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FORO PARTICIPATIVO / PARTICIPATIVE FORUM
 
Miguel Saludes
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El camino errado de las restricciones - 2008/07/08 17:01 Más cantidad de documentos legales y el desembolso de una cifra apreciable de dinero conforman el propósito de las nuevas restricciones aprobadas en la Florida contra las agencias que operan viajes hacia Cuba. La idea se proyecta como ariete contra los beneficiarios del lucrativo negocio en que se ha convertido la problemática cubana. Pero definitivamente los que recibirán el golpe en toda su magnitud serán los propios ciudadanos que dependen de estos servicios para mantener el contacto con la isla y los que viven en ella.

Las regulaciones amenazan con encarecer aún más los costosos trámites para viajar a la isla. Es posible calcular la repercusión negativa que esto traerá sobre aspectos tales como el envío de paquetes y remesas. En el otro extremo de la cuerda ya han comenzado a trabajar en esa dirección. Algunos reportes de periodistas independientes y familiares de presos políticos indican que desde hace un tiempo se les cuestiona la relación de parentesco existente entre ellos y los que mandan la ayuda. “¿Esto proviene de un hermano, hermana padre o hijo suyo? Porque de no ser así no le puedo dar el dinero' ''. Esta pregunta fue echa en una oficina de la Western Union a Berta Soler, esposa del prisionero Ángel Moya.

Los defensores de las medidas justifican su posición argumentando la necesidad de disminuir el flujo de dinero norteamericano hacia la economía castrista. Alegan además que las mismas van dirigidas contra los que manejan este negocio, a quienes definen como comerciantes enriquecidos a costa del sufrimiento del pueblo cubano. Por otra parte afirman que los empresarios de las agencias cuentan con el visto bueno de La Habana para realizar sus operaciones.

Hay que reconocer que las oficinas que se ocupan de estas diligencias, han visto engrosar sus ingresos en la medida que desde ambas partes proliferan se vigorizan las barreras. No es improbable que una parte considerable de las ganancias obtenidas vaya a parar a la bolsa de los irreconciliables antiimperialistas de la orilla opuesta. Pero los que pagan los aumentos derivados de las disposiciones restrictivas son los propios exiliados. Un pasaje directo a su país de origen es tan caro como si se tratara de un viaje a Europa. El envió de paquetes se cotiza a 15 dólares por libra. El minuto de comunicación telefónica cuesta casi un dólar y por cada 100 dólares remesados tienen que añadir 25 para que su familia no perciba el abusivo descuento del 20 por ciento sobre la cantidad original.

A lo anterior hay que sumar las costosas gestiones burocráticas que hacen las agencias, fungiendo como intermediarios consulares entre los emigrados y la representación cubana en Washington. Ellas se encargan de tramitar la renovación de pasaportes y permisos de entrada a los que desean visitar su patria.

Si alguien llama la atención acerca del efecto que tendrán las medidas para la población del exilio, se esgrimirá como excusa el estatus político que reciben los emigrados cubanos en virtud del sistema dictatorial que rige en su país. Debido a esa condición ellos deben entender y aceptar acciones como la que acaba de ser aprobada en días recientes.

Buscar razonamientos políticos derivados de la condición migratoria de todos los cubanos que arriban a Estados Unidos para validar medidas de este tipo, no es ajustarse a toda la realidad. Además de las visas concedidas a centenares de refugiados políticos, existen otras miles que otorga el sorteo, también conocido como Lotería o Bombo. Los que salen por esa vía lo hacen gracias a un acuerdo entre ambos gobiernos para evitar la posibilidad de futuros éxodos masivos. Los premiados, en su mayoría, jamás se involucraron en situaciones confrontativas contra el régimen totalitario. Lo mismo ocurre con los que viajan por concepto de reunificación familiar. Bajo esas figuras migratorias se considera que anualmente ingresan 20 mil cubanos a territorio estadounidense. Cómo reclamarles a este numeroso grupo de emigrantes una postura favorable hacia regulaciones que anteponen razones políticas por encima de su vínculo con una realidad con la que no están en conflicto y de de la que no se consideran irremediablemente desgajados.

Pero más allá de todas las consideraciones anteriores, existe una sabia percepción que confirma la inutilidad de las barreras, sobre todo cuando se trata de lograr objetivos liberadores. La entrada de recursos y las facilidades de contacto no son óbice para que la democracia llegue a un sitio. Los sistemas totalitarios sobreviven mejor en situaciones de atrincheramiento. Que el pueblo tenga menos no significa que el poder de los gobernantes merme. Más bien es un elemento a su favor para alentar el odio y la desconfianza hacia el exterior.

Los esfuerzos democratizadores requieren de puentes extendidos entre ambas orillas y no de nuevas limitantes. Imponer, sancionar y cerrar fronteras, son prerrogativas que deben dejarse a criterio de las dictaduras y no de los que los que luchan por la concreción de libertades. En el caso cubano se precisa eliminar trabas y no aumentar el número de las ya existentes.

La primera consecuencia negativa de la ley firmada recientemente ha sido el cese temporal de las ventas de pasaje desde la Florida hacia Cuba. Aunque el problema se solucionó momentáneamente, queda abierto un polémico proceso entre política y negocio. En el medio de la puja, casi a la expectativa del resultado, se encuentra el ciudadano común, al que ambos contendientes toman como estandarte. Los de las agencias apuntan sobre su derecho a viajar. Los políticos radicales dicen defenderlo de abusos y de paso terminar con el oprobioso influjo del castrismo. Opinan que el mejor modo de lograrlo es mediante esta su estrategia. Extraña táctica que al reducir el oxígeno para la dictadura, coloca a quienes la enfrentan en mayor peligro de asfixia.
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El camino errado de las restricciones
Miguel Saludes 2008/07/08 17:01
 
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