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FORO PARTICIPATIVO / PARTICIPATIVE FORUM
 
Miguel Saludes
Admin
Posts: 61
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Detalles que no pueden obviarse para edificar la posibilidad. - 2008/05/28 22:46 El último número de la revista Espacio Laical, que publica la Arquidiócesis de La Habana, incluye un extenso escrito en la sección "Tema Polémico", donde se señala a Raúl Castro como el único en capacidad de producir cambios graduales, dramáticos y profundos en la Isla.

El escrito firmado por Lenier González Mederos, vice editor de la publicación, acaparó la atención de numerosos medios externos. Pese a coincidir con la mayor parte del contenido, en el mismo aparecen puntos divergentes en ciertos enfoques.

Entre los factores que facilitan al General Castro abrir otros horizontes para Cuba, el autor señala la inexistencia de una oposición pujante y articulada, capaz de convertirse en vector influyente sobre el gobierno, con una propuesta alternativa de cambios que motiven a la ciudadanía. Minimizar a la oposición y restar importancia a sus esfuerzos es una tendencia que se observa desde hace tiempo en ciertos sectores de la sociedad cubana. Si por una parte es cierto que la disidencia no cuenta con la misma fuerza que tuvieran movimientos civiles en otros países comunistas, ello se debe en primer lugar a la acción del gobierno en su afán por aplastarla, así como a la falta de respaldo y reconocimiento de otros actores de la vida social, que han optado más bien por observar, callar y esperar. No es cierto que la disidencia no haya presentado alternativas de propuesta. El Proyecto Varela es una de ellas.

No es criticable que los dignatarios de la Iglesia prefieran poner su voto de confianza junto con los intelectuales a favor de la nueva autoridad. Tampoco que aspiren a un cambio gradual en el país bajo la guía del sucesor designado desde hace años para el caso de una contingencia como la ocurrida. Lo reprochable es que se omita mencionar un paso prioritario que debe dar el nuevo gobierno para ganarse el favor del crédito. La liberación incondicional de los presos de conciencia no aparece ni una sola vez en el escrito. Esta herida, que no pertenece al pasado lejano, sigue abierta en las familias que sufren por la separación injusta y el tiempo irrecuperable perdido en el encierro. Esos presos, a veces ignorados, lo están por ser mediadores pujantes de los cambios que hoy algunos avizoran muy cercanos y otros se resisten a imaginar. No dudo que la Iglesia, en su discreta comunicación con el gobierno cubano, haya instado sobre esta cuestión emergente, que debe ser corregida. Pero no dejaría de ser saludable un pronunciamiento claro al respecto.

Lenier González subraya la importancia que tendría la implicación de todos los cubanos en los posibles cambios. La lógica inclusiva no puede prescindir del aporte que representa el exilio. Un paso positivo en ese sentido sería poner fin al ominoso destierro que de alguna manera se asoma en los permisos de entrada o residencia que los cubanos deben obtener para ir a su país. A esto debe seguir la disposición al sostenimiento del diálogo entre todos los componentes de la nación, de dentro y de fuera, dispuestos a concertar soluciones que coloquen como centro el proyecto martiano de Patria. Propuestas y disposición existen. Solo hay que abrir las puertas.

Responsabilizar al exilio del distanciamiento y de la falta de voluntad para conversar con su contraparte, manifiesta cierto desconocimiento, consciente o no, del avance observado en este escenario. El grado de madurez alcanzado en un núcleo creciente de exiliados se verifica en varias propuestas constructivas que no quieren ser escuchadas en la otra orilla. No basta con seguir acusando de mafiosos, vende patrias, asalariados del imperio a personas que han demostrado tener sentido de su pertenencia raigal, dejando a un lado cuestiones ideológicas. El reconocimiento de su legitimidad va a la par del solicitado para las actuales figuras de gobierno.

Por otra parte la apreciación de los eventos internos como una conexión subversiva estimulada desde Estados Unidos no siempre es real. Los inmovilistas del régimen han utilizado, en no pocas ocasiones, ese concepto en su discurso contra todo lo que significa cambios. Las revistas soviéticas fueron sacadas de circulación por dedicar espacio a la subversiva perestroika. Acto subversivo se considera la protesta de un grupo de mujeres que exigen la liberación de sus presos. Las páginas de Espacios, antecesora de la actual revista Espacio Laical, fueron juzgadas de subversivas. De la misma manera se adjetivó el trabajo desarrollado por el Centro Cívico Religioso en Pinar del Río y Vitral. Hasta la Unión Europea ha sido acusada de lo mismo cuando expresa términos democráticos para Cuba.

Las expectativas levantadas en torno a la figura de Raúl Castro se fundamentan en una realidad. Varios gobiernos e instituciones internacionales, como dice Mederos, confían en su gestión y toman en serio sus promesas. En caso de que los garantes del crédito vean estas esperanzas defraudadas, su opinión no tendrá gran peso en el círculo de poder. La intelectualidad, las iglesias y la comunidad internacional, no constituyeron un elemento de peso a tener en cuenta por quienes condujeron el proceso revolucionario cubano hacia una dictadura. Más preocupante sería la reacción de la ciudadanía, que como bien indica el articulista, tendría un costo que lo hace indeseable para todos.

La edificación de la sociedad democrática en Cuba no es un imposible en la actual coyuntura. En esa obra hay que sumar el aporte de todos los constructores. La negativa a escuchar, intercambiar ideas y abrir espacios de comunicación, son errores que pueden dar al traste con la propuesta. Igualmente de negativo resulta la presunción de los que creen poseer la verdad absoluta o el derecho a actuar como interlocutores predestinados. Humildad y consenso deben ser palabras distintivas de los que procuran la infinidad del cambio para Cuba.
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