl Castro - 2006/08/21 08:36 Ta Mok y Raúl Castro
Equipo de DemocraciaParticipativa.net

Una de las características más enigmáticas de la naturaleza humana es la asombrosa reverencia y admiración que los tiranos han provocado en las masas a través de la historia.

En los tiempos modernos, Hítler fue una de las figuras más destacadas por su capacidad de seducir a sus numerosos seguidores hasta provocar en ellos un estado de histeria ferviente capaz de arrastrar a todo el país hacia una meta de odios y miseria. Y Fidel Castro es hoy día el ejemplo vivo de este abrumador fenómeno.

Esa capacidad se ha proyectado más allá de las fronteras de sus propios países hasta el punto de originar verdaderos movimientos y motivar a muchos más seguidores que llegan a sobrevivir a la propia desaparición del tirano que los motivó. En la actualidad siguen naciendo nuevos nazis en muchos países. Por añadidura, estos crueles personajes tienen el poder asombroso de lograr que sus propias ambiciones rebasen sin mayores consecuencias los límites que sus enemigos nunca debieron haber permitido, pero lo hacen ingenuamente en nombre de la paz.

Países tan pequeños como Cuba y Cambodia han tenido la triste suerte de ser la cuna de semejantes líderes mesiánicos en los tiempos más recientes. Cambodia tuvo el privilegio indeseable de no contar sólo con uno sino con dos de ellos. Cuba parece que va por el mismo camino. El primero en Cambodia fue Pol Pot, responsable del holocausto de su propio pueblo después que los Estados Unidos abandonaron la región a su propia suerte. Este murió en su cama bajo la custodia del segundo, Ta Mok, el arquitecto de sus excesos anteriores. Pero el heredero también era mortal y le tocó su hora hace pocos días.

Ta Mok significa “respetado abuelo”, título otorgado por algunos de sus compatriotas porque afirman que trajo prosperidad y trabajo a los pobres. Bajo su autoridad, sobre todo en la región sudoccidental de Cambodia, cuando era Secretario del partido en los días del Khmer Rojo, se construyeron numerosos puentes, carreteras y represas y hermosos campos verdes de arroz se multiplicaron por todas partes. Por lo menos hay que reconocerle el mérito de muchos más “logros” de infraestructura en su atrasado país que los que intenta proclamar el dictador cubano en su empobrecida isla.

Los puentes, carreteras y represas de Ta Mok y sus muchas otras obras públicas se realizaron a partir de la retirada norteamericana hasta finales de los 70 con centenares de miles de esclavos. Eran doctores, maestros, escritores, científicos, intelectuales, arrancados violentamente de sus hogares y llevados como ganado a lugares remotos a vivir en barracas pestilentes y trabajar turnos de 12 a 14 horas diarias. Comían unos 150 gramos diarios de arroz mal cocinado, con el aliciente de una pequeña ración de gachas de arroz o de sopa aguada de banana para “quienes hicieran méritos”.

Muchos de los que no murieron en estas condiciones de enfermedades, desnutrición o agotamiento fueron asesinados por “reluctancia”, por “disentir” o por atreverse a usar lentes (¡si! ¡por usar lentes!). Entre las ejecuciones y las otras muertes, casi la cuarta parte de la población de Cambodia –1.700.000 de 7 millones– perdieron la vida en tales condiciones durante esos años del Khmer Rojo. Muchos más morirían en los años subsiguientes en que siguieron atormentando la mayor parte del país como una fuerza guerrillera.

Ta Mok fue capturado al fin hace varios años. Mientras esperaba tranquilamente el juicio demasiado demorado de una corte de las Naciones Unidas en Cambodia, bajo cargos de genocidio, siempre afirmó que nunca había matado a nadie. Puede que Fidel Castro afirme lo mismo, como lo afirmarían Hitler y otros. Técnicamente, puede que haya sido cierto. Estos crímenes y asesinatos tuvieron lugar en lo profundo de las selvas de la región sudoccidental camboyana. Los hechos que él consumó en nombre de Pol Pot –cuando éste era el líder del Khmer Rojo y él era su principal testaferro y después cuando fue Jefe del Ejército– se realizaban como masacres de tipo mafioso en las que ningún General se entrometía. Raúl Castro en Cuba no puede aducir la misma coartada. El heredero cubano ha dirigido personalmente numerosas ejecuciones sin juicio.

