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Yaxys Dallan
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La huella del humanismo cristiano en la acción política de nuestros tiempos - 2008/06/24 00:59 ------------------------
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-Democracia Cristiana: una opción renovada de cambio en libertad. Por:Enrique San Miguel

-La ODCA, sus partidos, y Latinoamérica en el Siglo XXI. Por Marcos Villasmil

-Expresiones del humanismo cristiano en la acción política cubana. Por Yaxys D. Cires
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Yaxys Dallan
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La huella del humanismo cristiano en la acción política de nuestros tiempos - 2008/06/24 01:06 Democracia Cristiana: una opción renovada de cambio en libertad
Enrique San Miguel

1945. Finalizada la II Guerra Mundial, los Estados europeos afrontan la penuria material, la trabajosa reconstrucción del Estado de Derecho y, sobre todo, la rehabilitación de una fibra moral dramáticamente escarnecida por los discursos totalitarios nazi-fascistas. Los primeros procesos electorales que se desarrollan en toda Europa occidental conceden la primacía, casi invariablemente, a una nueva fuerza política, la Democracia Cristiana, en Italia, los Länder alemanes (y después la naciente RFA) Bélgica, Luxemburgo, Países Bajos y en Francia, frente al todopoderoso PCF, el 2 de junio de 1946.

1989-1990. Tras la destrucción del Muro de Berlín, y la consunción del totalitarismo comunista, después de medio siglo de firmeza democrática, se celebran elecciones legislativas en Europa Central y Oriental. Los resultados otorgan la victoria, de nuevo, a la Democracia Cristiana de Solidaridad en Polonia, del Sayudis lituano, del Foro Democrático Magiar en Hungría. Especialmente significativo es el caso de la República Democrática Alemana, que en las únicas elecciones celebradas a lo largo de la historia le concede una amplia victoria a los cristiano-demócratas, para después extenderse a toda Alemania en las históricas elecciones del 3 de octubre de 1990, las primeras desde noviembre de 1932.

1990. La dictadura de Pinochet toca a su fin, y por primera vez se celebran elecciones presidenciales en Chile desde 1973. El candidato de las fuerzas de la Concertación, el cristiano-demócrata Patricio Aylwin, obtiene la victoria, siendo sucedido en las siguientes elecciones por Eduardo Frei-Ruiz Tagle. El PDC se convierte en la primera fuerza política de Chile.

2000. Las elecciones presidenciales mexicanas ofrecen, por primera vez, una posibilidad real a la necesaria alternancia política, y al término de las ininterrumpidas victorias del PRI desde 1929. Vicente Fox, candidato del PAN, una fuerza política instalada en los principios del Humanismo Cristiano, y miembro de la ODCA, obtiene una histórica victoria, que permite afrontar un proceso de "transición" política y consolidación democrática valorado y reafirmado por un pueblo mexicano que, en 2006, de nuevo otorgó su confianza a Acción Nacional, esta vez en la figura del presidente Felipe Calderón.

La opción cristiano-demócrata es siempre la predilecta de las sociedades que deciden afrontar el supremo desafío del establecimiento del Estado de Derecho, es decir, de la aplicación de la regla de las mayorías desde el respeto a las minorías, la división de poderes, la efectiva tutela judicial de los derechos y libertades fundamentales, y el imperio de la ley.

La Democracia Cristiana, además, no utilizó su hegemonía electoral para impulsar Constituciones partidistas, o soluciones institucionales sesgadas o sectarias, sino que realizó un amplio y abierto llamamiento al diálogo y al consenso entre partidos, organizaciones sociales, y sensibilidades cívicas.

Ese consenso se sustentaba sobre una concepción democrática eminentemente moral, no circunscrita a su consideración como un conjunto de meras reglas de gobierno, la aplicación del principio de subsidiariedad en las instituciones públicas, la implantación del libre mercado desde una marcada sensibilidad social, concibiendo siempre la economía "al servicio del hombre", como sostenía Ludwig Erhard, y la reafirmación de los Derechos del Hombre, comenzando por la propia vida y dignidad humanas.

Pero la obra de la Democracia Cristiana decidió ver más allá. Líderes como Alcide de Gasperi, Konrad Adenauer, Joseph Bech, Gaston Eyskens y Robert Schuman impulsaron un proceso de construcción política supranacional que, apenas cinco años después del final de la II Guerra Mundial, el más mortífero de los conflictos de la historia, posibilitó la creación de una Europa en paz, solidaria en su destino, convencida de su aportación a la paz mundial, fraterna, genuinamente democrática, verdaderamente comprometida con los valores de la civilización del amor, del perdón, y de la reconciliación.

La suscripción de la Declaración Schuman de 9 de mayo de 1950, y el Tratado de París de 18 de abril de 1951 que instituyó la Comunidad Económica del Carbón y del Acero, y los Tratados de Roma del 25 de marzo de 1957 que crearon la Comunidad Económica Europea, y la Comunidad Europea de la Energía Atómica, se realizaron bajo el liderazgo político, la presencia institucional y gubernativa y, lo que es más importante, la inspiración en valores de los principios cristiano-demócratas.

Que, apenas unos años después, las propuestas que defendía la Democracia Cristiana en la mortífera posguerra europea se convirtieran en propuestas compartidas por todas las fuerzas partidarias democráticas, y en propuestas incorporadas a los propios textos constitucionales, ofrece adecuado testimonio del sentido común y del pragmatismo de una fuerza política que habría de convertirse en una presencia casi "imprescindible" en las situaciones más críticas, por no decir, desesperadas, de la historia.

El mensaje democristiano se transforma en un patrimonio asumido con naturalidad por la inmensa mayoría de los ciudadanos. Probablemente eso debilitará, en el futuro, su capacidad de renovación programática y de incidencia social, pero ahí radica también su singularidad histórica y, por que no decirlo, su gloria y su vigencia.

Porque es un mensaje que muestra su validez a lo largo de los últimos años del siglo XX, en un lapso histórico para el encuentro, para la construcción compartida, para la superación de los recelos y de los prejuicios. Porque también el derrumbamiento del Muro de Berlín, y la reunificación alemana, y el nuevo impulso que la construcción europea experimenta con el Tratado de Maastricht de 1992, coincide en el tiempo con figuras tan lúcidamente vinculadas al proyecto histórico de la Democracia Cristiana como Helmut Kohl, como Giulio Andreotti, como Jacques Santer, como Jean-Luc Dehaene.

La Democracia Cristiana está presente en las transiciones políticas, pero sabe también definir y liderar nuevos desafíos institucionales. Afronta la crisis, pero también la maravillosa cotidianidad democrática. Es una fuerza para todos los tiempos y para todas las estaciones.

En definitiva: es una fuerza para la fraternidad humana, es decir, para el reconocimiento del hermano en el rostro del "otro". Un hermano, sí, porque proviene de un mismo Padre. Julia Flyte decía en Retorno a Brideshead que "cuanto peor soy, más necesito a Dios". Y en política, a más dificultad, existen dos respuestas inmediatamente eficaces: más Democracia y más Cristianismo.

Particularmente en un momento histórico tan decisivo como el que precede al definitivo establecimiento del Estado de Derecho en Cuba. Nuestra querida Cuba, una nación que pertenece ya a todos cuantos amamos la libertad, y asistimos al escándalo permanente del totalitarismo que ha pretendido condenar al pueblo cubano, no ya a la pobreza material, o a la miseria espiritual, sino a una permanente minoría de edad para la vida pública y política.

