Yaxys Dallan
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El neopopulismo: ¿deporte regional? - 2006/10/14 06:11
El neopopulismo: ¿deporte regional?
El neopopulismo está de moda en Latinoamérica. La frustración que originara en los ciudadanos los espinosos procesos de liberalización económica, las propias deficiencias de nuestros sistemas políticos y sociales, entre ellas la crisis de los partidos históricos, ha servido de cardo de cultivo óptimo para que aquellos “astutos” con potencialidades de cuadillos ocupen el poder.
En un primer momento, con protestas, cierres de calles, “plantones” y todo mecanismo de presión que se les ocurra, acompañados muchas veces de un disfraz de víctima, intentan desgastar el sistema, y una vez colapsado éste, proceden a venderse como grandes salvadores. El caso de Evo Morales en Bolivia, que ya he comentado en otras ocasiones, nos evidencia lo que he dicho: llegó sobre las ruinas de un sistema que él se encargó de hacer colapsar. Dos presidentes renunciaron por las protestas organizadas por el actual presidente –que era congresista- y sus compinches cuando no lograba lo que quería en el parlamento se volcaban a la calle.
Para identificar al neopopulismo hay que conocer antes al populismo y así no caer en el error de pensar que son la misma cosa. El populismo se caracteriza por la existencia de un caudillo que se basa en el desencanto de la gente para llegar al poder. Para ello acoge un discurso efectista, que vinculándolo a la exaltación del foro, de lo colectivo, logra embobecer y manipular a los ciudadanos. Apela a esa palabra virtuosa: pueblo; cuando escuchamos la palabra pueblo siempre hay vibraciones de respeto y de amor en nuestro ser. El populista se cree poseedor de una sabiduría profunda infalible dada por el propio pueblo, a pesar de que dicha palabra se refiere también a una idealización. La idea es que hay que buscar legitimidad más allá de los canales democráticos –en los cuales no siempre está el pueblo-; parecido a lo que antes hacían los reyes, faraones y sátrapas, al buscar la justificación de su poder en la divinidad, la cual ellos aseguraban representar en la tierra.
Para manipular al pueblo se necesita mantenerlo en un estado infantil y ello conlleva que viva en la ignorancia y la pobreza. El líder populista apela a dos mecanismos para imponerse: el halago y el regalo. Mediante el halago impone a la población la idea de que ser pobre es ser virtuoso, ser pobre es ser bueno; el que no tiene es porque es víctima, por ello, no tiene que pagar, no tiene que hacerlo para estudiar, para tener una vivienda: el Estado se la tiene que dar, según el discurso populista. Ahora, ¿quién se ocupa de satisfacer ese derecho?; desde luego: los que producen, los que son considerados ladrones sólo por tener, aunque su riqueza haya sido fruto de un trabajo honrado…
El discurso populista contiene el mensaje de que hay que mirar hacia atrás y no hacia el mundo consumista occidentalizado. Hay que mirar hacia el paraíso indigenista, el que se perdió a raíz del descubrimiento de América por parte de los españoles. En una ocasión escuche al destacado intelectual argentino, Marcos Aguinis, decir que “en el populismo había una permanente reivindicación sin creación” (Aguinis, 2006).
Sin embargo, como antes dije, aunque tienen caracteres coincidentes, no es lo mismo el fenómeno populista que el neopopulista. “El término populista puede que resulte demasiado benigno para calificar la amenaza que se cierne hoy sobre el continente”, ha expresado el famoso escritor colombiano Plinio Apuleyo Mendosa (2006). Prima facie, el neopopulismo parte de las mismas premisas y cuenta con los mismo medios que el populismo, la diferencia radica en lo que sucede una vez llega al poder. El neopopulismo va hacia la toma del poder, pero que quiere convertir en absoluto, busca el poder totalitario. El neopopulismo aplica técnicas populistas, pero el objetivo es el control total a costa o en detrimento de la democracia. “En el pasado le llamamos populista a una cierta forma de discurso o forma de gobernar efectista. Pero ahora lo que estamos viendo es distinto, nuevo: el control absoluto del ejército, la creación de una milicia armada para que sirva de apoyo al gobierno que hace irreversible ese fenómeno. Estamos ante un fenómeno cualitativamente distinto a lo que hasta ahora habíamos catalogado como populismo.” (Apuleyo, 2006b)
Ejemplo del neopopulista es el presidente venezolano, que ya controla todos los poderes del Estado y cuyo régimen reprime a los medios de comunicación viola los derechos humanos de los ciudadanos impunemente (Amnistía Internacional, 2006). Pero también está el presidente de Bolivia, Evo Morales, que después de convocar a elecciones para conformar una asamblea constituyente y ver que el resultado de las mismas no le favorece para imponer en la asamblea el modelo de Estado que él quiere, ahora pretende cambiar las reglas del juego. En fin, éste es el neopopulismo: la combinación de prácticas populistas junto a un marcado carácter totalitario.
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