En la última marcha forzada que organizó mientras los vietnamitas invadían el país en 1979, Ta Mok manejaba su Jeep a lo largo de las interminables columnas exigiéndo a las desgraciadas víctimas que se movieran más rápido. Si alguna caía durante la marcha nada le importaba si quedaba muriéndose de a poco.

Este hombre anodino, nervudo e impetuoso había sido notable por su crueldad desde los años 50. Igual de notable que su desconfianza. Veía traidores por todas partes –como sucede con todos los tiranos– tanto entre sus rivales del partido como entre la gente ordinaria, convertidos por su obsesión en agentes de la CIA, lacayos del gobierno tailandés, infiltrados vietnamitas, o cualquier otra acusación improvisada. Igual que observamos hoy día en la Cuba de Castro con otros nombres y otros supuestos “enemigos”.

La influencia de Ta Mok bajo el régimen de Pol Pot fue producto de una larga amistad. Se conocieron en el Instituto Budista de Phnom Penh cuando por un breve período Ta Mok acariciaba la idea de hacerse monje. Pero el papel de guerrilleros les resultó mucho más atractivo.

Mientras que Pol Pot proclamaba sus teorías sobre la “noble igualdad agraria”, Ta Mok, de origen campesino y sin la privilegiada educación francesa del primero, se identificaba como uno de sus “hermanos humildes” al nivel de las raíces de ese ideario, con mayor vocación para hacer el trabajo sucio revolucionario, tal y como hiciera el Ché Guevara en sus días de poder y hace Raúl Castro hoy como heredero indiscutible del tirano de Cuba. Empero, Ta Mok sabía disfrutar también de las prebendas materiales. Colocó a familiares, hijos y amigos en puestos prominentes del partido y se construyó un palacete de ladrillos rojos como sede personal en medio de un lago. Cuán reminiscentes resultan estas larguezas de la vida acomodada que han gozado y gozan Fidel Castro y su heredero en Cuba, como lo demuestra esta foto del palacete que han construido en el mar para su uso exclusivo en Cayo Saetia.

Desde el poder, las decisiones crudas e insensibles de ambos personajes en continentes y bajo condiciones tan distintos a menudo han superado en crueldad las intenciones de sus propios subordinados. En 1975 Ta Mok ordenó la evacuación total y el saqueo de Phnom Penh que resultó en la muerte de más de 20,000 personas, por el simple motivo de que acusó de vagos a sus compatriotas de la capital. Un año antes había “limpiado” a la capital real de Oudong de sus 30,000 residentes para prenderle fuego. Los habitantes fueron empujados a marchas forzosas hacia regiones deshabitadas en las que él quería que le construyeran una nueva Cambodia.

Después del derrumbe de los Khmer Rojos en 1979, Ta Mok tomó el oficio de líder guerrillero por dos décadas más. Al final de ese período había despojado del poder a Pol Pot y dominó la mayor parte de Cambodia por varios años, prolongando la miseria de su atribulado país. Tal y como pudiera suceder en la Cuba de hoy con Raúl. Pero aún hay quienes creen que podrían alcanzar con él una transición negociada.
  | | The administrator has disabled public write access.
Ernesto Ortiz Hdez.
Admin
Posts: 48
graphgraph
 
Ta Mok and Raúl Castro - 2006/08/21 08:39 Ta Mok and Raul Castro
The Staff of ParticipatoryDemocracy.net

One of the most enigmatic facts about human nature is the astounding reverence and admiration the masses have granted throughout history to so many tyrants.

In modern times, Hitler is among the most outstanding public figures capable of seducing his many followers into a fervent frenzy that would drag the whole country along a path of misery and hate. And Fidel Castro is a still living example of this overwhelming phenomenon.

Their capabilities go beyond the borders of their own countries to the point of creating movements and followers that often survive the tyrant’s demise. Nazi followers are still being born today in many countries. In addition these cruel rulers have the power to place their personal ambition beyond the reasonable limits their enemies should have allowed in the name of peace.