Cuba está a punto de despertar a un camino de humana esperanza, de certidumbre democrática, de confianza en sus energías portentosas, dispersas hoy por el mundo, como nunca llamadas a la unidad, persuadidas como nunca de "lo mucho que nos necesitamos los unos a los otros", como decía siempre Robert Schuman. La Democracia Cristiana puede y debe liderar la ya inminente transición cubana. Como siempre a lo largo de la historia. En interés de Cuba, del permanente renacer del proyecto democrático. Y, sobre todo, al servicio del bien común, y de un mundo en el que, como a los primeros discípulos de Jesús, a los cristiano-demócratas, y a todos los seres humanos de buena voluntad, se nos reconozca por cómo nos queremos.

* Es Doctor en Derecho y docente en la Universidad Rey Juan Carlos (Madrid). Dirige el programa de Master en Acción Política que ofrecen las universidades Francisco de Vitoria y Rey Juan Carlos.
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Yaxys Dallan
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La huella del humanismo cristiano en la acción política de nuestros tiempos - 2008/06/24 01:08 La ODCA, sus partidos, y Latinoamérica en el Siglo XXIMarcos Villasmil*

1. La ODCA: ORÍGENES Y LOGROS

Un hecho resaltable de los orígenes del actual movimiento internacional demócrata cristiano es que el mismo se crea mediante decisiones casi simultáneas en el tiempo, tanto en Europa como en América Latina. Y si bien en el primer caso, surge de la crisis civilizatoria de la sociedad europea, exhausta luego de dos guerras mundiales y de haber sido terreno fértil para los dos grandes totalitarismos de la historia, el nazismo y el marxismo soviético, en nuestra región la realidad de la segunda posguerra mostraba la presencia en el mapa latinoamericano de regímenes en su mayoría autoritarios y de corte militarista, con gobiernos democráticos más bien como excepción.

Los demócratas cristianos surgen como movimientos que promovían un orden político fundamentalmente anti-autoritario y democrático (rasgos esenciales y permanentes de su postura) que, bajo la influencia de la doctrina social de la Iglesia Católica, promueve los principios del humanismo cristiano, equidistantes tanto de los materialismos de izquierda como de derecha. La DC, en sus comienzos, fue sin duda alguna, una “tercera vía.” Como tal, la idea de cambio era consustancial con sus propuestas.

La Organización Demócrata Cristiana de América (ODCA), fue fundada en 1947, en Montevideo, aprobándose en su primera reunión una declaración que sustancialmente afirma lo siguiente:

Acordar orientaciones político - estratégicas para la acción internacional con base en los principios del humanismo cristiano, sujetas a los métodos democráticos y orientadas al logro de la justicia social nacional e internacional.

Formular un proyecto político que sustente la integración latinoamericana.

Fortalecer y defender los valores y derechos de la persona humana e impulsar los procesos de cambio y modernización de la sociedad.

Estimular y coordinar la cooperación entre sus miembros.

Promover y desarrollar una justa relación del hombre con su ambiente.

Un hecho que puede afirmarse hoy, 61 años después, es que los postulados señalados en esta declaración siguen vigentes. Con una observación adicional válida: el pensamiento DC ha estado presidido, en el nivel más elevado, “por una doctrina, no por una ideología que establece fines coyunturales, ni por un simple programa para un periodo limitado de tiempo.” (Boye, 2007). Proyecto doctrinario el demócratacristiano, y proyecto asimismo cultural-político, con el personalismo comunitario, la lucha por el bien común, y la dignidad y centralidad de la persona humana como pilares fundamentales de la doctrina.
Siendo una organización internacional, la ODCA ha liderado las luchas continentales por la democratización y contra los autoritarismos, así como a favor del respeto creciente a los derechos humanos, y la integración latinoamericana. La paz centroamericana, la lucha contra las dictaduras en el Cono Sur, la denuncia desde sus inicios de la satrapía castrista, son causas que la ODCA siempre ha tenido dentro de sus prioridades. Pero muchas de esas luchas se dieron en el marco de la llamada lógica de la Guerra Fría. Se debe destacar por lo demás el hecho de que muchos de los postulados doctrinarios defendidos por la DC han sido incorporados en el cuerpo de pensamiento y praxis democrática de nuestras naciones. Pero este indudable éxito ha venido acompañado, naturalmente, de nuevos retos nacionales y regionales. La fortaleza de una regional de partidos está naturalmente ligada al bienestar de sus organizaciones miembros, y a que se respete siempre la íntima vinculación entre acción y pensamiento.

2. LOS PARTIDOS DC

La vigencia de una familia política no puede demostrarse simplemente mediante el reconocimiento de la validez de sus principios, si los mismos no se adecúan con la realidad respectiva, si los debates no se “aggiornan”, si no hay renovación de las propuestas programáticas ante los cambios sociales, políticos y económicos. En política como en la vida, ver pasar el cadáver de tu adversario por la puerta de tu casa no es garantía de tu buena salud. El autoritarismo marxista y las doctrinas militaristas no gozan en los actuales momentos de buena acogida (más allá de que todavía esté discutiéndose qué es eso del socialismo del siglo XXI de Hugo Chávez), pero ello no indica ni mucho menos que la DC sea hoy reconocida como una alternativa válida en algunos de nuestros países.
Por citar un hecho: soy miembro de una generación que se formó al calor de las discusiones posteriores al Concilio Vaticano II, en los círculos de estudio y cursos de formación sobre la obra de pensadores como Maritain, Mounier, Teilhard de Chardin, con profesores como Calvani, Herrera Campins, o Pérez Olivares. Los debates sobre la sociedad comunitaria, o la Economía Social de Mercado eran pan diario que alimentaba nuestra utopía (palabra, aceptémoslo, hoy muy venida a menos). Fuimos testigos de Mayo del 68, y sus consecuencias, así como del auge y caída de la teología de la liberación. Los partidos DC se nutrían en buena medida de jóvenes provenientes de las juventudes católicas. En mis tiempos, la política era menos cálculo y más pasión. (O, por lo menos así lo veíamos muchos jóvenes DC). La militancia política abundaba, había mucho menos espacio –y excusas- para la indiferencia. Había, además, un adversario inequívoco: la opción política marxista.
Siempre es bueno recordar el pasado, pero reconozcamos que cada vez tiene menos relación con la Latinoamérica del siglo XXI.
Ante un nuevo siglo y milenio, algunas preguntas pertinentes son: ¿la oferta programática de los partidos de la ODCA sigue siendo fiel reflejo de los postulados doctrinarios de la organización, ha defendido y mantenido su pertinencia? ¿Se han hecho las necesarias adaptaciones ante los cambios vividos? Preguntas candentes, pero necesarias, si quiere debatirse la vigencia o no de la ODCA –vale decir, de los partidos miembros de la organización- en el accionar político de la sociedad latinoamericana.
En los últimos años el tema de los partidos y su crisis, sus carencias –organizacionales, estratégicas, programáticas, de mensaje- ha sido muy discutido. A tal efecto, podría hacerse un largo inventario de diagnósticos. Destaquemos alguno, en el tema que nos interesa, el programático: el anterior presidente de la ODCA, Gutenberg Martínez, en un discurso en Costa Rica, en el 2000 decía, entre otras cosas, las siguientes:

La DC enfrenta el desafío de una falta de perfil propio, “que la gente sienta claridad de lo que significan nuestros accionares colectivos en cada uno de nuestros países. Los demócrata cristianos tenemos la impresión de que hace 20 ó 30 años teníamos planteamientos con identidad propia que caracterizaban nuestro perfil, que eran casi solamente nuestros, y que hoy día son de muchos otros.”

