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FORO PARTICIPATIVO / PARTICIPATIVE FORUM
 
Miguel Saludes
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Posts: 61
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El juicio contra los estudiantes de la UCI, la maq - 2006/06/16 09:07 El juicio contra los estudiantes de la UCI, la maquinaria totalitaria en funcionamiento.

Por Miguel Saludes.

Cuatro estudiantes de la UCI, centro universitario especializado en computación y la cibernética, están siendo sometidos a uno de esos juicios ejemplarizantes tan propios de los sistemas dictatoriales, sobre todo en aquellos que afirman sostenerse en los conceptos teóricos del marxismo leninismo. La razón para montar el espectáculo visto en la televisión de Miami es que los jóvenes violaron ciertos códigos dictados para impedir que se franqueen los límites impuestos por el poder, en este caso para la navegación sin autorización por las vías electrónicas de la Internet, algo insólito teniendo en cuenta que este es el objetivo de los estudios que se realizan en ese centro de estudios.
Coincide este show con los momentos críticos, que bien pudieran ser finales, en la vida del opositor pacífico Guillermo Fariñas, que a consecuencias de una larga estadía en huelga total de hambre, está siendo intervenido quirúrgicamente en un empeño de los médicos por salvarle la vida. Precisamente el motivo esgrimido por el activista cívico para su acto de protesta extremo, es tener acceso Internet desde su propio hogar. Ni siquiera está pidiendo navegar libremente por cuantos vericuetos facilita esta moderna y necesario medio comunicativo, sino simplemente tener la posibilidad de escribir desde su propia casa sin tener que depender del arbitrio de los centros diseñados para dar la apariencia de que los cubanos tienen facilidades para el acceso al medio.

El periodista Juan Manuel Cao, al anunciar las imágenes que serían presentadas en el espacio noticioso, decía a los televidentes que aquello era una evidencia del control férreo de las autoridades castristas donde además podía verificarse como funcionaba el mecanismo de la chivatería, palabra con la que en Cuba denominan a los que descubren o entregan a sus compañeros. Lo visto en el canal 41 de Miami es un hecho bien conocido por los que han convivido durante décadas dentro del sistema impuesto en la Isla. La intervención de los otros estudiantes, tal vez compañeros de los encausados, haciendo acto de contrición revolucionaria, dando prueba de fidelidad al régimen, haciendo empleo del triste recurso de la autocrítica, uno de los elementos absurdos que en la realidad cubana ha hecho que las personas no distingan entre lo que significa reconocer los errores con sentido de honestidad y esta especie de autodefensa que a la larga termina con revertirse contra el que apela a ella pues con su uso se incentiva la doblez y se aprende la falacia de la auto degradación, la humillación, el rebajamiento ante la injusticia haciéndose incluso cómplice de ella. Lo que menos importa en casos como el mostrado es el gesto traducido en un acto traicionero entre los propios condiscípulos, que posiblemente también violaron los acuerdos establecidos de no traspasar las fronteras vetadas, y que ahora para quedar bien con el Diablo escupen azufre contra los implicados. Se trata de algo mucho peor que el simple acto de chivatería: el método de la sojuzgación colectiva. Estamos en presencia de la repetición, a pesar de tantos años transcurridos y de las enseñanzas de los acontecimientos de la historia contemporánea, del sacrificio de los principios éticos que deben caracterizar a una sociedad recta y que se pierde en estas especies de mea culpa en la que los más activos toman el sable del harakiri espiritual, mientras el resto contempla pasivamente el panorama sin emitir una palabra o un gesto reprobador. Estos espectadores silenciosos conforman resultan al mismo tiempo víctimas y cómplices de la paralización en la que se hallan mantenidos. Por escenas como estas, repetidas infinitamente a lo largo y ancho del proceso cubano, estamos sufriendo el aletargamiento de la vida cívica que posibilita a la sociedad funcionar libremente.

Las escenas del juicio mostrado en el noticioso de Miami, me hace recordar un episodio similar en el que estuve involucrado. Siendo estudiante del instituto tecnológico Aracelio Iglesias un grupo de alumnos que estaba en proceso de concluir su tesis de grado sostuvieron un grave altercado con el administrador del centro, un tipo realmente corrupto. No obstante la actitud de aquellos condiscípulos consistió en un acto de indisciplina. La sanción aplicada contra ellos fue la expulsión, lo cual provocó la reacción del resto del estudiantado, que se dio a la tarea de recabar firmas para pedir que la medida se revocara por un castigo menos severo, sin que se afectaran sus cuatro años de carrera casi finalizada. En el lugar se personó el vice ministro de Educación Superior Técnica, aunque no para investigar lo notificado en la carta acompañada por la firma de la mayor parte del alumnado, sino para acusar a los que encabezábamos la lista de promover lo que el dirigente comunista calificó de actos de campañismo y huelgas. Los sancionados ahora serían los que habían protestado por la expulsión de los estudiantes.

El hecho de que los jóvenes asumieran una postura contestataria ante un determinado acto, sin necesariamente ser político, toma esta connotación. Y es que en Cuba una de los cuidados que ha seguido el sistema dictatorial es maniatar el vigor renovador de las nuevas generaciones, aplastando ese espíritu contestatario innato en los de menos edad y que es el impulsor de la mayoría de los procesos sociales en una nación. Por eso el juicio en La Habana contra los que intentaron burlar la censura informativa, dejando abiertas las expectativas de que se procesen a otros infractores. Es un aviso para aquellos que pretendan retar los dictados del poder ante el que solo cabe la sumisión o el silencio.
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