Countries as small as Cuba and Cambodia and have been the cradle of such messianic leaders in recent times. Cambodia had the undesirable privilege of having not only one of them, but two. And Cuba appears to be following the same path. The first one in Cambodia, Pol Pot, responsible for the holocaust of his own people after the US abandoned the region to its own fate, died quietly eight years ago under the custody of the second one, Ta Mok, the architect of his previous excesses. But Ta Mok was mortal as well and his time on Earth was over just a few days ago.

Ta Mok, means “respected grandfather”, a title some of his countrymen gave him because they said he had brought prosperity and work to their poor forests. Under his authority, especially in the south-west of Cambodia, where he had been zone secretary in the communist Khmer Rouge days, roads, dams and bridges sprang up everywhere, and bright green rice fields stretched to the horizon. At the very least he can claim more infrastructure achievements in this backward country than the Cuban dictator in his impoverished island.

Ta Mok dams, roads, bridges, and other public works were erected in the late 1960s and 1970s by thousands of slaves. They were doctors, teachers, writers, scientists, forcibly grabbed from their homes to live in barracks and work 12-14 hours shifts. They ate rice –some 150 grams a day–, or rice gruel, or watery soup of banana stalks. If they did not die of disease, starvation or exhaustion, they might be killed for "reluctance" or "dissent", or for wearing glasses (yes! for wearing glasses!). Between executions and deaths from aggravated causes, almost a quarter of Cambodia's population —1.7m people out of 7m— died between 1975 and 1979, when the Khmers Rouges were in power. Many more died afterward while they ruled large areas of the country as a guerrilla force.

Ta Mok was captured a few years ago. While he awaited a long-delayed trial before a UN-Cambodian court on charges of genocide, he claimed that he had never killed anyone. Castro might have the same claim, as well as Hitler and others did before them. Technically, this may have been true. These killings took place in the south-western zone in the deep jungle. Those he master-minded for Pol Pot, the Khmer Rouge leader, when he was his senior adviser and later his army chief, were more like mob massacres in which no General intruded. Raul Castro in Cua does not have the same alibi. He has personally directed many executions without trial.

On the last forced march organized while the Vietnamese were invading in 1979, Ta Mok drove up and down the straggling lines of the starving in his Jeep, shouting at people to keep moving. If they dropped as they walked, it was not his affair if they died.

Ta Mok was an unimposing thin, wiry, impetuous man. As early as the 1950s his cruelty was notable, and noted. So was his distrust. He saw traitors everywhere –as most tyrants do– among his party rivals and ordinary people who became in his view CIA agents, lackeys of the Thai government, agents of the Vietnamese, etc. Just as we witness today in Castro’s Cuba with other names and other alleged “enemies”.

Ta Mok’s influence with Pol Pot sprang from long acquaintance. They met at the Buddhist Institute in Phnom Penh when, for a brief while, Ta Mok had flirted with being a monk. But guerrilla warfare suited both men better.

While Pol Pot proclaimed his theories of noble agrarian equality, Ta Mok, born a peasant and with no fancy French education, talked of himself as one of the “lower brothers” at the grassroots, doing the hard revolutionary work, just as Che Guevara did on his days and Raul Castro does today on behalf of the "Maximum Leader". But Ta Mok enjoyed the material rewards as well. He put his family —brothers, sons, daughters, in-laws— into party jobs, and built himself a fine red-brick headquarters in the middle of a lake. How reminiscent of the pliable existence Raúl Castro lives in Cuba today, a fact that is self-evident in this picture of the mansion built in the middle of the sea for the exclusive use of brothers Castro in Key Saetia. .

In power, his basic, crude advice often overwhelmed the cruelty of other cadres. Phnom Penh was cleared out and sacked in 1975, with the deaths of 20,000 people, largely because Ta Mok condemned his colleagues as “layabouts”. The year before, in Oudong, he had cleansed the old royal city of its 30,000 residents and burned it to the ground. The people were marched away to an uninhabited region in which he wanted them to build the new Cambodia.

After the collapse of the Khmer Rouge regime in 1979, Ta Mok kept on fighting for two decades. By the end of that time, he had argued with Pol Pot, seized power, and taken the old dictator under custody.

He ruled over large parts of Cambodia, prolonging his country’s miseries for several years more. Just as it might happen in today's Cuba under Raúl. But we still have those who dream about a negotiated transition in the Caribbean island.
  | | The administrator has disabled public write access.
 
Top! Top!