“En algún tiempo en América Latina los partidos demócrata cristianos, de acuerdo a su realidades nacionales, eran vistos como los partidos de la integración latinoamericana y de la promoción popular, o como los partidos de una correcta reforma agraria, eso y otros elementos que nos daban identidad, que no eran sólo principios, sino que eran una formulación programática que respondía a problemas concretos de la gente de ese tiempo. La pregunta de hoy es ¿qué formulación programática podemos tener en temas que responden a la gente y que puedan tener alguna inspiración humanista?”

Ante la validez de esta pregunta, es forzoso reconocer, en primer lugar, que muchas veces la DC, en funciones de gobierno, se ha dejado llevar por muchas de las prácticas erróneas que han impregnado a la clase política latinoamericana: estatismo y burocratismo, paternalismo social, clientelismo y hasta cierto desdén por la separación de poderes.
También es cierto que la DC, al igual que otras familias partidarias, ha sufrido los embates de la antipolítica, unida a la falta de comprensión de los cambios de la postmodernidad –que hacen, por ejemplo, que el ciudadano latinoamericano promedio cuestione el concepto mismo de militancia política, y que mire de reojo y con cierto desdén al “militante”-, de una gestión económica cada día más autónoma frente al control democrático, del doble ataque frontal de ese nuevo Leviatán de varias cabezas que forman el poder mediático y el poder económico unidos. Los conflictos políticos parecen a veces meras luchas entre grupos económicos.
Pasan los años, y la política latinoamericana no termina de asumir sus responsabilidades ante el mistificado y mitificado pueblo, cuyos integrantes mayoritariamente son considerados votantes y no ciudadanos.
Los partidos en general, asimismo, se han rendido ante el fenómeno de la “pipolización” de la vida política (por la revista norteamericana de entretenimiento “People”, término usado en un reciente artículo del New York Times, en referencia a la política francesa), es decir, la idolatría mediática por las celebridades de la TV y el cine, y el comportamiento consiguiente de los dirigentes políticos, como si fueran una clase más de actores y actrices de moda.
En lo interno, se debe reconocer que muchos partidos algunas veces han sido adormecidos por el canto de sirenas del caudillismo -que no es sino una forma de privatización del partido, sometido a los avatares de los intereses y ambiciones individuales- que la formación se ha descuidado, o que la doctrina se ha convertido en una suma de frases que se emiten cuando la ocasión lo requiere, como durante una campaña electoral.
Por otra parte, al ser la DC un proyecto doctrinario, un proyecto político-cultural, “hay otras legitimidades, más allá de las electorales, a la hora de ser testigos de la buena salud partidista: la capacidad de dar respuesta racional y programática a los grandes temas y problemas nacionales; la presencia cualitativa en el mundo de la cultura y de la ciencia; la posibilidad de engranaje permanente con el mundo de las sociedades intermedias, hoy en día incluidas en la llamada “sociedad civil”. El partido como instrumento civilizatorio, y no mera maquinaria electoral.” (Villasmil, 2000.)
Como ejemplo concreto, nada muestra más la pérdida de vigencia de un partido latinoamericano, DC o no, que predique supuestamente ideas de cambio y de transformación de una realidad sentida como injusta, que cuando sus dirigentes juveniles se convierten en versiones light de los dirigentes del partido. Ahora y siempre, la contestación, la crítica y la rebeldía deben ser las características esenciales de un dirigente juvenil. Partido sin jóvenes rebeldes es una gerontocracia disimulada.

3. LA ODCA, SUS PARTIDOS Y LA REALIDAD LATINOAMERICANA EN EL
SIGLO XXI

La ODCA, partir del Congreso de Costa Rica, en 1998, adoptó como posicionamiento estratégico y programático el llamado “centro humanista y reformista”, lo cual implicó la confirmación de una voluntad de “apertura con identidad” de la organización (iniciada a comienzos de esa década) a otras fuerzas políticas que, sin ser demócrata cristianas de origen, postulan los principios fundamentales del humanismo cristiano, en especial en los referente a la defensa de los derechos humanos, la dignidad de la persona humana, y la subsidiariedad y la solidaridad como principios rectores del Estado democrático. Así, partidos como el Conservador de Colombia, o el Partido de Acción Nacional de México, ingresaron a la organización, con tal fuerza e impacto, que de hecho la presidencia de la ODCA y la sede de la organización están hoy en México.
Simultáneamente, la ODCA en los últimos años ha liderado la importante tarea de enfrentar el mayor de los retos políticos que enfrentan las democracias latinoamericanas: el proyecto autoritario castro-chavista. De ello son ejemplos los eventos realizados en lo que va de año 2008 en Miami y Costa Rica, en clara solidaridad con los pueblos cubano y venezolano en su búsqueda y defensa de la libertad. Es un hecho ciertamente positivo el que la ODCA y sus partidos estén a la vanguardia de estas luchas.
Queda, sin embargo, pendiente el tema de las modernizaciones partidarias nacionales, que deben seguir avanzando con más dinamismo y compromiso real. En lo programático, la doctrina no cambia, pero su aplicación en políticas públicas para caminar en la dirección fijada por los principios, sí. Las soluciones promovidas en el siglo XX ya no están vigentes en este nuevo siglo y milenio. Y las nuevas respuestas deben toma en cuenta las grandes tendencias y fenómenos globales, asumiendo, en primer lugar, estas líneas indicadoras de cambios de la realidad, o de retos de largo alcance, que señalo sin una prioridad u orden específico:

Vivimos en una sociedad post-utópica y post-ideológica. El paradigma político ha sufrido una mutación hacia la supremacía del sujeto individual, con una revisión total de las responsabilidades individuales y comunitarias.

Un nuevo modelo de gobierno está tomando fuerza: la democracia iliberal. Se llega al poder por los votos, y con base en esta única legitimidad se destruye la pluralidad del poder y se impulsa una agenda autoritaria. Ello está permitiendo un momentáneo reagrupamiento de viudos de las nostalgias marxistas.

La política ha dejado de ser cosa sólo de hombres, como en el pasado, cuando las mujeres estaban presentes como casos de excepción, o encerradas en los movimientos femeninos;

La forma de pensar, entender y vivir la realidad, gracias entre otras cosas a los cambios tecnológicos, ha cambiado para siempre. Y seguirá cambiando. Como bien dice Otto Boye, actual presidente del Instituto Chileno de Estudios Humanísticos, los cambios del mundo hoy son equivalentes a cuando las sociedades europeas asimilaron el hecho de que la tierra no era plana, sino redonda. Para una gran mayoría de los ciudadanos del mundo el hecho vital del siglo XXI es su capacidad de conexión, su “conectividad”.

“La determinación que el campo mediático ejerce sobre las estructuras ideológicas y mentales del espacio político es una de las cuestiones claves del futuro de la democracia” (Ramoneda, 1999). ¿Es la “Red” la salvación de la comunicación democrática? Tema en pleno debate, que no puede ser soslayado.

Estamos siendo testigos de una verdadera “Guerra Fría” energética y de recursos vitales, como el agua, que está comenzando a generar conflictos globales; el suministro de alimentos es tema de preocupación prioritaria.

Frente al mundo bipolar de la segunda postguerra, y la unipolaridad luego del derrumbe del socialismo real, el futuro pareciera apuntar hacia una sociedad mundial con clara multipolaridad estratégica.

Deben acelerarse las respuestas partidarias ante la aparición en nuestra región del fenómeno de la “no-ciudad”, donde los más pudientes viven en zonas cercadas y bloqueadas al libre tránsito e ingreso. La seguridad es tomada como asunto de capacidad financiera. Ante el fracaso estatal, abunda la privatización de la protección personal y colectiva e incluso de la custodia carcelaria. Frente a todo esto, los criterios de inclusión-exclusión adquieren un carácter novedoso y peligroso.

