Gerardo E. Martínez-Solanas
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Muerto el perro, se acabó la rabia - 2006/08/01 15:22
Lamentablemente, el refrán que encabeza estas líneas expresa más bien un anhelo popular que una realidad. Los hechos demuestran que la mayoría de las veces el perro ya ha transmitido la rabia y que el problema, lejos de solucionarse, se complica.
Súbitamente, sin indicios previos por parte de los canales oficiales de información del régimen cubano ni, mucho menos, por parte de los medios de comunicación extranjeros ubicados en Cuba, se produce en la noche del lunes 31 de julio un comunicado en el que supuestamente el dictador Castro “delega” todos sus poderes a una serie de prominentes figuras del régimen, empezando por su hermano Raúl, quien figura en esa declaración como una especie de heredero designado.
Es curioso notar que la página oficial del Gobierno cubano en la WEB aparecía en la mañana del martes 1º de agosto suspendida en el tiempo, pasando constantemente el siguiente anuncio: “Acto Central por el 26 de julio mañana en la Plaza de la Patria de Bayamo … Fiesta y compromiso por el 26 de julio en Granma … Exhorta Alarcón a intensificar campaña por liberación de Los Cinco …” Titulares que quedaron congelados en el limbo desde el día 25 y que no se actualizaron hasta el mediodía de hoy martes.
En la página de la Agencia Cubana de Noticias (ACN), apenas aparecía la escueta declaración leída la noche anterior ante la TV cubana por Carlos Valenciaga, secretario personal de Fidel Castro. Ni una sola prognosis médica ni parte de hospital o alguna declaración sobre las decisiones de urgencia o las disposiciones a tomar bajo sus respectivas responsabilidades por parte de los “herederos” de esta crisis: Raúl Castro, José Ramón Balaguer, José Machado Ventura, Esteban Lazo y Carlos Lage.
Además, hasta estos momentos brilla por su ausencia Ricardo Alarcón Quesada, Presidente de la Asamblea Nacional, que según la Constitución cubana “es el órgano supremo del poder del Estado”. Un régimen que se autoproclama como una “democracia participativa”, debería contar expresamente con este máximo representante de su poder legislativo para cualquier proceso de delegación de poderes. Pero en Cuba, las decisiones importantes no se rigen por la Constitución sino por el capricho del gobernante.
De hecho, al mediodía del martes, la única información adicional a estos hechos mantenidos en la sombra era una brevísima nota de la propia ACN: “Repercusión de la Proclama del Comandante en Jefe hoy en la mesa redonda”. Este programa se transmitiría a las 6:30 pm, 24 horas después de los hechos, tiempo suficiente para que esta herramienta de la política oficial arme una versión que acomode los hechos a las necesidades de quienes hayan tomado el poder en Cuba.
Dictadores como Castro –al estilo de Stalin, Mao y otros– no acostumbran delegar el poder bajo ninguna circunstancia. Su paranoia concibe que semejante acción sería señal de debilidad que otros aprovecharían.
La desaparición de Castro ha sido habitualmente un tema de especulación y podemos apostar que en este caso también se están ocultando los hechos más importantes. Si la enfermedad (o muerte) de Castro fuera cierta, pronto comprobaremos que una lucha intestina por el poder ya estaría sucediendo en estos momentos tras bastidores bajo la cobertura de las estrictas reglas de desinformación del régimen cubano. El hecho de que el líder Cubano o su hermano no hayan aparecido públicamente para hacer esta declaración añade combustible a la especulación sobre la gravedad de su condición y la inestabilidad resultante después tan prolongada dictadura personal.
Es normal que en la mayoría de los países numerosas figuras públicas opinen o hagan aclaraciones en circunstancias como estas. En los países totalitarios es indispensable armar el escenario primero para no perder el control dramático de la ficción que imponen a los espectadores. Todo indica que la naturaleza o la ambición de sus “herederos” está a punto de marginar definitivamente a Castro del poder. En la sombra se mueven los hilos para seguir amarrando al pueblo cubano al carro de sus opresores. Serán otra caras y otras características, pero difícilmente representan un cambio democratizador o una esperanza liberadora.
La historia nos enseña que ningún fundador de un régimen totalitario ha dado paso siquiera a un asomo de democracia en sus países respectivos. Las únicas excepciones –como Hitler, Mussolini o Pol Pot– fueron producto de derrotas militares. Los demás –Stalin, Mao, Kim Il Sung, Ho Chi Mihn, etc– dieron paso a regímenes que perpetuaron la opresión y en la mayoría de los casos aún la mantienen.
En Cuba no existe una sociedad civil independiente organizada ni grupos de militantes con la capacidad de canalizar una explosión popular, si esta se produjera. No hay bases establecidas en los ámbitos de la oposición para movilizar las masas en una coyuntura como ésta.
Quizás haya desaparecido el perro, pero seguirá la rabia.
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