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El discurso de Pérez Roque ante el Consejo de DH - 2006/06/28 08:24
El discurso de Pérez Roque ante el Consejo de Derechos Humanos. El reverso de la moneda. Miguel Saludes.
No obstante el triunfalismo mostrado en el discurso de Felipe Pérez Roque ante el apoyo casi masivo recibido por su gobierno para acceder a un puesto dentro del recién inaugurado Consejo de Derechos Humanos de la ONU, existen algunos cuestionamientos que dan al traste con la jactancia de la dictadura. La gran interrogante que queda abierta para la delegación cubana es si el gobierno que ellos representan cumplirá definitivamente con los 30 puntos contenidos en la Carta de Derechos Humanos que preside esta asamblea de naciones, en la que ellos tienen una responsabilidad como miembros del consejo velador por su cumplimiento. No vale de nada señalar los enormes defectos del comportamiento ajeno en cuanto a derechos humanos y obviar el propio.
Las palabras de Pérez Roque dan especial realce al gesto noble y altruista de la Cuba de Castro, bajo bloqueo y amenazada, que a pesar de ello lleva su ayuda solidaria a cuantas naciones lo soliciten. Nadie se pregunta, aunque sea por curiosidad, como un país pequeño, separado por unos pocos kilómetros de su principal enemigo, que además lo atenaza brutalmente, según denuncian incansablemente los dirigentes y voceros del gobierno cubano, pueda enviar ayudas millonarias a centenares de países. Cómo explicarse una economía bloqueada capaz de realizar tales hazañas, con disposición de aviones y barcos para llegar a países lejanos, más extensos y con más recursos que la isla caribeña. Por aquí es que comienzan a aparecer las grietas del discurso recurrente acerca del embargo y sus influencias negativas sobre el cumplimiento cabal de los derechos humanos en el país.
Sobre la participación liberadora de Cuba en el Tercer Mundo y su actuación transparente ante la verdad existen serios cuestionamientos. Mirando desde la distancia la participación cubana en las guerras africanas, la intención no fue tan generosa por parte de La Habana. Si el apartheid fue un sistema segregacionista, aberrante e inhumano no puede perderse de vista la actitud cruel y despótica de los gobernantes Megistu Haile Marian de Etiopía, y Francisco Macias Nguema de Guinea Ecuatorial, quienes recibieron ayuda y asesoramiento cubano. Estando en Polonia coincidí con becarios angolanos. De estos solo unos pocos hablaban con sus convecinos caribeños. No fueron pocos los escupitajos lanzados al suelo a nuestro paso, las hoscas miradas que nos dirigían. No había escaramuza escenificada por cubanos donde aquellos, de quienes se esperaba la solidaria ayuda de agradecidos deudores, se sumaban invariablemente al bando opuesto.
Si criminales e inaceptables han sido los actos de guerra sostenidos por Estados Unidos, hay que volver a preguntarse por qué nunca el gobierno cubano se manifestó sobre la invasión soviética en Afganistán, acto tan imperialista como pudo haber sido la intervención norteamericana en otras regiones del mundo y con iguales o peores crueldades ¿Dónde estuvo la voz de la delegación cubana en Naciones Unidas cuando las masacres del Khmer Rojo en Kampuchea? ¿Qué manifiesta la cancillería cubana acerca de la realidad siniestra que vive el pueblo norcoreano que sufre una de las más férreas dictaduras del planeta o sobre el derecho de los pueblos kurdos y tibetanos?
Pero aún aceptando como válidas todas las acusaciones hechas por el jefe de la cancillería castrista contra Estados Unidos en su discurso ante el Consejo, queda un solo cuestionamiento que hacerle: ¿y los derechos del pueblo cubano que tienen que ver con la política estadounidense?
Si por un lado Felipe Pérez Roque muestra con orgullo todo lo que su gobierno hace en otros países, y pondera las cualidades del sistema educativo y de salud desarrollado en Cuba, hay que seguir señalándole que existen otros puntos que adolecen de igual preocupación por parte de las autoridades políticas de la Isla. Para obviar ello no se puede seguir acudiendo a justificaciones externas. El lema citado por Pérez Roque sobre el enunciado que hizo el presidente de Estados Unidos a raíz del atentado del 11 de septiembre-quien no está con nosotros está en contra- en Cuba se aplica por motivos ideológicos a los mismos nacionales. Quienes disienten con el sistema son declarados enemigos a los que se les veta el derecho a estudiar y se les limita su participación en la vida social en condiciones lesivas para su dignidad. Muchos se ven precisados a buscar en el exilio lo que se les niega en su patria.