Ante las nuevas dinámicas socio-económicas, la incertidumbre, tanto personal como comunitaria, se dispara de manera alarmante.

El Estado democrático/republicano enfrentado a tres grandes enemigos: el fundamentalismo religioso, el fundamentalismo económico y el fundamentalismo ético/relativista.

Ante políticas económicas camaleónicas, coyunturales e insuficientes, la reducción de la pobreza a veces luce como una meta utópica.

Las categorías de izquierda y derecha ya no sirven para explicar la realidad política.

Algunos temas, arriba mencionados, están siendo trabajados en las Vicepresidencias y grupos de apoyo de la ODCA, pero deben ser asumidos también a nivel nacional.
Dichos puntos son temas de cambio estratégico y quizá por eso mismo no son asumidos ni vividos por nuestros ciudadanos en su vida diaria. Pero, mientras tanto, y en segundo lugar, ¿qué piensan los latinoamericanos, y cuál es la situación actual de la región? La encuesta de Latinobarómetro 2007 nos da los siguientes resultados, de temática variada, para la reflexión:

“Pese a los logros en materia de reducción de la pobreza y de la indigencia, América Latina sigue siendo una de las regiones más desiguales en el mundo.

Los avances en la “calidad” de la democracia han sido muy limitados. (…) Democracias imperfectamente semi consolidadas, o más bien dicho, de muy lenta evolución, era lo único que nadie esperaba. No se derrumban, pero no se consolidan. Están ahí.

La competencia, como base de la mentalidad económica, no es un consenso en todos los países.

La crítica al mercado como fuente de desarrollo está creciendo en la región, y no es paradojal que se produzca en el momento de mayor crecimiento sostenido, porque sigue la lógica de Tocqueville, de que los problemas se vuelven insoportables, cuando hay soluciones. Cuando la gente ve el aumento de riqueza y ésta no les llega, entonces culpan al mecanismo de distribución, en este caso, la economía de mercado.

A medida que disminuye la importancia del desempleo como problema principal, aumenta la importancia de la delincuencia como el problema más importante de América Latina. Esto es significativo porque sabemos que la delincuencia no es coyuntural como el tema del desempleo y no se soluciona con crecimiento económico. (…) La delincuencia con estados débiles y pobreza es una fuente que dificulta la gobernabilidad. Un 63% de la población se siente insegura.

En promedio, solo un 55% de los latinoamericanos paga debidamente los impuestos.

Pareciera que la construcción de bien común no es una demanda masiva, mientras que la obtención de bienes individuales sí.

Se exige solidaridad con los más débiles, pero se piensa que es el Estado el principal responsable de proveerla.

La dimensión de la participación no tiene gran importancia.

Para un 75% de la población, el conflicto mayor es el que se da entre “ricos y pobres”. Las tensiones que sufren las sociedades latinoamericanas están marcadas por la desequilibrada distribución del ingreso, brecha que ha aumentado con los gobiernos democráticos.

Hay dos bienes que tienen todos los latinoamericanos. Una comida caliente al día (89%), y un televisor (90%).

Políticamente, la región corre hacia el centro; no porque la gente haya cambiado su posición ideológica, sino que los nuevos integrantes han optado por el centro.

El apoyo a la democracia ha fluctuado entre el 58% en 1995, el 63% el 1997, 48% en el 2001, y 54% en el 2007. Los latinoamericanos han progresivamente aumentado su apoyo al “concepto churchilliano” de la democracia, según el cual la democracia puede tener problemas, pero es el mejor sistema posible.

La mayor parte de los países (en total, 14) tiene un 40% o más de sus ciudadanos con una satisfacción “baja” en lo referente a los servicios del Estado. Los ciudadanos demandan más, pero sobre todo, mejor Estado.

En cuanto a la evaluación de los líderes, el más votado positivamente es Lula, seguido de Michelle Bachelet y Álvaro Uribe. Los dos más impopulares son Fidel Castro y Hugo Chávez.

La confianza en los partidos políticos es de sólo 20%. Esta negatividad “es el talón de Aquiles de la democracia.”

Un 43% cree que habrá más corrupción en la generación futura.”

Estos resultados evidencian que Latinoamérica no puede ser solamente analizada, como está tan de moda, con base a los resultados macroeconómicos. Los partidos de la ODCA tienen que prepararse para dar respuestas apropiadas a la compleja foto de la realidad mostrada en dicha encuesta. Los países de la América Latina deben recibir una alternativa humanista cristiana. Hay que defender y dar respuesta a la ira ciudadana, o quizá peor aún, a la creciente indiferencia de las mayorías.
Finalmente, y en tercer lugar, es posible dar algunas líneas de orientación programática para nuestros partidos:

No hay incompatibilidad –al contrario- entre libertad y democracia. Así mismo, la libertad no sólo puede ser política sino además económica. La defensa de la propiedad privada es fundamental.

No es posible el desarrollo social y económico con un Estado paternalista y centralista. La subsidiariedad debe ser asumida con todas sus consecuencias en materia de políticas públicas. El dilema Estado-Mercado es falso. No se trata de demonizar a ninguna institución, sino que cada una cumpla con su papel respectivo, bajo parámetros subsidiarios. No son viables ni un Estado empresario ni un Estado excesivamente controlador y burocrático; se desea por una parte un Estado promotor de la creatividad personal y social y un Estado regulador que evite los desequilibrios y las injusticias.

“Una lección central del último capítulo de la Unión Soviética fue que las instituciones económicas no pueden ser vistas de forma aislada del ambiente social y político en donde funcionan.” (Kay, 2003).

La responsabilidad ante los desposeídos es de todos, no sólo de las instituciones estatales. De hecho, como ha sido demostrado en muchos países, la solidaridad expresada a nivel privado impacta de manera mucho más positiva. “El principio de “reciprocidad” es vital en toda sociedad que aspira al desarrollo, y debe marcar nuestra moral social.” (Mulgan, 1998.)

En un tema fundamental para tener éxito contra la pobreza, como es la economía, en vez de seguir la liturgia retórica acostumbrada, llena de alabanzas y reclamos de copywright intelectual acerca de la Economía Social de Mercado, ¿por qué los partidos no comienzan a adaptar dicha propuesta -con voluntad real de cambio y propósito de enmienda- a sus realidades nacionales?

La “transparencia” es el signo de hoy de las instituciones públicas.

Las políticas de ciencia y tecnología en búsqueda del impulso a la innovación y la creatividad deben recibir absoluta prioridad. Aquí también, el rol privado es fundamental.

La democracia participativa debe tener una prioridad fundamental, y ser asumida como “conversación permanente” entre los ciudadanos y las instituciones públicas y privadas.

Es vital la estrategia de acercamiento partidos/cuerpo intermedios (sociedad civil), con el fin de ayudar a promover conductas de participación y de solidaridad social.

El modelo presidencialista ha mostrado toda una serie de carencias, fallas y lastres que hacen obligante que las élites políticas latinoamericanas, más allá de cualquier bandería, comiencen a debatir en serio sobre sus posibles reformas. La Democracia Cristiana debiera liderar nuevas propuestas al respecto.

