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FORO PARTICIPATIVO / PARTICIPATIVE FORUM
 
Marcos Villasmil
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¿JUEGOS CHINOS, O JUEGOS CHIMBOS? - 2008/08/29 14:11 Comienzo por confesar que soy un seguidor del deporte como el que más. El website de Major League Baseball (www.mlb.com) es probablemente el que más visito, varias veces al día. Paso horas y horas semanales observando espectáculos deportivos en los diversos ESPN; para mí, el mes de marzo (generalmente lento en materia deportiva, y ciertamente cero en béisbol, sea del Caribe o de EEUU) es el mes más aburrido del año. Dentro de esta afición, las olimpíadas representan sin duda alguna una oportunidad única de ver a algunos de los mejores atletas del planeta. Sin embargo, los Juegos Chinos, por múltiples razones, me dejaron un sabor agridulce, como ciertos platos de la gastronomía asiática.

¿Por qué? En primer lugar, detrás de toda esa competitividad y esfuerzo de los atletas, altamente admirable, se oculta la más burda y deleznable hipocresía de parte de esos zares económicos que son los supuestos dirigentes olímpicos. El deporte profesional con todos sus terribles defectos y errores llama al pan, pan, y al vino, vino, y reconoce y destaca la importancia de lo económico.

¿Alguien de verdad se creerá hoy el lema olímpico, aquello de que lo importante no es ganar, sino competir? ¿Y qué tal esa curiosa afirmación de que “el deporte aúna voluntades”? Díganle eso a un magallanero frente a un caraquista, o a un fanático de los Yankees de Nueva York cara a cara con uno de los Medias Rojas de Boston.

En el caso venezolano, luego de que Chávez se jactara de que su revolución estaba mandando la delegación más grande de todos los tiempos, ante la carencia de resultados llegó a decir que a él “no le importaban las medallas”, irrespetando así a los atletas, que bastante esfuerzo y voluntad han tenido que poner para destacar, a pesar de la poca ayuda gubernamental. Por primera vez en nuestra historia olímpica el gobierno intentó hacer de la delegación, no la representación de todos los venezolanos, sino un supuesto ejemplo del éxito del proceso – “Oro a la Revolución” fue el lema publicitario-. A medida que pasaban los días, y los triunfos revolucionarios no llegaban, la calentera de Chávez se hizo más notoria. Ya tomó la decisión que corresponde: que PDVSA se encargue del deporte. ¿Habrá algo que los genios de PDVSA no sepan hacer?

Un hecho que marcó a los juegos chinos fue la gran cantidad de protestas en todo el mundo por la realización de los mismos en un país de régimen dictatorial, donde el acceso a Internet es controlado, donde todavía existe la censura de prensa, radio y TV, y porque es sabido que millones de chinos y nacionales de países vecinos fueron explotados para poder construir las instalaciones deportivas. Ante este zafarrancho, la medalla de oro en hipocresía se la llevó el actual presidente del COI; lo que le faltó decir fue que la escogencia de China se debió a su impecable récord en materia de derechos humanos.

Los totalitarismos siempre han sido muy buenos en explotar el deporte para impulsar sus propósitos, como la antigua Unión Soviética, o Cuba; no debe olvidarse tampoco la manipulación nazi de los juegos de 1936, en Berlín. Hace 30 años, la tenebrosa dictadura militar argentina usó un Mundial de fútbol para intentar borrar las violaciones a los derechos humanos por parte del régimen. Como iría de bien la cosa, que hasta el equipo local quedó campeón, y todos felices y a comer perdices, menos los torturados, presos y desaparecidos, que estaban destinados a ingerir otras sustancias físico-químicas menos agradables. En 1968, pocas semanas antes de la olimpíada de México, se produjo la matanza de Tlatelolco, responsabilidad de un gobierno preocupado, entre otras cosas, por unos estudiantes pidiendo libertades que podrían generar “mala propaganda” para los juegos mexicanos.

Estemos claros: Beijing fue elegida a punta de cobres. El olimpismo se mueve por los mismos intereses que influyen en el resto de las relaciones internacionales. Cuando se mencionan los avances económicos, indudables, de China, se olvida que han sido logrados a punta de un capitalismo más digno del siglo XIX que del XXI. Para temporalmente descontaminar a Beijing durante los juegos, se prohibió la circulación de más de dos millones de vehículos, y las fábricas alrededor de la ciudad no trabajaron. En esa mezcla extraña de razones de Estado y miles de millones de euros en contratos comerciales, sabemos quién iba a salir ganador. ¿Por qué cree usted que Sarkozy, luego de amenazar con no asistir, fue a Beijing? Francia y China firmaron en noviembre pasado contratos comerciales por más de 20 mil millones de euros, y los chinos, nada sutiles ni asiáticos cuando les conviene, chantajearon en mandarín, francés e inglés, para que no hubiera dudas de la amenaza.

La moda del siglo XXI son las dictaduras que ganan falsas legitimidades económicas o electorales y luego buscan adormecer los escrúpulos del “mundo libre.” Y la indiferencia general está adquiriendo ya valores de deporte olímpico.

Una excepción, que marca una abismal diferencia ética, es la carta dirigida al presidente chino, por 127 atletas de todo el mundo, exigiendo el respeto a los derechos humanos así como la libertad de expresión y de culto. El presidente del COI hizo lo que pudo por restarle importancia, ¿cómo se atreven? Chito, que pueden arruinar el negocio…perdón, los juegos.

Estas olimpíadas fueron puro relumbre, un escaparate ficticio. Casi nada de lo que se mostró de China guarda relación con la verdad cotidiana; simplemente se invirtieron los miles de millones de dólares necesarios para disfrazar a una de las dictaduras más represivas del planeta. La China moderna todavía esconde una dictadura muy antigua, pero la mercancía audiovisual, en noches tan lindas como las chinas, sirve para maquillar incluso a dictaduras blindadas.

¿Y las naciones del Occidente democrático?
Comportándose como espectadores del circo romano. ¿Qué importa quienes son los sacrificados, si el espectáculo fue tan lindo?
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