Gerardo E. Martínez-Solanas
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Re:Política y religión, Iglesia y Estado - 2008/05/11 16:56
El planteamiento de Yaxys está muy claro. La separación de la Iglesia (cualquier Iglesia) y el Estado es algo muy saludable que facilita el desarrollo libre de la sociedad. Implica el reconocimiento de que la Iglesia y el Estado tienen funciones distintas que no deben confundirse ni entremezclarse.
Empero, Yaxys pasó por alto algo fundamental en su defensa del papel de la religión en la vida de la sociedad. No hizo hincapié en que la religión es un elemento intrínseco de la cultura de la sociedad en que se desenvuelve. Como parte de esa cultura, asume un lugar en la identidad nacional.
Cuando hablamos de la música cubana, o de la música española o argentina, no hablamos de imposiciones ni exclusividades. No pretendemos tampoco imponer un dogma musical. Simplemente se identifican las preferencias y tendencias del grupo social. Es la música que le gusta a la mayoría de ese país. Es la que más se oye en los medios de comunicación. Lo mismo podemos decir de la pintura o de la literatura. Son parte de la cultura del país respectivo porque tienen un reconocimiento mayoritario.
En democracia no se condena al ostracismo ni se ejerce la represión de las manifestaciones musicales, artísticas o literarias que se salen del canon cultural. Esas otras manifestaciones medran en un ambiente de libertad.
Por lo tanto, no tiene sentido que una religión mayoritaria determinada quede excluida del contexto cultural bajo el pretexto del laicismo o de la separación de la Iglesia y el Estado. El Estado debe reconocerla como parte de la cultural nacional del mismo modo que reconoce todas las demás manifestaciones culturales de la sociedad que lo compone.
Si un Estado es democrático, el pueblo debe decidir en forma mayoritaria el papel de la religión o religiones predominantes en la vida de la nación. Esto no excluye el imperativo de que las mayorías en ningún caso puedan violar los derechos humanos sino que están obligadas a respetar los derechos de las minorías.
En su obra El Hombre y el Estado, Jacques Maritain, un filósofo francés del siglo XX que fue precursor del concepto moderno de democracia participativa señala que "hay hombres que querrían, en nombre de la tolerancia civil, hacer vivir a la Iglesia y al cuerpo político en un aislamiento total y absoluto. Su solución es inevitablemente una solución de hostilidad contra la Iglesia, solución de desorden y de quiebra para la sociedad civil y la democracia. Séame permitido invocar contra ella el ejemplo de la democracia norteamericana. Una de las cosas que llaman la atención al europeo que llega a Estados Unidos es el hecho de que la expresión de «separación de la Iglesia y el Estado» no tiene en absoluto el mismo sentido allí que en Europa. En Europa significa esa situación de completo aislamiento que proviene de equívocos y conflictos seculares y que ha producido los más desafortunados resultados. En América significa, en realidad, a la vez el rechazo de tener una religión de Estado y conceder privilegio alguno a una confesión religiosa con preferencia sobre las demás y el de una distinción entre [las funciones] del Estado y las Iglesias que es compatible con la benevolencia y la cooperación mutuas."
Por eso la Constitución de Estados Unidos, sin excluir a nadie, asume el carácter cristiano mayoritario de una sociedad que se funda sobre esas raíces éticas. El propósito no excluyente es el aprovechamiento de un canon moral que garantice la libertad, el bienestar y la felicidad de sus ciudadanos.
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