Ser fieles a la doctrina no implica el rechazo a la eficacia, al éxito electoral, o impulsar una especie de “romanticismo” alejado de la realidad. Las batallas políticas son y serán siempre luchas por el poder, pero para un demócratacristiano, éste se debe usar para la construcción no para la destrucción o la represión. Un “auténtico renacer” partidario, digámoslo una vez más, no es sólo urgente, sino inexcusable. Como bien afirma el presidente actual de la ODCA, Manuel Espino (Revista Centro, No. 3), se trata de repensar y relanzar un proyecto democratizador, superando “resacas ideológicas”, avanzando sin odios ni resentimientos.

El liderazgo partidista debe actuar con base en estos 3 niveles de retos señalados y de líneas para la acción (la estratégica, la que deviene del reclamo ciudadano, y la que proviene de nuestros propios planteamientos doctrinarios.) Para ello, necesitamos menos dirigentes de aparato y más estadistas. Estos últimos poseen, en palabras de Isaiah Berlin, “una gran capacidad para integrar una vasta amalgama de datos en cambio constante, que se mezclan y entrecruzan a gran velocidad”. (Berlin, 1999.)

Un reto final: si los partidos DC son reales “estructuras de participación”, y por ende, mecanismos integradores de la ciudadanía en la sociedad política, deben “promover procesos abiertos de diálogo con la sociedad, para la discusión programática.” (Fernández, 1976).
La ODCA y sus partidos tienen muchas razones de orgullo, pero también, como toda institución partidaria hoy, muchas razones de preocupación y de desvelo. A fin de cuentas, de lo que se trata es de ser fieles al ideal original de cambio y de transformación de la realidad, según los valores eternos del humanismo cristiano, respetando, como siempre, el juicio supremo del pueblo soberano, expresado mediante el voto.

Bilbiografía:
-BERLIN, ISAIAH. “THE SENSE OF REALITY.” Farrar, Strauss and Giroux. New York, 1999.
-BERNAL, GUTIÉRREZ, PEDRO: “REFLEXIONES EN TORNO AL CONCEPTO DE SEGURIDAD Y DEFENSA”. Publicado en ABC, Madrid, Opinión, 22 de Mayo 2008.
-BOYE, OTTO: “APORTES AL DIÁLOGO: VIGENCIA DE LA DEMOCRACIA CRISTIANA EN EL NUEVO ESCENARIO CHILENO Y MUNDIAL”: http://ottoboye.blogspot.com/2007/07/vigencia-de-la-democracia-cristiana-en.html (15 DE Julio de 2007)
-KAY, JOHN: “CULTURE AND PROSPERITY. THE TRUTH ABOUT MARKETS –WHY SOME NATIONS ARE RICH BUT MOST REMAIN POOR.” HarperBusiness. New York, 2003.
-LATINOBARÓMETRO- “ENCUESTA 2007 “– www.latinobarometro.org
-FERNÁNDEZ, EDUARDO: “LA FUNCIÓN DE LOS PARTIDOS POLÍTICOS EN LA PARTICIPACIÓN”. En: “HAY QUE REINVENTAR LA DEMOCRACIA” (Varios autores). Fondo Editorial IRFES. Buenos Aires, 1976.
-MARTÍNEZ, GUTENBERG: “LA ORGANIZACIÓN DEMÓCRATA CRISTIANA DE AMÉRICA Y LA RENOVACIÓN DE SUS PARTIDOS MIEMBROS”. En “LA REFORMA DE LOS PARTIDOS POLÍTICOS”. ODCA-Konrad Adenauer Stiftung. Chile, Octubre de 2003.
ORGANIZACIÓN DEMÓCRATA CRISTIANA DE AMÉRICA- Revista Centro: www.odca.org.mx
-MULGAN, GEOFF: “CONNEXITY: RESPONSIBLITY, FREEDOM, BUSINESS AND POWER IN THE NEW CENTURY”. Vintage, London, 1998.
-RAMONEDA, JOSEP: “DESPUÉS DE LA PASIÓN POLÍTICA”. Santillana, Madrid, 1999.
-VILLASMIL, MARCOS: “¿UN NUEVO PARTIDO DC PARA VENEZUELA?. EN: NUEVA POLÍTICA, 71-72. Caracas, Noviembre 2000.


*MARCOS VILLASMIL: Ex-Secretario de Relaciones Internacionales de COPEI
Ex-Secretario General Adjunto de la ODCA
Miembro en la actualidad del equipo de la Vicepresidencia de Acción
Política de la ODCA
Este trabajo es de autoría personal, y no expresa ni compromete ninguna opinión salvo la del propio autor.
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Yaxys Dallan
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La huella del humanismo cristiano en la acción política de nuestros tiempos - 2008/06/24 01:12 Expresiones del humanismo cristiano en la acción política cubana
Yaxys D. Cires Dib*

Como afirma el profesor Enrique San Miguel, el pensamiento humanista cristiano ha sido el ideal inspirador de importantes procesos políticos, entre ellos, las transiciones desde regímenes totalitarios a sistemas democráticos o de realidades marcadas por la desconfianza y la falta unidad a otras de fraternidad e integración. Sería un pecado histórico o una muestra de ignorancia contar la historia política del siglo XX sin reconocer el papel destacado que ha tenido el pensamiento de inspiración cristiana en la vida de muchos pueblos. Es más, podría decirse que muchas corrientes de pensamiento, quizás las más importantes del pasado siglo y del actual -a excepción del comunismo-, se han imbuido de dicho pensamiento cristiano, incorporando a sus programas ideas que tradicionalmente pertenecieron al mismo.

El caso cubano

No será hasta finales de los 80 y la década de los 90 que el pensamiento humanistas cristiano aplicado a la política se presenta como una alternativa para Cuba. Si bien hasta esa fecha habían ocurrido varias experiencias, las mismas aunque interesantes fueron aisladas, por lo que distaron de ser consideradas como hechos políticos significativos.

La alternativa humanistas cristiana vista en sentido amplio se refleja en la participación individual de los cristianos en la política, principalmente, mediante su militancia en agrupaciones opositoras de diferentes líneas ideológicas: liberales, socialdemócratas o conservadoras. Sin embargo, la forma más concreta y efectiva radica en la existencia de espacios o colectivos de inspiración cristiana; En las dos ultima décadas en Cuba han existido por lo menos tres expresiones de lo que hablamos, a saber: el Movimiento Cristiano Liberación, el Partido Demócrata Cristiano y el Centro de Formación Cívica y Religiosa de Pinar del Río.

Audacia y perseverancia: el Movimiento Cristiano Liberación

La creación del Movimiento Cristiano Liberación (MCL) en 1988 en una parroquia habanera, marca el inicio de la era humanista cristiana en la política cubana. El MCL es un “movimiento de inspiración cristiana, cívico-político no confesional” que está abierto a la participación de personas creyentes y no creyentes, “con el fin de promover los derechos humanos y trabajar por la reconciliación y transformación pacífica del país” (declaraciones a la ACI/2004). La agrupación ha presentado en varias ocasiones desde el 1995 la solicitud de legalización ante las autoridades cubanas, sin embargo, en ninguna ha obtenido otra respuesta distinta a la represión contra sus integrantes. En el texto de una de las peticiones de inscripción en el registro de asociaciones del Ministerio de Justicia, los firmantes expresan que “sin pretensiones de liderazgo y respetando la diversidad de opciones y corrientes de pensamiento presentes en nuestra sociedad, queremos asociarnos para, de esta forma, continuar uniendo solidariamente nuestros esfuerzos al de esos cubanos y al de todo nuestro pueblo para, juntos, proseguir la búsqueda de la felicidad para Cuba”.

