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FORO PARTICIPATIVO / PARTICIPATIVE FORUM
 
Marcos Villasmil
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Posts: 79
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Zimbabwe - 2007/11/17 08:45 Zimbabwe –la antigua Rodesia del Sur- es un país independiente desde 1965, muy rico en ganadería, y agricultura (tabaco, algodón) pero con muchos yacimientos de oro, amianto y cromo. Ah! se me olvidaba algo fundamental: gobernado (más bien regido) por un amigo de Chávez, Robert Mugabe. Este señor, dictador entre dictadores, apoyado por un parlamento genuflexo y un ejército y una policía lame-botas, ha hecho lo que le ha dado la gana en su país por 27 años. Pero ni siquiera un control férreo sobre las vidas humanas –quizá más bien por eso- puede dominar las leyes de la oferta y la demanda.

Gracias a las políticas progresistas del líder, la inflación actual de Zimbabwe es de sólo 10.000 por ciento anual. Ello ha traído, según estudios recientes, una consecuencia difícil de predecir: con un costo de la vida tan enloquecido, los “intercambios sociales” (permítanme el eufemismo, que ya Uds. van a entender) se han reducido al mínimo, disminuyendo de ese modo la presencia del sida. Y esto es así, porque, con la vida tan cara, los hombres han tenido que variar sus hábitos sexuales –nada de nada del dicho aquel de que “chance mata amante, amante mata esposa”. Después dicen que no hay mal que por bien no venga. Relaciones con la propia, si acaso.

A tal punto ha sido la disminución del sida, dada la epidemia de “fidelidad forzada”, que algunos investigadores están revisando los parámetros de relación entre economía y enfermedades infecciosas; ¿será que la vitalidad económica promueve el comportamiento promiscuo? Si eso fuera así –y la vida nunca es tan obvia- entonces ser pobre debería ser el remedio mejor para estas enfermedades. Pienso sin embargo que la cosa no es tan sencilla: pregúntenle sino a los haitianos.

¿Qué quiere decir que la situación ha mejorado? que sólo uno de cada cinco adultos está infestado con el virus del sida. Mugabe, que a lo mejor le está dando clases a Chávez sobre lo de la “reelección indefinida”, está en el poder desde 1980. En ese entonces, el país era exportador neto de alimentos, con granjas que eran el orgullo de África; los parques naturales y las cataratas Victoria hacían de ese país un punto sumamente atractivo para el turismo ecológico; pero Mugabe, chavista a su manera, promovió las invasiones de fincas y propiedades agrarias (¿les suena conocida la historia?) lo que trajo la ruina económica, una tasa de desempleo de cerca del 80 por ciento y como una consecuencia inevitable según Mugabe, el aumento de la represión política. A partir de esa espiral diabólica, Zimbabwe se convirtió en uno de los receptores de ayuda alimentaria más grandes del mundo, y el derrumbe de la moneda fue tan grande que el dinero con el se compraba un carro en el año 2000, vale hoy menos que un centavo norteamericano.

Pero no nos quedemos en cosas suntuarias, como un vehículo. La carne es virtualmente inexistente, aún para los clase media que tienen plata para buscarla en el mercado negro. La gasolina hoy solo se puede ver por TV -en la calle, en la vida real, vaya usted a saber. No hay casi industria desde que Mugabe, en su locura autoritaria, asumió él mismo el papel de determinador de los precios de los productos; consecuencia inevitable, las empresas quebraron. Ante ello, ¿qué hace el gobierno? poco a poco está nacionalizando lo que queda en manos privadas. En julio, en un discurso que se lo pudo haber hecho Hugo Chávez, uno de los vicepresidentes, Joseph Msika, afirmó: “estamos en guerra. Los comercios no pueden estar vacíos.” Y es que últimamente lo que más fácilmente se consigue en un abasto son… galletas para perros.

¿Por qué suben los precios? ¿Por qué la inflación tan desbocada? Según Mugabe, porque existe una conspiración del imperialismo occidental. No, si es que Chávez y Mugabe parecen hermanos de leche.

¿Cómo sobreviven los pobres? En buena medida, gracias a las remesas de dinero y productos que les envían los casi dos millones de compatriotas que han huido al exterior, buscando una mejor esperanza de futuro. De hecho, en algunas zonas del país las remesas desde Sudáfrica son tan vitales, que la moneda oficial no es más el moribundo dólar nacional, sino el rand sudafricano.

Hasta los más letrados están fregados: un profesor de secundaria ganaba al mes el equivalente a 50$ a comienzos de junio pasado, pero a comienzos de julio, ya la cosa había caído a 17$, y la barrena parece imparable. Dentro de poco, gracias a su revolucionario presidente, los lugareños tendrán que pagar para trabajar. Un chiste de moda: con el rollo de papel toilet costando 30.000 dólares de Zimbabwe, saldría más práctico usar como sustitutos directos billetes de 100 dólares locales.

Pero la vida diaria de los sufridos ciudadanos, en manos de este trágico y siniestro personaje que es Robert Mugabe, no es nada chistosa. Zimbabwe es un ejemplo que añadir a la lista de países crecientemente inviables, de sociedades que gracias a la irresponsabilidad de sus autoridades y líderes se hunden en la desgracia y la miseria, y se alejan cada vez más no digamos ya de la posibilidad del desarrollo, sino de una vida medianamente humana.

Le pregunto, amigo lector, ¿qué haría usted con un gobernante así? Muchas respuestas posibles vienen a la mente. Yo sólo le voy a decir lo que hizo Hugo Chávez, su alto pana: le otorgó la Orden del Libertador.
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