El pueblo cubano se enfrenta desde años a una realidad que se corresponde con una doble trampa. Por una parte se le presenta cercado por una potencia extranjera que trata de ahogarle en la peor de las miserias y por otro se ha levantado a su alrededor un círculo interior que le priva realmente de la mayor parte de sus derechos. Este muro, que es el menos visible desde el exterior, es mucho más hermético y mantiene a la sociedad sumida en una crisis sin fin. Cualquier protesta en cuanto a esta problemática conlleva a una rápida respuesta que indica como culpable al anillo externo, conocido indistintamente como bloqueo o embargo, según de donde venga la referencia. Si el tozudo protestón no termina por aceptar esta verdad, sobre él caen las redes de la represión totalitaria, que tratará de hacerle entender a la fuerza cuan errado se encuentra en su postura. A este irreverente ciudadano solo le quedan dos posibilidades, agachar la cabeza o rebelarse completamente contra el sistema. Esta última determinación le colocará en las filas del contrario y como tal será tratado. Sería sano que el mismo reclamo hecho por Pérez Roque sobre el uso de las cláusulas de suspensión del Consejo contra lo que llama países rebeldes o para castigar a los que no bajan la cabeza, sea hecho a su persona en favor de los que en Cuba reciben el castigo selectivo de leyes tan facistoides como la Ley 82, que tiene el propósito de amordazar y destruir a las personas que no bajan la cabeza ante el totalitarismo que les oprime.
Precisamente por no bajar la frente, centenares de hombres y mujeres han ido a parar a las prisiones dispersas en la geografía cubana. Estos prisioneros no han recibido un juicio justo, pero sí tratos crueles y degradantes. Los nombres y los casos son de público y mundial conocimiento. Los ciudadanos no pueden asociarse según sus criterios políticos. Los trabajadores dependen de un sindicato estatalizado y centralizado que no permite hacer demandas laborales. La expulsión del trabajo es uno de los métodos más efectivos para mantener a raya a los descontentos, pues el empleador es uno solo. Y surgen nuevos cuestionamientos para hacer al gobierno cubano.
¿Acaso los cubanos no tienen derecho a los mismos reclamos que hace el gobierno cubano para los integrantes de otros pueblos? ¿Por qué proclamarse vocero de los excluidos en Estados Unidos, mientras se le quita la voz a la gente dentro del propio país? ¿Qué finalidad persigue el hacerle mítines de repudio a cuanta persona se manifiesta libremente sobre la situación política de la nación cubana?¿No es reprimir mandar a prisión a una persona por el simple motivo de asociarse según sus puntos de vista políticos e ideológicos, por fotografiar y escribir sobre la vida cotidiana de la sociedad?¿Qué ocurre con los juicios carentes de garantías procesales, donde hasta los abogados lo piensan más de una vez para tomar el caso cuando este es de índole política?¿Qué ocurre con el acceso a la libre información, no digamos por Internet, sino por cualquier medio de comunicación? Claro que las respuestas a cada una de estas interrogantes aparecerá la acompañada por la sombra maléfica del embargo y de las tensas relaciones con el vecino del Norte.
Después de todo podemos hasta coincidir con algunos de los planteamientos de Pérez Roque. Por ejemplo, en la esperanza de que esta sesión no sea como las anteriores y marque el inicio de una nueva etapa en la lucha por crear un verdadero sistema de promoción y protección de todos los derechos humanos para todos los habitantes del planeta, incluido los cubanos. Creemos en la necesidad de un cambio radical, una verdadera revolución, que ponga las cosas en su justo sitio. Y solo habrá justicia cuando la verdad y la transparencia alcancen por igual a todos, en cuanto a su derecho a la independencia, a la libre determinación, a la justicia social, a la igualdad, a la alimentación, educación, salud y a una vida decorosa. Sin obviar los anteriores esto también comprende la defensa de la democracia real con participación verdadera en el disfrute de todos los derechos humanos. Cuba no puede quedar excluida de la lista. Realmente, como dijera Pérez Roque se necesitan hechos y no más palabras.
El 10 de mayo del 2002 fueron entregadas más de 10 000 firmas ciudadanas ante la sede de la Asamblea Nacional del Poder Popular en Cuba. El Proyecto Varela, cumplimentando con las leyes constitucionales vigentes en el país, solicitaba un referendo para que el pueblo cubano se expresara sobre cinco aspectos: su derecho a la libertad de asociación, de expresión, de participación económica, la elaboración de una nueva ley electoral y la realización de elecciones verdaderamente libres. La respuesta dada por el régimen es bien conocida y hoy más de sesenta hombres sufren prisión en las cárceles de la Isla, entre otras cosas por su participación en este acto cívico. Qué responda en definitiva Pérez Roque si el pueblo cubano tiene privado esos derechos por mucho que se les garantice salud y educación gratuita, o si el derecho que debe prevalecer es el de los que detentan el poder. Que digan las naciones libres del mundo, esas mismas que votan contra el embargo de Estados Unidos y las políticas externas de ese país, si el pueblo cubano tiene derecho a los derechos establecidos por la Carta Universal de la ONU, por encima de cualquier consideración. Solo entonces comenzaremos a confiar en el lema que identifica el texto de ese trascendental documento y que manifiesta que “Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos”.
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