Liderado por el laico católico Oswaldo Payá ha desarrollado una importante labor en la sociedad cubana, la cual ha concretado en varias iniciativas, la principal: el Proyecto Varela (PV). El PV tiene su base jurídica en la Constitución Socialista, así lo expresa el mismo en su parte introductoria:

“La Constitución de la República garantiza a los ciudadanos el derecho a proponer cambios en el orden jurídico y también ofrece los procedimientos para que mediante la consulta popular, el pueblo decida soberana y democráticamente sobre la realización de los cambios y el contenido de los mismos. Este valor de las leyes actuales, de contener en sí mismas la llave para cambiar la ley, para que estas se ajusten a las necesidades y demandas de mejoramiento de la sociedad, se completa, si el pueblo, que está legítimamente dotado para hacerlo, puede accionar esta llave.”(texto del PV)

En efecto, la propia constitución en su artículo 88 dice que “La iniciativa de las leyes compete: (…) Inc. g) a los ciudadanos. En este caso será requisito indispensable que ejerciten la iniciativa diez mil ciudadanos, por lo menos, que tengan derecho al voto”.

En honor a la verdad, a pesar de que la propuesta a primera vista no implica la ruptura radical con el sistema imperante en Cuba, (idea tan temida por algunos), y que inclusive tiene su fundamento jurídico en la propia legalidad socialista, la iniciativa en un primer momento no tuvo una buena acogida popular, entre otras cosas por miedo, primordialmente por el temor a la soledad moral ante la represión.

En 2001 la agrupación Todos Unidos hizo suya la iniciativa dándole un carácter menos partidista, cosa que marcó un antes y un después para el PV en cuanto a su popularidad. Gracias a la apertura de sus iniciales proponentes, dejó de ser la propuesta de una sola persona o grupo – de Oswaldo Payá y el Movimiento Cristiano Liberación- y pasó a ser la de un conjunto de opositores de diferentes tendencias políticas integrados en la plataforma Todos Unidos. Fue ese consenso el que motivó a mucha gente a firmar la propuesta. Así recogió este hecho una declaración de Todos Unidos:

“El 6 de marzo del 2001 convocamos a los ciudadanos a firmar la solicitud de referendo sobre el Proyecto Varela. En medio de represiones, campañas difamatorias y con grandes limitaciones materiales, miles de cubanos respondieron con su firma y por eso ya este Proyecto es un proyecto de Ley, del pueblo, ciudadano, con base en la Constitución vigente. Este es el instrumento para trabajar a favor de los cambios entre cubanos, por las vías cívicas y pacíficamente” (Declaración de Todos Unidos del 17 de junio de 2002 firmada por Oswaldo Payá Sardiñas, Osvaldo Alfonso Valdés, Vladimiro Roca Antúnez, Héctor Palacio Ruiz, Víctor Rolando Arroyo, Félix Navarro, Pedro Pablo Álvarez Ramos, Elizardo Sánchez Santacruz).

Vale la pena detenernos en el Proyecto Varela. El PV ha sido la iniciativa política de la oposición que más apoyo ha conseguido en la población cubana, en el exilio –apoyada entre otros por el Partido Demócrata Cristiano de Cuba- y en el ámbito internacional, siendo apoyada por Jimmy Carter, y por Vicente Fox, entre otros ex -presidentes. Ninguna otra, por muy legítima y democrática que sea, ha logrado tanto respaldo. Y qué mejor ejemplo para dar fe de la eficacia de la propuesta opositora que la actuación del propio gobierno cubano que en un acto de nerviosismo con escasos precedentes comenzó a recoger firmas para apoyar su inmovilismo, revuelo posteriormente refrendado por la Asamblea Nacional de Poder Popular, que declaró irrevocables los fundamentos políticos y económicos del Estado Cubano. Además, el movimiento cívico originado por el Proyecto Varela también estuvo en la base de la ola represiva emprendida en contra de los opositores en la primavera de 2003; muchos de estos líderes estaban vinculados directamente a la iniciativa. Puede haber personas que no estén de acuerdo con el planteamiento del Proyecto Varela, pero los hechos que he mencionado son incontestables. El escritor cubano Rafael Rojas ha dicho que “no ha habido una iniciativa política tan eficaz como el Proyecto Varela”.

Cuando nos pregunten por dónde deberían ir las cosas en Cuba, los más sensato es decir que por donde marcó el PV, pero atención, no solamente como iniciativa legal, sino como ejemplo de unidad de los demócratas. Tanto el PV como otras propuestas han fructificado cuando sus creadores –y no acreedores- se han abierto al diálogo y la concertación. Dicho de otra manera, la decadencia de magníficas iniciativas de la oposición ha sido más que a causa de la represión gubernamental, por la propia falta de capacidad de diálogo, la desconfianza y el caudillismo de los líderes.

Oswaldo Payá recibió en el año 2002 el Premio Andrei Sajarov del Parlamento Europeo por su defensa de los derechos humanos.

Este año el Movimiento Cristiano Liberación ha cumplido 20 años de existencia e impulsa la Campaña Foro Cubano. Lleva a cabo su labor en medio de la represión, estricta vigilancia y amenazas del gobierno cubano.

Concertación y democracia interna: El Partido Demócrata Cristiano de Cuba

La otra expresión política del pensamiento humanista cristiano está en el exilio: el Partido Demócrata Cristiano de Cuba (PDC). El PDC fue fundado en 1991 en Miami, producto de la unificación de diferentes grupos de inspiración cristiana en una sola fuerza.

Merecen mención los esfuerzos innumerables por hacer del PDC-Cuba desde sus comienzos, un partido con profundo apego a las raíces doctrinarias de la democracia cristiana. Muchos dirigentes del partido han participado e impulsado a través del tiempo seminarios, cursos y talleres de formación, en especial bajo el cobijo del IFEDEC caraqueño. Un venezolano y latinoamericano universal, fundador de dicho instituto, el inolvidable Arístides Calvani, fue un gran amigo de la causa cubana y del PDC. Del lado cubano, donde muchos nombres sobresalen, deben mencionarse con gran respeto y cariño los esfuerzos, especialmente motivadores de la formación y del debate doctrinario e ideológico, de parte de uno de nuestros más ilustres fundadores, el Dr. José Ignacio Rasco.

Uno de los puntos centrales de la labor del PDC desde su fundación hasta nuestros días ha sido la preocupación constante por el respeto a los Derechos Humanos en Cuba. En ese sentido hay que resaltar que el PDC, a lo largo del tiempo, y gracias entre otras organizaciones, a la Internacional Demócrata Cristiana y a la Unión Internacional de Jóvenes DC (UIJDC) pudo intervenir año tras año en las sesiones de la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas denunciando la situación de los derechos humanos en Cuba. El partido siempre ha estado presente en Ginebra en la voz y gestiones, sobre todo, de Amaya Altuna de Sánchez, Siro del Castillo, y Rafael Sánchez. En esa meritoria misión se ha contado, por muchos años, con la callada pero eficaz ayuda de Cecilia Slezynska, ejemplo egregio de labor desinteresada por la causa DC.

En los últimos años la democracia cristiana ha realizado una labor que ha tenido tres ejes centrales: en primer lugar, el trabajo a nivel internacional; en segundo lugar, la colaboración con otras agrupaciones del exilio y dentro de la isla; y, en tercer lugar, el fortalecimiento interno del partido.

El PDC es consciente de que somos los cubanos los que estamos en la obligación de resolver nuestro problema: “La liberación y democratización de Cuba es responsabilidad de los cubanos. Nos oponemos a toda intervención extranjera en los destinos de Cuba…” (Constitución del PDC). Sin embargo, reconocemos la necesidad del apoyo de las naciones democráticas, de los partidos políticos, de las organizaciones regionales e internacionales y de los medios de comunicación. En ese sentido, aunque los verdaderos protagonistas debemos ser nosotros “no dejaremos por eso de recabar acciones solidarias de los gobiernos y otros organismos nacionales e internacionales del mundo libre”.

En esta idea se circunscribe nuestro primer eje de trabajo. Por ello no interpretamos la solidaridad internacional como violación a nuestra soberanía nacional o como una especie de neocolonialismo. El día que nos conste que cualquier acción desde un tercer estado menoscabe los ideales de democracia y libertad que defendemos para Cuba, estaremos entre los primeros en rechazarlos, prueba de ello ha sido nuestra “oposición al embargo económico impuesto a Cuba, que ha afectado al pueblo cubano y no a la cúpula gobernante que lo ha utilizado de pretexto para justificar sus desaciertos y arbitrariedades en materia de naturaleza política, militar y económica”

Dicho esto, nuestro trabajo a nivel internacional se ha centrado principalmente en la Organización Demócrata Cristina de América, presidida por el mexicano Manuel Espino y de la que Marcelino Miyares (ex -presidente del PDC) es Vicepresidente de Acción Política. Encargar a Miyares de tan alta responsabilidad en la organización regional que reúne a 33 partidos políticos de 25 países significaba dos cosas: en primer lugar, un interés en darle mayor importancia al tema de Cuba –también Venezuela y Bolivia- en las actuaciones de ODCA y en segundo lugar el reconocimiento al estilo de liderazgo del PDC caracterizado por la búsqueda de acuerdos, algo tan necesario para que los proyectos y la democracia avancen.

El PDC ha sido componente fundamental en la organización y confección de la Agenda Democrática para las Américas, siglo XXI acordada por fuerzas políticas, sociales y personalidades en Miami el 25 de enero de 2008. También jugó un papel muy importante en la histórica reunión Foro de Solidaridad Latinoamericana al Encuentro con Cuba que se efectuó en San José de Costa Rica el 14 de marzo de 2008 con la presencia de importantes personalidades de la democracia cristiana regional, entre ellos, Manuel Espino, Rafael Ángel Calderón, Vicente Fox y Vinicio Cerezo, ex presidentes estos tres últimos de Costa Rica, México y Guatemala respectivamente.

En el evento los representantes de los grupos cubanos, expusieron su visión sobre el presente y futuro de Cuba, la cual fue recogida en un documento titulado: Posición Común de los Cubanos. Los puntos centrales del mismo son: el derecho de los cubanos a vivir en democracia, el rechazo a la injerencia externa, la solidaridad con los movimientos cívicos internos, proyección de la futura sociedad democrática y el diálogo como vía factible de lograr esta meta. Esta Posición Común de los Cubanos sirvió de base para la elaboración por los asistentes a la reunión de la Declaración de Costa Rica que refleja el sentir de los políticos latinoamericanos sobre la situación de Cuba y es una convocatoria a la solidaridad internacional para apoyar la democratización de la isla.

La labor internacional del PDC también se ha hecho presente en la Internacional Demócrata de Centro y en su participación en diferentes actividades convocadas por fundaciones preocupadas por Cuba, como la Konrad Adenauer. En cada uno de estos foros el partido ha recordado la necesaria liberación inmediata de todos los presos políticos cubanos y la indivisibilidad del pueblo cubano.

El segundo eje de trabajo, la acción junto con otros grupos de exilio y de dentro de la isla, se concreta principalmente en Consenso Cubano. Según nos relata Marcelino Miyares, entonces presidente del PDC:

“El 28 de octubre de 2005, cinco organizaciones de la diáspora cubana fueron invitadas por la Internacional Demócrata Cristina a una conferencia sobre Cuba. Estas organizaciones incluyeron al PDC-Cuba, la Unión Liberal Cubana, la Fundación Nacional Cubanoamericana, el Cuba Study Group y las Bibliotecas Independientes. Al final de la conferencia…, en una reunión informal y espontánea, llegamos a las siguientes conclusiones: a) tenemos más puntos en común que diferencias, b) ninguna organización cubana dentro o fuera puede resolver sola el problema cubano, y c) ¿por qué no consensuar un estilo de trabajo que permita sumar fuerzas para lograr la meta común que es la democratización de Cuba?”

Convocaron a una reunión que contó con la presencia de más de 25 organizaciones, donde se comenzaron a dar los primeros pasos hacia la “concertación” de ideas. El 16 de abril de 2006 fueron dados a conocer en la Ermita de la Caridad (Miami) “Los Pilares para un Consenso Cubano”, los cuales además de reflejar que el exilio es capaz de ponerse de acuerdo, forman un proyecto, que sin decirlo, tiene un profundo sentido humanista y cristiano. A los pilares ha seguido la Agenda Humanitaria y una apuesta a favor de la no violencia.

Lo que se consigue gracias al consenso no puede ser capitalizado de manera sectaria por una sola agrupación, pero como partido debemos felicitarnos por estar presentes de manera activa en iniciativas como estas, junto a otros grupos.

El tercer eje tiene que ver con la democracia interna de nuestro partido. En este sentido debe resaltarse que en mayo de este año celebramos nuestro X Congreso (el décimo en 17 años), en el cual, tras renovarse la directiva, quedó el profesor Andrés Hernández como nuevo presidente. Este es un hecho trascendente para nuestra vida como organización, pues de esa manera estamos dando testimonio auténtico de la idea de renovación, participación sin caudillismos y democracia que queremos para Cuba. Parte del fortalecimiento institucional del PDC en la etapa actual incluye dinamizar nuestra presencia en la isla, dentro de los límites que marca la ley y las realidades políticas vigentes.

Finalmente quisiera enfatizar en que el Partido Demócrata Cristiano de Cuba siempre ha estado abierto a la concertación con los demás grupos de inspiración cristiana existentes en el ámbito cubano, por ello decidimos apoyar el Proyecto Varela y compartimos en ODCA con otras agrupaciones cubanas.

Formación de la persona y reconstrucción de la sociedad civil: El Centro de Formación Cívica y Religiosa de Pinar del Río

La tercera expresión del pensamiento humanista cristiano en Cuba es el Centro de Formación Cívica y Religiosa (CFCR) de Pinar del Río. Tengo que precisar que el Centro como escuela de formación y pensamiento fue un servicio de la Iglesia Católica. Su vinculación con la política fue entendida en sentido amplio, como actividad en la poli o como relaciones cívicas, y no en sentido partidista. De modo que esta institución de pensamiento humanista cristiana no tomaba partido por alguna tendencia ideológica o política específica. Sin embargo, esta naturaleza apartidista no evitaba que la formación brindada a los ciudadanos estuviera en sintonía con el sistema de valores que la Iglesia ha defendido y defiende: la democracia y el Estado de Derecho, cosa que de hecho le valió un sin fin de problemas con el gobierno cubano.

Surgió en 1993 impulsado por Monseñor José Siro González, obispo de Pinar del Río, y por el ingeniero Dagoberto Valdés Hernández. Desde su creación, esta escuela de pensamiento tuvo entre sus objetivos los siguientes:

1- Contribuir a la formación del hombre como persona y miembro activo y responsable de la sociedad, según un proyecto de humanismo de inspiración cristiana, para Cuba.

2- Cultivar la vocación y el compromiso de los cristianos a partir del Bautismo y la Confirmación.

3- Fomentar su pertenencia y amor a una comunidad humana: cubanidad; profundamente unida a su pertenencia y amor a la comunidad cristiana: eclesialidad.

4- Proveer a los participantes de una debida educación cívica, ética, filosófica, económica y política en sentido amplio y como búsqueda del bien común.

5- Ejercitar metodologías y dinámicas de participación social y eclesial en diferentes ambientes.

6- Ayudar en la formación de la dimensión social de la persona según la Doctrina Social de la Iglesia a través de los diferentes ciclos y los itinerarios de reflexión en diferentes ambientes, incluyendo un itinerario de reflexión sobre la Doctrina Social de la Iglesia.

7- Aportar a las diferentes parroquias los materiales correspondientes para contribuir al objetivo anterior.

8- Contribuir a la creación de espacios de participación en la sociedad civil, estudiando los diferentes ambientes sociales y aprendiendo a discernir tareas y medios apropiados para promover la participación de los ciudadanos, de modo que puedan asumir y compartir sus responsabilidades según su vocación y competencia.

En sintonía con estos no poco ambiciosos objetivos se inició la elaboración de los ciclos –textos- de formación, de los cuales bebieron conocimientos miles de personas que asistieron a los cursos, entre ellos miembros de la oposición. En el catálogo de ciclos resaltan varios temas, como: SOMOS PERSONAS, VIVIMOS EN SOCIEDAD, LA FAMILIA, DERECHOS HUMANOS, ÉTICA y APRENDEMOS ECONOMÍA. Todos escritos desde una perspectiva cristina, poniendo a la persona humana y a la sociedad por encima del estado y de la economía.

Las dinámicas de los encuentros siempre favorecieron la participación de los asistentes, primando el debate y el respeto a la pluralidad de opiniones. La lógica seguida era muy sencilla: ver, para observar la realidad, los problemas, las dificultades, sus causas y consecuencias; juzgar, para enjuiciar esa realidad a la luz de los principios humanistas cristianos que inspiraban el actuar del CFCR; y por último, el actuar, que consistía en hacer propuestas para solucionar los problemas que habíamos visto al principio. No había espacio para el lamento estéril ni para la libertad sin responsabilidad.

El CFCR sirvió de asidero para que mucha gente se reuniera a pensar, a estudiar y a proponer proyectos pensando en Cuba. Puede ser considerado como el ‘think tank’ independiente más relevante de la última década en Cuba.

Los responsables del Centro, en especial Dagoberto Valdés Hernández elaboraron interesantes propuestas para el presente y futuro de Cuba, entre ellas: Reconstruir la sociedad civil: un proyecto para Cuba. En la introducción de dicho proyecto, Valdés Hernández, expresa la pertinencia del mismo de la siguiente manera:

“La recuperación de la sociedad civil es una base insustituible para garantizar un futuro democrático y participativo para Cuba. Es importante para el período de transición si verdaderamente queremos que todos los cubanos tengan oportunidad de participar, es importante para el cambio y la reconstrucción moral y material de nuestra nación, para que siga siendo ella en su identidad y su integridad, que no sean sólo los que ostentan el poder los que cambien y diseñen la reconstrucción sin ninguna lectura crítica y sin ninguna participación ciudadana. Es importante para concebir una democracia social y política verdaderamente apoyada y vivida en organizaciones intermedias de participación y evaluación de las gestiones del Estado. Es importante para que ningún grupo, partido, gobierno o estructura estatal se reserve el derecho de la nación, de sus instituciones sociales y culturales, de las familias y de los individuos.”

Los protagonistas de este proyecto serían: la persona, la familia, las propias organizaciones intermedias, la iglesia y el Estado. La función de este último sería proteger el orden jurídico, la disciplina social y la búsqueda del bien común, pero sin injerencias ni manipulaciones de la sociedad. El papel de la Iglesia sería aportar su enseñanza moral y su sentido de la justicia patente en el humanismo cristiano que siempre ha estado presente en la vida de la nación.

Las articulaciones del proyecto serían las siguientes:

§ Entre los ciudadanos individuales y sus familias: la articulación es natural, es decir, por lazos de familiaridad y convivencia hogareña;

§ Entre los ciudadanos -sus familias y la sociedad civil: la articulación debe ser mediante el ejercicio de la libertad de asociación y el respeto a la propiedad privada y cooperativa;

§ Entre la sociedad civil y los organismos de Estado las articulaciones debían ser bajo la dinámica de la subsidiaridad y la solidaridad.

Entre las propuestas operacionales del proyecto resalto las siguientes:

§ Fomentar espacios informales de participación y corresponsabilidad como son grupos de amigos, tertulias literarias o artísticas, asociaciones de ayuda mutua en el barrio (comunidades de vecinos), grupos de profesionales, grupos de obreros, artesanos, etc.

§ Organizar pequeñas experiencias de cooperativas campesinas y talleres de confecciones o de servicios por cuenta propia.

§ Presentar a organizaciones no gubernamentales o agencias de financiamiento de la Iglesia proyectos para iniciar y sostener algunos grupos intermedios que pudieran irse organizando por cuenta propia y dentro de los espacios que se vayan haciendo.

§ Contacto y diálogo con centros de estudios y universidades, especializados en temáticas relacionadas con la sociedad civil.

§ Realizar encuestas sociológicas (como las de la Reflexión Eclesial Cubana, 1981-1986) y sondeos de opinión para sustentar proyectos y tareas de carácter social.

§ Establecer una consultoría cívica para asesorar e intercambiar experiencias con grupos y asociaciones civiles, ya sean estatales o autónomas.

La elaboración de instrumentos para la formación cívica fue una tarea constante del CFCR. La labor se fue especializando con la creación de diferentes grupos como el de economistas, educadores, amas de casa e informática. Entre los proyectos que más valía aportaron al Centro fue su revista, Vitral, que sin lugar a dudas ocupará un peldaño importante cuando se escriba la historia de la lucha por la libertad de expresión en Cuba.

Independientemente de la suerte corrida por el CFCR y su publicación, todo lo que de ambos proyectos emanó puede ser considerado entre lo más profundo y lo más humanista cristiano que ha dado Cuba. No sería una exageración afirmar que el CFCR es la escuela de formación y pensamiento para la acción política más relevante que ha tenido nuestra Patria en los últimos 50 años, heredera directa de la Cátedra de Constitución fundada por el Padre Félix Varela en el Seminario de La Habana.

Conclusión

En estas páginas me he limitado a resaltar la existencia de por lo menos tres expresiones humanistas cristianas relacionadas de alguna manera con la política. Sería interesante un día valorar las posibilidades reales que podría tener en la Cuba del futuro una acción política inspirada en los valores que éstas defienden. Ya hoy podemos decir que el humanismo cristiano ha impreso su impronta en la situación cubana. Quizás no con grandes hechos como unos esperan, pero sí con mucha constancia y amor a Cuba. De este testimonio político se desprenden por lo menos cinco ideas que debemos tener presentes:

que la vía más eficaz para conseguir el apoyo del cubano de a pie es presentando iniciativas cercanas a su cotidianidad y que estén elaboradas en términos que no parezcan radicales;

que éstas deben hacerse acompañar por la unidad de los demócratas. Debemos reconocer que en las circunstancia que vive Cuba una persona sola o un grupo solo no construye un proyecto nacional;

que debemos comenzar a practicar en nuestras agrupaciones los ideales de democracia y participación que proponemos para Cuba;

que no debemos dejar de reclamar la solidaridad internacional con la causa cubana;

y que por el daño antropológico existente en nuestra sociedad se impone una regeneración de la persona humana y una reconstrucción de la sociedad civil.

* Jurista con master en Derecho Mercantil, Derecho Internacional, Relaciones Internacionales y Acción Política. En miembro del PDC- Cuba.
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